<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Toni Soler]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/firmes/toni-soler/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Toni Soler]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="http://es.ara.cat:443/rss-internal" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Tenemos un plan]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/plan_129_5854864.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/ae4a9ec3-37e4-4a70-9b47-792492199636_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La política es un arte que requiere combinar diversos ámbitos de actuación y de pensamiento. Lo macro y lo micro, lo local y lo global, lo urgente y lo necesario. Cuando digo la política quiero decir más exactamente la gestión pública. La política, por desgracia, tiene como prioridad absoluta el día de hoy y como único horizonte la próxima convocatoria electoral. Vivimos –y queremos vivir– en democracia, y nuestro caprichoso derecho al sufragio condiciona todo lo que hacen nuestros gestores. Solo los dictadores se pueden permitir el lujo de abrir el foco, proyectar, prever, estirar el tiempo, acelerar y frenar, dejar que las cosas se cocinen a fuego lento, afrontar las pequeñeces urgentes sin desatender los grandes retos que pertenecen a un medio plazo que no se acaba de concretar nunca.Dios me libre de reclamar una dictadura, pero sí que me gustaría que, al menos en Cataluña, la gente más sabia pensara en el país que tendremos a veinte años vista, y que sus predicciones marcaran una hoja de ruta para los gestores del presente. Esto no solo es sensato, sino que ya está pasando: tenemos acuerdos marco para el futuro de la educación que son sistemáticamente desoídos (el presidente Illa acaba de proponer otro). Tenemos la Agenda 2030 y el plan de la UE contra el cambio climático, que el tecnofascismo intenta desacreditar, cosa que no haría falta, porque los egoísmos de los gobiernos nacionales y las coyunturas imprevistas ya se encargan de hacerlos naufragar.En Cataluña tenemos planes nacionales para la lengua, para la cultura, para la salud mental, para la industria, para la sociedad del conocimiento y no sé cuántas materias más. Pero la inestabilidad crónica de los gobiernos, y sobre todo el desacuerdo fundamental entre soberanistas y autonomistas (porque los soberanistas, con razón, creen que los retos globales no se pueden abordar con un Estatuto de Autonomía), nos impide aplicar recetas realistas.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/plan_129_5854864.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Sep 2026 16:15:51 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/ae4a9ec3-37e4-4a70-9b47-792492199636_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Una persona de pie en un cruce de caminos.]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/ae4a9ec3-37e4-4a70-9b47-792492199636_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La actitud y las herramientas]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/actitud-herramientas_129_5848182.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/491f23c1-d4e7-40ce-8ee8-e22e66eb1ffb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hay dos maneras de analizar la Diada de este año. La revanchista nos recuerda que el país afronta problemas internos, y la amenaza latente de una involución en España, cosa que –históricamente– indica que nos tocará recibir. Pero en este contexto, el Once de Septiembre ha sacado a unas 50.000 personas a la calle, con más jóvenes que nunca; es una cifra respetable en nuestro desganado presente. Pero también nos ha recordado que entre los “nuestros” hay gente que destila odio. Un nuevo sondeo prevé el ascenso fulgurante de Aliança Catalana. En conjunto, el Parlament volvería a tener una mayoría absoluta independentista, que no será operativa porque hay un abismo político y moral entre los que podrían estar implicados. Si sirve de consuelo, el bloque “español” es igualmente inútil (a menos que el PSC se quiera suicidar pactando con PP y Vox). ¿Quién pescará en estas aguas turbias? Muchos advertimos que los porrazos contra las urnas del 1 de octubre podían crear una generación de escépticos. Pero no pensábamos en Orriols cuando, tras el encarcelamiento de los líderes independentistas, gritábamos “¡Se acabaron las sonrisas!”. También Andreu Nin, en abril de 1931, escribió: “Nuestrarevoluciónno será tan alegre”. Porque la independencia, como cualquier revolución, es un asunto serio. Pero Orriols no tiene nada de serio, más allá de su solemnidad ridícula. Su discurso, además de ser un fracaso ético del catalanismo, es una distracción y un engaño.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/actitud-herramientas_129_5848182.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Sep 2026 16:10:58 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/491f23c1-d4e7-40ce-8ee8-e22e66eb1ffb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Acto central de Omnium para la Diada 2026]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/491f23c1-d4e7-40ce-8ee8-e22e66eb1ffb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gaziel, 1936]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/gaziel-1936_129_5841264.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/22373d6c-ccbe-414b-9180-6a3bd48c9c03_16-9-aspect-ratio_default_0_x1158y1193.jpg" /></p><p>La derechización del país avanza de forma imparable. No hablo en términos electorales, sino del nivel de crispación y simplificación del debate, ingredientes de este giro hacia la derecha más pura y dura, la que presume de encontrar con facilidad culpables y remedios. La derecha se está adueñando del paisaje y encuentra terreno abonado en un país como Cataluña, donde coinciden diversos factores de desafección: a) un sentimiento de decadencia y desarraigo; b) una tensión real de los servicios públicos, y c) la respuesta pendular al giro izquierdista de los años del Procés, cuando la CUP marcaba la agenda con un izquierdismo poco práctico y muy moralista (“franciscano”, decía Enric Juliana). La década de 2010, en Cataluña, fue una Era de Acuario, con mucho postureo y frases hechas. Manuel Delgado ha dicho que “ante los discursos de odio, la izquierda ha ofrecido huertos urbanos”. Es una exageración, pero basada en hechos reales.Ya tengo una edad y recuerdo cómo los <em>yuppies</em> hedonistas de los años 80 se reían de los <em>hippies</em>. Todo es cíclico, pero cada ciclo empeora las cosas. La crisis migratoria ha desarbolado a las izquierdas, que se han quedado sin respuesta, han gastado el apelativo <em>fascista</em> hasta el punto que ya no significa nada y han dejado el campo abierto a trumpistas de pacotilla que predican el maniqueísmo y el odio étnico. Para hacer frente a esta ofensiva, el antifascismo ya no tiene a un David Fernàndez, sino a Juana Dolores y otras parodias que osan hablar en nombre de la <em>clase obrera </em>y continúan señalando naderías en lugar de abordar lo que siempre había sido el punto fuerte de la izquierda: las políticas <em>reales</em> contra la desigualdad y el derrumbe de los servicios públicos. Estas son amenazas de primera magnitud que la derecha rampante difícilmente abordará, porque le sale más a cuenta propagar el miedo y el odio hacia el débil, y, en el caso de España, estimular un resurgir patriotero que, ya sin exagerar, se puede tildar de neofranquista. Lo más preocupante de este fenómeno no son los descerebrados con sus rebuznos, sino la policía, los jueces y las oligarquías económicas y mediáticas que esperan pescar en aguas revueltas. Es una coalición demasiado poderosa para que el PSOE pueda hacerle frente, teniendo en cuenta que el gobierno Sánchez circula sin volante y con las ruedas pinchadas.España camina con paso firme hacia la hegemonía de PP y Vox, que tendrá un reflejo menor en Cataluña. Pero enfrente no está el viejo catalanismo transversal, mesocrático y basado en la fortaleza cívica, sino un PSC entregado al PSOE y, por tanto, en estado de shock; dos partidos deprimidos que gestionan el naufragio del Procés y una ultraderecha nuestra que en vez de desafiar al Estado, como tocaría, prefiere cargar contra los que llevan velo y no comen cerdo. Un panorama desolador que solo se podrá revertir cuando la catalanidad –que, a pesar de su adelgazamiento, constituye nuestro tuétano, en un país trinchado por las divisiones de todo tipo– se decida a hacer frente común y plantar cara. Desde el 1 de octubre, sabemos que esto significa conflicto. Externo e interno. ¿Estamos preparados?Recordemos –una vez más– al periodista Agustí Calvet, <em>Gaziel</em>. En 1936, cuando Companys le pidió consejo, el periodista le pronosticó el ascenso del fascismo y la caída de la república: “¿Tendremos tiempo de organizarnos (...) para que cuando llegue el derrumbe inevitable no se derrumben también nuestras libertades?”, se preguntaba. Y finalmente, una apelación a la unidad de los catalanes: “No es (...) una tarea indispensable: es LA ÚNICA”. La diferencia es que Gaziel propugnaba esta unidad catalana frente a “la España castellana y castellanizada”, y hoy en día sabemos que no es posible hacer un corte limpio entre estas dos realidades. He aquí el reto al cual nos enfrentaremos.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/gaziel-1936_129_5841264.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Sep 2026 16:01:18 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/22373d6c-ccbe-414b-9180-6a3bd48c9c03_16-9-aspect-ratio_default_0_x1158y1193.