<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Núria Bendicho Giró]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/firmes/nuria-bendicho-giro/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Núria Bendicho Giró]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="http://es.ara.cat:443/rss-internal" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La memoria de las nuevas generaciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/memoria-nuevas-generaciones_129_4991703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/1c2b491a-ad27-498c-aabf-39c9c502bc0a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Nuestra historia son todas aquellas escenas impresionantes que preservamos en los lugares de la memoria. Algunas de ellas permanecen un tiempo ocultas y tan sólo ruegan un ligero dolor de cabeza para que les sean abiertas las puertas del escondite. A veces, sin embargo –como nos demostró Proust–, no es necesaria ni una migaja de dolor para sacudirnos las notas de la biografía. Basta la cata de una magdalena para recordar toda una vida. Sin embargo, la memoria es caprichosa, porque hay recuerdos que se empeñan en no ser revividos ni una sola vez y mueren, insignificantes, tras ser amontonados en las cavernas de lo inconocido. Algunos de ellos incluso nunca llegan a grabarse. Esta dejadez permite que no rellenemos de basura el cerebro, al igual que el olvido a menudo nos protege del sufrimiento. Sea como fuere, la ductilidad de la memoria es maravillosa. Los recuerdos no son meras imágenes perfiladas en tinta perenne, sino que pueden ser remodelados mediante las nuevas interpretaciones que nuestra sapiencia, que por fortuna crece con el paso de los años, nos concede. Es bien sabido por todo el mundo que una experiencia vivida puede atormentarnos durante mucho tiempo, pero que también puede dejar de agujerearnos el corazón cuando somos capaces de transformar la concepción que tenemos de ella.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Núria Bendicho Giró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/memoria-nuevas-generaciones_129_4991703.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Apr 2024 10:37:47 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/1c2b491a-ad27-498c-aabf-39c9c502bc0a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Dos personas se hacen un selfie junto al canal de Suez.]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/1c2b491a-ad27-498c-aabf-39c9c502bc0a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La insostenibilidad de la aviación]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/insostenibilidad-aviacion_129_4972125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/625e3fa8-e03b-46b2-b53f-87d56090ad18_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Intuyo que no es una tontería imaginar la cara de estupor que en la segunda década del siglo XX debió de provocar la llegada del primer avión de pasajeros al campo de aviación que más tarde se convertiría en el aeropuerto de El Prat. Tras despegar en Toulouse, la gran máquina voladora había prometido hacer parada con la intención de reponer un poco antes de volver a emprender el camino hacia Casablanca. Seguro que muchas personas esperaban con candeletas la llegada del aeroplano días antes de su aterrizaje en nuestra costa. Se afiguraban que el hecho de conseguir que el trayecto llegara a buen puerto era una prueba irrefutable de las maravillas del progreso técnico y, simultáneamente, celebraban que la capacidad de transportar pasajeros por las nubes de un sitio a otro ya no fuera un ensoñación, sino una realidad palpable. La aviación parecía un negocio rentable y, por tanto, debía incrementarse el número de vuelos. En las siguientes décadas se caracterizaron por una serie de ampliaciones del aeródromo que fueron tragando las tierras de alrededor –algunas de ellas de alto valor medioambiental– y escupiendo turistas en la capital y dióxido de carbono en la Tierra. Bruno Latour declara a <em>Habitar la tierra</em> (Arcadia) que “nuestros predecesores no se pararon ni un segundo a preguntarse, como nos ocurre a nosotros con cada decisión que tomamos, si era necesario ocuparse también de la temperatura de la atmósfera. Evidentemente, nos habría preocupado la sequía, la desaparición de los bosques y otras cosas, pero no la atmósfera.” Y es necesario que esta variable, la del calentamiento global, sea tenida en cuenta cuando se discute el futuro del aeropuerto de El Prat, porque nos encontramos en una crisis mundial sin precedentes y debemos comprender la gravedad del asunto. En un momento de seria inestabilidad climática en el que el objetivo debería ser erradicar antes de 2050 la emisión de gases nocivos a la atmósfera para evitar que la subida de temperaturas provoque más desastres irreparables en nuestro planeta, es una locura arriesgarse a realizar inversiones, como la de la ampliación del aeropuerto, que empeoren el problema. Debería apostarse por la disminución constante del número de vuelos acompañada del análisis crítico del abuso que los países más ricos hacemos de los viajes por el aire, porque es insostenible esta superabundancia de movilidad. Guille Larios publica en <em>El aeropuerto que se come el Delta</em> (<em>La Directa</em>) unas cifras desalentadoras: el puerto de Barcelona y el aeropuerto de El Prat “emiten 12,8 millones de toneladas de CO₂ cada año (cuatro veces las emisiones que produce la ciudad de Barcelona)”. Aunque la situación es grave, todavía hay gente que confía en que los nuevos descubrimientos técnicos salvarán el desastre provocado porque permitirán poner en circulación vehículos voladores menos contaminantes que funcionen con hidrógeno para mantener esa devoradora actividad aérea. Esto, sin embargo, es problemático por muchas razones. El llamado hidrógeno verde es un elemento altamente inestable y, además, su producción sólo se consigue con el desperdicio de cantidades ingentes de agua, un recurso cada vez más escaso. Por otra parte, la descarbonización de los aviones no implica necesariamente una reducción de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, ya que es difícil creer que el combustible fósil sobrante no sea aprovechado. Para muchos usos, los combustibles fósiles son todavía insustituibles y, para deshacernos de ellos, deberíamos poner en duda los cimientos de nuestra sociedad. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Núria Bendicho Giró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/insostenibilidad-aviacion_129_4972125.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Mar 2024 20:00:41 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/625e3fa8-e03b-46b2-b53f-87d56090ad18_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[El aeropuerto de El Prat.]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/625e3fa8-e03b-46b2-b53f-87d56090ad18_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más de treinta mil muertos en Gaza]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/treinta-mil-muertos-gaza_129_4954386.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/55c3708c-7d27-4baf-b86f-ba4ff84963d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Gaza acumula ya en pocos meses más de treinta mil muertos y setenta mil heridos. La ofensiva israelí no se detiene. Después de setenta y cinco años de guerra entre el estado de Israel y Palestina, me pregunto por qué me conmueve más este conflicto que otros que físicamente han estallado más cerca de donde vivo o que en apariencia se han podido convertir en una realidad más similar a la mía. Nací el año que terminó de forma oficial la guerra de Bosnia; por la televisión vi cómo se hundían las Torres Gemelas; para manifestarme contra la guerra de Irak y el gobierno de Aznar, dibujé con mi madre en una pancarta el icono de una bomba con una señal de prohibición; hace unos dos años que puedo analizar paso a paso la invasión rusa de un país vecino, Ucrania, y, sin embargo, después de observar tanta crueldad, sigo sintiendo que la guerra más dolorosa de todas es la colonización sionista del territorio palestino, que se encuentra a kilómetros y kilómetros de mi casa. Para contármelo, me he sumergido en la literatura árabe de aquella parte del mundo y he descubierto una reflexión maravillosa en la novela <em>Retorno a Haifa</em>, de Ghassan Kanafani, que narra el retorno de una pareja de palestinos a su ciudad de origen veinte años después de que los israelíes los expulsaran con matanzas y bombas. El protagonista del drama, tras pisar su antigua casa, le dice a la mujer: “Nos equivocábamos cuando creíamos que la patria es solo el pasado. [...] La patria es el futuro. Esta es la diferencia. Por eso Kháled quería tomar las armas. A decenas de miles de chicos como Kháled no los detienen las lágrimas vanas de quienes buscan, en las profundidades de sus derrotas, fragmentos de sus cotas de malla, de sus flores marchitas. Ellos buscan el futuro”. La resistencia palestina contemporánea no guerrea para recuperar un mundo que ya no existe, porque nadie puede hacer revivir a los muertos queridos ni tampoco una tierra añorada que hace tiempo fue aniquilada, sino para poder habitar el territorio donde su juventud ha nacido sin tener que soportar el acoso constante de un estado militar que apareció años atrás para negarles la libertad.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Núria Bendicho Giró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/treinta-mil-muertos-gaza_129_4954386.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Mar 2024 17:55:55 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/55c3708c-7d27-4baf-b86f-ba4ff84963d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Familias de palestinos que han huido del norte de la Franja de Gaza a una zona de refugios en el oeste de la ciudad de Deir al-Balah, en el sur de la Franja de Gaza, el 27 de febrero de 2024.]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/55c3708c-7d27-4baf-b86f-ba4ff84963d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La decadencia de los Reyes]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/decadencia-reyes_129_4914738.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c1436b5c-5a56-42b0-8056-d02ce82996ff_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Ahora que la Navidad se ha esfumado, mi mente le ha reavivado en la memoria para desgranarlo. Algo ha cambiado a lo largo de estos años. En casa ya no celebramos las fiestas con el gozo y la opulencia con la que habíamos brindado tiempo atrás. Hemos perdido esa inconsciente y efímera beatitud de antes. Hay menos turrones, menos presentes y menos galindaines. Sentimos que debemos esforzarnos más y tener más sensatez a la hora de preparar las comidas y las ceremonias. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Núria Bendicho Giró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/decadencia-reyes_129_4914738.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jan 2024 13:46:31 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/c1436b5c-5a56-42b0-8056-d02ce82996ff_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Niños abriendo regalos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/c1436b5c-5a56-42b0-8056-d02ce82996ff_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La insolencia de Ayuso]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/insolencia-ayuso_129_4458320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/097570d9-f970-4bbc-a380-508eeb968f72_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La mayoría de la gente que conozco tiene una única definición de democracia fundamentada en su etimología, es decir, en las dos palabras griegas que la construyen: <em>pueblo </em>y <em>poder</em>. Muchos expresan que es el mejor sistema de gobierno, a pesar de que no sea perfecto y estén cansados. Sienten que les están robando, pero lo mismo da. Todos los demás sistemas conocidos han ido peor y, en estos tiempos donde impera la desconfianza, es difícil concebir una nueva manera de organizar la sociedad que implique vivir de una manera más sana. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Núria Bendicho Giró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/insolencia-ayuso_129_4458320.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Aug 2022 18:37:16 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/097570d9-f970-4bbc-a380-508eeb968f72_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Isabel Díaz Ayuso]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static1.ara.cat/clip/097570d9-f970-4bbc-a380-508eeb968f72_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"/>
      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
  </channel>
</rss>
