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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Joan Subirats]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/firmes/joan-subirats/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Joan Subirats]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[Guerín y Vallbona: el espejo incómodo]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/guerin-vallbona-espejo-incomodo_129_5678394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/61f07dad-3ee2-4a3c-b860-ae89bedf1089_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hay un momento en el filme de José Luis Guerín <em>Historias del buen valle</em>, en la que Barcelona aparece en el horizonte como una promesa lejana, o tal vez como una amenaza. Desde Vallbona, el perfil de la ciudad parece algo que ocurre en otro lugar, en otro tiempo. Y, sin embargo, estás, dentro de ella, pisando una tierra que la acequia Comtal sigue regando como hace siglos, entre huertas que alguien cuida con una paciencia y tenacidad que la ciudad acelerada ha olvidado cómo se practica. Es un barrio que cuesta llegar. No es una metáfora: cuesta de verdad llegar, físicamente, entre trenes y autopistas que lo atraviesan sin detenerse. Y quizá por eso ha conservado algo que el resto de la ciudad ha ido perdiendo sin darse cuenta. De hecho, un filme anterior, <em>Pequeño indio</em>, de Marc Recha, ya nos acercó a un espacio que pocos conocen y que mantiene su personalidad única en una metrópoli desbordada.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 17:00:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una imagen de la película 'Historias del buen valle'.]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Recoger el país con la cultura]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/recoger-pais-cultura_129_5642415.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c6ee3a8e-799e-4c74-8148-0a289376110d_16-9-aspect-ratio_default_0_x695y372.jpg" /></p><p>La cultura ha dejado de ser un complemento para convertirse en una necesidad estructural de nuestra sociedad. En un contexto de cambio acelerado como el que vivimos, marcado por la incertidumbre y la fragilidad de trayectorias vitales, lo que durante décadas hicieron la educación y la sanidad –garantizar oportunidades, seguridad y progresos compartidos– resulta ahora insuficiente si no va acompañado de elementos que nos hagan sentir juntos, que den sentido a los que den sentido a las cosas. Y es en este contexto donde la cultura y sus equipamientos y actividades pueden ayudarnos significativamente.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/recoger-pais-cultura_129_5642415.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Feb 2026 20:00:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La biblioteca Gabriel García Márquez, en Barcelona.]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La maraña territorial de la Generalitat]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/marana-territorial-generalitat_129_5578889.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/5840725a-568c-484c-9a24-ca9f22beb66d_16-9-aspect-ratio_default_0_x670y557.jpg" /></p><p>Tenemos problemas colectivos de todo tipo cada vez más enrevesados, con temas que se solapan y mezclan. Suele ocurrir que las administraciones públicas que deben dar respuesta tienen una división de competencias y de niveles de gobierno que, muchas veces, hace difícil saber quién debe ocuparse de qué. Pero si, además, la administración más relevante en Cataluña utiliza diferentes mapas y divisiones territoriales en cada conselleria, el tema es muy preocupante. En efecto, las diferentes consejerías de la Generalidad de Cataluña operan con divisiones territoriales que no coinciden entre sí. Es cierto que esta falta de homogeneidad responde a las necesidades históricas y logísticas específicas de cada ámbito de gobierno (sanidad, educación, etc.), pero también es cierto que, a medida que los efectos del cambio de época van haciendo, como decíamos, más complicadas las cosas, podría empezar a pasar lo de "la gente tiene problemas, la Generalitat consejerías".</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Nov 2025 20:00:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La sala en la que se celebran los consejos de gobierno de la Generalitat.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Liderazgos éticos y políticos con coraje]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/liderazgos-eticos-politicos-coraje_129_5483404.