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Esteladas en una imagen de las ofrendas florales al monumento de Rafael Casanova, el 11 de septiembre pasado.]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/22373d6c-ccbe-414b-9180-6a3bd48c9c03_16-9-aspect-ratio_default_0_x1158y1193.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viva la tierra]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/viva-tierra_129_5808841.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/a1a0d2c4-6d5d-4f54-a0be-586f49df4479_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>El miércoles estuve en la fiesta de verano de ARA, donde, además de saludar a compañeros y lectores, escuché en directo la conversación de Albert Om con Ada Parellada, que en septiembre regresa al diario para compartir su recetario con sus numerosísimos seguidores. Ada es un ciclón de mujer, y te la imaginas fácilmente cocinando cuatro platos a la vez. Pero es una persona con un discurso muy pensado, en el que el entusiasmo no responde solo a la arrebato sino a un método y una idea. Cuando la oigo a ella, o a Maria Nicolau, o a Empar Moliner, y a tanta otra gente que habla de la tierra, del producto, de los vinos y de la agricultura, me doy cuenta de que detrás de sus discursos encendidos no hay solo hedonismo, buenos hábitos y ecologismo, sino una idea entera de país, de cómo se debe gestionar eso que ahora se llama el <em>territorio</em>, de cómo la comida nos conecta con una manera de hacer y de vivir que son también pasado, patrimonio y cultura en todos los sentidos del término.Me atrevería a decir que, en estos tiempos de descrédito de la política, estas proclamas son una auténtica reformulación del catalanismo, ese concepto que, como decía Josep Pla, liga con todo, y que sabe encontrar siempre cómo reinventarse y disfrazarse de la manera más útil para acercarse al objetivo –que es, como siempre, la defensa del derecho a existir de una comunidad nacional–. En el siglo XVII (y hasta 1714) el catalanismo fue revuelta; en el XVIII, desarrollo económico; en el XIX, de forma simultánea y no siempre amigable, fue renacimiento cultural y revolución social. En el siglo XX explotó el catalanismo político, duramente reprimido por dos dictaduras. Y ahora, en tiempos de desgaste político y de una auténtica metamorfosis demográfica, uno de los valores refugio del catalanismo es la tierra, también amenazada, pero que sigue funcionando como un espejo de los valores y el patrimonio inmaterial del país. Si la cocina es –volvamos a Josep Pla– el paisaje metido en una cazuela, la nación es un colectivo humano conviviendo en un mismo espacio. Si el paisaje político es un erial, y el paisaje humano cambia de forma constante, el paisaje natural, el espacio donde existimos, deviene aún más el depositario de algunas verdades esenciales que nos definen y nos permiten afrontar los cambios con la tranquilidad de saber que algunas cosas –los frutos de la tierra y la tradición culinaria– se mantienen inalterables, aunque se enriquezcan y se diversifiquen con el paso del tiempo. Son las raíces que hacen que el árbol no tenga que sufrir por la largura y el alcance de las nuevas ramas, que alteran su forma sin dañar su esencia.Este catalanismo de la tierra, o de los frutos de la tierra, no sirve solo para reivindicar el cocido, la garnacha, el mar y montaña o la ratafía. Es también la garantía de un modelo de país que respete el medio ambiente, los sembrados, la pesca y la ganadería; un país que no se deje engullir por el crecimiento desorbitado o la codicia del turismo. Un país, en resumen, que se respete a sí mismo, que no renuncie a ofrecer todo lo bueno que tiene al mundo. De esto, en política, lo llamaríamos soberanía. Y si bien la historia nos demuestra que la política acaba siendo necesaria para defender el modelo de país, también sabemos, como es tradición en esta tierra, que cuando la política falla es la sociedad la que se protege y se organiza, brilla con luz propia y hace que el país permanezca a pesar de no aparecer en los mapas con un color propio. Brindo, pues, por todos los agricultores, ganaderos, pescadores, cocineros de restaurante o de su casa, sumilleres y divulgadores que nos ayudan a entender que, bajo una superficie cada vez más castigada por el plástico y el cemento, está la tierra, viendo pasar los siglos y los milenios, recordándonos quiénes somos.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/viva-tierra_129_5808841.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jul 2026 16:03:27 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/a1a0d2c4-6d5d-4f54-a0be-586f49df4479_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Un momento de la entrevista de Albert Om a Ada Parellada]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/a1a0d2c4-6d5d-4f54-a0be-586f49df4479_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pasamos página de la reconciliación]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/pasamos-pagina-reconciliacion_129_5802331.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/50734ef9-9857-44ff-bad1-c30d2319141f_16-9-aspect-ratio_default_0_x543y342.jpg" /></p><p>Yo también pienso, como el ministro Puente, que Carles Puigdemont debería hacer las maletas y plantarse en Barcelona, y hacerse encarcelar si hace falta, para demostrar que la justicia española es un ente político al servicio del españolismo, y que le da igual contradecir al TJUE, como antes ya ha enmendado la plana a la soberanía popular representada en el Parlament. Pero no lo haré, porque aunque esté convencido de que un gesto como este sería bueno para el país, y malo para la reputación internacional de España, no me veo con fuerzas para pedir sacrificios a una persona que lleva nueve años obligada a vivir lejos de su tierra.Además de Puigdemont y otros líderes, hay decenas de cargos políticos y altos funcionarios que aún tienen su futuro comprometido, porque están pendientes, dos años después, de la aplicación de la amnistía que los partidos independentistas consiguieron imponer al PSOE a cambio de la investidura de Pedro Sánchez. Dos años de falsa reconciliación, de un <em>reencuentro </em>forzado que se sustenta en el chantaje. Esta normalidad tramposa ha atenazado la libertad de acción de dos partidos que pagaron muy caras las vacilaciones del 2017 y que han fracasado en todos los intentos de retomar la iniciativa. Cada uno ha fracasado a su manera, con sus propios espejismos; Junts, con la trampa mística de Waterloo, y ERC, con la trampa prosaica de los acuerdos parciales que la realidad, modelada en Madrid, convierte en inaplicables. Y además está el fracaso conjunto de la rivalidad y la desunión, que ha hecho que se esfumase la opción de plantear a un PSOE débil un auténtico pulso que nos permitiera decir que el Procés no fue totalmente en vano.La sentencia del TJUE es una derrota reputacional para España y sus jueces, pero para Cataluña solo es una victoria táctica que tiene una incidencia limitada. En resumen, todos pierden, pero al menos podemos decir que estamos más cerca de cerrar un capítulo –no el del Procés, sino el de la falsa reconciliación– y abrir otro: el del nuevo proyecto de país, que se presente sin mochilas, con ideas y caras nuevas. Todo es más difícil que hace dos décadas, pero los que estábamos allí estamos (detrás, pero estamos), y los problemas y las amenazas que nos hicieron salir a la calle, por desgracia, continúan acechándonos, aún más graves y dolorosos. Es necesario que una nueva generación dibuje el futuro, sin humillar a los que no salieron adelante, pero sin dejarse encasillar por su legado.Mientras tanto, con el catalanismo desterrado de las calles, la España futbolera ha tomado la ofensiva, porque sabe lo que se juega, porque no tiene ninguna otra llave candente con la que sostener su identidad y porque en nuestro país hay suficientes bobos para tragarse el placebo del Mundial y olvidarse de la cuestión de fondo, que es a quién favorece, realmente, esta monstruosa operación de marketing estatal, a quién está salvando los muebles, tal como el campeonato de 1978 salvó el culo del dictador Videla.Espero, ya que hablamos de ello, que después de la asfixiante experiencia de este Mundial de fútbol no sea necesario volver a insistir a nuestros políticos sobre el hecho de que la batalla simbólica para Cataluña es tan importante como la batalla de la soberanía o la de los impuestos. Está demostrado que el capital simbólico, en entidades plurales, se puede dividir tal como se dividen las competencias y los recursos. El hecho de que España se reserve la exclusiva, para hacer de ella una herramienta de uniformización y adoctrinamiento a través del deporte de masas, desmiente la pluralidad del Estado y es un lujo que no nos podemos permitir. Que Cataluña y Euskadi participaran en los campeonatos de alcance europeo sería un primer paso para corregir esta operación, tan bien trabada, de asimilación nacional a través del ocio (o el opio) del pueblo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/pasamos-pagina-reconciliacion_129_5802331.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jul 2026 16:02:59 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/50734ef9-9857-44ff-bad1-c30d2319141f_16-9-aspect-ratio_default_0_x543y342.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Manifestación unitaria de la Diada de Catalunya del 2025 en Barcelona.]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/50734ef9-9857-44ff-bad1-c30d2319141f_16-9-aspect-ratio_default_0_x543y342.