L’observadora
Opinión 03/01/2021

Movimientos en el tablero

Esther Vera
4 min
Moviments al tauler

Si el covid lo permite, las elecciones del 14 de febrero deberían ayudar al país a recuperarse del trauma de 2017. Un trauma que se iba gestando desde la reforma del Estatuto y cuyos principales actores políticos han tenido una responsabilidad que hoy les obliga a ser relevados para sanear mensajes, oxigenar las relaciones entre partidos y abrir una nueva etapa que se proponga evitar la decadencia económica y política por la que parece pasar el país.

El relevo de Miquel Iceta en el PSC sacude el mostrador electoral y es parte de esta necesidad de cambiar los actores para pasar página. Iceta ha sido el parlamentario más afilado y ocurrente, el más institutivo, mientras también ha sido el líder del PSC durante el 155 y el político de la fotografía con Ciudadanos y la extrema derecha y el hombre incapaz de atravesar la puerta de la cárcel. La retirada de Iceta de la primera línea en Catalunya y su probable traslado al gobierno central es una buena jugada electoral de Pedro Sánchez para dar vida al electorado socialista y sobre todo para favorecer la capacidad de pacto. Salvador Illa liderará un PSC desacomplejadamente españolista que hace tiempo que expulsó el alma de los Tura, Castells, Geli, Nadal e incluso del electrón libre de Pere Navarro y su aproximación suicida al derecho a decidir y al republicanismo.

Sánchez demuestra una vez más que es un jugador de poquer sin miedo a apostar y Salvador Illa es una opción solvente por el alto grado de conocimiento de la opinión pública y una imagen de moderación que aprueban, según el CEO, los votantes de ERC, del PDECat y de los comuns y suspenden por los pelos los votantes de JxCat. El ministro de Sanidad tiene una imagen de consenso y moderación que puede conectar con los ciudadanos en tiempos de crisis y cansancio. Su contención, que no es precisamente el carro de la alegría, sino un político formal que le lleva a aceptar la candidatura como un "acto de servicio", como quien va hacia un sacrificio, es un activo en tiempo de exceso de malas noticias.

El problema de Illa es la falta de un programa político transformador y estable de los socialistas para Catalunya. Con los puentes de la confianza dinamitados hace tantos años, las promesas de gasto en infraestructuras y la carta de los indultos tienen a día de hoy el mismo valor que las palabras vacías. Si se quiere hacer política útil que mueva el escenario español y catalán, habrá que asumir riesgos reales ante el griterío de la derecha, una parte de la judicatura y la prensa rabiosa.

La entrada de Illa en el tablero político catalán cambia el panorama electoral y da oxígeno al votante no soberanista, que pensaba que una victoria independentista era inevitable.

Hoy, la previsión electoral es la de un PSC más ambicioso y de un campo soberanista desmenuzado y que recupera el eje derecha-izquierda y no solo el del independentismo para su oferta a los ciudadanos.

ERC parte como favorita en el cuerpo a cuerpo con la nueva oferta del PSC. La incógnita principal es cómo incidirá en las perspectivas electorales el desgaste de la gestión de la pandemia, especialmente en la desconcertante conselleria de Afers Socials.

Cuando la oferta a los ciudadanos es el pragmatismo y la gestión, es difícil de entender la protección de la incompetencia si no se quiere alimentar el convencimiento de que ERC necesita más cuadros y más técnicos y menos dogmatismo. El relieve de ERC pasa por una nueva generación política que debe demostrar si es capaz de deshacerse del síndrome del segundo y de luchar por el independentismo no esencialista del área metropolitana y de la Catalunya real, una Catalunya imprescindible para a un proyecto independentista factible democráticamente.

El desmenuzamiento tendrá otra fuerza sustancial en JxCat, donde el relieve se ha producido a medias porque Carles Puigdemont ve como la posibilidad del indulto le dejaría en el limbo del exilio encabezando una resistencia formal. Puigdemont es un activo para los que esperan que el PSOE se quede, como hasta ahora, en las palabras y no ha resistido la tentación de ponerse de cabeza de cartel tapando a una mujer, Laura Borràs, a quien apoya por el resultado de las primarias internas. Borràs competirá con otra mujer del espacio postconvergent, Àngels Chacón, heredera de la tradición convergente de la gestión con un paso remarcable por la conselleria de Empresa en tiempos complicados y que afronta el reto de reconstruir un espacio ideológico que existe, pero que hoy está trinchado por la melancolía y sueña con la supervivencia para intentar reponerse desde el Parlament y con la mitad del grupo en el Congreso de los Diputados.

El día después de las elecciones será el momento de los pactos. No es previsible que nadie pueda gobernar solo. El PSC es, con Illa, un actor más proclive a los consensos y el soberanismo está hoy desmenuzado y enfrentado. El día 15 comenzará el trabajo de formar el gobierno y convendría que las fuerzas soberanistas lo tengan en cuenta durante la campaña para no equivocarse de adversario.

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