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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Toni Soler]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/firmes/toni-soler/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Toni Soler]]></description>
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      <title><![CDATA[Lecciones del conflicto en las aulas]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/lecciones-conflicto-aulas_129_5760449.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/1ff56cc2-6bfb-47ee-9c8e-6313dca79dd6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La batalla de la educación tendrá consecuencias nefastas para los alumnos, las familias, los maestros que sostienen la huelga y, sobre todo, para los protagonistas del proceso negociador: por un lado, los sindicatos, desautorizados por la base, y, por otro, el departamento de Educación, que ha visto que sus vaivenes y sus concesiones de última hora no han servido de nada. En resumen, es una batalla en la que pierde todo el mundo. Habrá –eso sí– mejoras laborales para unos servidores públicos que bien que se lo merecen (pero no son los únicos), pero la gran cuestión pendiente, que es la crisis del modelo educativo, continuará a la espera de tiempos mejores, tiempos en que la generosidad y la visión de país se impongan al tacticismo y los intereses de parte.A nivel político, el conflicto ha confirmado la quiebra del relato del gobierno Illa. Nos vendieron buena gestión y rebaja de la tensión, pero quedan lejos los tiempos en que el PSC presumía de haber anestesiado el país. Al contrario, se ha demostrado que los problemas que motivaron, en parte, el auge del soberanismo continúan muy vigentes, aunque de momento no hay un movimiento social capaz de convertir la ira ciudadana en una fuerza de choque. El país está tan enfadado como siempre, pero se le ha privado de un horizonte de cambio y de mejora. Y el enfado empieza a dar oxígeno a los que siempre están a punto para señalar a los más vulnerables, como víctimas pero también como cómplices involuntarios de un modelo productivo que está triturando el contrato social y los factores de cohesión colectiva. Para rematar, el PSC ya no confía en el comodín del PSOE (que es también el comodín anti-PP), porque el futuro de Sánchez se ensombrece por momentos.Este panorama puede animar a los rivales electorales del PSC, pero justamente la crisis educativa debería hacerles ver que el tacticismo, ante los verdaderos retos de país, no es una opción. ERC y CiU ya han sufrido huelgas de maestros, y ambos partidos son cómplices del fracaso del modelo escolar catalán. Corresponde al Govern iniciar el baile de un nuevo pacto nacional por la educación, y corresponde a la oposición –y a los maestros– tener la generosidad de implicarse a fondo sin pensar en sus intereses particulares, sean electorales, ideológicos o corporativos.No sabemos qué pasaría hoy en unas elecciones, pero sí sabemos que la ciudadanía está descontenta. Si la ultraderecha sube, será difícil de evitar una colaboración más estrecha entre las fuerzas centrales del país –PSC, Junts, ERC, Comuns–, con independencia del número de escaños que obtengan. Como ahora mismo todo el mundo está peleado con todo el mundo, es la sociedad civil quien está haciendo propuestas (el <em>Informe Fénix</em> es el ejemplo más claro). Pero, a la larga, las instituciones han de ejercer el liderazgo que les corresponde. Esto no quiere decir solo consenso parlamentario; quiere decir también un proceso constituyente para que se acabe la anormalidad de la vida política catalana, que tiene el teórico líder de la oposición en el exilio, independentistas inhabilitados o pendientes de juicio por culpa de una amnistía que es papel mojado, y todo esto regido por un Estatuto de Autonomía recortado y no refrendado por la ciudadanía.Si el PSC quiere liderar el país y acometer las grandes reformas que cada vez son más urgentes, ahora ya sabe que no lo puede hacer solo. También sabe que sus aliados potenciales son partidos soberanistas o confederalistas –en todo caso, partidos que impugnan el marco constitucional vigente–. Esto se hará aún más evidente cuando el PP y Vox lleguen a la Moncloa. Hacen falta más soberanía y más recursos para afrontar el presente y salvar el futuro. ¿Quién osará oponerse a este lema? Afortunadamente para Salvador Illa, ERC y Junts están demasiado ocupados metiéndose el dedo en el ojo y resolviendo sus contradicciones internas. Algún día, sin embargo, verán el mango de la sartén que tienen delante.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/lecciones-conflicto-aulas_129_5760449.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 16:01:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Docentes en huelga en Tàrrega se dirigen a cortar la A-2 esta mañana]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[¿Una xenofobia respetable?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/xenofobia-respetable_129_5753243.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d747c193-ff2c-4fb1-86e9-814a97fa65e9_16-9-aspect-ratio_default_0_x2792y1769.jpg" /></p><p>Los marcos ideológicos de la derecha xenófoba se abren camino en el <em>mainstream </em>político. No tanto por el crecimiento de Aliança Catalana como por la manera en que su discurso está contaminando el resto del mapa de partidos. Esto no deja de ser una victoria moral para la extrema derecha, pero también quiere decir que los partidos han decidido no darle la espalda a una cuestión que la gente considera importante, como es la gestión de la inmigración. Y lo hacen edulcorando los postulados más agresivos del partido de Sílvia Orriols.Es un proceso similar (con perdón por la comparación) a lo que las izquierdas han hecho con el ecologismo, que antes era una causa ridiculizada y tildada de <em>hippie</em>, hasta que la ciencia hizo darse cuenta a todo el mundo de que se trataba de una cuestión de primordial importancia. La victoria póstuma de los partidos verdes no fue su hegemonía, sino la asunción de su ideario por la izquierda –y parte de la derecha– en todo Occidente.No creo que Alianza Catalana conquiste el carril central del catalanismo, pero sí que una parte de su ideario, que en gran parte es racista y feixistoide, se integrará en el corpus ideológico de la derecha democrática (con un formato aceptable para sus votantes) y, finalmente, quizás, por la izquierda. El primer paso ha sido aceptar que la inmigración es un problema, un reto que conviene presentar como una cuestión socioeconómica y no en términos culturales o morales. Así se digiere mejor.El debate ahora no es sobre razas o culturas, sino sobre el modelo económico: el crecimiento desmesurado y el estrés de los servicios públicos. En estas cuestiones, la conclusión a la que llegan los economistas (como los firmantes del<em>Informe Fénix</em>) es que Cataluña depende excesivamente del turismo, que gentrifica y satura el territorio, y además fomenta la importación masiva de mano de obra barata, que no ayuda a sostener el estado del bienestar. La inmigración, pues, solo es un bien para una parte del tejido productivo catalán (no solo el turismo, también la industria agroalimentaria), que la explota y la malpaga a cambio de colapsar los servicios públicos. Este planteamiento, que