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/417a3905-a622-4004-8df3-05d198123de1_16-9-aspect-ratio_default_0_x911y1174.jpg" /></p><p>En momentos como los actuales, ¿es posible imaginar formas de hacer política y estilos de liderazgo que no busquen sólo la confrontación, poner el dedo en el ojo al adversario o buscar audiencias sobre la base de quien la dice más grande? Estamos en una coyuntura en la que la complejidad y gravedad de los problemas que tenemos parecería exigir liderazgos e ideas a la altura de los retos, pero, en cambio, parece premiarse la simplificación y el<em> matonismo</em>. Y tenemos ejemplos tan lejos como muy cerca. Todo esto me ha venido a la cabeza viendo el filme de Andrea Segre <em>La gran ambición</em>, que después de un gran éxito en Italia, Filmin ha traído aquí. En la película encontramos los grandes enredos de la política italiana de los años 70, con el protagonismo de Enrico Berlinguer, entonces secretario general del Partido Comunista italiano, pero donde también destaca la presencia de Aldo Moro, el dirigente democristiano que acabó finalmente asesinado por las Brigadas Rojas en el año 1978.<em>Enciclopedia catalana</em> se habla de Enrico Berlinguer como un político nacido en Sàsser, Cerdeña, de familia alejadamente originaria de Cataluña. Se ha especulado sobre las relaciones del apellido Berlinguer con el de Berenguer, al igual que hay quien recuerda que el autobús que iba de Sàsser a Alguer se llamaba La Freccia Catalana. Pero lo cierto es que la mayor huella que dejó Enrico Berlinguer en Cataluña no viene determinada por sus orígenes, sino por su enorme influencia política en la configuración y pensamiento político de lo que, a lo largo de todo el franquismo, fue el principal partido contra la dictadura, el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC). Influencia sobre todo constatable en los años 70, en los momentos finales del franquismo y en plena transición política hacia la democracia. La transformación que realizó Berlinguer del Partido Comunista italiano <a href="https://icariaeditorial.es/D/product/barcelona-capital-deleurocomunisme-berlinguer-i-el-miting-de-la-monumental-del-1978/" rel="nofollow">tuvo un gran impacto en el PSUC</a>, donde gente como Jordi Solé Tura había destacado traduciendo las obras de Antonio Gramsci y que siempre habían preferido la tradición comunista italiana a la francesa, más presente en el PCE de Santiago Carrillo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/liderazgos-eticos-politicos-coraje_129_5483404.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Aug 2025 18:00:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Enrico Berlinguer en una imagen del año 1977, en Madrid.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Un mundo trastornado, un mundo de emociones]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/mundo-trastornado-mundo-emociones_129_5373143.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/4f993073-4439-4619-9150-4463b88d78dd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>A medida que el mundo y su evolución se van haciendo más incomprensibles, inciertos y problemáticos, nos encontramos más desamparados y buscamos en los aspectos emocionales lo que no encontramos en el análisis racional de lo que nos rodea. Muchas veces se produce un desajuste entre lo que nos ocurre a cada uno y cómo valoramos lo que nos rodea. La típica pregunta que hacemos cuando encontramos a alguien que no vemos a menudo es "¿cómo estás?". Y cada vez hay más gente que dice "bueno, si no entramos en detalles". Todo va muy rápido y todo se va complicando. Nunca tantas cosas e instrumentos a disposición, nunca tanta sensación de que no llegas a nada, que todo es huidizo e insospechadamente frágil. En momentos como éstos las emociones están a flor de piel. Si te sientes comprendido y estás en un entorno de confianza, puedes aflorar aquellas expresiones emocionales más empáticas. Y la emoción de estar con gente que te entiende y con la que compartes te hace sentir bien. Pero estos espacios y estos momentos son complicados de encontrar en la aceleración y la desazón cotidiana que lo desquicia todo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/mundo-trastornado-mundo-emociones_129_5373143.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 May 2025 16:00:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Georges Didi-Huberman.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[¿Competir o compartir?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/competir-compartir_129_5347301.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/daae851c-036a-4fcb-a179-ca83184ba683_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Éste es un viejo dilema que ha ido pasando por muchas peripecias históricas en las que el exceso de uno de los dos polos de la ecuación ha generado problemas de convivencia. Aunque la digitalización generó un cierto resurgimiento del espíritu y de la significación de cooperar y compartir (como expresa el caso de Wikipedia), lo cierto es que la hegemonía de la lógica competitiva, esencia de la economía capitalista, es muy evidente, y con la llegada de Trump y los suyos se ha convertido en abrumadora. En nuestro país, en los últimos meses, y como resultado del debate desatado por los intentos del BBVA de apoderarse del Banc Sabadell, la palabra y el concepto <em>competencia</em> han alcanzado niveles de paradigma totalizador. No es normal que los bancos hablen entre sí a través de todo tipo de medios, y que el debate/diálogo sobre su futuro llene, a golpe de anuncios, páginas de diario o muchos minutos de televisión. El tema, es evidente, no afecta sólo a los accionistas de ambas entidades bancarias, pero no sé si era imaginable el alcance que ha acabado teniendo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/competir-compartir_129_5347301.