Misc 11/12/2016

El gobernador del millón de euros

El máximo responsable del Banco de Inglaterra, Mark Carney, evoca a Marx para criticar la globalización

Ernesto Ekaizer
5 min
Carney, governador del Banc d’Anglaterra, durant la conferència L’espectre del moneratisme.

“Nos reunimos hoy cuando los salarios reales llevan diez años cayendo; nos reunimos hoy durante la primera década perdida desde 1860, cuando Karl Marx hacía garabatos en la Biblioteca del Museo Británico tras advertir del espectro que recorría Europa, el espectro del comunismo”, explicó la semana pasada Mark Carney, actual gobernador del Banco de Inglaterra, en una conferencia con el título de 'El espectro del monetarismo'.

A espaldas del gobernador, en la Universidad John Moores de Liverpool, se podía ver una gran fotografía de Marx junto a la primera edición en alemán del Manifiesto Comunista (1848). Una imagen posterior mostraba un gráfico a base de medias móviles de 10 años en el que el crecimiento del salario real ha sido, en la pasada década, el más débil que conoce el Reino Unido… desde 1860. En aquellos días, en efecto, Marx, exiliado en Londres, se documentaba para su obra 'El Capital' en la biblioteca del Museo Británico.

La afirmación no sale de los labios digamos de un personaje como podría ser Ernest Everhard, el obrero de la obra 'El talón de hierro' en la que el escritor norteamericano Jack London denunciaba, en 1908, a la oligarquía industrial. Carney, nacido en Canadá, es el actual gobernador del Banco de Inglaterra, gana 874.000 libras esterlinas anuales (más de 1 millón de euros), y ha sido antes gobernador del Banco de Canadá, después trabajar –cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia- trece años en el banco Goldman Sachs.

En un país como España, en el que el gobernador del Banco de España abre la boca solamente para pedir que los salarios no suban, o sigan moderándose después de una caída del 10%, o para exigir un ajuste presupuestario más fuerte, las palabras de Carney suenan heterodoxas o desestabilizadoras.

Según ha explicado, “la globalización está asociada con bajos salarios, empleo precario, empresas deslocalizadas y grandes desigualdades. En los países anglosajones, la participación del 1% más rico de los hogares ha subido notablemente desde 1980. Hoy en EE.UU, el 1% de las familias más ricas se llevan el 20% de todos los ingresos”.

Pero, añade, “esta elevada desigualdad en los ingresos se empequeñece por la asombrosa desigualdad en la distribución de la riqueza. La proporción de la riqueza que poseía el 1% de los estadounidenses más ricos aumentó de un 25% en 1990 a un 40% en 2012. Y a nivel mundial, la proporción de la riqueza del 1% más rico del ha pasado de un tercio en 2000 a la mitad en 2010”.

Carney, economista, critica a la profesión. “Entre ellos, la creencia en el libre comercio es culto totémico. Pero mientras el comercio trae bienestar a los países, no levanta todos los barcos. Sus beneficios se distribuyen de manera desigual entre los individuos. Algunos trabajadores pierden sus empleos y la dignidad del trabajo y son igualados hacia abajo”.

Según Carney, el capitalismo ha traído progreso en los últimos cincuenta años, pero ha fallado en la década pasada. “Para decirlo suavemente, el comportamiento de las economías desarrolladas durante los últimos diez años ha decepcionado. No es como en los buenos viejos tiempos, porque la ansiedad respecto al futuro ha aumentado, porque la productividad no se recupera y los salarios reales están por debajo de los de la década pasada, algo que ninguna persona viva había experimentado antes”.

Si bien el gobernador advierte de la importancia de diagnosticar las causas de los “síntomas” que sufre el paciente -baja productividad, pérdidas del salario real, desigualdad, desempleo- su receta cae en el mantra de siempre.

“Tenemos que reequilibrar el mix de política monetaria, fiscal y reformas estructurales, hacia un crecimiento más integrador en el cual todos se lleven una tajada de la globalización”.

Las cosas están mal, sí, dice Carney, pero el “paciente” –la economía- ha sobrevivido por….la política monetaria. “La política monetaria viene manteniendo vivo al paciente, creando la posibilidad de una cura duradera a través de operaciones fiscales y estructurales. Ha permitido evitar la depresión y ha ayudado a las economías avanzadas a vivir para luchar un día más, de modo que se puedan adoptar las medidas para restaurar la vitalidad”.

Pero a juzgar por lo que piensa Carney de la recuperación en curso en el Reino Unido –lo que se podría trasladar también a España- sus pies son de barro. ¿Por qué? Lo explica así: “La expansión está dirigida por el consumo. La tasa de ahorro ha caído en términos históricos y hay nuevo endeudamiento. Si algo enseñan el último cuarto de siglo es que los episodios de crecimiento dirigidos por el consumo en distintos países tiende a ser más lento y menos durable. El consumo supera a los ingresos, aumenta la deuda y hace que la demanda sea más sensible al empleo y los ingresos”.

Cabe esperar, por tanto, según el Banco de Inglaterra, que un más moderado crecimiento económico potencial suponga un crecimiento bajo de los ingresos de los asalariados.

“La única duda”, según Carney, “es cómo se produce esto: a través de una compresión del crecimiento de los salarios nominales y más elevado desempleo, o vía crecimiento más rápido de los precios al consumidor y menor aumento en el desempleo”.

El Comité de Política Monetaria (MPC) del Banco de Inglaterra, señala Carney, ”opta por un período de inflación de precios al consumidor un poco más altos a cambio de un aumento más modesto del desempleo. Sin embargo, existen límites para tolerar la inflación por encima del objetivo (2%)”.

Cómo no, el gobernador, con unos ingresos superiores a millón de euros anuales, no puede hacer otra cosa que defender su trabajo al evocar implícitamente a Marx.

“Al final, la política monetaria no es un espectro sino un fantasma amistoso”.

Va en su nómina. Nunca mejor dicho.

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