obvia colores de piel, religiones y burkas, hace que el debate demográfico sea más asumible por las fuerzas mayoritarias.Pero el debate migratorio no solo se abre camino a través de la tecnificación. La cuestión identitaria revive. Como cualquier nación pequeña, los catalanes temen su disolución, el sacrificio de su cultura en el altar de la globalización. Al mismo tiempo, cierto progresismo, mientras condena el racismo y la aporofobia, arremete contra los turistas, los <em>expats</em>, las mafias que se esconden tras el enjambre de supermercados y tiendas de souvenirs, y los fondos buitre, que “merecen” nuestro rechazo porque están en una posición de fuerza respecto de los vecinos indefensos que han de abandonar su barrio, el comercio tradicional que baja la persiana, el catalán que desaparece de las calles. Es un tipo de xenofobia progresista, tolerable, donde el débil ya no es el que llega sino el que acoge.El problema es que, aunque señalemos un enemigo diferente, la batalla se parece mucho a la que defiende la extrema derecha (<em>primero los de casa,</em> rechazo a la diversidad, defensa de los <em>valores </em>occidentales y la cultura autóctona). Estamos abriendo una brecha por la cual se pueden infiltrar ideas tóxicas. Sin olvidar que los males del modelo productivo catalán no solo son culpa de los forasteros; lo son, sobre todo, de los autóctonos que los explotan.En este panorama, debemos asegurarnos de que esta reconversión ideológica sirva a un buen fin (desarmar a la extrema derecha y afrontar con valentía un debate real) y no dé cobertura moral al racismo. Por ello, es muy importante acotar el debate y ponerlo en manos de gente sabia y vacunada contra los prejuicios étnicos.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/xenofobia-respetable_129_5753243.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 16:00:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Rambla llena a rebosar de gente]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Rufián, aún]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/rufian_129_5746406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d7ccc07e-c53e-4ab9-91d1-87444aaa9aeb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p><em>Sin Rufián, el perímetro electoral de ERC será más pequeño; con él, sus electores no sabrán exactamente qué están votando.</em>Ahora ya es evidente que Gabriel Rufián no es solamente una voz disonante dentro de ERC sino también un líder con agenda propia y capacidad para eclipsar el partido donde milita. Por lo tanto, para ERC gestionar el peso (o la ausencia) de Rufián es una cuestión fundamental.El veterano partido republicano debe medir bien sus movimientos. Superado un ciclo electoral nefasto, le pesa el fracaso de sus experimentos institucionales (presidencia de Aragonès y alcaldías de Lérida, Tarragona y otras ciudades importantes). Oriol Junqueras es hijo del Procés, lo que al mismo tiempo es aura y estigma. Y su futuro político está en manos de los jueces, lo que lo condiciona todo. Frente al maximalismo de Junts, ERC juega la carta del pragmatismo y del apoyo condicionado a los socialistas. Pero esto, que en España se vende relativamente bien, en Cataluña cuesta más, por los incumplimientos reiterados y los problemas de gestión del PSC. Y a pesar de todo, las encuestas le son relativamente favorables. ¿El factor Rufián tiene algo que ver? El de Santa Coloma no solo arrasa entre los votantes de izquierdas españoles, sino que (al menos en la reciente encuesta de este diario) es el mejor valorado por los electores catalanes, incluso más allá de la órbita independentista. A Junqueras, Rufián le <em>amplía la base.</em> No puede prescindir de él, pero tiene serios problemas para domarlo. ¿Qué hacer? Si Junqueras se entrega al discurso de Rufián (una narrativa populista, eficaz, pero de recorrido incierto) estará comprando intención de voto a cambio de asumir una apuesta incierta y de corto plazo. En lugar de independentismo, Rufián propone resistencia: aplazar el pleito catalán para plantar cara a PP, Vox y Junts (que él presenta como un monstruo de tres cabezas) con la unidad de las izquierdas alternativas y plurinacionales. No hay duda de que si ERC, Bildu, BNG, Compromís y Endavant Andalucía se coordinaran mejor en Madrid, podrían instalar en el centro del ring español el debate sobre la plurinacionalidad (y la autodeterminación), ya sea condicionando al PSOE o erigiéndose en un muro de contención de la derecha españolista. Pero no sabemos si es eso lo que realmente motiva a Rufián. Y por otra parte, los únicos partidos que compran su relato no son los soberanistas, sino Sumar, Podemos y Comunes. Los que están en horas bajas. Vistas las dificultades de Rufián para convertir sus llamadas unitarias en un proyecto realista, quizás Junqueras ha decidido callar y esperar que la realidad lo ponga en su sitio. Pero mientras no quede claro el papel futuro de Rufián, las expectativas de ERC serán dudosas. Sin él, el perímetro electoral del partido será más pequeño; con él, los electores de ERC no sabrán exactamente qué están votando. Rufián no hace vida de partido e ignora a sus compañeros de grupo; su diversión es ofender a los diputados de Junts y elogiar de forma un poco forzada a los <em>compañeros</em> de Sumar e incluso a los del PSOE. La política catalana le queda lejísimos; no aparece nunca con Junqueras, no habla de independencia (solo por pasiva: “Estoy harto de que se juzgue a los catalanes por si son independentistas o no”). Ha contraprogramado la foto de Junqueras con Illa para la firma de los presupuestos. Y no ha dicho ni una palabra, por ejemplo, de los conflictos del gobierno del PSC con la enseñanza y la sanidad pública. Un notable ejercicio de contención para un charlatán como él. Los grandes partidos catalanistas han tenido siempre una doble cara (Macià y Companys, Pujol y Roca) pero hacer funcionar esta clase de tándems, con un pie en Madrid y otro en Barcelona, es todo un arte, propio de partidos sólidos, con una estrategia y un discurso bien trabados. La gestión de las contradicciones es lo que caracteriza a los partidos grandes. ERC aún tiene que demostrar que pueda hacerlo con éxito. Y se acerca un nuevo ciclo electoral.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/rufian_129_5746406.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2026 15:50:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gabriel Rufián exhibe la providencia de la Audiencia Nacional que imputa a Zapatero]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Éxito y victimismo, la cuadratura del círculo andaluz]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/politica/exito-victimismo-cuadratura-circulo-andaluz_130_5739503.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/4e7c51fb-13c4-410d-9baa-920329809566_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Un cordobés, Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República española (1931-36), es el autor de una de las frases que más bien han definido la naturaleza dual del catalanismo. Don Niceto dijo a Francesc Cambó, en las Cortes, que “no se puede ser al mismo tiempo el Bolívar de Cataluña y el Bismarck de España”. Una frase que se habría podido aplicar también a Lluís Companys, Miquel Roca o Gabriel Rufián. Ser catalanista en Madrid implica una contradicción difícil de gestionar. En cambio, el andalucismo es un sentimiento igualmente intenso pero que combina con la españolidad tan bien como la manzanilla y la gaseosa en la Feria de Abril. Porque Andalucía (que según su Estatuto de Autonomía es una <em>nacionalidad</em>) tiene una identidad irrebatible, incluso exuberante, pero es castellana de origen, y ha contribuido tanto como Castilla a la definición de lo que es español. