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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Josep Burgaya]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/firmes/josep-burgaya/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Josep Burgaya]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[Operación Rufián: una opa a Comuns]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/operacion-rufian-opa-comuns_129_5702527.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/527c9ef0-3d06-41d4-a5f1-2d451d14736a_16-9-aspect-ratio_default_0_x803y361.jpg" /></p><p>Los medios de comunicación españoles —mucho más los madrileños que los catalanes— han dado un protagonismo inusitado a la posible configuración de una nueva acción de unidad de la izquierda más allá del PSOE, uno más de los procesos unificadores que siempre acaban con fragmentación, pero esta vez atribuyendo el liderazgo político a Gabriel Rufián. El hecho paradójico de que un independentista catalán vinculado a ERC activase la operación ha generado mucho morbo en la capital, donde, por lo visto, han descubierto un gran atractivo político y comunicativo en el diputado catalán, el cual se ha dejado querer en este nuevo papel; un nuevo papel que, por impostado, resulta muy poco creíble. Aunque en la dinámica parlamentaria y política actual predominen las <em>performances</em> y las gestualidades extremas, hay muchas más cosas a considerar. Si se trata de ocurrencias, seguro que el portavoz de ERC tiene un gran lugar en el escaparate. Por suerte, todavía se necesitan otras virtudes, dimensiones y calados.Gabriel Rufián siempre me ha parecido un personaje de las novelas de Juan Marsé que ha aprendido a moverse muy bien entre una gente que no lo considera socialmente de los suyos. En sus inicios como político resultaba un poco patético, aprovechó la singularidad que significaba ser un castellanoparlante independentista en tiempos del Procés, y mostraba formas abruptas y limitaciones sin complejos. De las apariciones parlamentarias exóticas y extemporáneas ha pasado a actuaciones comunicativamente más elaboradas, todo manteniendo el atractivo de la simplicidad. Los medios madrileños han comprado unas groserías y salidas de tono que han devenido atractivas para la izquierda más o menos acólita, pero también para una derecha a la que el personaje le divierte y que, de hecho, le parece una rémora encantadora de un independentismo ya poco relevante o poco amenazador. Es un ejemplo de político bastante actual: poca formación, escaso bagaje, no ha gestionado nada, no elabora ningún proyecto de ley ni, de hecho, hace mucha vida parlamentaria más allá de sus preparadas intervenciones semanales en el pleno y sus tuits diarios. Un político de la postpolítica, en la que todo se ha reducido a <em>frames</em> mediáticos y frases en las redes que se puedan retuitear. Del independentismo arrogante ha pasado a cultivar un discurso más social y de izquierdas para agradar cada vez más a los políticos y votantes de la izquierda a la izquierda del PSOE y, especialmente, al mundo de Podemos, espacio con el que siempre ha flirteado. No nos engañemos, sin embargo. Rufián es una imagen, una dimensión comunicativa, pero no un líder de ERC. No tiene un sector detrás más allá de Joan Tardà, y su dependencia y vinculación con Junqueras ha sido siempre absoluta.Nadie se puede tomar en serio un acuerdo de toda la izquierda no socialista española articulada por ERC y liderada por Rufián. No lo cree Junqueras ni tampoco el mismo Rufián, aunque en algún momento pueda haber parecido que se había mimetizado en este papel. El votante de Esquerra no lo entendería, como tampoco el votante de la izquierda posmoderna española. Ha servido para mover el árbol y, si se ha ido demasiado lejos —como ahora parece—, Junqueras puede quemar a su acólito como si fuera un fusible, acusándolo de haberse adentrado en una aventura personal. Desde el principio, esto ha sido una gran operación pensada para conseguir el espacio de Comuns, para poderlos acusar de no haber estado a la altura de una unidad que el país requería. La operación, además, requiere que el espacio de esta izquierda se haga el harakiri potenciando ERC, a pesar de ser obvio que estamos hablando de electorados que poco tienen que ver en cuanto a cultura política, especialmente cuando pasamos de la ciudad de Barcelona al interior del país. En Esquerra han pretendido ampliar su ámbito hacia “la izquierda”, sabedores de que perderán una parte del votante independentista al cual, con sus contradicciones, han abocado a depositar su frustración en el partido de Silvia Orriols. El intento de apropiación de un espacio progresista que les era ajeno se completaría con una maniobra de imagen destinada a potenciar Podem en Cataluña, grupo minoritario que todavía disputa terreno a Comuns, de la mano de un personaje político que suele crear más aversión que simpatía como es Irene Montero. En un procedimiento de ocupación y división del contrincante siempre juega un papel la figura del “desertor”, papel que parece haberse otorgado al exdirigente Xavier Domènech, que fue el candidato más votado en unas generales y a quien no se le puede suponer ninguna ingenuidad política, pero que parece querer contribuir a dibujar el camino hacia una Esquerra convertida en “casa grande” de las izquierdas no socialistas. Visto desde fuera, resulta bastante sorprendente que algunos elementos de Comuns parezcan jugar con esta operación, pensando en las elecciones municipales. Quizás me lo miro muy equivocadamente, pero, aunque la política puede hacer extraños compañeros de cama, no veo cómo casar la cultura política de ERC con la de la izquierda alternativa, los esbarts dansaires y el movimiento okupa. Hay sumas que no suman.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/operacion-rufian-opa-comuns_129_5702527.