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tormenta que viene]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/tormenta-viene_129_5796072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/5d32685d-8a7a-4914-bff8-7e1fbdc0da29_16-9-aspect-ratio_default_0_x932y276.jpg" /></p><p>La reciente <a href="https://es.ara.cat/politica/encuestas/alianza-catalana-supera-junts-ceo_1_5793561.html" >encuesta del CEO</a> puede llevar fácilmente a dos conclusiones opuestas: La primera es la existencia de corrientes electorales de fondo que invitan a los tremendistas a imaginar un país desmenuzado ideológicamente y con una gran presencia de desafectos o de partidarios de esta tendencia tan nuestra (constante pero intermitente) de mandarlo todo a rodar.Pero los mismos datos admiten una segunda lectura. Basándonos en la fría aritmética, y aceptando que el país es un olla de grillos, la encuesta no permite imaginar demasiados escenarios más allá de un continuismo más o menos matizado, es decir, un gobierno fruto del pacto entre PSC y ERC, con el apoyo de los Comunes o de Junts, según cuál sea su resultado. Sería una mayoría no precisamente sobrada de efectivos, pero tendría a favor suyo la atomización de la oposición, que resultará ser un inconmensurable revoltijo de enemigos ideológicos.El gran factor desequilibrante que revela el CEO es la existencia consolidada de un voto de extrema derecha dual –catalán y español– situado en torno al 25% de los votos (más del 30%, si añadimos el PP). La irrupción fulgurante del partido de Sílvia Orriols es lo que más llama la atención, porque podría pasar de la nada a los 25 diputados, situándose en primera posición en Girona y Lleida, lo que pone de manifiesto no solo la derechización del electorado, fenómeno común en toda Europa, sino también el giro defensivo de una parte del independentismo, que ha cambiado la ilusión ingenua de hace diez años por el reventismo (fruto de la represión y de la “rendición” del independentismo tradicional), y también por el miedo a la disolución nacional como consecuencia de los cambios demográficos.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/tormenta-viene_129_5796072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jul 2026 15:44:40 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/5d32685d-8a7a-4914-bff8-7e1fbdc0da29_16-9-aspect-ratio_default_0_x932y276.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Una sesión del Parlament reciente.]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/5d32685d-8a7a-4914-bff8-7e1fbdc0da29_16-9-aspect-ratio_default_0_x932y276.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre todo no molestar]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/no-molestar_129_5789183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c14a4808-f18c-4dbc-a0c1-7ade9f257357_16-9-aspect-ratio_default_1059133.jpg" /></p><p>A quienes nos gusta el fútbol nos lo ponen muy difícil para disfrutar del Mundial, con toda esta exhibición de nacionalismo banal y de geopolítica barata. Me podréis decir, como decían los abuelos, y como antes dijo Esopo, que la zorra, cuando no las puede alcanzar, dice que están verdes. Y efectivamente, querría que Cataluña pudiera participar en este circo, y me irrita que la FIFA instaure una fiebre de patriotismo —como cada cuatro años— que, en nuestro caso, es la expresión de una identidad subrogada. Ante un Mundial, todo el mundo elige camiseta, y si la catalana no está, se ponen otra, ya sea la española (porque es donde juegan, por decreto, los catalanes), la marroquí o la argentina, que es la de muchos recién llegados. En Cataluña todo el mundo tiene el derecho de ejercer, excepto los catalanes.España es una nación frágil y sabe que el deporte amorosa las grietas. Como ahora, además, en el equipo español hay muchos catalanes, un musulmán y un negro, el españolismo <em>progre</em> ha elaborado un discurso a su medida, eludiendo el hecho de que la pretendida <em>pluralidad</em> de <em>la roja </em>se sustenta sobre una imposición. Evidentemente, cuentan con la complicidad de los jugadores catalanes, que se adaptan a la situación porque no quieren estar bajo sospecha. Lamine Yamal habla catalán, si es necesario, cuando viste la camiseta del Barça, pero renuncia a hacerlo en el Mundial para que no haya dudas sobre sus lealtades, que quizás son las del corazón pero también las que le marcan el sentido práctico y la presión del entorno: mira, Lamine, ya te miran extrañamente porque eres medio marroquí y musulmán, no lo compliquemos más con demostraciones de catalanidad.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/no-molestar_129_5789183.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 15:35:56 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/c14a4808-f18c-4dbc-a0c1-7ade9f257357_16-9-aspect-ratio_default_1059133.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Lamine Yamal en una acción durante el España-Austria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/c14a4808-f18c-4dbc-a0c1-7ade9f257357_16-9-aspect-ratio_default_1059133.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elogio del cambio de opinión]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/elogio-cambio-opinion_129_5782040.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/4ecf464a-4054-4d34-b80f-a648f1ef1bdc_16-9-aspect-ratio_default_1048637.jpg" /></p><p>Antes era tradición de los partidos políticos hacer actos de homenaje a sus miembros con 25, 50 o incluso 75 años de militancia. Así se premiaban valores puramente sentimentales –la <em>lealtad</em>, la <em>coherencia</em>–que políticamente van en contra de un principio básico de la democracia, que es el derecho a cambiar de opinión. Si todo el mundo dijera “soy de ERC” o “soy del PP”, con el mismo orgullo y convicción con que otros decimos “soy del Barça” o “soy de la Peña”, no haría falta celebrar elecciones, solo pasar lista a partir de un censo en el que la militancia sería un dato tan inamovible como la fecha de nacimiento. En política, la fuerza electoral de cada opción debe depender de su comportamiento, y también de su respuesta a unas circunstancias cambiantes.Se podrá argumentar que, si las ideologías y la praxis política cambian, al menos los valores deberían permanecer. ¿Pero cuántos de los valores con los que crecimos se mantienen inmaculados? Y sobre todo, ¿cuántos de estos valores no acaban colisionando, de modo que, por fuerza, se han de relativizar? ¿Cómo se compatibiliza el derecho a la prosperidad personal con la aspiración de la justicia social? ¿Podemos ser favorables a la inmigración sin trabas y, al mismo tiempo, defender la continuidad de la identidad catalana, tan minorizada? ¿Podemos defender al mismo tiempo una educación inclusiva, que no deje a nadie atrás, y la detección y la promoción de la excelencia?Las preguntas difíciles son las que dan sentido a nuestra manera de comportarnos como ciudadanos. La duda perpetua provoca errores y pasos en falso, pero también es un motor para entender los cambios. Han pasado bastantes cosas a nivel nacional y planetario para que nos obliguemos a mantener la mente abierta y discutamos aquellas cosas que nos incomodan, y que desde hace un tiempo se llaman <em>el elefante en la habitación. </em>En Cataluña hay elefantes de toda la vida –la identidad, la relación con España– y los hay nuevos –el fenómeno migratorio, la degradación de los servicios públicos, el cambio climático, la lacra del turismo, la vivienda.En todas estas cuestiones pienso diferente de cuando tenía 25 años. Por ejemplo, hace algunas décadas soñábamos con tener una capital global como Barcelona, sin sospechar los daños colaterales; queríamos papeles para todos, porque no imaginábamos que los catalanes llegaríamos a un punto de minorización tan aguda. Y creíamos que la exigencia en la escuela, que los curas nos habían inculcado de malas maneras, se tenía que sustituir por una pedagogía más empática<em>, </em>que ahora ha entrado en crisis, por causas a menudo extraeducativas.Solo queda el cambio. Y otra cosa: la comunidad nacional. Menospreciada por culpa de los nacionalismos agresivos del siglo pasado, la identidad nos aparece no como una ideología, sino como un método natural que los humanos utilizamos para cristalizar en un mundo diverso, un ancla que la gente (especialmente si está lejos de su tierra) intenta preservar. A mí, la pertenencia me ayuda a definirme y a relacionarme con el otro. Y me hace irremediablemente independentista, porque si quiero afrontar todos los elefantes de mi habitación, me hace falta una habitación propia –si puede ser, ventilada y con vistas–. Y, en cambio, me encuentro compartiendo trastero en manos de un propietario que me cobra de más y hace lo que quiere con mis elefantes.Por decirlo sin metáforas, los catalanes somos una comunidad nacional que ha perdido las herramientas y la voz. No tiene suficiente capacidad para resolver los problemas de sus ciudadanos. Y allí donde todos los pueblos del mundo se hacen oír –ya sea la UE, la cumbre contra el clima o el Mundial de fútbol–, nosotros sacrificamos nuestra existencia al altar de un estado que, para afirmarse, necesita negarnos.En este punto, confieso que no he cambiado de parecer.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/elogio-cambio-opinion_129_5782040.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 16:02:35 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/4ecf464a-4054-4d34-b80f-a648f1ef1bdc_16-9-aspect-ratio_default_1048637.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[La trompa de los elefantes asiáticos tiene muchas más arrugas y finas que las de los elefantes africanos.]