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/politica/exito-victimismo-cuadratura-circulo-andaluz_130_5739503.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 May 2026 18:03:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Juanma Moreno Bonilla en el acto final de campaña en Málaga.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[Un PP "andalucista" suspira por una nueva mayoría absoluta que ponga al PSOE y Sánchez contra las cuerdas]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Estrés lingüístico]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/estres-linguistico_129_5739260.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d0eae052-39f8-42e6-a4d2-c993a1e551ee_16-9-aspect-ratio_default_1057815.jpg" /></p><p>He estado unos días en Andalucía y he tenido una curiosa sensación de bienestar, no es nueva, porque me remite a una estancia reciente en Madrid, en circunstancias totalmente diferentes. No he tardado en deducir que el motivo de este bienestar es la lengua. Más precisamente, la ausencia de estrés lingüístico que los catalanes sufrimos en nuestro día a día. Cuando me muevo por los territorios de la España monolingüe, mi cerebro hace un clic y se libera del agobio idiomático: aquí se habla español, solo español, y no hay nada que discutir. Entonces la relación con los demás, con la gente, se simplifica de entrada, la conversación fluye y se alarga, y al cabo de poco rato esta tregua lingüística se traduce en una distensión física; el cerebro siente que se ha librado de una molestia.Por mucho que nos digan que el bilingüismo es una riqueza, lo cierto es que una lengua franca indiscutible facilita mucho las relaciones humanas. Y en la mayoría de ciudades y países la lengua de relación colectiva es una y basta. En Barcelona y buena parte de Cataluña, por razones mentales, sociales y finalmente demográficas, la lengua franca es el castellano, y contra esta constatación nos rebelamos los que consideramos que el catalán necesita tanto nuestra firmeza como la empatía de los demás, como un buen paraguas legal. Pero los catalanohablantes socializamos con la certeza de que cada día nos exponemos a situaciones potencialmente conflictivas. Si mantenemos el catalán siempre –como es nuestro derecho, y como recomiendan los sociolingüistas– nos arriesgamos a no ser comprendidos, a tener que repetirlo todo dos veces, a soportar malas caras y quizá alguna grosería, a ser tildados de intolerantes, xenófobos e incluso insolidarios. Y aunque nuestro interlocutor hispanohablante sea receptivo, empático o haya entendido que con el catalán le irá mejor la vida (que es lo que debería ser), a menudo la conversación que surge es demasiado básica, ortopédica, como de turistas, y el estrés lingüístico se mantiene.Si, por el contrario, cambiamos a la lengua del otro (por “educación”, por pereza, por evitarse malos ratos o porque sencillamente el futuro del catalán no nos importa tanto), nos vemos abocados a un segundo estrés lingüístico añadido: el que proviene del sentimiento de culpa, la vocecita interior (o exterior, que para eso hay redes sociales) que nos dice que lo estamos haciendo mal, que de poco servirá invertir en normalización si los catalanohablantes no lo hablamos siempre, a riesgo de amargarnos el día, o llevarnos un chasco, o vete a saber qué.Entiendo muy bien la frustración del ciudadano pakistaní o hondureño que, después de hacer el pertinente curso de catalán, no lo puede practicar porque los autóctonos <em>dan por hecho</em> que no lo entenderá. Pero es que normalmente es así: la gran mayoría de los forasteros no entienden el catalán ni lo hablan (no lo han necesitado). Y a todos nos llega un momento en que el estrés lingüístico nos pide una tregua. O un poco de cariño: a los catalanoparlantes, además de pedirles firmeza, también se les ha de recordar que la reculada del catalán no es culpa suya, y se les ha de agradecer la suma de pequeños y grandes gestos que han permitido a nuestra lengua sobrevivir a siglos de agresiones.Escribo esto en el avión que me lleva de Sevilla a Barcelona. En la cola para embarcar, un matrimonio mayor adorable se me ha dirigido con una sonrisa: “<em>Usted salía en TV3, ¿verdad? Ahora no sale. ¡A ver si vuelve!</em>”Llevan décadas viviendo en Terrassa, pero vienen de visitar a la familia en Córdoba. Soy catalanoparlante, pero estamos en Sevilla. ¿Cómo me dirijo? Digo un par de frases de cada. Elogio la primavera andaluza. Contestan en castellano, miran el <em>Polònia</em>. Yo callo y sonrío. Estrés lingüístico. Les podría preguntar por qué no hablan catalán después de tanto tiempo en Cataluña. Pero son tan simpáticos...</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/estres-linguistico_129_5739260.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 May 2026 16:07:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[20260423 Dos mujeres vestidas de flamencas, en la feria de Abril, en Sevilla]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los hijos bastardos del 1 de Octubre]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/hijos-bastardos-1-octubre_129_5732063.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/08b4d339-53b2-4341-b3de-c98af88b8562_16-9-aspect-ratio_default_0_x1656y510.jpg" /></p><p>Hay muchas maneras de dividir Cataluña, pero la más ingenua es la que marca una frontera entre la “Cataluña real” y todas las Cataluñas inventadas o sinecdóticas. Hay gente que cree haber descubierto el ADN de la catalanidad <em>auténtica </em>en la Feria de Abril, organizada por el poderoso y dopado lobby de las entidades andaluzas, donde el <em>rebujito</em> y el flamenco empiezan a tropezar con el <em>mojito</em> y el <em>reggaeton</em> (porque, para los defensores de la <em>Cataluña real,</em> la pluralidad es sinónimo de hispanidad y basta). De lo cual se deduce que, si por un improbable fenómeno migratorio, medio millón de catalanes se desplazaran a vivir a Andalucía y se formase una colla castellera llamada Los Chiquitos de Fuengirola, un 4 de 9 con folre y manilles sería tan andaluz como la romería del Rocío.Es tan absurdo meter en el saco de la cultura catalana la Feria de Abril como lo sería meter allí el Oktoberfestde Calella o el Ashura que celebran los pakistaníes chiíes en el Raval de Barcelona. Igualmente absurdo es negar el derecho de cualquier ciudadano de Cataluña a celebrar las festividades de sus tierras de origen, pero la protección y el fomento de la cultura propia es un mandato de cualquier gobierno catalán digno de este nombre. Sobre todo porque somos el territorio europeo que ha sufrido la mutación demográfica más fuerte en el último siglo. Las grandes migraciones de las regiones pobres de España (el siglo pasado) y las del resto del mundo (en los últimos veinte años), si bien han demostrado la gran capacidad de integración de la sociedad catalana, también