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Apr 2026 14:39:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gabriel Rufián en los pasillos del Congreso el 26 de marzo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[La emancipación de las élites]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/emancipacion-elites_129_5686515.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/14654c91-0d08-43f4-ad11-7efb8222b568_16-9-aspect-ratio_default_0_x1765y999.jpg" /></p><p>Desde la globalización y la financiera de la economía, las pocas personas que realmente cuentan han acabado por desaparecer de la realidad, han adquirido una condición etérea. Ya no son terrenales, cada vez son menos y no podríamos ubicarlos en ningún espacio concreto. Los grandes propietarios, los ricos de antes, actuaban en un sitio específico. Así era en el siglo XIX y durante gran parte del siglo XX. Industriales y financieros tenían una patria, se identificaban con una cultura, territorio y gente. Querían formar parte de una comunidad y ser reconocidos como miembros más relevantes. Fueran industriales, financieros o rentistas, las clases dominantes, sin dejar de explotar sus coetáneos tanto como podían, tenían unos límites y hacían algunos gestos, justamente para ser reconocidos como mecenas o benefactores. Querían distinguirse, pero afirmaban su pertenencia dejando trazas de ser de un sitio. Existe en Cataluña una amplia burguesía que, en otros tiempos, quería ser respetada, reconocida y valorada, aunque su gran negocio fuera el tráfico de esclavos. La familia Botín, que se enriquece haciendo de banca por todas partes, se cuida mucho de mantener una relación privilegiada con Santander, ciudad que precisamente da nombre a su negocio. Que los muy ricos mantuvieran la terrenalidad no hacía las cosas más justas, pero mitigaba un poco la desigualdad, la reconocía, e implicaba una vinculación con una gente y un territorio, aunque siempre les miraran por encima del hombro.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/emancipacion-elites_129_5686515.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Mar 2026 20:00:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El difunto financiero y delincuente sexual condenado a Jeffrey Epstein en una imagen del archivo.]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El fascismo, ahora sí, ha vuelto]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/fascismo-ahora-vuelto_129_5633813.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/e5eb3c6c-dd06-4d4d-9b05-04580d48df3e_16-9-aspect-ratio_default_0_x648y328.jpg" /></p><p>"El fascismo volverá y, cuando lo haga, lo hará en aras de la libertad". Palabras premonitorias de Thomas Mann pronunciadas en Estados Unidos en los años cincuenta después de su vivencia dramática del nazismo. La pulsión totalitaria nunca desapareció del todo, y hoy se dan las condiciones para que reaparezca con fuerza. Durante unos años hemos hablado de la mutación de la derecha hacia el populismo. Sin embargo, tenemos suficientes evidencias de que estamos ante el retorno del fascismo en forma y fondo, y que lo que se nos plantea es una nueva batalla entre esto y la democracia. Aunque la historia no se repite, se están cumpliendo con las condiciones políticas, sociales e ideológicas de la Europa de los años treinta. Ahora, el campo de juego es todo el mundo. El liderazgo del proyecto totalitario se abandera desde Estados Unidos –véanse los hechos de Minneapolis–, pero ha contaminado casi la política interna de todos los países. Lo que en un principio eran planteamientos iliberales, en palabras de Orbán, ha acabado convirtiéndose en una apuesta abierta por recuperar las dictaduras. Se está imponiendo abiertamente la cultura de la fuerza y ​​el desprecio a las libertades individuales y nacionales. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/fascismo-ahora-vuelto_129_5633813.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jan 2026 18:00:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manifestantes protestan frente al hotel donde supuestamente se hospeda Greg Bovino, comandante de los agentes del ICE, en Minneapolis, el pasado 27 de enero.]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La maldad existe]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/maldad-existe_129_5561992.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/8c43baaa-e3cf-4637-b4ae-4c130323ab72_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Se suele decir que las personas somos capaces de lo mejor y de lo peor. La condición humana está dotada para expresarse y actuar con múltiples formas de bondad que dan lugar a muestras de cariño, empatía y solidaridad. Las expresiones de maldad serían la otra cara de la moneda: guerras, violencia, xenofobia, sadismo... Los ejemplos de crueldad son casi infinitos, con concreciones actuales injustificables y difíciles de contar. El genocidio sistemático que practica Israel en Palestina es la mayor muestra ahora mismo, pero también el tipo de guerra que practica la Rusia de Putin en Ucrania, el trato vejatorio a los inmigrantes en América de Trump, las excusas de mal pagador de Mazón en Valencia o el abandono de los abuelos en las residencias madrileñas. No hablamos de errores o de imponderables, ni de daños colaterales, sino de comportamientos de personas a las que no les preocupa el sufrimiento y la muerte de los demás o que, incluso, como en el caso israelí, parecen disfrutarlo de forma suficientemente abierta. Se deshumanizan colectivos enteros y se practica con ellos una violencia extrema hasta aniquilarlos, de forma industrial y organizada. Grupos humanos despojados de derechos y de la condición de sujetos, prendas a destruir.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Nov 2025 17:00:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Unos niños jugando con un tanque en el distrito de Kovacici, en Sarajevo, en 1996. Bosnia anunció el lunes su intención de abrir un museo sobre el asedio.