APUNTES AL NATURAL
Opinión 20/01/2021

Devolver el conflicto a la política

Romper fronteras y superar el simplismo de la confrontación es un ejercicio lleno de contradicciones

Josep Ramoneda
3 min
CRISTINA CALDERER

1. Fatiga. Cualquier cosa va bien para buscar la confrontación y, a falta de coraje, para afrontar las cuestiones importantes hay en la escena política una cierta conjunción de intereses a la hora de magnificar los debates irrelevantes para evitar las cuestiones centrales.

El Govern ha aplazado las elecciones al 30 de mayo, previa consulta al resto de partidos. Repito lo que ya he dicho: me parece un error. Este gobierno lleva ya un año exprimiendo su provisionalidad y cuesta imaginar que pueda dar ya algo bueno. La última prueba de su incompetencia es no haber sido capaz de organizar las elecciones en el día y la hora previstos.

Pero estamos en las mismas: el entretenimiento estéril en batallas menores. Ahora ha venido la lluvia de recursos para revertir la decisión del Govern y volver al 14 de febrero. ¿Qué ganamos? Más dialéctica de la confrontación, más sospecha de que las decisiones sobre la fecha electoral no tienen que ver con la salud ni con ninguna causa de fuerza mayor, sino con los intereses personales y de partido. Es decir, ir añadiendo desconfianza a la desconfianza. Las elecciones en manos de los tribunales; ya volvemos a estar como siempre: los jueces acaban decidiendo. Aunque, en este caso, no tienen disculpa quienes han gobernado este país y, en cuarenta años, han sido incapaces de hacer una ley electoral, divididos entre el voto proporcional (valor igual para cada papeleta) y el voto territorial (que desiguala a favor del territorio y que es favorecido por la legislación española actualmente vigente).

Con una situación tan complicada como la actual, de nada sirve prolongar la agonía, aun sabiendo que el hecho de ir a votar no garantiza que las nieblas se disipen. Vivimos un clima de desgaste y fatiga, mezcla de la pandemia, de la larga resaca de octubre de 2017 y de unas estrategias políticas esfumadas. Los que insisten –como Junts per Catalunya– en el programa de máximos no lo concretan porque en realidad no tienen una propuesta creíble para llevarlo a cabo. Esquerra necesita asumir sin complejos lo que Junqueras dice, para escándalo de sus socios adversarios: que “con un 50 por ciento en contra la independencia no es posible”, que la única vía, por larga que sea, es sumar, porque “alejarse de la gente hace el proyecto pequeño y perdedor”. Una invitación a hablar del camino a seguir, más allá de las promesas mágicas, leyendo correctamente las relaciones de fuerzas y el marco en el que estamos, es decir, Catalunya, España, Europa. No se puede vivir eternamente del hechizo cuando ya se conocen perfectamente los límites de lo posible.

Tendría que ser un momento de romper fronteras y superar el simplismo de la confrontación pero es un ejercicio lleno de contradicciones. Por ejemplo: el PSC, por un lado, apela a Esquerra y los comunes, pero, por el otro, aplaza, en función del calendario de las elecciones, el momento del indulto, por miedo a que le impida recuperar votos de los decepcionados votantes de Ciudadanos. Los comunes, que son los que más se mueven en territorios fronterizos, luchan por marcar su diferencia dentro de las reglas del juego de un gobierno de coalición en el que son minoría. La derecha, por su parte, sigue a piñón fijo: nunca ha tenido un proyecto genuino para Catalunya. Siempre la ha visto como un territorio apache. Y, por lo tanto, no conoce otro lenguaje que la colonización.

2. Elecciones. Las elecciones son necesarias porque hay que salir del callejón sin salida. La primera razón de la urgencia es muy prosaica: renovar un gobierno gastado que está cada vez más decolorado y recuperar la plenitud del funcionamiento del Parlament. La segunda y principal es entrar en una nueva etapa con una agenda ampliada (no solo del Procés viven los catalanes) que ayude a abrir la confrontación en el diálogo. Un paso imprescindible para aquello que tantos reclaman pero que no está claro que todos quieran: el regreso del conflicto a la política. Que sientan el riesgo de quedar aislados los que no lo quieren, los que necesitan el protagonismo de los tribunales para vivir, que, no nos engañemos, los hay en los dos lados.

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