han dejado a la población indígena y su lengua en minoría, y esto no es solo un dato demográfico: es la demostración de que una nación sin estado no tiene las herramientas para garantizar su cohesión social y la supervivencia de su cultura. Lo cual, para la mayoría de catalanes –de origen que sea– es una mala noticia. Excepto para los votantes del PP y Vox, que aspiran declaradamente a la españolización del país, y para un segmento de votantes de izquierdas que les hacen el juego con los tópicos manidos sobre el catalanismo <em>burgués</em>.Por esta razón, el fracaso del proceso soberanista, con el maravilloso canto del cisne que fue el 1 de Octubre, constituye un drama nacional: era la ocasión para que Cataluña diera un paso adelante en un clima de celebración democrática y de respeto a la pluralidad que no tenía nada que ver con el sistema de castigo y de represión que los sucesivos gobiernos españoles han impuesto antes y después. ¿Una Cataluña independiente, o al menos más soberana, habría podido gestionar su pluralidad mejor de cómo la gestiona actualmente? Rotundamente, sí. Pero la debilidad de los líderes soberanistas y la inflexibilidad de los poderes españoles hicieron imposible un acuerdo de país, democrático pero plural, en cuanto a las identidades individuales y colectivas.Aquel fracaso no fue solo de los soberanistas, sino del país entero, y también de una españolidad(la delEspañareal<em>?</em>Y nos dirán supremacistas... ¡Qué descaro!<em>–es el mercado, amigo–. </em>Y nos dirán supremacistas... ¡Qué barra!</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/hijos-bastardos-1-octubre_129_5732063.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 16:04:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una bandera en una imagen de archivo.]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Hasta los cojones de todos nosotros]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cojones_129_5725329.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/2affce08-2df5-4c90-8f6d-c40dfb908c40_16-9-aspect-ratio_default_0_x592y387.jpg" /></p><p>En un país que va malament, amb un govern de la Generalitat que està en minoria i amb massa fronts oberts, es podria pensar que el sobiranisme català té una finestra d’oportunitat per recuperar el protagonisme i elevar el nivell d’ambició nacional. En canvi, els partits que van protagonitzar el Procés –Junts i ERC– competeixen en el seu propi ring, en una bombolla que només interessa als seus dirigents, i deixant de banda l’interès nacional, que és el que veritablement els podria propulsar electoralment. Una cosa és que no hi hagi unitat estratègica; i una altra és que les batalletes setmanals entre Rufián i Nogueras ocupin l’espai i el temps que els seus respectius partits haurien de dedicar a treure profit de la feblesa del PSC i el PSOE.Esta semana, Junts ha conquistado el protagonismo mediático con una doble negativa. La primera –el voto en contra al decreto de los alquileres– es difícil de entender en un contexto de emergencia habitacional, sobre todo teniendo en cuenta que el PSOE y Sumar estaban dispuestos a transaccionar medidas fiscales en favor de pequeños propietarios y autónomos. Que los de Puigdemont se hayan mostrado tan inflexibles se explica por razones temperamentales (vengarse de Yolanda Díaz por sus aspavientos) y tácticas (hacerse valer ante la derecha económica catalana). Es legítimo que Junts quiera recuperar el espacio de centroderecha, pero hacerlo a costa del sufrimiento de los inquilinos resulta, como mínimo, poco sensible. Las futuras elecciones les dirán si la apuesta ha sido acertada o no.Es más incomprensible que Junts se oponga al consorcio de inversiones Estado-Generalitat, una medida pactada por ERC con el PSOE para evitar que se pierdan las inversiones no ejecutadas (de forma sistemática y escandalosa) por los sucesivos gobiernos españoles. Esto solo se explica por un maximalismo absurdo y por la voluntad de no regalar ningún éxito a los adversarios, aunque esto reste recursos y poder de decisión a la Generalitat. Por otra parte, la terminología empleada por Nogueras (“No necesitamos otro chiringuito”) parece más propia de otras opciones políticas.Ahora bien: en lugar de aprovechar esta resbalada para presentarse como el partido del soberanismo útil, ERC ha preferido, una vez más, dejar su relato en manos de Gabriel Rufián, que lo ha convertido en una comedieta de muy bajo tono en la tribuna del Congrés, centrado solo en el asunto de los alquileres (como si la cuestión del consorcio de inversiones fuera demasiado “local” para su público) y practicando un escarnio innecesario de los diputados de Junts, que les ha permitido presentarse como víctimas. Y el entorno juntaire ha subido la apuesta comparando a Rufián con Albert Rivera, y su discurso, con la lógica del"<em>A por ellos"</em>. Cada capítol d'aquest sainet és pitjor que l'anterior. I mentrestant, la direcció d'ERC es manté en silenci. Rufián fa guanyar i perdre vots, no sabem ben bé en quina mesura, però la seva hostilitat unidireccional torpedina un dels actius del partit: la capacitat de maniobrar entre el PSC i Junts, segons l’àmbit de decisió i segons la conjuntura.Siempre he pensado que Junts y ERC son dos partidos demasiado consolidados para que el soberanismo prescinda de ellos. Pero llega un momento en que es lícito preguntarse si estas peleas de parvulario, que se arrastran desde hace una década, no son un gran obstáculo –por no decir el principal obstáculo– para un soberanismo que a nivel social y popular muestra mucha más madurez que sus representantes políticos. Podríamos decir, como Estanislao Figueras en 1873, que estamos hasta los cojones de todos nosotros. Si esta guerra civil continúa (y continuará mientras ninguno de los dos partidos sea capaz de comerse al otro), quizás algún día habrá que hacer una reflexión. Porque los partidos solo son herramientas, y en cualquier oficio las herramientas inútiles o se reparan o van a la basura.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cojones_129_5725329.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 16:06:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La portavoz parlamentaria de Junts, Míriam Nogueras, en el Congreso.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La batalla de nuestra vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/batalla-vida_129_5718934.