13/07/2021

El rey de la táctica

3 min
Foto de familia del nuevo gobierno español a las puertas de la Moncloa después de la profunda remodelación de Pedro Sánchez.

1. Salvar escollos. Si algo ha demostrado Pedro Sánchez desde que salió del anonimato para desafiar a la vieja guardia socialista ha sido sentido táctico, capacidad para crear oportunidades allá donde otros veían el precipicio. Otra cosa muy diferente es que tenga un proyecto de largo recorrido, más allá de encadenar supervivencias. Esto todavía está por demostrar. Le quedan dos años y medio para hacerlo.

En cualquier caso, osó desafiar al aparato del PSOE, atrapado en la oposición cuando se visualizó la crisis del bipartidismo con el PP gobernando, en manos de Rajoy, un político con tendencia a creer que nunca pasa nada y que las cosas se resuelven solas. Sánchez fue castigado por su osadía: anunciar el relevo generacional y por lo tanto, el principio del fin del control del felipismo sobre el partido. González todavía masculla ahora. En todo caso la rabia fue tan grande que, el 1 de octubre de 2016, Sánchez –que se negaba a permitir que el PSOE hiciera un voto de abstención para favorecer la reelección de Rajoy– tuvo que dimitir y fue sustituido por una gestora y enviado al limbo. Aun así, tuvo una rara intuición en el mundo de las burocracias de partido: buscar en los militantes la salvación. Y después de una larga peregrinación por el territorio, cuando se convocaron las primarias para elegir secretario general dejó con un palmo de narices al aparato del partido. El 22 de mayo de 2017 ganó con más de la mitad de los votos a Susana Díaz y Patxi López. 

Después vendría el golpe de la moción de censura contra Rajoy, que lo llevó a la Moncloa. De allá surgió un gobierno colorista, mezclando renovación e impacto mediático, y empezó el mito Redondo, que ha acabado como el rosario de la aurora. En un tiempo en que parece que todo radica en la comunicación espectáculo, se le atribuían todas las gracias. Pedro Sánchez, pasado el trance duro de la fase central de la pandemia, ha decidido que era la hora de la política. Y ha tomado la iniciativa: primero los indultos, ahora el control total de la situación para que quede claro quién manda. Conclusión: no se sabe si Sánchez tiene un proyecto político. Pero es evidente que tiene una considerable capacidad táctica para salvar escollos. Ahora necesita que el proyecto aflore, no se puede vivir eternamente solo de golpes de cintura.

2. Resolver problemas. ¿Qué significa el cambio de gobierno actual? Es la culminación del cambio generacional en el PSOE. Un gobierno cargado de gente nueva y un partido bajo el control directo del presidente. Por muy desprestigiados que estén, los partidos y su implantación territorial siguen siendo estructurales en la democracia. Y quien no controla el suyo tiene escaso futuro. Y ahora parece que Sánchez lo ha conseguido. Condición necesaria pero no suficiente para conservar el poder.

Dicen que este gobierno viene a gobernar. Como si de los gobiernos tuviéramos que esperar otra cosa. Y aquí vienen las dudas. Sánchez no ha cambiado ningún ministro de Podemos: es una manera estilosa de minimizarlos. Un gobierno nuevo y más cohesionado, dicen, se la juega a la salida de la crisis y al encarrilamiento del conflicto catalán. A sabiendas de que por otro lado no puede contar para nada con la complicidad de una derecha española desbocada. A pesar de que parte del establishment español parece confiar en el presidente, necesita generar complicidades para arrinconar a la derecha radicalizada. ¿Cuáles son los peligros? Una repartición poco cuidadosa del dinero para la recuperación, pensando en satisfacer a determinados actores con poder e influencia. Y una cierta pasividad en relación a Catalunya.

Las habilidades tácticas de Sánchez pueden convertirse en debilidades si se piensa que con un gesto ya ha cambiado las inercias. Y este es el riesgo con los indultos, que crea que una vez dado este paso ahora hay margen para dejar pasar tiempo hasta la próxima maniobra e ir ganando tiempo. Demostrada con creces su habilidad táctica, ahora Sánchez tiene que demostrar eficiencia. Con adelantos susceptibles de ser reconocidos que obliguen a las otras partes a actuar también con responsabilidad.

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