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[¿Seguro que el problema se llama Sílvia Orriols?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/seguro-problema-llama-silvia-orriols_129_5549924.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/db114449-9826-4128-9404-30495ccb8050_16-9-aspect-ratio_default_0_x716y389.jpg" /></p><p>La extrema derecha crece en todas partes. En Argentina, Milei, de quien se creía que estaba en crisis, ha renacido. Las encuestas, casi en todos los países, nos indican el desplazamiento del voto hacia un populismo derechista que, aunque no tenga todas las características de los movimientos fascistas históricos, tiene muchas cosas en común. Más allá de que las habilidades comunicativas puedan explicar una parte del decantamiento, existen unas causas objetivas que, aunque no de forma sencilla, también están en su origen. La desigualdad económica, la exclusión social, la falta de expectativas, la poca credibilidad de la política institucional, el temor de las clases medias a perder su estatus... La extrema derecha sabe jugar con los miedos, utiliza la inmigración como chivo expiatorio y promete redención y volver a una sociedad imaginaria, tribal, que ya no es posible. Respuestas fáciles y falsas a problemas sociales y económicos complejos. No se puede negar que todo esto ocurre porque los partidos políticos tradicionales no han sabido ni ser interlocutores de las preocupaciones ni responder a los cambios sociales. Que estas preocupaciones se expresen de formas brutales y desagradables no debería impedir escuchar más a la gente. Muchos jóvenes ya no sienten los valores democráticos como suyos ni creen que haya que defenderlos. Este movimiento de placas tectónicas de las preferencias políticas no es solo ni principalmente algo que incumba a la derecha, porque su electorado tradicional se haya vuelto más extremo. Los marcos políticos tradicionales se han fragmentado y se acaba engrosando el voto fascistoide desde varias opciones. Reacción a la humillación y al desengaño: el triunfo de la postpolítica.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/seguro-problema-llama-silvia-orriols_129_5549924.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Nov 2025 17:00:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La alcaldesa de Ripoll, Sílvia Orriols, en una imagen de archivo.]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El 'soft power' ya es historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/soft-power-historia_129_5534358.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c10c29b3-3d42-4c46-b737-e8be0005a164_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Históricamente, el poder fuerte del ejército, la economía y el comercio se ha vinculado y ha prevalecido sobre el poder blando de la hegemonía cultural. Se ha utilizado la fuerza como base y el convencimiento como medio y justificación para alargar su efecto en el tiempo. Para erigir una hegemonía internacional, una posición de dominio, el liderazgo económico cuenta, lógicamente, así como la supremacía militar. Son factores que, de hecho, suelen ir asociados. Disponer del ejército más grande y poderoso ayuda a poder marcar el paso de la economía no sólo en relación con la producción, sino también con el comercio y, especialmente, con las finanzas. La fuerza del capital, añadida a tener un ejército grande y preparado, suele ser fundamental para jugar un papel decisivo en la geopolítica mundial. Si el siglo XIX fue el siglo de Gran Bretaña –revolución industrial, colonialismo, control de los mares, las finanzas de la City...–, a partir de la Primera Guerra Mundial la centralidad del mundo se desplazó a Estados Unidos, que fueron sus auténticos ganadores –desmoronamiento británico, hegemonía industrial, centro financiero de Wall Street, Hollywood...–, un nuevo. Ciertamente, después de la Segunda Guerra Mundial aparecían nuevos actores globales como la URSS o China, pero a pesar de los bloques férreamente constituidos, el liderazgo americano resultaba incontrovertible. A pesar de algunas demostraciones militares, pero también fracasos, han sido hasta hace poco una serie de intangibles de carácter cultural los que han hecho que fuera un país seguido, copiado, admirado, respetado o reconocido.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/soft-power-historia_129_5534358.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Oct 2025 19:01:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante un anuncio sobre la reducción de los precios de los medicamentos en la Casa Blanca, en Washington DC]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Isla: una cuestión de estilo]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/isla-cuestion-estilo_129_5484086.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/25f41af5-e8fe-4b07-9712-5082ef41735a_16-9-aspect-ratio_default_0_x3017y1635.jpg" /></p><p>La forma en que se hacen las cosas, el comportamiento, tiene bastante más significación de lo que a menudo creemos. Al fin y al cabo, las formas conforman también el fondo de las cosas. En la política actual se han impuesto los modos abruptos, groseros y de trazo grueso, lejos del estilo o, al menos, con un estilo brutalista sin concesión alguna a la elegancia, la amabilidad o los matices. Trump es la culminación de una forma despiadada de ejercer el poder. Una opción elegida para hacer entender que, en política, la fuerza o la amenaza de usarla lo es todo. La grosería y el miedo convertidas en virtudes. El Partido Popular y toda la extrema derecha española practican procedimientos similares. Se trata de ser desagradable, de descalificar al contrincante hasta el paroxismo, de eliminar cualquier tipo de humanidad en la consideración de los "otros". Mucho de esto se produjo en Cataluña durante los años álgidos del Proceso. Desapareció cualquier sutileza o bien interés por el diálogo, se negaba la posibilidad de pensar diferente, no se reconocía al adversario. Sólo había enemigos a los que denigrar <em>–ñordos</em>– de la forma más extrema posible. Pero un camino que se agotó en sí mismo. Las elecciones del 2024 mostraron que buena parte de la ciudadanía de Catalunya quería otra cosa, creía en otro camino, así como en otras formas de hacer política.