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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Opinión]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Opinión]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[Cataluña, la esperanza liberal]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cataluna-esperanza-liberal_129_5831144.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/881e996a-2863-408c-8e6d-25c4e14146f2_16-9-aspect-ratio_default_1056597.jpg" /></p><p>Los derechos humanos no existen en la naturaleza. No se encuentran escritos en ninguna roca fosilizada, ni en ningún gen. Son o bien una exigencia moral, o bien una convención (como el dinero, el bitcoin o las fronteras estatales): “ficciones” sólidamente compartidas, forjadas a base de mucho sufrimiento, pero que funcionan mientras suficiente gente crea en ellas. La Revolución Francesa sucedió en un momento de estallido politicosocial muy determinado, y la Declaración Universal de 1948 es hija del trauma de la Segunda Guerra Mundial. Y aún hoy, aunque no lo parezca, está lejos de ser universalmente reconocida.Esta fragilidad se hace evidente también en nuestra casa. El consenso liberal sobre la preeminencia del individuo ya no es indiscutido: cada vez más voces, de izquierda y de derecha, reclaman su relativización en nombre de algo "superior" (la nación, la comunidad, la seguridad, el progreso...). Esto no es nuevo. El fascismo ya subordinó los derechos del individuo a la pujanza del Estado y la nación, y el comunismo (la China actual es el ejemplo más claro, la URSS descansaba sobre un imaginario demasiado occidental para aguantar) relativiza los derechos individuales en nombre del "bien común" o los derechos de la clase obrera o de la clase única. Ideologías antagónicas en el origen, pero coincidentes en la “necesidad” de que los derechos individuales sean, como mínimo, relativizados.Una figura jurídica (o filosófica) como los derechos humanos no puede existir sin una base social suficiente. Dicho en plata, para tener derechos liberales hacen falta liberales. Como proyecto político viable (no como idea abstracta, sino como sistema que alguien defiende y hace cumplir con leyes y tribunales) necesitan una clase media, un determinado grueso de burguesía liberal. No hay principios que lo aguanten todo, por mucho que figuren en un texto sagrado o constitucional: alguien debe encarnarlos, alguien debe votarlos y defenderlos con constancia. Históricamente, este papel lo ha hecho la clase media urbana: gente con suficiente patrimonio y educación para querer reglas estables, propiedad protegida e instituciones jurídicas básicas que resistan las turbulencias (por otra parte, imprescindibles) de la historia.Sin partidos con base social real, los principios liberales quedan difuminados como gotas en la lluvia o como una promesa de los socialistas. El problema, ahora ya bien visible, es que la clase media no es un hecho eterno: la vemos estrujarse y polarizarse hacia los extremos ahora que el ascensor social, clamorosamente, se detiene. Pasa aquí y pasa en buena parte de Occidente. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Cabré]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cataluna-esperanza-liberal_129_5831144.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Aug 2026 16:00:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[WhatsApp Image 2026 03 02 at 09.51.30]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Adiós, Andreu]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/adios-andreu_129_5831143.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/16546d55-1765-43eb-b57e-4fe89b8fa87e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La elección de las palabras es importante, como lo es la no elección. Con los niveles de lenguaje, la oralidad, la falsa retórica, la impostura, el cuidado, las palabrotas, los barbarismos, el argot, construimos una manera de entender el mundo. En el viaje a Sicilia que hicimos con lectores del ARA e Il Viagetto, una siciliana nos explicaba que ella y su hija se entendían con un lenguaje de signos y expresiones faciales que, en cambio, su hijo, que vivía en Inglaterra, no comprendía. La señal de cortar el cuello, fruncir las cejas y juntar los dedos –“Como una magnòlia”, que diría Víctor Català–, tocarse el corazón, tocarse la nariz... Imitamos la forma cotidiana de hablar de las madres, las abuelas y los políticos.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Empar Moliner]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/adios-andreu_129_5831143.