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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - J. Ernesto Ayala-Dip]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/firmes/j-ernesto-ayala-dip/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - J. Ernesto Ayala-Dip]]></description>
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      <title><![CDATA[Vargas Losa, reaccionario y tolerante]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/vargas-losa-reaccionario-tolerante_129_5351190.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/761d86bc-30ed-4c4a-b104-1f9407603341_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>El reciente fallecimiento del escritor Mario Vargas Llosa viene a actualizar un tema recurrente en la historia de la cultura: la discutida y probablemente también discutible vertiente ideológica de un autor de ficción (o pintor, músico, cantante, escultor, etc), en contraposición a la categoría y bondad unánimemente consagrada de su obra. Ante situaciones como éstas, el acuerdo es complicado, siempre según el prisma ideológico o político desde el cual se lo mire. Un ejemplo. Leímos <em>Viaje al fin de la noche</em>, de Louis-Ferdinand Céline y quedamos prendados por una especie de milagro estético, por lo que nos revelaba de las guerras, y sobre todo por cómo nos lo revelaba. Pero un día supimos que Céline se había destacado como un feroz antisemita en plena ocupación nazi. El dilema surgió enseguida, ¿seguir leyéndolo o no? Hubo quienes lo cancelaron y otros no. Quien escribe esto perteneció a los primeros. Pero nadie puede negar, ni yo mismo, el vuelco que sufrió la lengua francesa a partir de la poderosa y subversiva escritura del escritor francés. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J. Ernesto Ayala-Dip]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Apr 2025 16:54:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mario Vargas Llosa, en la Casa América de Madrid]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Después de leer 'El odio']]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/despues-leer-odio_129_5329640.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/108e0239-9df8-4e8c-919a-04f2ca25c825_16-9-aspect-ratio_default_0_x547y143.jpg" /></p><p>1) No recuerdo que se haya hablado tanto de un libro sin todavía publicarse y distribuirse y por tanto, sin todavía ser leído por sus potenciales lectores. Por lo menos en España. El libro en cuestión se titula <em>El odio</em> y su autor es el escritor Luisgé Martín (Madrid, 1962), autor con varias novelas editadas en su haber. Este título entró en nuestros oídos cuando los medios de comunicación hicieron público la semana pasada, que una jueza había suspendido su difusión por supuesta intromisión en el derecho al honor, la intimidad y la propia imagen de la madre de los niños asesinados por su padre, hace de esto más de una década. Los servicios jurídicos de la propia empresa editora, a su vez, serían los que acordarían respetar o no la decisión de los jueces. En una palabra, su difusión era ilegal. Unos días después, un juzgado de Barcelona estudiaba si paraliza la publicación de <em>El odio</em>. En el momento en que escribo este artículo, todavía no se sabe si <em>El odio</em> será o no distribuido y por tanto si podrá ser leído. Lo último que sabemos es que la editorial ha suspendido "indefinidamente" la publicación.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J. Ernesto Ayala-Dip]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Mar 2025 17:37:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Bretón y su abogado, José María Sánchez de Puerta, en el juicio reanudado este lunes./ EFE]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El ruido en Barcelona]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ruido-barcelona_129_5323266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d24f6c7b-8557-4ce2-913d-4e15c8bed4c3_16-9-aspect-ratio_default_0_x517y966.jpg" /></p><p>Hace pocos días la BBC publicaba un reportaje sobre las preocupantes consecuencias que el ruido urbano puede tener sobre la salud, y Barcelona tenía en él un lugar protagonista. Hay que decirlo: el concepto de “contaminación acústica” es demasiado rebuscado o sofisticado para referirse o denunciar coloquialmente el ruido, el vocerío de alto voltaje, la locura acústica que brota de las calles, de los lugares públicos, de las casas que dan a la vía pública, el crujido de unas palomitas en el instante más sublime de una película, en no pocos balcones donde hay gente hablando a gritos por el móvil a hasta altas horas de la madrugada. Esas innecesarias estridencias públicas también se producen en el transporte público: buses, metros y trenes de cercanías. Podría alargar la lista de estos ruidos hasta el infinito en Barcelona (también debería incluir los estruendosos ruidos de los aviones que sobrevuelan las poblaciones cercanas al aeropuerto del Prat). Ya puestos, últimamente es muy difícil encontrar un lugar público donde el barullo sonoro no sea lo normal. Y lo aceptado, casi bienvenido a juzgar por las caras extasiadas que ponen los ocasionales oyentes del último reguetón de moda servido, por unos voluntariosos céntimos a toda pastilla en los metros o en la vía pública. En los restaurantes el murmullo ha dejado paso a la bulla, también al inaguantable ruido que permiten los camareros que hagan las mesas y sillas que desplazan de un sitio a otro; al chillido de los niños cuyos progenitores no hacen nada para que hablen en voz baja, como suele pasar en cualquier restaurante de Francia, donde los padres con envidioso arte persuasivo transmiten a sus vástagos la obligación que tienen de no superar nunca la barrera del sonido ideal (porque este sonido existe). También ya comenzamos a ver en la calles de Barcelona a personas, la mayoría de ellos transportistas de comida a domicilio, que llevan adheridos a sus bicicletas minúsculos equipos de música con hirientes altavoces.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J. Ernesto Ayala-Dip]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Mar 2025 20:00:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tráfico en la Gran Vía de Barcelona en dirección al Mobile, a primera hora de la mañana]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El descrédito del lápiz]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/descredito-lapiz_129_5086367.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/061dd9e0-d2a0-4048-b6fb-d8df51c1c419_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Todavía veo en los metros y en alguna cafetería o terraza de nuestra querida ciudad a personas leyendo con un lápiz en la mano. Leen y subrayan. Algunas lo hacen con un simple bolígrafo, otros con lápices de colores. (Aunque parezca mentira, acabo de descubrir que existen páginas de internet donde se educa a subrayar, incluso se sugiere el mejor color, el amarillo, para esta operación tan familiar en la lectura de un libro). No sabría decir cómo empecé a leer con un lápiz en la mano, pero sí puedo decir que un día vi a alguien subrayando lo que leía. Me llamó la atención. Fue en la cantina de la mili. No dije nada, pero no tuve que analizar mucho, era claro que el soldado que compartía conmigo las guardias, subrayaba lo que consideraba de interés. Para mí esa fue siempre la condición para subrayar mis lecturas. Subrayar era como homenajear el pensamiento que acabas de leer, dejarlo grabado para siempre, no sólo en el papel, sino también en tu memoria. Subrayas para  enfatizar lo que consideras interesante. Sabes que el tiempo pasa y lo leído se difumina. Pierde su vida. Un tiempo después, sólo tenía que leer lo subrayado para rencontrarme con el tema del libro. Con el correr del tiempo, descubrí que en los países donde iba residiendo, había gente que procedía igual. Al principio me llamaba la atención, como si subrayar un libro fuera sólo un hábito circunscrito a mi ciudad natal. Como si en París nadie leyera con un lápiz en la mano, ni en Praga, ni en Trieste. Con el tiempo me convencí de que un lápiz remarcando unas líneas impresas también podía tener su historia, como la tiene la lectura en voz alta que se practicó durante siglos, hasta que un día alguien descubrió que quería leer para sí mismo, en silencio. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J. Ernesto Ayala-Dip]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jul 2024 17:05:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un niño leyendo.]]></media:title>
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