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/isla-cuestion-estilo_129_5484086.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Sep 2025 15:30:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Salvador Illa, el pasado 26 de agosto durante la primera reunión de Gobierno después de las vacaciones.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El factor Puigdemont]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/factor-puigdemont_129_5464372.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/389c3424-19fc-4ccd-bf62-e0b4ad393fd6_16-9-aspect-ratio_default_0_x1535y193.jpg" /></p><p>El ex <em>president</em> ha ido desapareciendo de la escena política catalana y convirtiéndose en un olvidado de lujo. A veces reaparece, pero es más una cuestión formal que una realidad profunda. Como las cerámicas de Lladró o los cargos públicos jubilados, está ahí y solo alguien se acuerda de vez en cuando, poniendo de manifiesto que algunas cosas quedan condicionadas a que todavía está en Waterloo. Aunque se manifieste, significa ya poco y se ha convertido en un peso muerto en la política del país. La mudanza tan rápida desde la cresta de la ola al más humillante de los olvidos nos demuestra que <em>tempus fugit </em>y que la capacidad de amnesia de las personas es inversamente proporcional a la disposición de enaltecer a líderes mitificados y jurarles amor eterno. Es obvio que, hasta que se le aplique la amnistía a la que algunos jueces se resisten, estará en medio como una piedra en el camino que obliga a dar vueltas a los caminantes, pero que ya casi solo es historia. Junts, sin embargo, queda atrapado políticamente. Aunque saque a relucir algunos líderes puigdemontistas, el partido requiere y lucha por volver a la <em>realpolitik</em>, rehacer el itinerario de los últimos años y recalar en CiU, como le reclaman los grupos de interés, y volver a preocuparse del mundo real como alternativa conservadora vinculada al viejo catalanismo, aunque el lenguaje sea <em>soberanista</em>. Pero es necesario, ante todo y para hacerlo posible, que Puigdemont salga de la ecuación y poder renovar así caras y políticas. Paradójicamente, son los jueces tan belicosos con el Procés quienes los mantienen anclados en las posiciones del 2017.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/factor-puigdemont_129_5464372.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Aug 2025 16:00:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carlos Puigdemont]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ampliar el aeropuerto, ¿por qué?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ampliar-aeropuerto_129_5425698.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/4fe1dc99-5c32-45b9-996a-3a9febfa52f8_16-9-aspect-ratio_default_0_x2134y674.jpg" /></p><p>El debate sobre si es necesario, o no, ampliar el aeropuerto de El Prat se ha desarrollado más bien con un cierto simplismo y con posiciones confrontadas y enconadas en función del alineamiento político partidista. Para unos, símbolo de un modelo desarrollista periclitado, y para otros, una condición <em>sine qua non</em> por estar en el mundo y algo demasiado pendientes de asociar crecimiento con bienestar, algo que no tiene una correlación exacta. De hecho, en realidad el tema no es –o al menos no debería ser– el "crecimiento" <em>per se</em> y ligado a aumentar el flujo turístico, sino el alargamiento de una pista que haga posible que puedan aterrizar y levantarse vuelos intercontinentales y no tengamos que ser secundarios en las redes globales de comunicación. Si la apuesta económica es reindustrializadora y de economía del conocimiento, no cabe duda no sólo de las bondades de ello, sino de su imperiosa necesidad por resultar atractivos a la economía global. Ahora bien, aumentar los vuelos a más ciudades chinas o americanas y su frecuencia no implica que quien venga a partir de ahora sean sólo CEOs de grandes compañías, investigadores universitarios o ingenieros dedicados a la IA. Como parece obvio, vendrá todo el mundo que quiera y, por tanto, muchos más turistas, con lo que esto significa de negativo en una ciudad ya absolutamente saturada de visitantes. Soy consciente de que se están realizando acciones desde la Generalitat y desde el Ayuntamiento de Barcelona para reconducir un tema que es complejo, pero que ha acabado por convertir Barcelona en un parque temático inhabitable y no soportable económicamente para sus ciudadanos. Por el camino, también se deja cultura y personalidad, sin entrar en el tema de la insostenibilidad medioambiental del fenómeno en este punto de la película. Como apuesta de desarrollo económico, el turismo resulta penoso: buena parte del gasto acude a compañías aéreas, plataformas tecnológicas y multinacionales hoteleras radicadas en el exterior. De su intensidad de uso de mano de obra poco calificada y mal pagada también podría hablarse. El salario medio en la hostelería que acompaña al sector turístico es de 17.000 euros, mientras que en la industria es de más de 40.000 euros. Precariedad, mucha precariedad y demasiadas externalidades negativas.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ampliar-aeropuerto_129_5425698.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jun 2025 16:25:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aeropuerto Josep Tarradellas, El Prat.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El catalán es de todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/catalan_129_5400540.