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Aug 2026 16:00:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en una atención a los medios este lunes]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Putin y los lobos de Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/putin-lobos-europa_129_5831026.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d9499688-6811-42b1-9bcc-b5eff328e75a_16-9-aspect-ratio_default_0_x2675y2162.jpg" /></p><p>Putin ha cumplido este año (lo hizo en el mes de mayo) veintiséis años en el poder. Fue el segundo presidente de Rusia, y es el cuarto, y durante dos mandatos seguidos él y su leal Dmitri Medvédev se alternaron como presidente de Rusia y como primer ministro. Presidente de Rusia es el cargo que se creó para sustituir al de presidente del Sóviet Supremo, máxima autoridad rusa durante los años de la URSS. Lo ocupó, los primeros años, el dipsómano Borís Yeltsin, y después ya siempre Putin, directamente o a través de sus títeres: primero Medvédev y ahora Mijaíl Mishustin, que ejerce como primer ministro una vez Putin se ha asegurado (vía la reforma de la Constitución de 2020, conocida como la reforma “del contador a cero”) que puede continuar como presidente hasta el año 2036. ¿Cómo lo hizo? Reinició el cómputo de sus mandatos con una ley que “borraba” los dos anteriores. De esta manera ha mantenido la limitación de dos mandatos presidenciales, pero en la práctica le ha añadido dos más (de seis años cada uno) porque los dos primeros dejaron de contar.Para continuar en el poder le hace falta, eso sí, ganar las elecciones, pero es conocida la tendencia de sus opositores a morir prematuramente y en circunstancias tan espantosas como enigmáticas. Periodistas como Anna Politkóvskaia, Natàlia Estemírova o Paul Klébnikov, magnates exiliados como Borís Berezovski o su colaborador Aleksandr Litvinenko, el mercenario Ievgueni Prigojin o líderes políticos como Borís Nemtsov o Aleksei Navalni forman la lista de personalidades más prominentes presuntamente asesinadas por el régimen de Putin. Más allá de estos nombres famosos, las víctimas de la represión política en la Rusia de Putin se cuentan por decenas de miles, entre periodistas, activistas, escritores, políticos, etc.De estos veintiséis años, hace cuatro y medio que Putin dio la orden de invadir Ucrania, mientras en Occidente aún se decía que no se atrevería. En el año 2022 Putin afirmaba que la guerra duraría poco y que la llevaba adelante con el objetivo de “desnazificar” Ucrania, un argumento del cual ya no se acuerda ni el mismo Putin. La guerra ha generado cientos de miles de muertos en ambos bandos y millones de desplazados y refugiados, y hoy por hoy no se le ve un final cercano. Pero la invasión (esta sí que lo es) y la guerra de Ucrania se han convertido en actores geoestratégicos que ya no causan sorpresa ni escándalo, sino que están plenamente normalizados dentro de la política europea. Como el mismo Putin, que durante un cuarto de siglo ha cometido crímenes, vulneraciones y violaciones del derecho internacional ante la pasividad de Occidente, apuntalada en toda clase de intereses económicos, energéticos y logísticos. Europa ha comenzado en los últimos años una noche que será larga y extremadamente caliente (por el cambio climático y la violencia), rodeada de lobos que aúllan. Sería bueno que en algún momento alguien pensara en cómo la misma Europa, en lugar de intentar combatir a los lobos que ahora la acosan, se ha dedicado a alimentarlos.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastià Alzamora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/putin-lobos-europa_129_5831026.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Aug 2026 12:58:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El presidente de Rusia, Vladímir Putin, a principios de agosto.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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    <item>