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/dc9af280-bdda-4ab2-a29f-6c91f3c34cb9_16-9-aspect-ratio_default_1052688.jpg" /></p><p>Nuestro <em>blue monday</em> nacional es el 12 de septiembre de 1714. Según dicen las crónicas, Barcelona abrió sus puertas a las tropas francoespañolas y el duque de Berwick se extrañó de ver que los barceloneses faenaban en las tiendas y los obradores como si fuera un día cualquiera: un conmovedor ejemplo de tenacidad. Para mí, el día más triste del año suele ser el día después de Sant Jordi, cuando se desvanece el aroma de las rosas y el trajín de escritores y lectores, cuando se pliegan y se descienden las señeras, y la lengua y la cultura vuelven a acurrucarse después de una fulgurante jornada de protagonismo<em>. </em>El 24 de abril nos damos cuenta de que Sant Jordi es un espejismo mientras el dragón continúa moviendo la cola. Este año, a pesar de todo, tengo la sensación de que algo se mueve. Quizás por el éxito del Correllengua, quizás porque Òscar Andreu ha conquistado el podio con su <em>Manual de defensa del català</em>, o quizás porque creer es querer creer, pero detecto a mi alrededor una progresiva toma de conciencia lingüística. Es un sentimiento que transpira inquietud, pero también convencimiento. La situación de emergencia que vive el catalán ha contribuido a visualizar los riesgos de un modelo económico, político y cultural que, de forma gradual pero constante, nos desarraiga, nos diluye y nos empobrece como comunidad. Y de esto no se dan cuenta solo los catalanohablantes, sino también muchos recién llegados que, con independencia de su opción idiomática, aman el país y quieren que continúe siendo lo que es. Debemos ser lo suficientemente listos para discernir, de entre los enemigos, a estos posibles aliados. Y ser inflexibles con el resto. Dice Òscar Andreu: “El bilingüismo social es una trampa de quienes te exigen que seas bilingüe para que ellos puedan seguir siendo monolingües”.El idioma debe ser la batalla de nuestra vida. La generación de mis padres tenía el reto de recuperar la democracia y la autonomía, y lo consiguió. Mi generación dobló la apuesta con el proceso independentista, y no tuvo el mismo éxito. Y la lucha por el idioma será el gran reto de las nuevas hornadas de ciudadanos. Un desafío titánico y empapado de historia, porque en este país se habla catalán desde hace un milenio, y ha sido el idioma el que nos ha forjado como territorio y como país. La conservació –y la expansión– del catalán es un reto tanto o más difícil que las luchas políticas precedentes, porque implica un compromiso personal, diario, tenaz. No solo de los que <em>mantienen </em>el catalán, sino de los que, tarde o temprano, se habrán de incorporar. Todo depende de la firmeza de unos, la empatía de otros, y de unas políticas tan exigentes con la lengua propia como lo son en todos los países de nuestro entorno.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/batalla-vida_129_5718934.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2026 16:10:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La bandera que se ha izado en el Parlament de Catalunya en un palo de 25 metros]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muchos turistas, en Barcelona]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/turistas-barcelona_129_5711288.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/3119fc64-146e-40c1-a00f-39256b01e46f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>No es solo el sol y la playa. Ni la gastronomía. Ni Gaudí. Barcelona también demuestra ahora su magnetismo a los representantes del progresismo mundial. Los ha convocado Pedro Sánchez, a quien no se le pueden negar ni la astucia, ni el don del <em>timing</em>, haciendo que el aura de líder antitrumpista internacional eclipse su versión doméstica, mucho más gris y cuestionada. Si el tablero de juego es el mundo, estoy con Sánchez y contra Trump, que conste. Lo estoy de todas todas (la elección no es tan difícil). Pero la mirada desde dentro es otra. Sánchez me recuerda al Gorbachov de la <em>perestroika</em>, aclamado en Occidente, impopular Rusia adentro. Sánchez puede jugar con mejores cartas que el viejo Gorby, que gestionaba un imperio en ruinas; pero tiene la justicia soplándole en la nuca, y el dúo PP-Vox acechándolo en las encuestas. Se entiende que prefiera explotar su perfil de estadista. Con qué desenvoltura ejerce de portavoz del pacifismo mundial, y se instala en el “lado bueno de la Historia” con Xi Jinping (jueves) y con Lula (viernes). Mientras tanto, en el ámbito doméstico, la derecha crece sobre los hombros de los ultras, la <em>true left </em>se hace cada vez más pequeña, a pesar de los esfuerzos de Rufián, y el centro no existe. Escenario de ruleta rusa.Si acaso, la <em>cuestión catalana</em> (que ocupaba los grandes titulares la pasada década) ya no da problemas. La prueba: Este fin de semana de turismo progresista en Barcelona. Porque Barcelona, como Cataluña, ha externalizado la gestión de su marca y de su papel en el mundo. Ahora se encarga el gobierno español, mientras Illa y Collboni hacen de comparsa. A Sánchez, hacerse ver en Barcelona le es muy útil, no solo para evidenciar que hemos vuelto a la redil, sino también porque la nuestra es una ciudad mucho más de izquierdas que Madrid (y que España en conjunto). Barcelona es el gran refugio del PSOE, que se la apropia, la desarraiga, la aísla de su traspaís y la convierte en una capital alternativa. De España, claro. ¿Una España más plural que la del PP? ¡Sin duda! Pero no nos engañemos: El espectáculo de este fin de semana está pensado desde Madrid para proyectar la España del PSOE en todo el mundo. Del mundo latinoamericano, <em>mayormente. </em>Por eso todas estas cumbres usan oral y escrito el español, ignorando la lengua propia y la lengua franca. Barcelona, no hace falta decirlo, luce divina, pero es solo un decorado. Y la Generalitat, un invitado de piedra. ¿Sabían, por cierto, que la Generalitat tiene una conselleria de Relaciones Exteriores?Los lectores de cierta edad quizá recordarán, aunque ahora parezca increíble, cuando el rey Juan Carlos I entró en el estadio olímpico para inaugurar los Juegos del 1992 mientras por la megafonía sonaba <em>Els segadors. </em>Se hacían equilibrios internos, en aquellos tiempos. La diplomacia olímpica surgió de una tensión creativa entre ayuntamiento y gobiernos. La independencia era una entelequia, casi como ahora, pero jugábamos a parecer un país, y Barcelona podía ejercer de capital de Cataluña, y capital de la lengua catalana, porque para muchos de nosotros era bastante más que un decorado. Este fin de semana los catalanes estamos en el epicentro de la política mundial, pero nos han reservado el papel de mayordomos y acomodadores.Imagino que a los lectores más cosmopolitas esta clase de lamentos les resultarán de un provincianismo insoportable. Me disculpo. Con una súplica final: La semana que viene, dejadnos, al menos, que disfrutemos de Sant Jordi en paz. Ya sabemos que en todo el mundo el 23 de abril es el Día del Libro, sin más. Pero resulta que en Cataluña –solo en Cataluña– de esta jornada decimos Sant Jordi, y es también el día en que Barcelona y Cataluña, de la mano, se proyectan al mundo. Solo es un día; ya procuraremos que pase rápido.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/turistas-barcelona_129_5711288.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 15:12:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Foto de familia de los participantes en la cena de la GPM]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Quiénes somos, nosotros?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/quienes-somos-nosotros_129_5704667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/68b7b3b6-bf36-4a1a-9321-95ddc01e19dc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Se suele citar el desatino de Pío Cabanillas, que en los años de la Transición, a la salida de un tempestuoso congreso de UCD, dijo “<em>Hemos ganado, pero no sabemos quiénes</em>”. A la política catalana actual pasa una cosa similar cuando se habla de unidad. Queremos unidad, pero no sabemos de quién. Sabemos que nos hemos de unir, pero no sabemos a qué o a quién nos referimos cuando hablamos de <em>nosotros.