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/5ad185fe-e32d-472c-9c5d-76c858723d55_16-9-aspect-ratio_default_0_x805y585.jpg" /></p><p>El acuerdo que el gobierno de la Generalitat ha construido con ERC, los comunes y multitud de entidades defensoras del catalán y que se presentó el 13 de mayo en el IEC tiene mucho calado práctico, ya que se destinan a la protección y fomento del catalán abundantes recursos –más que nunca–, pero tiene una dimensión política y simbólica aún mayor. La principal es que la lengua catalana deja de estar secuestrada por el nacionalismo y el independentismo y vuelve al terreno de todos, o casi todos, como así había sido durante muchos años, lo que permitió su plena normalización y que fuera vehicular en todas las escuelas. El resultado fue, más allá del ámbito institucional, que la gran mayoría de los jóvenes, tuvieran la lengua materna que tuvieran, pudieran escribirlo y hablarlo con normalidad. Otra cosa es que la sociedad catalana es como mínimo bilingüe, y eso, que la ciudadanía lleva y gestiona con toda normalidad, no debería convertirse en un problema ficticio creado en el ámbito de la política. El catalán, desde siempre, ha sido un patrimonio y un elemento distintivo de la gran mayoría de los catalanes, independientemente de su posicionamiento o alineamiento político. Con la Transición predominó el sentido de la responsabilidad con el tema del idioma y se optó por asegurar que toda la ciudadanía dispusiera de competencias llenas de dominio tanto del catalán como del castellano. Una sociedad diversa y compleja en la composición cultural y lingüística –también en la pulsión identitaria– optaba por aglutinarse y por dotarse de mecanismos de cohesión e integración. "Catalunya, un solo pueblo" fue un eslogan que significaba esa voluntad de no segregar y establecer sentidos de pertenencia plurales y compartidos. Otra cosa es que cueste que la Unión Europea le reconozca su condición de lengua oficial. Es una batalla que se va a ganar. Tiempo al tiempo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/catalan_129_5400540.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Jun 2025 16:13:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El acto de firma del Pacto Nacional por la Lengua, en el patio del Institut d'Estudis Catalans, el 13 de mayo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un modelo educativo que no lleva a ninguna parte]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/modelo-educativo-no-lleva-parte_129_5366267.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/a77a07af-05e8-4362-83db-14341084a8e3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>El sistema educativo sufre una crisis larga y profunda, pero sólo lo saben y parece preocupar a los que trabajan en ella. En cualquier nivel, primaria, secundaria o universidad, los profesionales se hacen cruces del bajo nivel y escasa motivación con la que llegan y salen los estudiantes. salas de profesores, lugares éstos en los que el desánimo se ha convertido en enfermedad, sea en forma de <em>burnout </em>o de depresión. Debe ser muy cínico para no experimentar los efectos del síntoma del impostor. El concepto <em>enseñar </em>tanto se ha devaluado que nos obliga a mantener un ritual cuyo resultado es decepcionante y casi inútil. Pocos de los estudiantes en las aulas merecen el apelativo de estudiantes, dado que ya no es lo que hacen, no tanto por su responsabilidad como porque las metodologías imperantes establecen que la función de los centros educativos es otra. Los conocimientos se han convertido en secundarios; la memoria, el esfuerzo y el aprendizaje han quedado desterrados en favor del bienestar emocional y las llamadas <em>competencias</em>. Los profesores, desposeídos de su función y liderazgo, deben actuar como animadores de esotéricas dinámicas de grupo. obsesionen.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/modelo-educativo-no-lleva-parte_129_5366267.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 May 2025 16:00:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una estudiante con un libro de idioma.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Periodismo y política]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/periodismo-politica_129_5345740.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d5a6f2db-3cf6-4ada-9eb6-0832e9f2cc57_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Las relaciones entre políticos y periodistas son siempre complejas. Los primeros necesitan ser "comprendidos" y bien tratados por los medios, mientras que los segundos practican relaciones de confianza para obtener primicias e informaciones privilegiadas, aunque la proximidad puede resultar comprometedora para unos y otros. Tener contactos e interlocutores no debería conllevar, como a menudo ocurre, un exceso de familiaridad o demasiada proximidad. Queda muy bien pronunciar la frase de que "toda información o artículo que no moleste a alguien no es más que propaganda", pero la realidad no es tan nítida. A menudo al periodista le gusta actuar de parte y los medios ya no se sostienen solos. No hay término medio entre el masaje y la descalificación más furibunda. Ni en un extremo ni en el otro el periodista hace su función. Los ciudadanos queremos informaciones contrastadas y debidamente contextualizadas. La crítica o el afecto ya los pondremos los lectores, oyentes o televidentes. A medida que los medios se han debilitado y dependen más del dinero público, su tono ha ido cambiando, tomando partido por algunos de los posibles financiadores. Es obvio que solo podemos acercarnos a la objetividad, así como a la libertad o a las utopías, sin alcanzarla de manera absoluta, pero habría que evitar algunos sesgos que ofenden. Debería ser imperativo tender a la neutralidad, especialmente en los medios públicos.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/periodismo-politica_129_5345740.