      <title><![CDATA[Menos hablar y más hacer (2)]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/hablar-2_129_5830553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/13403286-cabc-4235-acb1-b9f7e583dee1_16-9-aspect-ratio_default_1060118.jpg" /></p><p>En mi anterior <a href="https://es.ara.cat/opinion/hablar_129_5820676.html" >artículo</a> quedaron ideas en el cajón porque no había suficiente espacio para abordarlas. Mi voluntad era proponer soluciones practicables porque tener planes es esencial para avanzar. Continuamos.El incremento del coste anual de la sanidad pública es del 5-6%, cuando el gasto global de la Generalitat crece un 3%. La población envejece y requiere más atención. Los sanitarios han aumentado su nivel profesional. Las nuevas tecnologías derivadas de las ciencias <em>bio </em>–más específicas– son más eficaces, pero también más caras. La eficiencia del sistema de salud catalán se debe, en parte, a los bajos salarios del personal médico, que, sin embargo, tratan a los enfermos con una profesionalidad y atención que no se encuentra en ningún otro estado miembro de la Unión Europea.La sanidad pública universal es un activo que genera bienestar y cohesión social, y que conserva la esencia del servicio que sus creadores querían y consiguieron. El primer sistema de salud universal fue creado en Prusia en 1880 por Bismarck, un conservador visionario que temía la descomposición del Reich por el socialismo y las masas proletarias, en aquel momento fuertes y organizadas debido a la revolución industrial. Para evitarlo, Bismarck adoptó, para la salud, los principios socialistas. El sistema estaba basado en una financiación de cuotas pagadas por empresarios y trabajadores como parte de los jornales.En 1941, Churchill pidió a William Beveridge que planificara un sistema universal de salud para después de la guerra, que se financiaría vía impuestos. Cuando los laboristas ganaron las elecciones en 1945, el primer ministro Clement Attlee implementó el sistema que Churchill había imaginado. Fue un éxito, pionero en Europa. El sistema español está basado en esta estructura.La sanidad catalana fue un <em>invento</em> de Convergencia. El partido pretendía fortalecer y consolidar una sociedad que había salido de la dictadura con “arañazos”, pero también con la voluntad de crear una sociedad para el nuevo entorno político donde era “catalán quien vive y trabaja en Cataluña”. La salud pasó a ser una competencia autonómica. Trias lo planificó, la izquierda de Ribó le dio apoyo y la obra de gobierno se completó... Hoy tenemos el resultado.El tiempo pasa, y el activo precioso que tenemos hoy —pocós podrán argumentar que el sistema de salud catalán no es excelente— requiere fondos crecientes para mantener el nivel de calidad actual. Necesita también una reforma del sistema para hacerlo más eficiente y reducir el gasto sin afectar los servicios. El problema de nuestro sistema de salud es su coste, y las reformas han de estar orientadas a contenerlo. El sistema tiene un atributo que lo hace único: la combinación de la profesionalidad del personal con un mix publicoprivado –de entidades privadas, como La Caixa, y públicas, como las universidades, hospitales y centros de investigación, que mantienen la calidad y la innovación como marcas de la casa–. Todo el mundo quiere ser tratado por el sistema público de salud, en caso de enfermedad grave.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Coello]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/hablar-2_129_5830553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2026 19:02:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dos profesionales sanitarias en el Hospital Universitario Germans Trias i Pujol, en una fotografía de archivo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Una familia, un voto?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/familia-voto_129_5830547.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/0e6ccb3d-8325-4dd7-85f3-031c788bf37d_16-9-aspect-ratio_default_1060122.jpg" /></p><p>Hace tiempo que se oye un runrún de fondo que nos habla de una involución en lo que respecta a los derechos de las mujeres. Entre las notas de esta cacofonía hay dos que me preocupan especialmente y que están estrechamente ligadas: los discursos que cuestionan la necesidad del voto femenino y el fenómeno de las <em>tradwives </em>(esposas tradicionales) y de las <em>stay-at-home girlfriends,</em> las chicas que se quedan en casa. Como el diario ARA ya habló de <em>tradwives</em> en el año 2024 de manera pionera, me centraré en el primero, que me parece también el más peligroso. Estos discursos involucionistas tienen su origen en Estados Unidos, pero se extienden como la pólvora por Latinoamérica y comienzan a llegar a Europa, como se vio en julio en la reunión fundacional de Mulheres Conservadoras de Portugal, un movimiento vinculado al partido ultraderechista Chega y a los movimientos evangélicos. El sufragio femenino parecía un derecho asentado definitivamente desde que se empezó a establecer, no sin muchas luchas, a finales del siglo XIX. Dejando de lado casos curiosos, como el de 1776 en Nueva Jersey, donde el uso de la palabra “persona” en lugar de “hombre” en la ley de sufragio hizo que algunas espabiladas se apuntaran hasta