</em><em>Unidad</em> es una de esas grandes palabras que, como <em>progreso</em> o<em> libertad</em>, devienen conceptos vacíos cuando son manoseados por la clase política. En general, cuando un líder preconiza la unión la concibe como una concentración de fuerzas en torno a sí mismo. Y eso, claro, no tiene mucho que ver con la unidad auténtica, que implica el acercamiento mutuo, la cesión.Soy de los que piensan que la unidad es un falso dogma que se suele contraponer a la división, cuando su contrario, de hecho, es la pluralidad. Y en democracia la pluralidad es necesaria. Es el punto de partida inevitable para alcanzar los consensos, las mayorías amplias: otro tipo de unidad, que no implica uniformismo y que no genera vetos.En Cataluña es necesaria esta clase de unidad basada en el pluralismo. Porque el país tiene problemas muy graves y pide reformas de gran alcance, que son imposibles con un Parlament demasiado atomizado, y con una presencia creciente de la ultraderecha. Y esto implica formar mayorías transversales, que desborden los límites entre izquierda y derecha, y entre soberanismo y españolismo. Seré más preciso: hay una serie de cuestiones (lengua, salud, educación, infraestructuras) que deberían basarse en un acuerdo estratégico entre el PSC, Junts, ERC y Comuns. Son las formaciones que pueden garantizar una mayoría parlamentaria operativa.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/quienes-somos-nosotros_129_5704667.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 15:40:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Salvador Illa durante el Consejo Nacional Extraordinario del PSC]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una nación, dos (o más) selecciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/nacion-selecciones_129_5698398.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/19a65af9-37a2-4003-9b9f-a47a279c279b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La reciente visita de <em>la roja</em> a Cataluña no fue un éxito publicitario, por decirlo de forma suave. A pesar de los esfuerzos de los gobiernos catalán y español, del mundo federativo y de las plataformas de activismo españolista, la tristísima exhibición de nacionalismo feixistoide y xenófobo en las gradas del estadio de Cornellá puso de manifiesto que la selección española, en Cataluña, corre el riesgo serio de verse convertida en icono de la extrema derecha. Desde el punto de vista del marketing, es una derrota del <em>reencuentro</em> que representan el PSOE y el PSC. Tenían entre manos un juguete fabuloso: un equipo joven, talentoso y repleto de catalanes cobijado por la simbología “común” y sin competencia (porque la ley prohíbe a Cataluña competir oficialmente, y los deportistas catalanes se exponen a duras sanciones si se niegan a representar al equipo español). Pero ahora, <em>la roja </em>puede pasar de símbolo del españolismo <em>cool </em>a refugio del torrentismo<em>.</em>Los estados con identidad en conflicto han entendido la utilidad del deporte. Los esfuerzos que España dedica a ello, como valor refugio del patriotismo, demuestran que en Madrid saben que el poder de verdad no consiste solamente en dinero, ejército y Código Penal; también se expresa en visibilidad y sentimiento. En Cataluña, sorprendentemente, ningún partido catalán tiene en lo más alto de su lista de prioridades el tema de las selecciones deportivas, que es quizás la única rendija que nos puede permitir existir nacionalmente y ser reconocidos internacionalmente, condiciones básicas para que venga todo lo demás. En cambio, nos tenemos que conformar con jugar un amistoso contra Palestina, con un ambiente inmaculado, eso sí; pero sin valor competitivo, sin nuestras estrellas en el campo, y con el recelo del arcaico mundo federativo catalán.Mientras Junts y ERC tengan poder para condicionar a los socialistas deberían jugar fuerte esta baza, que es la auténtica prueba de carga de la pluralidad del Estado. Compartir competencias y recursos está muy bien, pero la verdadera respuesta a la diversidad identitaria es compartir, también, la presencia simbólica. Es muy difícil, de entrada, que el PSOE acepte esto (tanto como la amnistía, quizá). Pero diría que Pedro Sánchez está vislumbrando que su supervivencia ante el bloque PP-Vox pasa por un entendimiento duradero con los defensores de la plurinacionalidad.Hay maneras de afrontar la cuestión evitando fracturas o dilemas imposibles: de entrada, por ejemplo, Cataluña podría disputar los campeonatos europeos, e integrarse en el equipo español en las competiciones mundiales u olímpicas. O podría tener selecciones propias en los deportes con más arraigo y tradición, como el rugby, el hockey y el waterpolo. Solo especulo; no sé lo suficiente, para decir cuál es la mejor solución. Pero creo que si los políticos pretenden representar la mayoría amplia de la población catalana, hay que llegar a una solución híbrida de este estilo.Somos un país que, a pesar de la reciente irrupción de la ultraderecha nostrada, ha demostrado una gran generosidad y una gran cintura en la gestión de la propia diversidad. Por lo tanto, los que nos sentimos nacionalmente catalanes nos merecemos existir políticamente –y, por lo tanto, deportivamente–. Pensamos que en el próximo Mundial de fútbol, si hay una victoria de España habrá gente celebrándolo en las calles de Barcelona... pero también la habrá si hay una victoria argentina, o una victoria marroquí. Y no se hundirá el mundo, porque la Cataluña diversa es eso. Pero, si resulta que en Cataluña todo el mundo celebra sus goles excepto los catalanes, ¿equé mierda de diversidad es esta?</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/nacion-selecciones_129_5698398.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 16:01:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aficionados españoles durante el partido de la selección celebrado el martes en Cornellá]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que será Cataluña (o no será)]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/sera-cataluna-no-sera_129_5692726.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/13541319-26a2-4e82-aeeb-d979ab372862_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>En los años noventa, a Jordi Pujol le preguntaron en una entrevista por la vigencia de la cita de Torras i Bages (“Cataluña será cristiana o no será”). “Lo que se puede afirmar es que Cataluña será catalana o no será –respondió–. Será otra cosa, pero no será Cataluña”. Tres décadas después, nos tenemos que preguntar si los términos <em>Cataluña </em>y<em> catalana </em>tienen el mismo significado, y si vamos en camino de ser esa “otra cosa”.