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Apr 2025 16:29:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una imagen de archivo de micrófonos frente a un político.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cinismo de culpar a los inmigrantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cinismo-culpar-inmigrantes_129_5316492.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/6d6c645d-73b1-48c6-b30c-4e0e2f58a3d1_16-9-aspect-ratio_default_0_x609y610.jpg" /></p><p>El fenómeno migratorio actúa como el gran elemento de discordia y preocupación social y política. Es así porque el país ha recibido en los últimos años flujos importantes y hay quien se ha ocupado de utilizar las dificultades inherentes a su gestión para ponerlos en duda, rechazarlos y expresar ideas xenófobas. En cuanto a las incomprensiones y malestares que puede provocar en alguna gente la convivencia con formas culturales nuevas, hay quienes en lugar de allanarlas y tratarlas adecuadamente desde la política ha hecho justamente lo contrario. Las ha utilizado como arma arrojadiza en la confrontación para estimular las bajas pasiones y levantar el supremacismo nuestro contra una gente que se ha visto obligada a marcharse de su entorno sociocultural para buscarse la vida. Hay demasiada gente que trata esta cuestión de manera torpe e interesada, sin el menor escrúpulo ante la posibilidad de provocar fracturas que luego son difíciles de cauterizar. No es malo que se hable públicamente del fenómeno migratorio, lo es que se hable con rumores y mentiras, que no se explique toda la verdad y, lo primordial, que no se preserve el respeto debido a todo tipo de personas. Las migraciones, los grandes movimientos de población, son consustanciales a la historia de la humanidad. Europa recibe ahora población de todas partes, pero hace menos de doscientos años envió una cuarta parte de sus habitantes hacia otros continentes.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cinismo-culpar-inmigrantes_129_5316492.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Mar 2025 17:00:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Plaza Mayor de Vic en una imagen de archivo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juntos, el PSOE y la erosión de la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/psoe-erosion-democracia_129_5281792.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/5f9c4f44-a6b0-497d-9a8b-ada9c413f54f_16-9-aspect-ratio_default_0_x792y222.jpg" /></p><p>La política se ha ido convirtiendo en performativa. Los contenidos, objetivos y representación de intereses no están en la primera capa de lo político. Predomina el concepto de escenificación, de la construcción de un relato, no tanto que soporte una visión racionalizadora como que apele a la dimensión emocional. No se trata tanto de "hacer" o actuar para lograr algo, como de demostrar que "se es" para consumo y reforzamiento de acólitos, para marcar el perímetro y, de paso, debilitar a los rivales convertidos en "el otro". Este lenguaje de polaridad, de negación y desafío continuado afirman algunos politólogos que ahora es lo necesario para estar en el juego de ganar o desalojar la ocupación del poder en un momento determinado. Hay a quien le gusta hablar de manera engolada de los <em>spin doctors</em>, una especie de personajes maquiavélicos más propios de <em>Juego de Tronos</em> que parece que son los que susurran al oído de los líderes políticos que cuentan. Una especie de magos, faltados de proyecto, ideas o moral que prometen llevarte a hombros al poder y que se han apropiado de toda dignidad que pudiera quedarle en la política para convertirla en un juego de suma cero con unos efectos social y culturalmente absolutamente destructivos. Gente sin principios a quienes no les han enseñado que, en democracia, las formas constituyen el fondo de los proyectos. Que incendiar el bosque por un calor temporal te proporciona muchos años de tierra quemada.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/psoe-erosion-democracia_129_5281792.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Feb 2025 16:28:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diputados de Junts encabezados por la portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, el pasado 28 de enero en Barcelona.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La salud no debería ser un negocio]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/salud-no-deberia-negocio_129_5260797.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/0b18877c-9e55-41f1-9e0b-18ced0c16d37_16-9-aspect-ratio_default_1045776.jpg" /></p><p>Gestión hay buena, regular y mala, al margen de la titularidad pública o privada de lo gestionado. Cada forma resulta la más adecuada y eficiente en función de la finalidad de lo que debe gestionarse. La empresa privada, la libre iniciativa, tiene ventajas clarísimas de cara a producir de forma eficiente, haciendo los mejores productos y servicios a los precios más bajos posibles, porque se minimizan los costes para ser competitivos, lo que, combinado con los mejores productos, puede asegurar el éxito en el mercado. Buscar margen y alcanzar buenos resultados económicos requiere organización adecuada, estímulos, implicación motivadora de los trabajadores y flexibilidad en la toma de decisiones. Por último, son los resultados económicos los que proporcionan la bondad del funcionamiento teniendo en cuenta que se opera en el marco de productos mercantiles, que se pueden comprar o no, y no se trata de servicios públicos básicos. Pretender hacer esto a nivel público y la organización funcionarial ya se ve claro que no sería la mejor opción. Más costoso, menos eficiente, malos resultados... Otra cosa son los servicios públicos fundamentales, los cuales deben tener costes sostenibles para el erario público, pero cuya función no es realizar productos de bajo coste, dar mal servicio , abaratar