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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Sonia López Iglesias]]></title>
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    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Sonia López Iglesias]]></description>
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      <title><![CDATA[A compartir no se enseña obligando]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/criaturas/compartir-no-ensena-obligando_129_5749931.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/e5b10afb-c43d-4643-84c8-ed3e1b93ef9c_16-9-aspect-ratio_default_0_x1910y823.jpg" /></p><p>La generosidad no nace de la presión, sino del respeto a los tiempos y necesidades de los niños, y de un acompañamiento que pone límites con empatía y sin imposiciones.“Tienes que compartir” es una de las frases más repetidas en parques, escuelas y encuentros familiares. Se dice con buena intención, casi como un automatismo, como si fuera una norma indiscutible de convivencia. ¿Pero y si esta exigencia tan arraigada estuviera interfiriendo en un aprendizaje mucho más profundo? ¿Y si, en lugar de educar en la generosidad, estuviéramos promoviendo respuestas basadas en la presión, la obligación o incluso el miedo al conflicto? A menudo detrás de este imperativo está la necesidad adulta de resolver situaciones rápidamente, de evitar llantos o tensiones, o incluso de quedar bien más que de acompañar lo que realmente es un aprendizaje. Convertimos el “compartir” en un deber inmediato, sin margen para entender qué siente el niño o qué necesita. Y en este gesto aparentemente inofensivo podemos estar pasando por alto una oportunidad clave: ayudarles a construir, a su ritmo, una comprensión auténtica de lo que significa dar, esperar y tener en cuenta al otro.Compartir no es un gesto simple ni espontáneo, por más que a menudo lo demos por hecho. Es una habilidad compleja que se construye poco a poco y que implica toda una serie de aprendizajes internos: reconocer que los otros también tienen deseos y necesidades, entender que ceder algo no equivale a perderlo para siempre, aprender a esperar sin angustia, leer las emociones de los otros y, sobre todo, sentir que aquello que es propio está protegido. Sin esta base de seguridad, difícilmente puede aparecer una generosidad real.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sonia López Iglesias]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 11:08:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dos niños jugando con un solo juguete.]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Cómo intercambiar más de cuatro palabras con un adolescente]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/criaturas/intercambiar-cuatro-palabras-adolescente_130_5696595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/8cf871d5-51f2-4c5f-9689-5b932eabba22_16-9-aspect-ratio_default_0_x3114y1587.jpg" /></p><p>La adolescencia es una etapa de desarrollo muy complicada de acompañar con serenidad y empatía porque exige a los adultos una combinación de paciencia, escucha y comprensión constante. El adolescente, sumergido en un entramado de cambios físicos, cognitivos, psicológicos, emocionales y sociales, se muestra a menudo en casa irascible y con pocas ganas de compartir todo aquello que le preocupa o molesta. Una actitud que, lejos de ser un rechazo personal, acostumbra a reflejar la necesidad de protegerse, de entenderse a sí mismo y de encontrar su propio lugar en el mundo. En este contexto, la mirada adulta deviene clave: interpretar estos comportamientos con calma y sin juicio puede marcar la diferencia entre levantar muros o mantener abiertos los puentes de comunicación.Un momento familiar en que hablar con los hijos deja de ser fácil: aquello que en la infancia surgía de manera espontánea –explicar cómo había ido el día en la escuela, compartir inquietudes o hacer preguntas llenas de curiosidad– se transforma progresivamente en una verdadera odisea, en que conseguir intercambiar más de cuatro palabras sin que aparezca la tensión, la discusión o el enfado deviene todo un reto que a menudo desconcierta y desgasta a los adultos. Y es precisamente en estos momentos difíciles cuando la paciencia y la calma de los padres pueden marcar la diferencia entre levantar muros o mantener abiertos los puentes de comunicación.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sonia López Iglesias]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 17:03:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Padre con su hijo adolescente.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[Cuando los hijos dejan de explicarse, los adultos tienen que aprender a escuchar diferente]]></subtitle>
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