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/4ecf464a-4054-4d34-b80f-a648f1ef1bdc_16-9-aspect-ratio_default_1048637.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ofreced flores a los rebeldes que fracasaron]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ofreced-flores-rebeldes-fracasaron_129_5775756.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/27d70586-1401-4b73-810a-da5b6101c074_16-9-aspect-ratio_default_1054265.jpg" /></p><p>Uno de los peores insultos que se puede recibir en este país es el de “processista”. Hasta tal punto quedamos empachados del episodio político que culminó en octubre de 2017. Para los españoles, el Procés fue un ejercicio sedicioso e irresponsable. Para los independentistas, fue una muestra de improvisación y cobardía. Unos y otros están unidos en el tozudo propósito de desacreditar a los protagonistas de aquella aventura. Esta coincidencia en la crítica descarnada contrasta con el precio, tan diferente, que han pagado los dos bandos En el bando independentista, ha habido una purga considerable, a causa de la represión y el desgaste personal. Los relevos en política son lógicos; no lo es tanto el linchamiento público posterior por parte del sector más irascible de las mismas bases soberanistas. Por todo ello, me parece evidente que el castigo (el real y el reputacional) que han sufrido los reprimidos ha sido mucho más severo que el de los represores. Se puede aducir que el independentismo de base se mostró extremadamente solidario al menos hasta el Tsunami Democrático (que también fracasó) y los incidentes de Urquinaona; después, la disputa entre el paripé simbólico del exilio y el giro pactista de ERC sembraron el desencanto. Finalmente se impuso la idea de que los líderes del Procés, poniendo el foco en la lucha antirepresiva (que dio como fruto los indultos y la amnistía), estaban ayudando a enterrar –de nuevo– el pleito soberanista. Los dos grandes protagonistas del Proceso –Carles Puigdemont y Oriol Junqueras– continúan en primera línea. El primero lleva nueve años en el exilio; el segundo, pasó cuatro en la cárcel y continúa inhabilitado. Ambos están a la espera de que la amnistía, arrancada con fórceps al gobierno del PSOE, pueda superar los obstáculos que plantea la vengativa judicatura española. Por grandes que fueran los errores que cometieron en 2017, los han pagado con creces. Ambos quieren un <em>last dance</em>, una oportunidad para redimirse. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ofreced-flores-rebeldes-fracasaron_129_5775756.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jun 2026 20:55:36 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/27d70586-1401-4b73-810a-da5b6101c074_16-9-aspect-ratio_default_1054265.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Oriol Junqueras visita a Carles Puigdemont en Waterloo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/27d70586-1401-4b73-810a-da5b6101c074_16-9-aspect-ratio_default_1054265.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El triunfo de Gaudí]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/triunfo-gaudi_129_5767781.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d057b3ad-3e67-4da2-b248-80531893ef12_16-9-aspect-ratio_default_0_x0y0.png" /></p><p>Todo el mundo que conozco está intentando decidir si está satisfecho, o no, con la visita del Santo Padre y la entronización de Antoni Gaudí como icono global. Yo también vivo en la contradicción, porque León XIV dice cosas que me gustan pero representa una institución que me parece arcaica, hipócrita y opaca. Pero después del espectáculo superlativo de la Sagrada Familia creo que la visita papal tiene un ganador claro, y no es tanto León XIV como el binomio Barcelona-Cataluña, territorio de raíces y modernidad, de sueños y revueltas, que con su identidad aceitosa desafía los límites políticos y religiosos que inútilmente intentan someterla. Tanto es así que el jueves, viendo a los reyes de España por la tele, no sentí que estuvieran allí para apropiarse de todo, como siempre, sino que me parecieron pequeños, pequeños ante la gran baluarte modernista, asistiendo impotentes al despegue de una forma superior de catalanidad, que es demasiado antigua, demasiado moderna, demasiado bella y demasiado delirante para hacerse sitio en un contenedor tan cascado como es la España monárquica y constitucional. La cara de Felipe decía: estoy aquí como un turista más.Seguramente estoy yendo más allá de lo que desearía el mismo Gaudí, tan catalán pero tan ecuménico. Pero me permito recordar el comentario que hizo después de que Miguel de Unamuno visitara el templo y le confesara que no le gustaba: “No agrada a cap castellà”. La aparición celestial del maestro de Reus a base de drones, observando la culminación de su obra, fue una imagen triunfal, el triunfo del loco solitario, el típico catalán soñador, que es más grande que los reyes y los papas, y que nos regala un sello, un tatuaje sobre la piel del país, en el momento en que el país, y su capital, está en riesgo de aburguesamiento, con el miedo de no reconocerse y de no identificar sus raíces y aquellas cosas que le dan un sentido, por encima de los siglos y de las personas.Precisamente, las personas que asistieron al acto de la Sagrada Familia, que son las mismas que han seguido todos los actos del Santo Padre, eran perfectos representantes del contingente ultracatólico del país: alta burguesía barcelonesa (más bien fans de la catedral de Burgos), <em>los jóvenes del Papa</em> de los colegios del Opus y una profusa representación de las comunidades latinoamericanas, demasiado recientes para entender a qué profundidad se hunden los cimientos de la Sagrada Familia. En general, eran todo <em>papalievers</em>, gente poco o nada conectada con el universo de Gaudí y de todo el sustrato cultural, religioso, arquitectónico y civil que hay detrás. Todos estos sectores también forman la Cataluña de hoy y todos, voluntaria o involuntariamente, quedaron engullidos, como figurantes de lujo, por la ola visual y sonora, inevitablemente catalana por la fuerza de los hechos y de los siglos, y proyectada como tal, inmediatamente, por todo el mundo.Gaudí es también inevitablemente catalán, y su obra se explica no solo por él, sino por el país que lo vio nacer. Pero su gracia es que combina con todo; es admirado por católicos y laicos de los cinco continentes. Compartirlo con el mundo es un gozo y un privilegio, porque el mundo lo quiere tal como es, es decir, catalán. Y como ya está muerto, no hay peligro de que Madrid nos lo robe a base de recortes y rebajas fiscales, como casi hicieron con Salvador Dalí, otro soñador más catalán que el fuet, que admiraba a Gaudí y se consideraba hermanado hasta por el apellido ("<em>gozar</em> y <em>delirar </em>son palabras sinónimas). Pero Dalí, ávido de dólares, no aspiraba precisamente a la santidad, y ante la absurdidad política de su siglo acabó disfrazándose de franquista, cosa que quizá era lo más surrealista (y lo más práctico) que se le ocurrió. Esto le valió el homenaje póstumo, claro, de Albert Boadella. No hay peligro de que haga lo mismo con Gaudí.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/triunfo-gaudi_129_5767781.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 16:02:04 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/d057b3ad-3e67-4da2-b248-80531893ef12_16-9-aspect-ratio_default_0_x0y0.png" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Una constelación de drones dibuja la silueta de Antoni Gaudí en el cielo de Barcelona durante la bendición de la Torre de Jesús.]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/d057b3ad-3e67-4da2-b248-80531893ef12_16-9-aspect-ratio_default_0_x0y0.png"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lecciones del conflicto en las aulas]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/lecciones-conflicto-aulas_129_5760449.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/1ff56cc2-6bfb-47ee-9c8e-6313dca79dd6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La batalla de la educación tendrá consecuencias nefastas para los alumnos, las familias, los maestros que sostienen la huelga y, sobre todo, para los protagonistas del proceso negociador: por un lado, los sindicatos, desautorizados por la base, y, por otro, el departamento de Educación, que ha visto que sus vaivenes y sus concesiones de última hora no han servido de nada. En resumen, es una batalla en la que pierde todo el mundo. Habrá –eso sí– mejoras laborales para unos servidores públicos que bien que se lo merecen (pero no son los únicos), pero la gran cuestión pendiente, que es la crisis del modelo educativo, continuará a la espera de tiempos mejores, tiempos en que la generosidad y la visión de país se impongan al tacticismo y los intereses de parte.A nivel político, el conflicto ha confirmado la quiebra del relato del gobierno Illa. Nos vendieron buena gestión y rebaja de la tensión, pero quedan lejos los tiempos en que el PSC presumía de haber anestesiado el país. Al contrario, se ha demostrado que los problemas que motivaron, en parte, el auge del soberanismo continúan muy vigentes, aunque de momento no hay un movimiento social capaz de convertir la ira ciudadana en una fuerza de choque. El país está tan enfadado como siempre, pero se le ha privado de un horizonte de cambio y de mejora. Y el enfado empieza a dar oxígeno a los que siempre están a punto para señalar a los más vulnerables, como víctimas pero también como cómplices involuntarios de un modelo productivo que está triturando el contrato social y los factores de cohesión