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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Pol Bargués]]></title>
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      <title><![CDATA[Trump y la geopolítica 'proxy']]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/trump-geopolitica-proxy_129_5692033.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c77263d1-bf35-49b7-948f-2490db56f0da_16-9-aspect-ratio_default_0_x677y204.jpg" /></p><p>Muy a menudo pensamos que Donald Trump está “loco” y que sus acciones son imprevisibles y desconcertantes, o incluso delirantes, caóticas e irracionales. Pero estas etiquetas no ayudan a ver un patrón bastante coherente tras unas intervenciones cada vez más agresivas: debilitar a los rivales de forma indirecta y asegurar unas ganancias relativas para los Estados Unidos. Estamos ante la geopolítica <em>proxy</em>.Esta idea es una reinterpretación del concepto de “guerras <em>proxy</em>” que se popularizó durante la Guerra Fría, cuando las grandes potencias daban apoyo militar, económico o político a gobiernos afines en conflictos lejanos (en Corea o en Vietnam, por ejemplo). Así perjudicaban al enemigo, al tiempo que evitaban un enfrentamiento directo entre potencias con armamento nuclear.Podríamos decir que la geopolítica <em>proxy</em> es la brújula de la política exterior de Trump, tanto en contextos de paz como de guerra. A través de intervenciones en terceros países busca esencialmente debilitar a las potencias rivales y ganar ventaja en materia económica, energética o militar. Así de explícita es la estrategia de seguridad nacional de los EUA, publicada en noviembre pasado: “Debemos evitar que otros actores alcancen un dominio global [...]. Esto implica trabajar con socios para contrarrestar ambiciones que ponen en peligro nuestros intereses”. No va de ganar, sino de derrotar a los demás.Los ocho acuerdos de paz que Trump presume haber logrado no han detenido la violencia ni han aportado estabilidad. Pero este no era el objetivo. Muchos de estos acuerdos buscan limitar la influencia de las otras grandes potencias. Por ejemplo, en el acuerdo entre la República Democrática del Congo y Ruanda, Trump se asegura la explotación de reservas minerales en una región que mayoritariamente dominaban empresas chinas; mientras que en el acuerdo entre Armenia y Azerbaiyán, quienes pasan a desarrollar líneas de ferrocarril, gas y petróleo durante un siglo son contratistas de los EE. UU., limitando así la influencia de Rusia y China en el Cáucaso.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pol Bargués]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 17:02:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El presidente de los EE.UU., Donald Trump, el pasado viernes en la Casa Blanca.]]></media:title>
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