costes que irían en detrimento del mismo servicio... Aquí el sistema privado se ajusta poco. Se trata de financiación pública y esto es poco adecuado en un sistema en el que deben realizarse márgenes empresariales y repartir dividendos, aunque sea de forma indirecta y encubierta. Es necesario, además, un sistema de transparencia en la contratación, un rendimiento de cuentas que casa mal con la gestión privada. Hay quien cree que todo debería hacerse con gestión privada, porque se le supone equivocadamente una <em>mejor gestión</em>. Para algunas cosas sí, pero para otras no. Todo depende de la finalidad de lo que se administra. También hay quien cree que todo debería ser propiedad y gestión pública. Para producir productos de consumo se ha demostrado que es una forma muy poco eficaz. Debería tener naturaleza pública todo lo que no debe ser remunerativo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/salud-no-deberia-negocio_129_5260797.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jan 2025 17:00:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una persona entrante en un centro de atención primaria de Barcelona.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La socialdemocracia en el laberinto]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/socialdemocracia-laberinto_129_5223181.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c9bf8e85-9753-4876-9ef1-fe9a5fdc5eda_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>El congreso del PSOE no ha sido una cumbre de renovación de personas y discursos, sino de reafirmación. Teniendo en cuenta el estado actual de la política española, con el ataque por tierra, mar, aire y la judicatura en la figura de Pedro Sánchez, difícilmente podía hacerse otra cosa que esgrimir unidad y convencimiento, aunque una vez más la federación socialista madrileña ha actuado de elemento discordante. Es bastante obvio que, en estos momentos, casi es un milagro que el gobierno se mantenga de pie. No se puede negar la resistencia y perseverancia de su líder y el sector más afín que le acompaña. Aunque buena parte de las acusaciones de corrupción que le hace el Partido Popular tienen poca base y se sostienen sobre la colaboración necesaria e imprescindible del poder judicial, el relato de un gobierno no sé si corrupto pero al menos extremadamente débil sí ha impuesto el Partido Popular, que cada vez se encuentra más cómodo operando con la estrategia que dicta Miguel Ángel Rodríguez –el Steve Bannon español–, que se sostiene sobre un amplio control de los medios dedicados en cuerpo y alma a librar la batalla cultural contra las ideas y la política progresistas. Inventos, rumores, falsedades nacen en los digitales para ser recogidos por los portavoces populares, que les dan veracidad, por lo que a continuación entran los medios en papel conservadores, y algún juez toma el tema. Ya lo tendríamos. Más allá del caso Ábalos-Koldo, no parece haber gran cosa, pero el retrato ya está hecho. El otro gran elemento de debilidad del gobierno son muy frágiles socios parlamentarios. Depender del independentismo catalán implica perder muchas votaciones y transmitir una sensación de agonía continuada y de inestabilidad política. ¿Qué puede salir mal cuando depende de Carles Puigdemont?</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/socialdemocracia-laberinto_129_5223181.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Dec 2024 17:08:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sánchez ayer en la inauguración del 41º congreso del PSOE. JC / EUROPA PRESS]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La insoportable levedad de las redes]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/insostenible-ligereza-redes_129_5204338.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d9bf6224-b9e5-4b6b-bd63-ebb9c8b161bf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Gran parte de la población, y no solo los jóvenes, ya se informa preferentemente por las redes sociales. Para algunos, solo ha cambiado el formato y la tecnología, pero en realidad ha cambiado el concepto de información. En las redes, el medio es ya el mensaje. Se impone la inmediatez, pero especialmente el simplismo, la tergiversación y, directamente, la falsedad interesada. Es cierto que la desinformación no solo está en el mundo de internet, pero es aquí donde forma parte de su naturaleza. Existen dos deformaciones claves. La primera, haber pasado de proporcionar información veraz a priorizar el entretenimiento y el espectáculo. La segunda clave, que el acceso es masivo y gratuito, lo que hace de este espacio el más adecuado para la manipulación política, especialmente cuando esta solo tiene que dar un relato emocional y ha pasado a formar parte de “la sociedad de el espectáculo” de la que hablaba hace casi sesenta años Guy Debord.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/insostenible-ligereza-redes_129_5204338.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Nov 2024 20:00:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un usuario mientras sostiene un teléfono móvil que muestra el logotipo de 'X', conocido antes como Twitter, en Los Angeles, California (EE.UU.).]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gestionar y/o transformar]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/gestionar-transformar_129_5170677.