colectiva. Para rematar, el PSC ya no confía en el comodín del PSOE (que es también el comodín anti-PP), porque el futuro de Sánchez se ensombrece por momentos.Este panorama puede animar a los rivales electorales del PSC, pero justamente la crisis educativa debería hacerles ver que el tacticismo, ante los verdaderos retos de país, no es una opción. ERC y CiU ya han sufrido huelgas de maestros, y ambos partidos son cómplices del fracaso del modelo escolar catalán. Corresponde al Govern iniciar el baile de un nuevo pacto nacional por la educación, y corresponde a la oposición –y a los maestros– tener la generosidad de implicarse a fondo sin pensar en sus intereses particulares, sean electorales, ideológicos o corporativos.No sabemos qué pasaría hoy en unas elecciones, pero sí sabemos que la ciudadanía está descontenta. Si la ultraderecha sube, será difícil de evitar una colaboración más estrecha entre las fuerzas centrales del país –PSC, Junts, ERC, Comuns–, con independencia del número de escaños que obtengan. Como ahora mismo todo el mundo está peleado con todo el mundo, es la sociedad civil quien está haciendo propuestas (el <em>Informe Fénix</em> es el ejemplo más claro). Pero, a la larga, las instituciones han de ejercer el liderazgo que les corresponde. Esto no quiere decir solo consenso parlamentario; quiere decir también un proceso constituyente para que se acabe la anormalidad de la vida política catalana, que tiene el teórico líder de la oposición en el exilio, independentistas inhabilitados o pendientes de juicio por culpa de una amnistía que es papel mojado, y todo esto regido por un Estatuto de Autonomía recortado y no refrendado por la ciudadanía.Si el PSC quiere liderar el país y acometer las grandes reformas que cada vez son más urgentes, ahora ya sabe que no lo puede hacer solo. También sabe que sus aliados potenciales son partidos soberanistas o confederalistas –en todo caso, partidos que impugnan el marco constitucional vigente–. Esto se hará aún más evidente cuando el PP y Vox lleguen a la Moncloa. Hacen falta más soberanía y más recursos para afrontar el presente y salvar el futuro. ¿Quién osará oponerse a este lema? Afortunadamente para Salvador Illa, ERC y Junts están demasiado ocupados metiéndose el dedo en el ojo y resolviendo sus contradicciones internas. Algún día, sin embargo, verán el mango de la sartén que tienen delante.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/lecciones-conflicto-aulas_129_5760449.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 16:01:41 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/1ff56cc2-6bfb-47ee-9c8e-6313dca79dd6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Docentes en huelga en Tàrrega se dirigen a cortar la A-2 esta mañana]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/1ff56cc2-6bfb-47ee-9c8e-6313dca79dd6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Una xenofobia respetable?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/xenofobia-respetable_129_5753243.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d747c193-ff2c-4fb1-86e9-814a97fa65e9_16-9-aspect-ratio_default_0_x2792y1769.jpg" /></p><p>Los marcos ideológicos de la derecha xenófoba se abren camino en el <em>mainstream </em>político. No tanto por el crecimiento de Aliança Catalana como por la manera en que su discurso está contaminando el resto del mapa de partidos. Esto no deja de ser una victoria moral para la extrema derecha, pero también quiere decir que los partidos han decidido no darle la espalda a una cuestión que la gente considera importante, como es la gestión de la inmigración. Y lo hacen edulcorando los postulados más agresivos del partido de Sílvia Orriols.Es un proceso similar (con perdón por la comparación) a lo que las izquierdas han hecho con el ecologismo, que antes era una causa ridiculizada y tildada de <em>hippie</em>, hasta que la ciencia hizo darse cuenta a todo el mundo de que se trataba de una cuestión de primordial importancia. La victoria póstuma de los partidos verdes no fue su hegemonía, sino la asunción de su ideario por la izquierda –y parte de la derecha– en todo Occidente.No creo que Alianza Catalana conquiste el carril central del catalanismo, pero sí que una parte de su ideario, que en gran parte es racista y feixistoide, se integrará en el corpus ideológico de la derecha democrática (con un formato aceptable para sus votantes) y, finalmente, quizás, por la izquierda. El primer paso ha sido aceptar que la inmigración es un problema, un reto que conviene presentar como una cuestión socioeconómica y no en términos culturales o morales. Así se digiere mejor.El debate ahora no es sobre razas o culturas, sino sobre el modelo económico: el crecimiento desmesurado y el estrés de los servicios públicos. En estas cuestiones, la conclusión a la que llegan los economistas (como los firmantes del<em>Informe Fénix</em>) es que Cataluña depende excesivamente del turismo, que gentrifica y satura el territorio, y además fomenta la importación masiva de mano de obra barata, que no ayuda a sostener el estado del bienestar. La inmigración, pues, solo es un bien para una parte del tejido productivo catalán (no solo el turismo, también la industria agroalimentaria), que la explota y la malpaga a cambio de colapsar los servicios públicos. Este planteamiento, que obvia colores de piel, religiones y burkas, hace que el debate demográfico sea más asumible por las fuerzas mayoritarias.Pero el debate migratorio no solo se abre camino a través de la tecnificación. La cuestión identitaria revive. Como cualquier nación pequeña, los catalanes temen su disolución, el sacrificio de su cultura en el altar de la globalización. Al mismo tiempo, cierto progresismo, mientras condena el racismo y la aporofobia, arremete contra los turistas, los <em>expats</em>, las mafias que se esconden tras el enjambre de supermercados y tiendas de souvenirs, y los fondos buitre, que “merecen” nuestro rechazo porque están en una posición de fuerza respecto de los vecinos indefensos que han de abandonar su barrio, el comercio tradicional que baja la persiana, el catalán que desaparece de las calles. Es un tipo de xenofobia progresista, tolerable, donde el débil ya no es el que llega sino el que acoge.El problema es que, aunque señalemos un enemigo diferente, la batalla se parece mucho a la que defiende la extrema derecha (<em>primero los de casa,</em> rechazo a la diversidad, defensa de los <em>valores </em>occidentales y la cultura autóctona). Estamos abriendo una brecha por la cual se pueden infiltrar ideas tóxicas. Sin olvidar que los males del modelo productivo catalán no solo son culpa de los forasteros; lo son, sobre todo, de los autóctonos que los explotan.En este panorama, debemos asegurarnos de que esta reconversión ideológica sirva a un buen fin (desarmar a la extrema derecha y afrontar con valentía un debate real) y no dé cobertura moral al racismo. Por ello, es muy importante acotar el debate y ponerlo en manos de gente sabia y vacunada contra los prejuicios étnicos.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/xenofobia-respetable_129_5753243.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 16:00:51 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/d747c193-ff2c-4fb1-86e9-814a97fa65e9_16-9-aspect-ratio_default_0_x2792y1769.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[La Rambla llena a rebosar de gente]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/d747c193-ff2c-4fb1-86e9-814a97fa65e9_16-9-aspect-ratio_default_0_x2792y1769.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rufián, aún]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/rufian_129_5746406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d7ccc07e-c53e-4ab9-91d1-87444aaa9aeb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p><em>Sin Rufián, el perímetro electoral de ERC será más pequeño; con él, sus electores no sabrán exactamente qué están votando.</em>Ahora ya es evidente que Gabriel Rufián no es solamente una voz disonante dentro de ERC sino también un líder con agenda propia y capacidad para eclipsar el partido donde milita. Por lo tanto, para ERC gestionar el peso (o la ausencia) de Rufián es una cuestión fundamental.El veterano partido republicano debe medir bien sus movimientos. Superado un ciclo electoral nefasto, le pesa el fracaso de sus experimentos institucionales (presidencia de Aragonès y alcaldías de Lérida, Tarragona y otras ciudades importantes). Oriol Junqueras es hijo del Procés, lo que al mismo tiempo es aura y estigma. Y su futuro político está en manos de los jueces, lo que lo condiciona todo. Frente al maximalismo de Junts, ERC juega la carta del pragmatismo y del apoyo condicionado a los socialistas. Pero esto, que en España se vende relativamente bien, en Cataluña cuesta más, por los incumplimientos reiterados y los problemas de gestión del PSC. Y a pesar de todo, las encuestas le son relativamente favorables. ¿El factor Rufián tiene algo que ver? El de Santa Coloma no solo arrasa entre los votantes de izquierdas españoles, sino que (al menos en la reciente encuesta de este diario) es el mejor valorado por los electores catalanes, incluso más allá de la órbita independentista. A Junqueras, Rufián le <em>amplía la base.