que “el error” se corrigió, el sufragio femenino se alcanza de una manera general en la primera mitad del siglo XX, con alguna excepción sangrante como Suiza, donde las mujeres no accedieron al voto federal hasta 1971. En cuanto a España es bien conocida la polémica que opuso a Clara Campoamor y Victoria Kent y que acabó instituyendo el voto femenino en 1931.Ahora bien, este derecho, básico para la construcción de la voz pública de las mujeres y para su autonomía cívica, se ha puesto en cuestión por primera vez en más de un siglo. Grupos ultraconservadores de los Estados Unidos, como el del predicador evangélico Doug Wilson, atacan la decimonovena enmienda de la Constitución, la que legalizó el voto femenino en 1920, considerándola un “cáncer del individualismo”. Curiosamente, cuando el individualismo garantiza el sufragio universal masculino no pasa nada, pero cuando una ley permite considerar a la mujer un individuo y le otorga voz se desatan las fuerzas del infierno. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Losada Soler]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/familia-voto_129_5830547.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2026 19:00:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Donald Trump abraza a Erika Kirk]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Comienza el curso racista]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/comienza-curso-racista_129_5830544.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/4571b948-6a99-4923-8327-f85c9c3f9f4a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Queda claro que nuestra sociedad está formada en una medida importante por personas blancas que se sienten, digamos, incómodas conviviendo con personas con otros colores o tonalidades de piel. Buena gente, sin duda, que se espanta cuando sale a la calle y se encuentra con que el barrio, o el pueblo, se les ha “llenado” –es la percepción que tienen– de gente de pigmentación gradualmente oscura. La presencia de estas personas les hace sentir inseguridad, aún más si son pobres. Esto tiene un nombre: se llama xenofobia o racismo, y también aporofobia. <em>Aporófobo</em> no es una palabra que se use con un sentido despectivo, pero <em>racista </em>o <em>xenófobo</em> sí, y por este motivo los racistas se enfadan mucho cuando se les dice que lo son. El hecho de ser muchos, por otra parte, hace que el racismo deje de considerarse anómalo y se convierta en una postura normal, incluso banal. Muchos no saldrían a perseguir inmigrantes ilegales por las calles, pero sí que les molesta que un inmigrante les vaya delante en la sala de espera del médico. O que sus hijos tengan que compartir aulas con los hijos de estos inmigrantes.En consecuencia, se multiplican las opciones políticas basadas en el racismo, la xenofobia y la aporofobia (de la gente llegada de fuera, también de etnias y religiones diferentes, pero con dinero, nunca se quejan). En España empieza un curso absolutamente electoral y el Partido Popular, en boca de Feijóo, ha adoptado el discurso antiinmigración de la extrema derecha más dura: ya pide expulsiones masivas con menores incluidos, una demanda que va directamente contra la ley –española y europea– y que ha descolocado a los <em>barones</em> del PP: así, mientras en Extremadura María Guardiola y su gobierno hablan de “cumplir la legalidad”, en Andalucía el <em>moderado</em> Moreno Bonilla se embarca en abstrusas disquisiciones para justificar su sumisión a los socios de gobierno de Vox. La petición de expulsar menores no es propia de ningún partido de centroderecha liberal, como insisten en presentarse Feijóo y su PP. Muy al contrario, la podría firmar sin problemas la neonazi Alternativa para Alemania, que por cierto está a punto de obtener en las elecciones del land de Sajonia-Anhalt del próximo 6 de septiembre una victoria que significaría un golpe muy duro y una regresión a los peores momentos de su historia tanto para Alemania como para el conjunto de la Unión Europea.Obviamente, lo que pase en España y en Europa influirá en la política catalana, que no entra en año electoral pero sí preelectoral. Junts, con declaraciones de su secretario general, Jordi Turull, se ha desmarcado de la ultraderechista y racista Aliança Catalana con una contundencia que se agradece. En el entorno de Junts, sin embargo, no son pocas las voces partidarias de normalizar AC dentro del sistema político catalán y llegar a acuerdos. Lo justifican apelando a la necesidad de hacer frente a la embestida de Vox y PP, una suma ultraespañolista que hasta ahora decían que era un espantajo pero que ahora les empieza a dar miedo. Olvidan, sin embargo, que AC no suma con el independentismo catalán: suma con PP y con Vox, especialmente con este último.