¿Qué caracteriza a una comunidad nacional? Existen condiciones de base –una población con conciencia de grupo, y un territorio más o menos estable– que Cataluña cumple desde hace más o menos un milenio. Pero su territorio se ha estirado y encogido, y su población ha experimentado mutaciones continuadas a causa de los flujos migratorios (de Occitania, de la Península, del resto del mundo). Si el país ha sobrevivido, hasta el siglo XVIII, es gracias al factor integrador de la lengua y de las instituciones de gobierno propias. Y en los últimos siglos, bien al contrario, ha sido la ausencia de estructuras políticas lo que ha dado un espíritu nuevo a la catalanidad, un espíritu profundamente apolítico e incluso antipolítico –que se expresa con el espíritu comunitario y emprendedor, pero también con las revueltas cíclicas y la incapacidad de entender el sentido moderno del ejercicio del poder. Ha habido, en estos mil años, un pueblo catalán dinámico, cambiante, poroso, lo suficientemente arraigado como para ir absorbiendo nuevos contingentes de población; pero a partir del siglo XX, la debilidad demográfica, combinada con un alto desarrollo económico y la inexistencia de un marco político protector, ha hecho que este equilibrio precario se rompa, el catalán pierda la hegemonía y las identidades se separen o se solapen. En el umbral del siglo XXI, las nuevas oleadas procedentes de todos los rincones del mundo han complicado esta tendencia, que, si ya es una prueba de fuego para cualquier comunidad nacional, aún lo es más para una nación pequeña, que no solo no tiene un estado propio, sino que está en conflicto constante con un estado de tendencias uniformizadoras. Cataluña ha superado crisis, revueltas, guerras y, desde 1714, una ofensiva desnacionalizadora en todos los frentes. Si es así, ¿por qué no debería sobrevivir a las circunstancias actuales? Pues porque son circunstancias inéditas. Hasta ahora decíamos que el <em>pueblo catalán</em> ha sobrevivido a la opresión sin herramientas de gobierno, pero lo que ahora está en cuestión es, al contrario, si estas mismas herramientas pueden sobrevivir sin un <em>pueblo catalán</em> detrás, tal como lo hemos entendido en los últimos siglos. La demografía es fría e implacable, y por muchas herramientas políticas que tengamos, la gente es la gente, con su origen extraordinariamente diverso. Ante esta realidad, solo podremos seguir afirmando, con Pujol, que “Cataluña será catalana o no será” si somos capaces de refundir nuestro ser colectivo, preservar las raíces, incorporar la savia nueva, dotarnos de unos valores y un proyecto que afirme e incorpore. Pero se trata de una empresa tan enorme, tan titánica, que no la podemos hacer con una mano atada a la espalda: necesitamos un estado que nos dé un marco de referencia, recursos y autoridad para gestionar los cambios sociales y demográficos inevitables al ritmo idóneo. El primer paso para llegar aquí es la unidad estratégica de todos los demócratas que consideramos que Cataluña ha de continuar existiendo como nación. Sin sectarismos y sin reproches. Si no, nuestro naufragio ante la ola globalizadora está garantizado. Ya no es cuestión de ser un país mejor, como decíamos hace diez años. Es cuestión de <em>ser</em>: Cataluña será soberana... o quizás no será. Será, efectivamente, otra cosa.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/sera-cataluna-no-sera_129_5692726.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 16:23:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El puente de las vendedoras de pescado viejas de Girona]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por la educación, todo]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/educacion_129_5685548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/ac55f70e-8f06-47d2-a813-cb8a183827ac_16-9-aspect-ratio_default_0_x413y320.jpg" /></p><p>Quizás la peor jugada del gobierno Isla, en lo que lleva de mandato, es el acuerdo fantasma alcanzado con los sindicatos de maestros. Un acuerdo que sólo implicaba a los sindicatos minoritarios en el sector —UGT y Comisiones Obreras—, pero que, sin embargo, fue anunciado de forma solemne, calificado de "histórico" y publicidad de forma extraordinaria. Esto hizo que los docentes se sintieran no sólo desatendidos, sino también burlados, y arrojados a los pies de los leones de una opinión pública demasiado receptiva a la caricatura del maestro que hace dos meses de vacaciones y encima se queja. Ha sido una jugada tácticamente desastrosa, porque no dejaba a los sindicatos mayoritarios otra opción que mostrar su fuerza en las calles, de la forma más contundente posible.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/educacion_129_5685548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 17:00:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alumnos estudiando en una escuela.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El presidente delirante]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/presidente-delirante_129_5678409.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/88a72505-f544-44ec-b336-0b375c959c04_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>El periodista satírico italiano Michele Serra ha hecho fortuna con esta sentencia: "Los estadounidenses tienen mucha suerte: cuando van a exportar la libertad a algún país, siempre encuentran petróleo". La frase nos deja una sonrisa triste en la cara, porque esconde una cruel descripción de una potencia decadente y criminal. EEUU de Trump, en coalición con el gobierno militarista de Israel, y el vasallaje de sus satélites de la extrema derecha europea y latinoamericana, se ha convertido en una amenaza planetaria. Y como son el país más poderoso de lo que todavía llamamos civilización occidental, nos deja a todos, como catalanes y europeos, en una situación de desamparo y desconcierto, observando un campo de batalla geopolítico donde ya no se confrontan ideas o principios, sino que un grupo de hombres viejos sin escrúpulos se disputan la influencia pinchos de barrio.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/presidente-delirante_129_5678409.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 17:00:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dos militares israelíes pasan por delante de una pancarta con un retrato del presidente de EEUU y la leyenda "Gracias a Dios ya Donald Trump", el jueves en Tel Aviv.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una ventana peligrosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ventana-peligrosa_129_5671296.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/217d54cd-bb9c-487a-a8f4-6dbd06a47f76_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Poco después del ciclo electoral 2023-24, que otorgó el poder autonómico y municipal al PSC, escribí en este diario que los socialistas ocuparían el centro del tablero político catalán durante un montón de tiempo, y que sus rivales deberían concentrarse en sustituir la dispersión por el reagrupamiento, al menos desde un punto de vista táctico. Incluso me preguntaba si el soberanismo catalán ya había llegado a su El Álamo,<em> </em>es decir, en el punto en que sólo vale cerrar filas y atrincherarse para hacer frente a un enemigo más fuerte. En ese momento, me parecía que esta solución a la desesperada era prematura, porque significaba renunciar a décadas de catalanismo integrador y con voluntad de hegemonía.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ventana-peligrosa_129_5671296.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 17:00:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Imagen del pleno del Parlamento durante la votación de la proposición de ley del PP sobre eliminar el impuesto de sucesiones]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Quieto todo el mundo']]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/quieto-mundo_129_5664171.