</em> No puede prescindir de él, pero tiene serios problemas para domarlo. ¿Qué hacer? Si Junqueras se entrega al discurso de Rufián (una narrativa populista, eficaz, pero de recorrido incierto) estará comprando intención de voto a cambio de asumir una apuesta incierta y de corto plazo. En lugar de independentismo, Rufián propone resistencia: aplazar el pleito catalán para plantar cara a PP, Vox y Junts (que él presenta como un monstruo de tres cabezas) con la unidad de las izquierdas alternativas y plurinacionales. No hay duda de que si ERC, Bildu, BNG, Compromís y Endavant Andalucía se coordinaran mejor en Madrid, podrían instalar en el centro del ring español el debate sobre la plurinacionalidad (y la autodeterminación), ya sea condicionando al PSOE o erigiéndose en un muro de contención de la derecha españolista. Pero no sabemos si es eso lo que realmente motiva a Rufián. Y por otra parte, los únicos partidos que compran su relato no son los soberanistas, sino Sumar, Podemos y Comunes. Los que están en horas bajas. Vistas las dificultades de Rufián para convertir sus llamadas unitarias en un proyecto realista, quizás Junqueras ha decidido callar y esperar que la realidad lo ponga en su sitio. Pero mientras no quede claro el papel futuro de Rufián, las expectativas de ERC serán dudosas. Sin él, el perímetro electoral del partido será más pequeño; con él, los electores de ERC no sabrán exactamente qué están votando. Rufián no hace vida de partido e ignora a sus compañeros de grupo; su diversión es ofender a los diputados de Junts y elogiar de forma un poco forzada a los <em>compañeros</em> de Sumar e incluso a los del PSOE. La política catalana le queda lejísimos; no aparece nunca con Junqueras, no habla de independencia (solo por pasiva: “Estoy harto de que se juzgue a los catalanes por si son independentistas o no”). Ha contraprogramado la foto de Junqueras con Illa para la firma de los presupuestos. Y no ha dicho ni una palabra, por ejemplo, de los conflictos del gobierno del PSC con la enseñanza y la sanidad pública. Un notable ejercicio de contención para un charlatán como él. Los grandes partidos catalanistas han tenido siempre una doble cara (Macià y Companys, Pujol y Roca) pero hacer funcionar esta clase de tándems, con un pie en Madrid y otro en Barcelona, es todo un arte, propio de partidos sólidos, con una estrategia y un discurso bien trabados. La gestión de las contradicciones es lo que caracteriza a los partidos grandes. ERC aún tiene que demostrar que pueda hacerlo con éxito. Y se acerca un nuevo ciclo electoral.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/rufian_129_5746406.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2026 15:50:35 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/d7ccc07e-c53e-4ab9-91d1-87444aaa9aeb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Gabriel Rufián exhibe la providencia de la Audiencia Nacional que imputa a Zapatero]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/d7ccc07e-c53e-4ab9-91d1-87444aaa9aeb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Éxito y victimismo, la cuadratura del círculo andaluz]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/politica/exito-victimismo-cuadratura-circulo-andaluz_130_5739503.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/4e7c51fb-13c4-410d-9baa-920329809566_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Un cordobés, Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República española (1931-36), es el autor de una de las frases que más bien han definido la naturaleza dual del catalanismo. Don Niceto dijo a Francesc Cambó, en las Cortes, que “no se puede ser al mismo tiempo el Bolívar de Cataluña y el Bismarck de España”. Una frase que se habría podido aplicar también a Lluís Companys, Miquel Roca o Gabriel Rufián. Ser catalanista en Madrid implica una contradicción difícil de gestionar. En cambio, el andalucismo es un sentimiento igualmente intenso pero que combina con la españolidad tan bien como la manzanilla y la gaseosa en la Feria de Abril. Porque Andalucía (que según su Estatuto de Autonomía es una <em>nacionalidad</em>) tiene una identidad irrebatible, incluso exuberante, pero es castellana de origen, y ha contribuido tanto como Castilla a la definición de lo que es español. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/politica/exito-victimismo-cuadratura-circulo-andaluz_130_5739503.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 May 2026 18:03:20 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/4e7c51fb-13c4-410d-9baa-920329809566_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Juanma Moreno Bonilla en el acto final de campaña en Málaga.]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/4e7c51fb-13c4-410d-9baa-920329809566_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[Un PP "andalucista" suspira por una nueva mayoría absoluta que ponga al PSOE y Sánchez contra las cuerdas]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estrés lingüístico]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/estres-linguistico_129_5739260.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d0eae052-39f8-42e6-a4d2-c993a1e551ee_16-9-aspect-ratio_default_1057815.jpg" /></p><p>He estado unos días en Andalucía y he tenido una curiosa sensación de bienestar, no es nueva, porque me remite a una estancia reciente en Madrid, en circunstancias totalmente diferentes. No he tardado en deducir que el motivo de este bienestar es la lengua. Más precisamente, la ausencia de estrés lingüístico que los catalanes sufrimos en nuestro día a día. Cuando me muevo por los territorios de la España monolingüe, mi cerebro hace un clic y se libera del agobio idiomático: aquí se habla español, solo español, y no hay nada que discutir. Entonces la relación con los demás, con la gente, se simplifica de entrada, la conversación fluye y se alarga, y al cabo de poco rato esta tregua lingüística se traduce en una distensión física; el cerebro siente que se ha librado de una molestia.Por mucho que nos digan que el bilingüismo es una riqueza, lo cierto es que una lengua franca indiscutible facilita mucho las relaciones humanas. Y en la mayoría de ciudades y países la lengua de relación colectiva es una y basta. En Barcelona y buena parte de Cataluña, por razones mentales, sociales y finalmente demográficas, la lengua franca es el castellano, y contra esta constatación nos rebelamos los que consideramos que el catalán necesita tanto nuestra firmeza como la empatía de los demás, como un buen paraguas legal. Pero los catalanohablantes socializamos con la certeza de que cada día nos exponemos a situaciones potencialmente conflictivas. Si mantenemos el catalán siempre –como es nuestro derecho, y como recomiendan los sociolingüistas– nos arriesgamos a no ser comprendidos, a tener que repetirlo todo dos veces, a soportar malas caras y quizá alguna grosería, a ser tildados de intolerantes, xenófobos e incluso insolidarios. Y aunque nuestro interlocutor hispanohablante sea receptivo, empático o haya entendido que con el catalán le irá mejor la vida (que es lo que debería ser), a menudo la conversación que surge es demasiado básica, ortopédica, como de turistas, y el estrés lingüístico se mantiene.Si, por el contrario, cambiamos a la lengua del otro (por “educación”, por pereza, por evitarse malos ratos o porque sencillamente el futuro del catalán no nos importa tanto), nos vemos abocados a un segundo estrés lingüístico añadido: el que proviene del sentimiento de culpa, la vocecita interior (o exterior, que para eso hay redes sociales) que nos dice que lo estamos haciendo mal, que de poco servirá invertir en normalización si los catalanohablantes no lo hablamos siempre, a riesgo de amargarnos el día, o llevarnos un chasco, o vete a saber qué.Entiendo muy bien la frustración del ciudadano pakistaní o hondureño que, después de hacer el pertinente curso de catalán, no lo puede practicar porque los autóctonos <em>dan por hecho</em> que no lo entenderá. Pero es que normalmente es así: la gran mayoría de los forasteros no entienden el catalán ni lo hablan (no lo han necesitado). Y a todos nos llega un momento en que el estrés lingüístico nos pide una tregua. O un poco de cariño: a los catalanoparlantes, además de pedirles firmeza, también se les ha de recordar que la reculada del catalán no es culpa suya, y se les ha de agradecer la suma de pequeños y grandes gestos que han permitido a nuestra lengua sobrevivir a siglos de agresiones.Escribo esto en el avión que me lleva de Sevilla a Barcelona. En la cola para embarcar, un matrimonio mayor adorable se me ha dirigido con una sonrisa: “<em>Usted salía en TV3, ¿verdad? Ahora no sale. ¡A ver si vuelve!</em>”Llevan décadas viviendo en Terrassa, pero vienen de visitar a la familia en Córdoba. Soy catalanoparlante, pero estamos en Sevilla. ¿Cómo me dirijo? Digo un par de frases de cada. Elogio la primavera andaluza. Contestan en castellano, miran el <em>Polònia</em>. Yo callo y sonrío. Estrés lingüístico. Les podría preguntar por qué no hablan catalán después de tanto tiempo en Cataluña. Pero son tan simpáticos...</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/estres-linguistico_129_5739260.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 May 2026 16:07:00 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/d0eae052-39f8-42e6-a4d2-c993a1e551ee_16-9-aspect-ratio_default_1057815.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[20260423 Dos mujeres vestidas de flamencas, en la feria de Abril, en Sevilla]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/d0eae052-39f8-42e6-a4d2-c993a1e551ee_16-9-aspect-ratio_default_1057815.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los hijos bastardos del 1 de Octubre]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/hijos-bastardos-1-octubre_129_5732063.