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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Ricard Zapata]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/firmes/ricard-zapata/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Ricard Zapata]]></description>
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      <title><![CDATA[¿De verdad 'somos' 8 millones?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/8-millones_129_5707421.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/25ecea11-8f25-4b06-8ef8-f6d550f104e4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>En las políticas de diversidad, casi siempre se trabaja desde la urgencia social, a menudo impuesta por causas externas. Pero hoy hay que hablar de una urgencia diferente, una que nace de nuestros propios déficits: lo que llamo el Factor M (factor migraciones) de la memoria colectiva de Cataluña.Cataluña acaba de alcanzar el hito histórico de los 8 millones de habitantes. Es una transformación de gran alcance, pero también una interpelación directa: ¿realmente todos pueden sentirse parte de este <em>nosotros</em>? ¿Pueden decir "somos 8 millones" aquellos que no ven su historia reflejada en ningún sitio?Esta urgencia se manifiesta en tres vacíos profundos que segmentan nuestra sociedad:<strong>1. El vacío vecinal.</strong> Los fundadores de nuestros barrios —aquellos migrantes de los años 50 y 60— están construyendo su memoria de lucha heroica. Esta historia, sin embargo, parece que acaba en ellos. Hoy, estos barrios están llenos de nuevos migrantes internacionales que son quienes realmente les dan vida desde hace más de dos décadas, pero que viven vidas paralelas. Comparten el espacio, pero no la historia; no llegan a ser reconocidos plenamente como vecinos, ni se incorporan a las asociaciones para "hacer barrio". Este cambio demográfico se vive a menudo con resistencia y desconfianza, un escenario del cual se nutren quienes quieren crear fragmentación.<strong>2. El vacío académico.</strong> Si tomamos los libros de historia de Cataluña, las migraciones prácticamente no están; es como si no hubieran existido. ¿Cómo podemos educar en el sentimiento de pertenencia si el relato oficial ignora las raíces de más de la mitad de la clase? Los hijos de marroquíes, filipinos o ecuatorianos, que son catalanes, ¿no forman parte de nuestra historia? Si la escuela les explica una historia donde aparecen como anomalías, les estamos diciendo que son subalternos, y no protagonistas del país donde viven.<strong>3. El vacío político. </strong>Asistimos al advenimiento de partidos altamente mixófobos que manipulan los datos para inventarse un pasado de homogeneidad inexistente. Buscan una sociedad que no negocia con la diversidad, sino que la criminaliza, evocando tiempos pasados de persecución contra las minorías. Este discurso gana adeptos precisamente porque no hay un relato público sólido sobre la memoria de las migraciones —el Factor M— que lo contradiga.Debemos ser valientes en la autocrítica: la identidad nacional que construimos no puede dejar a nadie de lado. El catalanismo no puede ser un proyecto excluyente, reservado a una élite que mira la diversidad desde la distancia. Porque sin memoria, la identidad es frágil: una identidad sin memoria no es identidad. Si un ciudadano no encuentra su trayectoria reflejada en el relato oficial, en los museos de historia o en el nomenclátor, difícilmente sentirá que el proyecto de futuro de Cataluña también es el suyo. La memoria no es solo recordar; es reconocernos como iguales en la artesanía de la historia.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricard Zapata]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/8-millones_129_5707421.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2026 16:02:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Inmigrantes en la Estación de Francia]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Cuando regalamos adeptos en la extrema derecha: el efecto boomerang]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/regalamos-adeptos-extrema-derecha-efecto-boomerang_129_5626882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/40b4b423-c349-4da0-a4c0-a72055aa5851_16-9-aspect-ratio_default_0_x3162y1169.jpg" /></p><p>En el ámbito de los estudios migratorios, hace tiempo que analizamos una dinámica tan inquietante como paradójica: la trampa de las políticas (<em>policy trap</em>). Se trata de esa situación en la que las acciones públicas, lejos de alcanzar los objetivos para los que fueron diseñadas, acaban provocando exactamente el efecto contrario. Hoy, en Cataluña, estamos ante una de estas trampas: una proliferación de planes institucionales "contra" el racismo que, en lugar de desactivar el odio, podrían estar actuando como combustible para las narrativas que pretenden erradicar.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricard Zapata]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jan 2026 17:00:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fachada del Palacio de la Generalitat]]></media:title>