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastià Alzamora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/comienza-curso-racista_129_5830544.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2026 19:00:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alberto Núñez Feijóo en rueda de prensa esta semana en Ceuta.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo he hecho yo]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/he-hecho_129_5828881.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/0304cec9-35a9-4a51-896a-6bd8fac436a5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Una estantería montada por nosotros mismos puede quedar ligeramente torcida. Una salsa preparada en casa puede resultar bastante peor que la del restaurante. Un dibujo de nuestro hijo puede carecer de proporción, perspectiva y cualquier parecido con el objeto representado. Nada de eso impide que lo contemplemos con orgullo. Es más, como algo casi insuperable. Especialmente, el dibujo del hijo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando Trias de Bes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/he-hecho_129_5828881.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2026 19:00:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una niña dibujando con los dedos]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No vengáis a Barcelona]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/no-vengais-barcelona_129_5830422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/24aad2bf-8692-4b82-8627-8e1beff0b6b3_16-9-aspect-ratio_default_1052313.jpg" /></p><p>No, no, no… Nos multiplicamos como clones del Dr. No. Él acaba ganando y James Bond queda condenado a vivir en una tienda prisión, en una mazmorra de PVC o en un calabozo de nilón. Los No ahora ya empiezan la noche de Fin de Año. En medio de la borrachera de felicitaciones. Como quien no quiere la cosa, pero la quiere, en aquellas horas emotivas, líquidas, patéticas, fracasadas: ¿sabes de algún piso para el niño, la niña, o el marsupial?</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francesc Canosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/no-vengais-barcelona_129_5830422.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2026 16:00:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cruceros en el puerto de Barcelona]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los no-sabios]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/no-sabios_129_5829737.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/f450f919-4a45-48cf-8d09-76f3ca774f15_16-9-aspect-ratio_default_1060132.jpg" /></p><p>Leemos en el ARA que la hija de la actriz Andie MacDowell, que se llama Margaret Qualley y que es tan guapa como la madre, apareció en una alfombra roja "<a href="https://es.ara.cat/gente/famosos/margaret-qualley-medio-descalza-alfombra-roja-son-sandalias-suela-llevado_1_5828645.html" >con un calzado que ha dejado sin palabras: unas sandalias sin suela de Chanel</a>”. En la foto se observan las, digamos, sandalias. Son unas sandalias que solo tienen tacón (atado a los pies con un cordón). El tacón lleva el anagrama CC de Coco Chanel. Por lo tanto, medio pie no tiene suela, toca el suelo y, de esta manera, la portadora va casi descalza. Son unas sandalias que les habrían cabido a las hermanastras de la Cenicienta e incluso a mí.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Empar Moliner]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/no-sabios_129_5829737.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 16:01:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Margaret Qualley, con los zapatos virales]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre la dirección pública profesional]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/direccion-publica-profesional_129_5829735.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/a5072020-5370-46e7-80b3-1597ba21f3ba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La gestión pública de un gobierno es siempre un compromiso entre el ejercicio de las funciones administrativas consolidadas y las innovaciones que impulsa la política. En correspondencia, tenemos personal funcionario, más centrado en garantizar lo primero, y personal político, más centrado en lo segundo. La gestión será buena si el encaje de motivaciones y talantes de los dos colectivos es bueno, y si el nivel de competencia de unos y otros es alto. Idealmente, el conservadurismo natural del funcionario se verá temperado por el empuje del personal político, y viceversa. Nota: el contraste del funcionario competente y el político incompetente es una caricatura. En los dos colectivos hay de todo. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andreu Mas-Colell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/direccion-publica-profesional_129_5829735.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 16:01:24 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/a5072020-5370-46e7-80b3-1597ba21f3ba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[La Plaza Sant Jaume, con el Palacio de la Generalitat al fondo]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Menorca: ¿está realmente saturada?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/menorca-realmente-saturada_129_5829731.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/678bbee8-4eb0-41b8-99b0-0bb2f6b73559_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Como reacción a las manifestaciones contra la masificación que han tenido lugar recientemente en Menorca (como en el resto de las Baleares), circula por la isla un post con el título de este artículo publicado en la web <em>Pensar en tiempos de IA</em>. El post es anónimo, pero parece que el autor estaría vinculado a un foro del Círculo Jefferson.Se trata de un post bien documentado, que cuestiona con datos las impresiones subjetivas de quien tratando de disfrutar de la playa de la Macarella se encuentra sin sitio ni para el coche ni para la toalla, o de quien se encuentra en un atasco cuando trata de llegar a Punta Nati para contemplar la puesta de sol.El autor parte de la constatación de que la densidad de Menorca es relativamente baja, incluso en el momento de mayor presión, en agosto. Esta densidad es de unos 300 habitantes por km², cuando la cifra equivalente de Malta es de 1.860, seis veces superior. El autor, sin embargo, considera que “Malta es un caso extremo que no propongo imitar”; en cambio, le parece “especialmente interesante” la comparación con Madeira, cuya densidad media es de 332, y se pregunta “por qué una isla que ni siquiera en su momento de mayor presión alcanza la densidad habitual de Madeira consigue sentirse tan saturada”.Esta observación lleva al autor a concluir que Menorca no está saturada porque haya demasiada gente –autóctonos, inmigrantes y turistas–, sino porque no dispone de la capacidad para sostenerlos. A partir de aquí examina cada uno de los cuellos de botella en los que se manifiesta la saturación: la vivienda, el agua, la energía, la movilidad y la capacidad de las playas más atractivas, y concluye que todos tienen una solución que permitiría aumentar la población de Menorca:En cuanto a la vivienda, propone densificar Ciutadella y Maó (29.000 habitantes cada una), emulando Funchal, la capital de Madeira, que cuenta con 100.000 habitantes, recordando que las ciudades son más eficientes y menos contaminantes que la urbanización diseminada. En cuanto al agua, propone evitar fugas, reutilizar aguas depuradas y desalinizar. La desalinización exige energía, pero la energía podemos generarla. En cuanto a la movilidad, podemos ofrecer transporte colectivo y construir más infraestructuras. En cuanto a la saturación de las playas, se trata de “aumentar la oferta de cosas que hacer” en otro lugar, porque “una de las maneras de proteger un bien escaso es aumentar la oferta de sus sustitutos”.En definitiva, nos dice que “antes de administrar la escasez, lo que debemos preguntarnos es qué parte podemos solucionar aumentando la oferta”, lo cual es cuestión de inversión y de tecnología, y la conclusión es que es perfectamente posible una Menorca con más población y con más turistas. El post me parece extremadamente interesante porque formaliza lo que han ido haciendo las élites menorquinas en las últimas décadas: aumentar la capacidad de la isla año tras año. En el fondo, lo que el autor propugna es que Menorca siga haciendo lo que ha estado haciendo desde los años 1960. Llegados aquí, los lectores pueden preguntarnos si es cierto que en Menorca cabe más gente. La respuesta es que sí: el autor se fija en Madeira, pero podría haberlo hecho en Hong Kong o Singapur, islas con una superficie comparable a la de Menorca, donde viven, respectivamente, 7,5 y 6,1 millones de personas. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miquel Puig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/menorca-realmente-saturada_129_5829731.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 16:01:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Imagen de archivo de Cala Macarella en verano.