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/08b4d339-53b2-4341-b3de-c98af88b8562_16-9-aspect-ratio_default_0_x1656y510.jpg" /></p><p>Hay muchas maneras de dividir Cataluña, pero la más ingenua es la que marca una frontera entre la “Cataluña real” y todas las Cataluñas inventadas o sinecdóticas. Hay gente que cree haber descubierto el ADN de la catalanidad <em>auténtica </em>en la Feria de Abril, organizada por el poderoso y dopado lobby de las entidades andaluzas, donde el <em>rebujito</em> y el flamenco empiezan a tropezar con el <em>mojito</em> y el <em>reggaeton</em> (porque, para los defensores de la <em>Cataluña real,</em> la pluralidad es sinónimo de hispanidad y basta). De lo cual se deduce que, si por un improbable fenómeno migratorio, medio millón de catalanes se desplazaran a vivir a Andalucía y se formase una colla castellera llamada Los Chiquitos de Fuengirola, un 4 de 9 con folre y manilles sería tan andaluz como la romería del Rocío.Es tan absurdo meter en el saco de la cultura catalana la Feria de Abril como lo sería meter allí el Oktoberfestde Calella o el Ashura que celebran los pakistaníes chiíes en el Raval de Barcelona. Igualmente absurdo es negar el derecho de cualquier ciudadano de Cataluña a celebrar las festividades de sus tierras de origen, pero la protección y el fomento de la cultura propia es un mandato de cualquier gobierno catalán digno de este nombre. Sobre todo porque somos el territorio europeo que ha sufrido la mutación demográfica más fuerte en el último siglo. Las grandes migraciones de las regiones pobres de España (el siglo pasado) y las del resto del mundo (en los últimos veinte años), si bien han demostrado la gran capacidad de integración de la sociedad catalana, también han dejado a la población indígena y su lengua en minoría, y esto no es solo un dato demográfico: es la demostración de que una nación sin estado no tiene las herramientas para garantizar su cohesión social y la supervivencia de su cultura. Lo cual, para la mayoría de catalanes –de origen que sea– es una mala noticia. Excepto para los votantes del PP y Vox, que aspiran declaradamente a la españolización del país, y para un segmento de votantes de izquierdas que les hacen el juego con los tópicos manidos sobre el catalanismo <em>burgués</em>.Por esta razón, el fracaso del proceso soberanista, con el maravilloso canto del cisne que fue el 1 de Octubre, constituye un drama nacional: era la ocasión para que Cataluña diera un paso adelante en un clima de celebración democrática y de respeto a la pluralidad que no tenía nada que ver con el sistema de castigo y de represión que los sucesivos gobiernos españoles han impuesto antes y después. ¿Una Cataluña independiente, o al menos más soberana, habría podido gestionar su pluralidad mejor de cómo la gestiona actualmente? Rotundamente, sí. Pero la debilidad de los líderes soberanistas y la inflexibilidad de los poderes españoles hicieron imposible un acuerdo de país, democrático pero plural, en cuanto a las identidades individuales y colectivas.Aquel fracaso no fue solo de los soberanistas, sino del país entero, y también de una españolidad(la delEspañareal<em>?</em>Y nos dirán supremacistas... ¡Qué descaro!<em>–es el mercado, amigo–. </em>Y nos dirán supremacistas... ¡Qué barra!</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/hijos-bastardos-1-octubre_129_5732063.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 16:04:24 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/08b4d339-53b2-4341-b3de-c98af88b8562_16-9-aspect-ratio_default_0_x1656y510.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Una bandera en una imagen de archivo.]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/08b4d339-53b2-4341-b3de-c98af88b8562_16-9-aspect-ratio_default_0_x1656y510.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hasta los cojones de todos nosotros]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cojones_129_5725329.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/2affce08-2df5-4c90-8f6d-c40dfb908c40_16-9-aspect-ratio_default_0_x592y387.jpg" /></p><p>En un país que va malament, amb un govern de la Generalitat que està en minoria i amb massa fronts oberts, es podria pensar que el sobiranisme català té una finestra d’oportunitat per recuperar el protagonisme i elevar el nivell d’ambició nacional. En canvi, els partits que van protagonitzar el Procés –Junts i ERC– competeixen en el seu propi ring, en una bombolla que només interessa als seus dirigents, i deixant de banda l’interès nacional, que és el que veritablement els podria propulsar electoralment. Una cosa és que no hi hagi unitat estratègica; i una altra és que les batalletes setmanals entre Rufián i Nogueras ocupin l’espai i el temps que els seus respectius partits haurien de dedicar a treure profit de la feblesa del PSC i el PSOE.Esta semana, Junts ha conquistado el protagonismo mediático con una doble negativa. La primera –el voto en contra al decreto de los alquileres– es difícil de entender en un contexto de emergencia habitacional, sobre todo teniendo en cuenta que el PSOE y Sumar estaban dispuestos a transaccionar medidas fiscales en favor de pequeños propietarios y autónomos. Que los de Puigdemont se hayan mostrado tan inflexibles se explica por razones temperamentales (vengarse de Yolanda Díaz por sus aspavientos) y tácticas (hacerse valer ante la derecha económica catalana). Es legítimo que Junts quiera recuperar el espacio de centroderecha, pero hacerlo a costa del sufrimiento de los inquilinos resulta, como mínimo, poco sensible. Las futuras elecciones les dirán si la apuesta ha sido acertada o no.Es más incomprensible que Junts se oponga al consorcio de inversiones Estado-Generalitat, una medida pactada por ERC con el PSOE para evitar que se pierdan las inversiones no ejecutadas (de forma sistemática y escandalosa) por los sucesivos gobiernos españoles. Esto solo se explica por un maximalismo absurdo y por la voluntad de no regalar ningún éxito a los adversarios, aunque esto reste recursos y poder de decisión a la Generalitat. Por otra parte, la terminología empleada por Nogueras (“No necesitamos otro chiringuito”) parece más propia de otras opciones políticas.Ahora bien: en lugar de aprovechar esta resbalada para presentarse como el partido del soberanismo útil, ERC ha preferido, una vez más, dejar su relato en manos de Gabriel Rufián, que lo ha convertido en una comedieta de muy bajo tono en la tribuna del Congrés, centrado solo en el asunto de los alquileres (como si la cuestión del consorcio de inversiones fuera demasiado “local” para su público) y practicando un escarnio innecesario de los diputados de Junts, que les ha permitido presentarse como víctimas. Y el entorno juntaire ha subido la apuesta comparando a Rufián con Albert Rivera, y su discurso, con la lógica del"<em>A por ellos"</em>. Cada capítol d'aquest sainet és pitjor que l'anterior. I mentrestant, la direcció d'ERC es manté en silenci. Rufián fa guanyar i perdre vots, no sabem ben bé en quina mesura, però la seva hostilitat unidireccional torpedina un dels actius del partit: la capacitat de maniobrar entre el PSC i Junts, segons l’àmbit de decisió i segons la conjuntura.Siempre he pensado que Junts y ERC son dos partidos demasiado consolidados para que el soberanismo prescinda de ellos. Pero llega un momento en que es lícito preguntarse si estas peleas de parvulario, que se arrastran desde hace una década, no son un gran obstáculo –por no decir el principal obstáculo– para un soberanismo que a nivel social y popular muestra mucha más madurez que sus representantes políticos. Podríamos decir, como Estanislao Figueras en 1873, que estamos hasta los cojones de todos nosotros. Si esta guerra civil continúa (y continuará mientras ninguno de los dos partidos sea capaz de comerse al otro), quizás algún día habrá que hacer una reflexión. Porque los partidos solo son herramientas, y en cualquier oficio las herramientas inútiles o se reparan o van a la basura.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cojones_129_5725329.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 16:06:54 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/2affce08-2df5-4c90-8f6d-c40dfb908c40_16-9-aspect-ratio_default_0_x592y387.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[La portavoz parlamentaria de Junts, Míriam Nogueras, en el Congreso.]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/2affce08-2df5-4c90-8f6d-c40dfb908c40_16-9-aspect-ratio_default_0_x592y387.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La batalla de nuestra vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/batalla-vida_129_5718934.