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      <title><![CDATA[¿La UE, en un punto de no retorno?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ue-punto-no-retorno_129_5595220.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c63d5a5a-a263-4854-a3ae-d5557233996e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Los países de la Unión Europea (UE) han aprobado un endurecimiento histórico de las normas migratorias, que incluye la creación de "centros de retorno" fuera del bloque y un nuevo mecanismo de solidaridad basado en multas. Se trata de un giro radical que implica a terceros países, y no podemos prever cuáles serán sus consecuencias a corto plazo desde el punto de vista de la geopolítica de las migraciones en Europa. Lo que se ha aprobado en Bruselas es una inflexión restrictiva motivada por la presión política interna de la extrema derecha, pese a la reciente caída de las entradas irregulares. En síntesis: más autoritarismo por gestionar, hacia fuera y hacia dentro.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricard Zapata]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Dec 2025 17:00:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Uno de los 'cayucos' con inmigrantes que han llegado este lunes a la isla de El Hierro]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Ucrania y la geopolítica con rostro humano]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ucrania-geopolitica-rostro-humano_129_4324149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/bc49ed16-51f5-4292-bb2e-7b21ad79f6da_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La invasión colonial rusa a un país geográficamente europeo como es Ucrania está despertando mucha inquietud porque pensábamos que estas guerras territoriales e imperiales formaban parte de una modalidad que solo leíamos en nuestros libros de historia y no veíamos en nuestras pantallas de televisión. Verla tan cerca y en “nuestro territorio” es uno de las razones que explica los actos de solidaridad en toda Europa. Presenciamos una nueva cara de eurocentrismo, que, en lugar de cerrar fronteras con narrativas de seguridad, ahora las abre con narrativas de humanidad. Este <em>eurocentrismo positivo</em> es una nueva variante, diferente de a la que estábamos acostumbrados, pero que nos incomoda. Por qué? Porque la raíz del eurocentrismo permanece. Aunque esté barnizado de justicia universal y derechos humanos, no alcanza a ser justicia global. Su lógica interna dirige nuestras percepciones y emociones. Solo nos preocupa, e incluso definimos como problema, lo que nos afecta directamente. Detrás hay un solipsismo epistemológico flagrante.   Lo que está claro para cualquier estudioso de la inmigración y los refugiados, es que uno se siente molesto con esta cara de Jano de la UE, puesto que mientras se acogen personas desplazadas por la guerra de Ucrania, se continúa cerrando en casos similares por otras guerras cruentas. En términos epistemológicos, lo que estamos presenciando es el final del universalismo de los derechos humanos, siempre dependiendo de una lectura contextual. Aunque nos incomode, la lectura en clave de derechos humanos que ahora siguen los gobiernos y la ciudadanía europea no es universal sino plenamente europeísta. Ucrania nos preocupa porque nos sentimos identificados con ellos como europeos, y este europeísmo es el que mueve los actos de solidaridad, que, aunque bienvenidos, no dejan de mostrar cierta hipocresía, cuando venimos pidiendo desde hace décadas este tratamiento para otros desplazamientos forzados por guerras. Con Ucrania enterramos, pues, definitivamente el universalismo cosmopolita supuestamente vinculado con la defensa  de los derechos humanos. Las acciones de solidaridad que vemos son territoriales y nacionales, no cosmopolitas. No creemos más confusiones, sobre todo a los que siguen más preocupados ahora que antes por la existencia de corredores inhumanitarios en todo el Mediterráneo. Lo que ocurre ahora nos incomoda por su parcialidad y porque nos confirma que solo nos mueve nuestros intereses más inmediatos, una geopolítica de las percepciones que no debe confundirse con la humanidad común. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricard Zapata]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Apr 2022 18:52:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Refugiados ucranianos llegan a Berlín.]]></media:title>
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