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/b1eb575d-670d-4586-9e1b-26a7ea85e00e_16-9-aspect-ratio_default_1055430.jpg" /></p><p>Cuando se produjo el golpe del 23-F yo era un chiquillo que hacía bachillerato. En casa, oímos en la radio la alocución del president Pujol, y el comentario de mi padre –"¡bien igual que Companys en 1936!"– no ayudó a serenar el clima familiar. Luego habló el rey, y entendimos que la <em>intento</em> había fracasado. Pero la verdad, con todos sus repliegues, la hemos ido conociendo paulatinamente, a medida que los protagonistas de la época han dado su versión. Los libros y los documentales han ido añadiendo –o quitando– capas de misterio. Y esta semana, coincidiendo sarcásticamente con la muerte de Tejero, se ha cerrado oficialmente esa carpeta de la memoria histórica con la desclasificación de los documentos oficiales. Como ya predijo Javier Cercas, no ha habido revelación sensacional alguna. Quizás porque muchos documentos se destruyeron; quizás porque muchas cosas, quién sabe si las más importantes, nunca se escribieron.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/quieto-mundo_129_5664171.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 17:00:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El rey Felipe VI en el patio del Palacio Real durante la Pascua Militar]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gaudí contra Goya]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/gaudi-goya_129_5655521.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/aef0f45e-5f15-438d-a38c-0bc101de1220_16-9-aspect-ratio_default_0_x439y415.jpg" /></p><p>El hecho de que Barcelona acoja la gala de los premios Goya poco después de la reciente gala de los Gaudí, es un episodio más de la batalla cultural que enfrenta a dos visiones de Barcelona y de su papel en España. Es una batalla que, a nivel político, se puede equiparar a la de los soberanistas y federalistas. Los primeros quieren que Barcelona ejerza como capital de Cataluña y del catalán; es decir, que actúe <em>como si fuera </em>capital de un estado, para garantizar la supervivencia del hecho nacional. Los segundos pretenden que Barcelona asuma sin complejos su cuota de capitalidad española, con el fin de sacarle el máximo provecho y contribuir a una concepción más plural de la realidad peninsular.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/gaudi-goya_129_5655521.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Feb 2026 17:00:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un turista fotografía una de las siete estatuas colocadas en varios puntos de Barcelona por los premios Goya.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rufián: doble o nada]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/rufian-doble_129_5648744.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/373d655e-f073-4798-ac25-c5e92bd75228_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hemos leído versiones muy diversas sobre el sentido último de las maniobras de Gabriel Rufián, la voz de ERC en Madrid, que ha logrado por méritos propios situarse en medio de los focos mediáticos españoles. Él mismo defiende que la suya es una apuesta honesta por frenar el previsible ascenso al poder de Vox y el PP con una alianza de Sumar, Podemos y las izquierdas plurinacionales. Punto. Hay quien cree que Rufián va por libre, sin el apoyo de su partido, y que su objetivo real es asegurarse volver a ser cabeza de lista, frente a los sectores que le consideran un independentista "blando", cuya misión –o el encargo– es diluir el discurso maximalista del partido. También hay quien asegura que Oriol Junqueras está encantado de que Rufián "complemente" el discurso oficial de ERC con un relato más placentero para los sectores no independentistas que hasta ahora votaban al PSC o Comuns. Y finalmente están los suspicaces que creen que Rufián está preparando su futuro político fuera de las siglas de ERC para convertirse en uno de los líderes de la nueva izquierda española, que se encuentra en el enésimo proceso de reconfiguración.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/rufian-doble_129_5648744.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Feb 2026 16:51:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El líder de Esquerra, Gabriel Rufián, durante su intervención]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si a Elon Musk no le gusta, es buena idea]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/elon-musk-no-le-gusta-buena-idea_129_5641481.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c6eb12e6-be5b-4d82-8ce3-caef489a0479_16-9-aspect-ratio_default_0_x3722y1677.jpg" /></p><p>Un viejo adagio recomienda unirte al enemigo si no puedes batirlo. En términos de <em>compol</em>: si los valores del enemigo son mejores que los tuyos, acércate. Y si los tuyos te molestan, aplícalos al enemigo. Así, la derecha clásica ha arrinconado sus conceptos clave –orden, propiedad, familia, etcétera– para apropiarse del término <em>libertad</em>, aunque durante dos siglos esta palabra mágica ha guiado todas las revoluciones contra el antiguo régimen. Primero se la apropiaron los liberales, en nombre del <em>laissez faire</em> económico. Y ahora lo hacen los <em>libertarianos</em>,<em> </em>seguidores de Trump, que obviamente nada tienen que ver con el viejo anarquismo libertario, sino con el odio al estado frente al mercado, erigido en garante de los derechos de los individuos.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Feb 2026 17:02:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El CEO de xAI y SpaceX, Elon Musk, durante un discurso en Davos, mientras su IA Grok se enfrenta a críticas por generar contenido sexualizado.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La posguerra civil]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/posguerra-civil_129_5634590.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/e5953098-19e2-46db-8122-66c0617d9d01_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>España sigue mediopartida cuando debate sobre la Guerra Civil. Arturo Pérez-Reverte ha organizado unas jornadas de debate en Sevilla con el mejorable título <em>1936: La guerra que todos perdimos </em>(al final pusieron el lema entre interrogantes para amortiguar las críticas). El escritor David Uclés, que se había comprometido a asistir, renunció al saber que tomarían parte José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros. Y el inevitable lavadero posterior a las redes sociales, con amenazas de boicot incluidas, ha precipitado la suspensión de las jornadas. Pérez-Reverte se lamentó de la oportunidad perdida para la "reconciliación" de los españoles. Pero la mejor manera de digerir el pasado es asumirlo, y asumir la Guerra Civil es admitir que hubo vencedores y vencidos, y que los vencedores se comportaron como tales hasta mucho después de que las armas callaran.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Toni Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/posguerra-civil_129_5634590.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Jan 2026 17:00:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Arturo Pérez-Reverte: "Un pueblo libre y analfabeto incluso es peligroso"]]></media:title>
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