Crítica tv
Opinión 18/12/2020

Toni Soler y los límites de la justicia

No es la primera vez que Soler hace equilibrios con la susceptibilidad judicial española

Mònica Planas Callol
3 min
Captura de l''Està passant' del dimecres 16 de desembre

Una bandera española, una hoguera y Jair Domínguez en el plató. Estos eran los tres elementos con los cuales Toni Soler arrancaba el Està passant del miércoles. Un triplete peligroso porque, depende de cómo funcione el invento, el día después puede desencadenar un tsunami de ataques y volver a encender las iras de algunos partidos políticos contra TV3. El Tribunal Constitucional acababa de decretar que quemar la bandera española es delito y no una acción amparada por la libertad de expresión. Por eso Toni Soler explicó que le apetecía “explorar los límites del humor”. Cada vez que se dijera el verbo quemar o alguna derivación de esta palabra durante el programa, la bandera bajaría unos centímetros y se acercaría cada vez más a las llamas de la hoguera. No era la primera vez que Soler hacía equilibrios con la susceptibilidad judicial española y la insinuación de quemar símbolos. Hace dos años, cuando el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos dictaminó que quemar fotos del rey no era delito, Soler simuló que se distraía poniendo sobre un recipiente con llamas una foto de Felipe VI que finalmente no quemó. Y, en cambio, acabó quemando sin querer una imagen de Carles Puigdemont. Fue una manera de explicar a la audiencia la relatividad de los símbolos políticos y la doble vara de medir a la hora de juzgar estos casos. Entonces la provocación fue televisivamente más divertida y exitosa.

Este miércoles las imágenes de la bandera y la hoguera estaban enlatadas y se creaba una falsa sensación de directo. El riesgo de un incendio fortuito era nulo y, por lo tanto, no había ningún tipo de peligro de que la propuesta humorística fuera de capa caída. Todo estaba tan teatralizado que incluso en algún momento del programa se les escapó algún derivado de la palabra quemar y no bajaba la bandera porque por guion no estaba previsto. Toni Soler dijo que quería explorar los límites del humor pero, en este caso, ya tenía muy claros cuáles tenían que ser los topes. La propuesta en todo caso exploraba en otras direcciones. Tanteaba los límites de la libertad de expresión y, en cierto modo, ponía a prueba los límites de TV3. Generaba un humor lleno de tensión porque la televisión pública es la asignatura pendiente para determinados sectores políticos. Por lo tanto, esa propuesta hecha desde un plató de la cadena podía ser la excusa para desencadenar una tormenta perfecta contra TV3. Hemos aprendido que los excesos de la justicia española son tan caprichosos que cualquier pretexto es bueno. Y esto es lo que ponía nervioso de esa escena. No sufrías por que se quemara la bandera. Sufrías por cómo se interpretaría ese juego que fingía arriesgarse a quemar la bandera. La impunidad y el autoritarismo judicial ya los hemos explorado. Los límites de la justicia española y de sus tribunales ya hemos comprobado que no existen.

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