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Apr 2025 19:00:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La fachada de la sede del BBVA en Madrid. EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo defendernos de la ola trumpista]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/defendernos-ola-trumpista_129_5300204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/056419fe-49e0-48f3-bac0-bd9047e8457f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>El ataque brutal que tiene en marcha la nueva administración Trump y sus aliados de la tecnooligarquía contra todo lo que suena a público es tan exagerado que puede parecernos simplemente estrambótico, y como tal pasar a formar parte de lo que vamos comentando con los compañeros de trabajo y los amigos y amigas cuando tenemos un rato. Pero la cosa es mucho más seria, ya que cuando se ataca el gasto público, los servidores públicos, los impuestos y todos los llamados chiringuitos institucionales, detrás de él hay políticas y servicios públicos esenciales para gran parte de la población. Por otra parte, no es sólo una excentricidad más de la nueva era trumpiana, sino que en Europa (y en Cataluña) hay muchos partidarios de aplicar la misma <em>lógica</em> a un sector público al que acusan de derrochar recursos, de preocuparse sólo de los que se aprovechan del sistema y de haber crecido de forma desmedida.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/defendernos-ola-trumpista_129_5300204.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Feb 2025 15:37:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El presidente argentino Javier Milei ha ofrecido una motosierra al millonario Elon Musk]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Menos reglas, más dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/reglas-dinero_129_5255980.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/f46035a4-3451-4f16-8c22-eabe986994a2_16-9-aspect-ratio_default_0_x2989y1127.jpg" /></p><p>No descubrimos nada nuevo si recordamos que en ciertas épocas a los más poderosos les han molestado las reglas y las normativas demasiado estrictas, y han preferido el sálvese quien pueda. Han sido sobre todo épocas de cambios acelerados, provocados por innovaciones tecnológicas o bien, también, por las oportunidades y rápidos beneficios que generaban los intercambios desiguales ligados al colonialismo. Horarios de trabajo interminables, niños trabajando, esclavismo, condiciones infrahumanas de vivienda y un largo etcétera. Todo bien documentado y analizado por historiadores que han ido dejando al descubierto lo que muchas veces se presentaba como acciones civilizadoras o como los costes de un progreso que era bueno para todos.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/reglas-dinero_129_5255980.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jan 2025 17:00:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una imagen de su sede en Londres del fondo de inversión BlackRock.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ayuso embadurna el debate sobre las universidades]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ayuso-embadurna-debate-universidades_129_5224701.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/122e2b00-5a0a-4f14-b2af-f9e2aefc98b4_16-9-aspect-ratio_default_0_x680y441.jpg" /></p><p>La virulencia y terquedad con que la presidenta de la Comunidad de Madrid castiga a las universidades públicas madrileñas no debería extrañarnos. Sigue el camino ya iniciado con su antecesora en el cargo, Esperanza Aguirre, quien provocó ya una profunda crisis de financiación de estas universidades durante su mandato. Crisis que las universidades llevaron a los tribunales y ganaron, cuando la comunidad tuvo que pagar más de 450 millones de euros en concepto de transferencias no realizadas. Gracias a ese dinero, las universidades públicas de Madrid han podido ir sobreviviendo estos años. Díaz Ayuso lleva ya tiempo en una ofensiva radical contra todo lo público favoreciendo al sector privado en el campo de los servicios públicos, como así ha ido haciendo en sanidad, en servicios sociales o en educación obligatoria. Ahora toca la educación superior. Detrás hay un modelo que quiere separar las clases medias de los servicios públicos deslegitimando su funcionamiento y situándolos en el campo de quienes no pueden permitirse pagar sus cuotas. La comunidad donde se pagan menos impuestos, donde son bienvenidos los que quieren invertir, vengan de donde vengan y sea cual sea el origen de su capital. El problema que tiene este proyecto es que hay servicios públicos muy sólidos, que tienen un buen funcionamiento y que son apreciados por aquellos usuarios. Pero la batalla está planteada y puede tener efectos más allá de Madrid.