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/dc9af280-bdda-4ab2-a29f-6c91f3c34cb9_16-9-aspect-ratio_default_1052688.jpg" /></p><p>Nuestro <em>blue monday</em> nacional es el 12 de septiembre de 1714. Según dicen las crónicas, Barcelona abrió sus puertas a las tropas francoespañolas y el duque de Berwick se extrañó de ver que los barceloneses faenaban en las tiendas y los obradores como si fuera un día cualquiera: un conmovedor ejemplo de tenacidad. Para mí, el día más triste del año suele ser el día después de Sant Jordi, cuando se desvanece el aroma de las rosas y el trajín de escritores y lectores, cuando se pliegan y se descienden las señeras, y la lengua y la cultura vuelven a acurrucarse después de una fulgurante jornada de protagonismo<em>. </em>El 24 de abril nos damos cuenta de que Sant Jordi es un espejismo mientras el dragón continúa moviendo la cola. Este año, a pesar de todo, tengo la sensación de que algo se mueve. Quizás por el éxito del Correllengua, quizás porque Òscar Andreu ha conquistado el podio con su <em>Manual de defensa del català</em>, o quizás porque creer es querer creer, pero detecto a mi alrededor una progresiva toma de conciencia lingüística. Es un sentimiento que transpira inquietud, pero también convencimiento. La situación de emergencia que vive el catalán ha contribuido a visualizar los riesgos de un modelo económico, político y cultural que, de forma gradual pero constante, nos desarraiga, nos diluye y nos empobrece como comunidad. Y de esto no se dan cuenta solo los catalanohablantes, sino también muchos recién llegados que, con independencia de su opción idiomática, aman el país y quieren que continúe siendo lo que es. Debemos ser lo suficientemente listos para discernir, de entre los enemigos, a estos posibles aliados. Y ser inflexibles con el resto. Dice Òscar Andreu: “El bilingüismo social es una trampa de quienes te exigen que seas bilingüe para que ellos puedan seguir siendo monolingües”.El idioma debe ser la batalla de nuestra vida. La generación de mis padres tenía el reto de recuperar la democracia y la autonomía, y lo consiguió. Mi generación dobló la apuesta con el proceso independentista, y no tuvo el mismo éxito. Y la lucha por el idioma será el gran reto de las nuevas hornadas de ciudadanos. Un desafío titánico y empapado de historia, porque en este país se habla catalán desde hace un milenio, y ha sido el idioma el que nos ha forjado como territorio y como país. La conservació –y la expansión– del catalán es un reto tanto o más difícil que las luchas políticas precedentes, porque implica un compromiso personal, diario, tenaz. No solo de los que <em>mantienen </em>el catalán, sino de los que, tarde o temprano, se habrán de incorporar. Todo depende de la firmeza de unos, la empatía de otros, y de unas políticas tan exigentes con la lengua propia como lo son en todos los países de nuestro entorno.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/batalla-vida_129_5718934.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2026 16:10:35 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/dc9af280-bdda-4ab2-a29f-6c91f3c34cb9_16-9-aspect-ratio_default_1052688.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[La bandera que se ha izado en el Parlament de Catalunya en un palo de 25 metros]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/dc9af280-bdda-4ab2-a29f-6c91f3c34cb9_16-9-aspect-ratio_default_1052688.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muchos turistas, en Barcelona]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/turistas-barcelona_129_5711288.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/3119fc64-146e-40c1-a00f-39256b01e46f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>No es solo el sol y la playa. Ni la gastronomía. Ni Gaudí. Barcelona también demuestra ahora su magnetismo a los representantes del progresismo mundial. Los ha convocado Pedro Sánchez, a quien no se le pueden negar ni la astucia, ni el don del <em>timing</em>, haciendo que el aura de líder antitrumpista internacional eclipse su versión doméstica, mucho más gris y cuestionada. Si el tablero de juego es el mundo, estoy con Sánchez y contra Trump, que conste. Lo estoy de todas todas (la elección no es tan difícil). Pero la mirada desde dentro es otra. Sánchez me recuerda al Gorbachov de la <em>perestroika</em>, aclamado en Occidente, impopular Rusia adentro. Sánchez puede jugar con mejores cartas que el viejo Gorby, que gestionaba un imperio en ruinas; pero tiene la justicia soplándole en la nuca, y el dúo PP-Vox acechándolo en las encuestas. Se entiende que prefiera explotar su perfil de estadista. Con qué desenvoltura ejerce de portavoz del pacifismo mundial, y se instala en el “lado bueno de la Historia” con Xi Jinping (jueves) y con Lula (viernes). Mientras tanto, en el ámbito doméstico, la derecha crece sobre los hombros de los ultras, la <em>true left </em>se hace cada vez más pequeña, a pesar de los esfuerzos de Rufián, y el centro no existe. Escenario de ruleta rusa.Si acaso, la <em>cuestión catalana</em> (que ocupaba los grandes titulares la pasada década) ya no da problemas. La prueba: Este fin de semana de turismo progresista en Barcelona. Porque Barcelona, como Cataluña, ha externalizado la gestión de su marca y de su papel en el mundo. Ahora se encarga el gobierno español, mientras Illa y Collboni hacen de comparsa. A Sánchez, hacerse ver en Barcelona le es muy útil, no solo para evidenciar que hemos vuelto a la redil, sino también porque la nuestra es una ciudad mucho más de izquierdas que Madrid (y que España en conjunto). Barcelona es el gran refugio del PSOE, que se la apropia, la desarraiga, la aísla de su traspaís y la convierte en una capital alternativa. De España, claro. ¿Una España más plural que la del PP? ¡Sin duda! Pero no nos engañemos: El espectáculo de este fin de semana está pensado desde Madrid para proyectar la España del PSOE en todo el mundo. Del mundo latinoamericano, <em>mayormente. </em>Por eso todas estas cumbres usan oral y escrito el español, ignorando la lengua propia y la lengua franca. Barcelona, no hace falta decirlo, luce divina, pero es solo un decorado. Y la Generalitat, un invitado de piedra. ¿Sabían, por cierto, que la Generalitat tiene una conselleria de Relaciones Exteriores?Los lectores de cierta edad quizá recordarán, aunque ahora parezca increíble, cuando el rey Juan Carlos I entró en el estadio olímpico para inaugurar los Juegos del 1992 mientras por la megafonía sonaba <em>Els segadors. </em>Se hacían equilibrios internos, en aquellos tiempos. La diplomacia olímpica surgió de una tensión creativa entre ayuntamiento y gobiernos. La independencia era una entelequia, casi como ahora, pero jugábamos a parecer un país, y Barcelona podía ejercer de capital de Cataluña, y capital de la lengua catalana, porque para muchos de nosotros era bastante más que un decorado. Este fin de semana los catalanes estamos en el epicentro de la política mundial, pero nos han reservado el papel de mayordomos y acomodadores.Imagino que a los lectores más cosmopolitas esta clase de lamentos les resultarán de un provincianismo insoportable. Me disculpo. Con una súplica final: La semana que viene, dejadnos, al menos, que disfrutemos de Sant Jordi en paz. Ya sabemos que en todo el mundo el 23 de abril es el Día del Libro, sin más. Pero resulta que en Cataluña –solo en Cataluña– de esta jornada decimos Sant Jordi, y es también el día en que Barcelona y Cataluña, de la mano, se proyectan al mundo. Solo es un día; ya procuraremos que pase rápido.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/turistas-barcelona_129_5711288.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 15:12:10 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/3119fc64-146e-40c1-a00f-39256b01e46f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Foto de familia de los participantes en la cena de la GPM]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/3119fc64-146e-40c1-a00f-39256b01e46f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quiénes somos, nosotros?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/quienes-somos-nosotros_129_5704667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/68b7b3b6-bf36-4a1a-9321-95ddc01e19dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Se suele citar el desatino de Pío Cabanillas, que en los años de la Transición, a la salida de un tempestuoso congreso de UCD, dijo “<em>Hemos ganado, pero no sabemos quiénes</em>”. A la política catalana actual pasa una cosa similar cuando se habla de unidad. Queremos unidad, pero no sabemos de quién. Sabemos que nos hemos de unir, pero no sabemos a qué o a quién nos referimos cuando hablamos de <em>nosotros.</em><em>Unidad</em> es una de esas grandes palabras que, como <em>progreso</em> o<em> libertad</em>, devienen conceptos vacíos cuando son manoseados por la clase política. En general, cuando un líder preconiza la unión la concibe como una concentración de fuerzas en torno a sí mismo. Y eso, claro, no tiene mucho que ver con la unidad auténtica, que implica el acercamiento mutuo, la cesión.Soy de los que piensan que la unidad es un falso dogma que se suele contraponer a la división, cuando su contrario, de hecho, es la pluralidad. Y en democracia la pluralidad es necesaria. Es el punto de partida inevitable para alcanzar los consensos, las mayorías amplias: otro tipo de unidad, que no implica uniformismo y que no genera vetos.En Cataluña es necesaria esta clase de unidad basada en el pluralismo. Porque el país tiene problemas muy graves y pide reformas de gran alcance, que son imposibles con un Parlament demasiado atomizado, y con una presencia creciente de la ultraderecha. Y esto implica formar mayorías transversales, que desborden los límites entre izquierda y derecha, y entre soberanismo y españolismo. Seré más preciso: hay una serie de cuestiones (lengua, salud, educación, infraestructuras) que deberían basarse en un acuerdo estratégico entre el PSC, Junts, ERC y Comuns. Son las formaciones que pueden garantizar una mayoría parlamentaria operativa.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/quienes-somos-nosotros_129_5704667.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 15:40:06 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/68b7b3b6-bf36-4a1a-9321-95ddc01e19dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Salvador Illa durante el Consejo Nacional Extraordinario del PSC]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/68b7b3b6-bf36-4a1a-9321-95ddc01e19dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
  </channel>
</rss>
