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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Santiago Alba Rico]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/firmes/santiago-alba-rico/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Santiago Alba Rico]]></description>
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      <title><![CDATA[ERC, Junts y el realismo democrático]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/erc-junts-realismo-democratico-santiago-alba-rico_129_4821648.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/ff746c4f-33a0-4705-964c-5e8ae0e96c2b_16-9-aspect-ratio_default_0_x717y525.jpg" /></p><p>Las elecciones del 23J demostraron que la derecha españolista, pese a sus maniobras trileras y su control de buena parte de los medios de comunicación estatales, representa menos de la mitad de un electorado complejo cuya coloración política y territorial constituye al mismo tiempo un problema y una esperanza. Quiero decir que, en el ínterin eterno hacia una república federal, es ese “problema” el que impide que, tal y como ocurre en otros países de Europa, la derecha más radicalizada se apodere de las riendas del Estado. Los resultados del 23J demuestran una vez más que nadie puede gobernar en Madrid sin negociar y pactar con los llamados “nacionalismos periféricos”, lo que es, sin duda, una buena noticia para la democracia. La erosión del bipartidismo y la fortaleza de los nacionalismos catalán y vasco hicieron de España, en otros momentos de su historia, un país siempre al borde del golpe de Estado y la guerra civil, pero hoy esa combinación –al menos mientras la existencia de la UE contenga las tentaciones del PP y de su prolapso ultraderechista– lo vuelven políticamente interesante y potencialmente más democrático.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Alba Rico]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Oct 2023 10:53:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Parlamento en la sesión de control del pasado 27 de septiembre.]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Nostalgia del sofisma]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/nostalgia-sofisma-alba-rico_129_4726329.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c122d165-e2b3-448b-b4e2-2d1bfb5316eb_source-aspect-ratio_default_0_x433y391.jpg" /></p><p> Según un informe de la Fundación V-Dem, todos los progresos democráticos alcanzados en las últimas décadas “se han esfumado”. El 78% de la población mundial, casi seis mil millones de personas, viven hoy bajo regímenes autocráticos, una proporción que nos devuelve al año 1986, a las vísperas del final de la Guerra Fría. Por primera vez en dos décadas, hay más gente gobernada por “autocracias cerradas” (un 28%) que por “democracias liberales” (tan solo un 13%). El informe indica que en 2022 cuarenta y dos países estaban en proceso de “autocratización”, entre ellos EEUU y Brasil, pese a la victoria in extremis de Biden y Lula sobre Trump y Bolsonaro: el paso de la derecha por el poder siempre deja fósiles institucionales difíciles de doblegar. Menos libertad académica y cultural, menos libertad de expresión, menos credibilidad electoral, menos derechos civiles, ésta es la tónica que se impone en el mundo por una especie de réplica viral en la que la dependencia comercial de las democracias respecto de las autocracias (pensemos en el poder económico de China, Rusia o Qatar) debilita aún más las resistencias liberales.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Alba Rico]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jun 2023 16:00:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nostalgia del sofisma]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Frenar a la ultraderecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/frenar-ultraderecha_129_4350953.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/e7c315cf-1d97-469b-bcb9-d6e590d19838_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Las elecciones francesas nos deparan una buena y una mala noticia. La buena es que ha perdido Le Pen. La mala es que ha ganado Macron, responsable en parte del ascenso de Reagrupamiento Nacional en los últimos cinco años. La Francia Insumisa de Mélenchon, es verdad, podía haberse colado en la segunda vuelta, pero hoy por hoy no constituye una alternativa en un país -y un continente y un mundo- en el que, con idas y venidas, flujos y reflujos, la extrema derecha se ha asentado como el nuevo pivote de configuración de las batallas políticas. A remolque o contra ella, las fuerzas que han sobrevivido al naufragio de los viejos bipartidismos “ideológicos” (conservadores/socialdemócratas) tienen que medirse, quieran o no, con una ultraderecha plural que comparte, más allá de las diferencias nacionales, una misma pulsión identitaria negativa: un género excluyente, una nación excluyente, una libertad excluyente. Digamos que el “momento populista” de la rebeldía ilusionada ha dejado paso, en muy pocos años, a un populismo opaco, rencoroso, autorreferencial. Esto ha tenido ya dos consecuencias inquietantes. En el orden político nos hemos acostumbrado a aspirar a poco, a interiorizar como destino la lógica del “mal menor”, a votar a regañadientes a partidos que han incorporado parte del programa de la extrema derecha que combaten. En el orden “anímico”, ese momento reaccionario se ha trasladado también, desde el destropopulismo radical, a las luchas sociales y civiles: incluso el feminismo, el ecologismo, el nuevo “obrerismo” absorben a veces el tono y el discurso de un enfado puritano e intolerante. El problema no es la identidad, recinto irrenunciable de todos los conflictos y todos los acuerdos, sino el identitarismo, esa tumoración dolorosa de los malestares privados.