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ayuso-embadurna-debate-universidades_129_5224701.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Dec 2024 09:01:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la celebración del aniversario de la Constitución en el Congreso, el 6 de diciembre.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Los ricos han comprado la democracia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ricos-han-comprado-democracia_129_5203296.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/48949f6f-4f73-4a1e-a077-d901c3601859_16-9-aspect-ratio_default_0_x1244y206.jpg" /></p><p>Una cosa es utilizar el palco del Bernabéu para generar amistades y facilitar contactos que después te pueden ser útiles en tus negocios, y otra es hablar directamente con Zelenski y Putin aprovechando que eres el BFF (<em>best friend forever</em>) del que será nuevo presidente de Estados Unidos. Esta es una de las muchas diferencias entre Florentino Pérez y Elon Musk. Pero más allá de los nombres y de las situaciones, lo más sorprendente es el salto de escala en la relación entre el poder económico y el poder político que se está dando en estos momentos, especialmente en Estados Unidos, pero también en otros países, como Argentina. Una de las novedades de la campaña de Trump ha sido el protagonismo de los grandes nombres del negocio tecnológico, como Elon Musk, Jeff Bezos o Peter Thiel (propietario de PayPal y uno de los cerebros a la sombra del éxito de Trump). En el discurso de Trump poco después de que se conocieran los resultados de las elecciones presidenciales, el presidente electo dedicó una parte significativa a glosar las maravillas de las que era capaz Musk, adhiriéndose a lo que la revista <em>Time </em>ya dijo de él hace tiempo: "El hombre del futuro que con la tecnología hará que todas las cosas sean posibles”.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ricos-han-comprado-democracia_129_5203296.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Nov 2024 17:00:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Donald Trump y Elon Musk en una imagen de archivo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Barcelona y Milán: ¿dónde termina la ciudad?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/barcelona-milan-termina-ciudad_129_5169756.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/48b62e90-9f6a-4ef1-ab65-a08fe5b4a74c_16-9-aspect-ratio_default_0_x750y553.jpg" /></p><p>Estos días, aprovechando la celebración de la cuarta edición de la <a href="https://www.biennaldepensament.barcelona/ca" rel="nofollow">Bienal de Pensamiento</a> y con la colaboración de la <a href="https://cuimpb.cat/ca/curs/320-nova-ciutat" rel="nofollow">CUIMPB</a> y del <a href="http://cccb.org/" rel="nofollow">CCCB</a>, hemos establecido un diálogo entre Milán y Barcelona que ha confirmado, por un lado, los grandes paralelismos entre las dos ciudades y, por otro, la gran y poco visible transformación que está cambiando la fisonomía y la forma de ser de una ciudad y otra. Como decía el profesor Alessandro Balducci en el debate que tuvimos en la Modelo, "estos cambios invisibles están haciendo más invivibles nuestras ciudades".</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/barcelona-milan-termina-ciudad_129_5169756.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Oct 2024 18:00:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vista del Arco de la Paz desde el parque Sempione, en Milán.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cultura y arte más allá de Barcelona]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cultura-arte-barcelona_129_5147382.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/aa65f5b5-0f41-42b1-90df-b3e383a84c97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hace pocos días se inauguró <a href="https://www.manifesta15.org/ca" rel="nofollow">Manifiesta 15</a>. Una bienal de arte contemporáneo que, a diferencia de otros, va cambiando de sitio en cada edición. Lo anterior fue en Pristina, la capital de Kosovo. Pero este año, la edición de Barcelona es totalmente nueva. En las catorce ediciones anteriores, las actividades se concentraban en una ciudad. En Marsella hace seis años, o en Palermo hace ocho. Esta vez, por petición expresa de la candidatura de Barcelona, ​​las actividades artísticas se despliegan por doce ciudades de la región metropolitana de Barcelona.