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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Berta Vilanova]]></title>
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      <title><![CDATA[El futuro del ajedrez quiere ser femenino]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/estilo/futuro-ajedrez-quiere-femenino_130_4215637.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/6e9b664b-4b17-4d76-b1cd-d6181e46d1c6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Cuando Isabel Marzal, de 47 años y de Vila-seca, decidió apuntarse al club de ajedrez de su pueblo, ahora hace tres años, se encontró con que era la única mujer. No solo en el club, sino también en los torneos y en las actividades que organizaban. “Es incómodo y a veces violento ser la única mujer en todas partes. Empiezas a pensar que estás en el lugar equivocado, te preguntas por qué motivo es así, si las mujeres no tienen la misma capacidad para jugar, si está mal visto...” La ajedrecista añade que también se ha encontrado en situaciones que evidencian que el ajedrez femenino no están normalizado. “Una vez en una liga me dijeron «Las madres tienen que esperar fuera». Se da por hecho que si una mujer está ahí es porque lleva a su hijo -comenta-. O en un torneo oí que el de al lado le decía a mi rival: «Qué suerte, te ha tocado la mujer». No son comentarios con mala fe, son hombres que nunca en la vida han visto a una mujer jugando al ajedrez”. También se ha encontrado con actitudes paternalistas. “Te dicen «Qué bien, claro que sí, está muy bien que las mujeres juguéis»”. Aún así, asegura que son comentarios más bien excepcionales y que en general la gente es muy respetuosa.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Vilanova]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Dec 2021 15:04:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El futuro del ajedrez quiere  ser femenino El fenómeno Beth Harmon Ni aburrido ni solitario]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[Esta disciplina está muy lejos de la paridad pero se multiplican las propuestas para animar a mujeres y jóvenes a ponerse ante un tablero]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[“Quiero a mi niña. Enviádmela, por favor”]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/quiero-nina-enviadmela-favor_1_4105704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d4fcd472-6bb9-47b3-9370-9bbc301a8eb3_source-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>“¿Por qué me dejaste?”, le preguntó Lluís Álvarez (Barcelona, 1935) a su madre el día que la conoció. Tenía 21 años cuando recibió una carta de la Diputación de Barcelona en que decía que su madre, Isabel, quería verlo. A pesar de la emoción de la mujer cuando se reencontraron, y que le aseguró que había estado dos décadas buscándolo, Álvarez respondió con frialdad. “Por dentro pensaba: «Ahora sí, pero cuando más te he necesitado no te he tenido». "No me la creí, estaba seguro de que me había abandonado”, expone. Álvarez no había tenido una vida precisamente plácida hasta entonces. Poco después de que su madre diera a luz en la Casa de la Maternitat i Expòsits de Barcelona, lo enviaron a Ibiza para que fuera amamantado y cuidado por una nodriza y su familia. Era una práctica habitual en la época, puesto que en Barcelona era difícil encontrar nodrizas o las que había pedían más dinero. Las encargadas de llevar a los bebés de Barcelona a Ibiza eran dos mujeres, Margarita y Antònia Verdera, madre e hija, en un barco que zarpaba cada miércoles, y una vez ahí repartían a los niños entre las nodrizas a cambio de unas pesetas. De equipaje, los bebés llevaban una medalla colgada en el cuello con el número que les identificaba y un relevo de la Virgen del Carmen. Estaba totalmente prohibido quitarles el collar; de este modo se aseguraban que nadie los intercambiara. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Berta Vilanova]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Sep 2021 15:45:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lluís Álvarez y en Llorenç Samaniego en el Patio Manning.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[Los expedientes de vida de algunos huérfanos vinculados a la Casa de la Caritat durante la posguerra revelan que fueron separados de sus madres sin su consentimiento]]></subtitle>
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