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Alba Rico]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Apr 2022 18:24:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sello postal francés del 1982 que simboliza el anti-racismo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[La Gran Fuga]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/gran-fuga-santiago-alba-rico_129_4235426.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/8ee17c84-d1e9-442e-bb60-a5c8a99c3a0f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Es imposible leer el cuño Gran Dimisión o Gran Renuncia sin sentir un cosquilleo de emoción auroral. Luego, cuando uno se acerca un poco más al fenómeno, con más penumbra que certezas, el ánimo se enfría rápidamente. Es verdad que en los últimos meses en torno a nueve millones de estadounidenses han dejado voluntariamente su trabajo, pero la ola ha llegado muy amortiguada a Europa y casi desvanecida a España. La Gran Dimisión o Gran Renuncia parece reducirse a los Estados Unidos, un país donde hay muy poca protección laboral y donde, al mismo tiempo, no hay paro, lo que induce y permite los desplazamientos. En España, por ejemplo, las condiciones de trabajo son precarias, pero el desempleo es altísimo, de manera que no parece fácil dejarse llevar por la tentación de una aventura sin retorno. Nadie puede poner en duda el hartazgo de mucha gente y la resistencia creciente a aceptar salarios de hambre y horarios de hierro, pero no parece prudente hablar de una inversión de la relación de fuerzas entre el capital y el trabajo. La Gran Dimisión o Gran Renuncia -tengo esa impresión tras leer algunos estudios- se limitará a una pequeña recomposición de los mercados laborales tras una pandemia que ha introducido nuevos hábitos tecnológicos y la necesidad de algunas reformas sectoriales.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Alba Rico]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Jan 2022 19:53:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Grande Fuga]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El placer del apocalipsis]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/placer-apocalipsis_1_4114469.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c56f3feb-ee5a-4aaf-b07d-ccc49d3e706b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p> Voy a decir una barbaridad: lo más decisivo del 11S fue la imagen, repetida al infinito y que aún conservamos en la retina, de las Torres Gemelas derrumbándose sobre sí mismas. Me explico. El desarrollo de las fuerzas productivas ha hecho posible compartir materialmente las fantasías: podemos hacer visibles nuestros deseos más húmedos, nuestras tentaciones más <em>kitsch</em>, nuestros proyectos más desmedidos, y ello en un contexto de emulación o rivalidad capitalista en la que es imperativo multiplicar tanto los medios como las obras. Las Torres Gemelas de Nueva York eran una fantasía, respuesta y prolongación de fantasías previas cuya existencia en el espacio reclamaba Torres cada vez más numerosas y cada vez más altas. Así, en virtud de este impulso, que no es solo económico, nuestro mundo se ha ido llenando de productos humanos cuyo peso supera desde el año 2020 el de la biomasa de origen natural. En una sociedad “de imágenes”, las Torres Gemelas no estaban solo en el espacio; residían en la líbido global y también, por tanto, en nuestra pulsión global de muerte.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Alba Rico]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Sep 2021 07:15:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Santiago Alba Rico: El placer de la apocalipsis]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Homofobia]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/homofobia-santiago-alba-rico_129_4060036.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c46fefb1-43f6-46fd-9d68-6675fc911458_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Aceptémoslo: nunca podremos eliminar la homofobia del mundo. Siempre habrá homófobos, como habrá racistas, violadores, fanáticos religiosos y políticos corruptos. Lo que importa es que sean pocos; lo que importa es que no gobiernen y no impongan el tono social. Una democracia se puede permitir una minoría homófoba en las costuras, como se puede permitir un asesino en serie en las sombras o un grupúsculo anti-vacunas en las redes; lo que no se puede permitir es una sociedad homófoba. Una sociedad se vuelve homófoba cuando concurren estas tres circunstancias: la mayoría social acepta la homofobia, la homofobia se considera una opción legítima en el espacio público y los homosexuales, además de desprecio y persecución, sufren agresiones físicas normalizadas. Bajo el franquismo España era una sociedad homófoba; hasta hace tres años era el país menos homófobo del mundo; hoy tenemos la sensación fundada de un inquietante retroceso.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Alba Rico]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Jul 2021 18:16:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El templo romano de Córdoba iluminado con la bandera LGTBI el día del orgullo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Dos veces Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/veces-madrid_129_3984586.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d2bb9210-51d8-43b7-a4d4-dac611ab29e3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Se ha señalado en estos días la coincidencia del décimo aniversario del 15M con la apabullante victoria electoral de Díaz Ayuso en Madrid, que habría venido a poner fin a un ciclo de cambio y de esperanza o a revelar al menos la derrota definitiva de sus esporas.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Alba Rico]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 May 2021 17:56:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manifestación del 15-M, el 2011, en Barcelona.]]></media:title>
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