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cultura-arte-barcelona_129_5147382.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Sep 2024 16:00:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las intervenciones artísticas de las Tres Chimeneas durante la inauguración de la Manifiesta 15.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Barrios: más que ciudades en pequeño]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/barrios-ciudades-pequeno_129_5117035.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/06a899d3-69bf-43f4-a644-1f9d4185e36a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Las ciudades han estado siempre en tensión. Lo estaban en sus inicios cuando constituían islas de libertad en medio de las estructuras feudales. Fueron cuna de las ideas liberales, movilizando a aquellos que no podían aceptar los privilegios de los estamentos, cuando eran ellos, los burgueses, los que con su trabajo y dinero mantenían a monarcas, aristocracia y clero. Se constituyeron en núcleo esencial de las revoluciones industriales, creciendo de forma desordenada y caótica, pero también embelleciéndose y generando una nueva forma de vivir. Han sido y siguen siendo espacios en los que se reúnen todas las contradicciones y conflictos posibles, pero también espacios de donde pueden surgir combinaciones virtuosas. Hoy, en medio de la transformación digital y de los graves riesgos ambientales, están de nuevo obligadas a repensarse.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/barrios-ciudades-pequeno_129_5117035.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Aug 2024 16:00:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[San Andrés]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aquí, ¿quién manda?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/manda_129_5063995.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/7306fdeb-6ad2-4aed-ba98-1f88b94fe9f3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Acabamos de cerrar las elecciones catalanas y europeas. Y conforme pasan los años y las dinámicas económicas y sociales van cambiando y acentuando algunos de sus parámetros de funcionamiento, crece la sensación de que la política ha ido perdiendo peso en los equilibrios de poder que siempre han existido. Cuando apenas terminados mis estudios de grado entré de profesor ayudante de derecho político en la Universidad de Barcelona, ​​en un lejano octubre de 1974, era costumbre que los recién llegados acompañaran a los profesores de toda la vida para aprender algo de cómo funcionaba esto de enseñar en la universidad. Acompañé al catedrático de entonces, Manuel Jiménez de Parga, a una clase de primero. Era el primer día de curso, y él empezaba siempre preguntando: "A ver, ¿quién me puede decir quién manda en España?". Los más de cien alumnos, medio asustados y aún atolondrados por el hecho de estar en la universidad, se agitaban nerviosos hasta que alguien se atrevía a llamar “Franco” o “las Cortes”. El profesor iba insistiendo hasta que alguien decía “la banca” o “Estados Unidos” y, de hecho, empezaba entonces su clase sobre los diferentes tipos de poder existentes. Las clases posteriores de mi maestro, Jordi Solé Tura, iban adentrándose en las distinciones entre poderes formales y poderes reales.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/manda_129_5063995.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Jun 2024 16:53:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[BlackRock, empresa fundada por Larry Fink, gestiona más de 6 billones de euros, equivalentes a seis veces el PIB de España.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Suburbia' y los suburbios catalanes]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/suburbia-suburbios-catalanes_129_5011668.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/5e0473c7-98a7-4091-b312-849528c064cd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Las dinámicas y tensiones entre territorios urbanos y no urbanos, entre espacios más o menos ruralizados, han cambiado notablemente a lo largo de los años. Esto se ha manifestado de muchas y diversas formas: densidades de personas, densidades y provisión de servicios, más o menos contacto con la naturaleza, movilidad forzada y voluntaria, precio de las viviendas, homogeneidad o diversidad de los habitantes, niveles divergentes de seguridad, gasto heterogénea de agua o energía, problemas de aislamiento, soledad o salud mental derivados o no del lugar donde se vive, o simplemente el poder o no generar vínculos de comunidad con los que te rodea. Las ciudades han tenido tradicionalmente la ventaja de vivir como cada uno quiere y puede, pero acompañado de extraños, mientras que los pueblos y espacios rurales potencian más vínculos de confianza, con el riesgo del embalse.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/suburbia-suburbios-catalanes_129_5011668.