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/15b321aa-7c96-4673-827a-144d7cec74d5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Cuando se accede a puestos de gobierno, se pueden realizar cosas de profundidades y pretensiones diversas. Algunos políticos, si tienen poco que aportar, sólo los ocupan con el fin de que no lo haga el contrincante, sea por cinismo, por dejadez o porque lo terrenal sencillamente no va con ellos. En Cataluña conocemos bien esta actitud. Cuando el sentido de la responsabilidad lleva a gobernar de manera efectiva, como es debido, existen dos grandes maneras de afrontarlo en las diversas áreas: o se gestiona mejor lo que ya hay, o bien se transforma lo que necesita cambios sustanciales . En general, los gobiernos deciden, en función de prioridades, en qué ámbitos emprender cambios profundos, mientras dejan a los demás en el terreno de la continuidad, mejorando quizás sólo sus formas. No se pueden afrontar transformaciones globales a riesgo de abrir demasiados melones y no poder controlarlo. El sentido político es el que lleva a decidir el qué, el cuándo y el cómo. Es pronto todavía para interpretar qué transformará y qué gestionará el gobierno de Salvador Illa. Ya están claras algunas apuestas en las que quiere entrar a fondo, mientras que otras no tanto. Va claramente a transmutar la vivienda, la rehabilitación de barrios, el combate contra la desigualdad, la atención social, las infraestructuras, la movilidad y la financiación autonómica. No es poco. Aunque parece necesario, de momento no es tan evidente que busque revertir con cambios de paradigma el decaimiento de la enseñanza y la salud. Especialmente en este último caso, resulta imprescindible, después de años de degradación de una sanidad pública desfigurada por los intereses que se mueven en este sector y que degradan lo que debería ser estrictamente público.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/gestionar-transformar_129_5170677.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Oct 2024 15:55:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Detalle de las puertas de Jaume Plensa en el Liceu]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo liderar la economía catalana?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/liderar-economia-catalana_129_5153472.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/a0bce318-c647-491a-b9a8-532268b6bd60_16-9-aspect-ratio_default_0_x738y387.jpg" /></p><p>A menudo cuando se trata de los retos económicos del nuevo gobierno catalán hablamos de la financiación, y ésta no es la única carpeta y ni siquiera la más importante. Sin duda es la que hará más ruido político y mediático y discutiremos hasta el infinito si lo que se acuerda es “singular”, si el “cupo” empobrece a las demás comunidades autónomas o si el acuerdo final es más o menos consensuado por el conjunto del Estado. El tema dará para mucho, puesto que el poco definido acuerdo con ERC hace que éstos puedan hablar de “concierto económico” y, otros, de una mejora de la financiación dentro del sistema común. Pero más allá de una cuestión que está muy cargada de simbolismo, existe la necesidad de que el país disponga de una política económica pública, de que los agentes empresariales y sociales sepan a qué queremos jugar colectivamente, cuáles son los objetivos y de qué instrumentos se dotará al país. Hemos vivido mucho tiempo, demasiado, sin una estrategia y un horizonte económico de futuro. Más que el predominio del <em>laissez faire</em>, ha habido dejadez en aras de llegar a utopías fantasiosas con las que ya se arreglaría todo. Y no vayamos tan bien. Vivimos del turismo y de actividades intensivas en mano de obra. Los efectos, bajos salarios y cada vez mayor desigualdad y descomposición social. Guste o no, la sociedad se construye desde la economía, aunque no sólo con ella. Los amantes de analizar la situación desde el PIB están razonablemente satisfechos. Crecemos un 3% interanual, 1 décima por encima de la media española, y también por encima de la europea. Si huimos de simplismos, debemos saber que crecimiento no tiene que ver directamente con desarrollo, y menos aún con bienestar. El PIB es una falsa pista.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/liderar-economia-catalana_129_5153472.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Sep 2024 16:55:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Sala Tarradellas del Palacio de la Generalitat suele albergar reuniones de Gobierno.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un Día de transición]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/dia-transicion_129_5136693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c1b70d0b-32d0-4c89-ad1f-5a3ded4201a5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Desde 2012, la celebración de la Diada, más allá de los actos estrictamente institucionales, se ha convertido en un terreno de juego exclusivamente reservado a la movilización independentista. No ha habido espacio para la catalanidad laica, cuyos sujetos se fueron retirando del evento, ya que no se sentían cómodos, como tampoco convocados. Cuando, casi exclusivamente, las banderas catalanas cuatribarradas quedaron relevadas por esteladas muchos sintieron que aquél no era su lugar, ni tampoco su fiesta. De hecho, dejó de ser una fiesta. De ser una celebración de todos, con símbolos y sentimentalidades diversas que convivían, se la convirtió en una manifestación excluyente en la que, además, cada año aumentaba la apuesta de la radicalidad y la parcialidad, con performances más complejas y eslóganes más empequeñecedores. Pero políticamente las cosas han cambiado. La ciudadanía de Catalunya ha apostado por pasar página y volver a la situación de concordia y al principio de realidad que, quizás, nunca debía haberse abandonado. Llegados al 2024 y con Salvador Illa presidiendo la Generalitat parecería que este año deberíamos volver a celebrar la Diada como hacíamos hace una docena de años, con normalidad y sin confrontación. Intuyo que vamos a recuperarlo, pero, desgraciadamente, no todavía.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/dia-transicion_129_5136693.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Sep 2024 16:41:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una mujer carga una estrella en una manifestación independentista.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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