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Apr 2024 16:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Instalación en la exposición 'Subúrbia', en el CCCB.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si la democracia es el problema, ¿cuál es la solución?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/democracia-problema-solucion_129_4979906.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/6fe1559d-2778-4113-9217-0f9409eba38e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>No pasamos por un buen momento de la relación, siempre complicada, entre el mundo de la política democrática institucionalizada y el latido social. Cuando parece que salimos de uno de los muchos temas que nos inquietan, ya entramos de lleno en otro tema tan o más complicado que el anterior. Las acusaciones y descalificaciones son frecuentes más que nunca, hay quien se empeña en seguir haciendo cosas que son difícilmente justificables hoy en día, y todo ello no ayuda a buscar espacios desde donde avanzar. No consuela demasiado ver que éste no es un tema sólo de nuestra casa, sino que afecta a países y lugares de cualquier rincón del mundo. En situaciones como éstas hay quien practica la añoranza y recuerda que antes la política y los políticos eran mucho mejores. Pero, al margen de que esto no sea del todo verdad, al final nada consuela, ya que el ruido crece, el panorama no mejora y los días van pasando.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/democracia-problema-solucion_129_4979906.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Mar 2024 16:55:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El hemiciclo del Parlamento de Cataluña]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿A quién cuidamos? ¿Quién nos cuida?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cuidamos-cuida_129_4947908.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/26837497-4290-4b4b-a6bf-5f5a967bb965_16-9-aspect-ratio_default_0_x1759y3174.jpg" /></p><p>Todo cambia a nuestro alrededor. Las etapas vitales de trabajo, formación y jubilación, sirven poco para encarar la buena noticia de la longevidad o la necesidad de seguir formándonos para trabajar o para entender lo que ocurre. Cada vez vivimos más años y las tramas familiares son cada vez más pequeñas e inestables. Hay más gente que vive sola o poco acompañada. Tenemos poco tiempo para ir de compras al barrio o al mercado y son muchos los que lo hacen a distancia y los llevan a casa. Los vecinos cambian a menudo. Cada vez hay más pasavolantes y más gente recién llegada que debe crear vínculos y saber dónde se hace qué. Cuanto mayor la ciudad, más se nota lo de vivir entre desconocidos. Ésta es una característica apreciada de las ciudades. Más anonimato, mayor libertad para ser como quieras. Pero, como ocurre a menudo, todo lo que son ventajas para unos, son problemas para otros.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cuidamos-cuida_129_4947908.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Feb 2024 17:00:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dos personas con las manos entrelazadas.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jóvenes irrespetuosos que piden respeto]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/jovenes-irrespetuosos-piden-respeto_129_4130713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/6d8eeb3c-dc77-4ff3-a726-fb1548e82a3f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>El constante goteo de noticias sobre la situación de los jóvenes pone de relieve cómo, en esta transición entre épocas que atravesamos, ellos son de los que más sufren los efectos negativos de todo. Por un lado, las nuevas generaciones son las que teóricamente llegan a estos momentos de grandes cambios con mejores instrumentos para hacerles frente. Si lo miramos globalmente, tienen un nivel educativo, en términos generales, muy alto. Sin punto de comparación con el que había en el momento de la transición política a la democracia. Si en 1960 había en España cerca de 200.000 estudiantes universitarios, y en 1980 esta cifra llegaba a 700.000, el curso pasado superaron el 1.700.000. Si miramos los niños y niñas de 2 años, en 1977 había escolarizados un 6%, y hoy estamos hablando de un 60%. Cerca del 50% de los jóvenes de entre 25 y 34 años tienen educación superior. Por encima de los niveles de la Unión Europea y de la OCDE. A pesar de que hay que señalar que en estudios secundarios y en tasas de abandono la situación es mucho más preocupante. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/jovenes-irrespetuosos-piden-respeto_129_4130713.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Sep 2021 13:29:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Imagen de uno de los bot ellots masificados durante estas fiestas de La Merced.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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