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando cuidar también hace daño]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cuidar-dano_129_5829725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/0ea7f5ff-d72e-4dbc-b219-b1991c262577_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Soy enfermera. Elegí esta profesión porque me gusta cuidar a las personas, y lo sigo haciendo con la misma implicación del primer día. Pero la vocación no puede ser la excusa para que todo valga. La sanidad pública es uno de los grandes tesoros de nuestro país, y hay que protegerla. Y eso significa cuidar de los profesionales que la sostienen. Oímos hablar a menudo de recursos, presupuestos y listas de espera, pero muy poco del desgaste humano que hay detrás de cada consulta, de cada domicilio y de cada noche de guardia.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Teresa Muns Marin]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cuidar-dano_129_5829725.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 16:00:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una enfermera con mascarilla en el centro de atención primaria de Martorell, en una imagen de archivo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ceuta y la violencia sexual]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ceuta-violencia-sexual_129_5829724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/876eaefa-3f4a-42ac-9695-4af6b68cb527_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hay realidades que quedan ocultas tras las cifras, las fronteras y los discursos perversos sobre seguridad. En Ceuta, este verano, hay una que no podemos dejar en segundo plano: la violencia sexual que pueden sufrir <a href="https://es.ara.cat/sociedad/gobierno-espanol-contempla-trasladar-500-ninas-migrantes-ceuta-peninsula_1_5827262.html" >niñas, adolescentes y mujeres migrantes</a>, especialmente cuando llegan solas y sin una red de apoyo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alba Alfageme]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ceuta-violencia-sexual_129_5829724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 16:00:59 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/876eaefa-3f4a-42ac-9695-4af6b68cb527_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Un grupo de mujeres y menores migrantes en Ceuta.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Repensar la sociedad desde la izquierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/repensar-sociedad-izquierda_129_5829052.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/087ecedb-1eb4-41fe-8f33-a14ac9a99bef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Ciertamente, ni mi generación, nacida durante la dictadura franquista, ni muchas de posteriores sospechamos jamás que, en un futuro próximo, pudiera manifestarse en Cataluña, España o Europa un nuevo apoyo a la extrema derecha que incluso amenazara con convertirse en mayoritaria y tuviera opciones de gobernar. Luchamos mucho y mucho para salir de aquella pesadilla. La explosión de felicidad cuando se acabó, en aquellos últimos años setenta, cuando por fin podíamos respirar, reunirnos, amar a quien quisiéramos y empezar a rehacer nuestro país, era inmensa, uno de los mejores períodos que hemos vivido.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marina Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/repensar-sociedad-izquierda_129_5829052.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 16:01:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Miembros de Arran en plena acción reivindicativa en la sede del PP en Barcelona]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando hacerse grande significa que te vuelvan a tratar como a un niño]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/hacerse-grande-significa-vuelvan-tratar-nino_129_5829050.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/e2a40623-a795-44c5-b30a-bcfb942f3322_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Imaginemos esta escena: una persona de ochenta años, una consulta y un hijo o una hija. El profesional mira al acompañante y pregunta: "¿Y cómo se encuentra?" La persona está allí. Oye. Puede hablar. Pero la pregunta no va dirigida a ella. No hace falta decir nada ofensivo para rebajar a alguien: a veces basta con hablar de la persona en lugar de hablar con ella.Hace décadas que estudiamos el <em>elderspeak</em>, la forma de hablar excesivamente protectora o condescendiente hacia las personas mayores: simplificar el lenguaje, abusar de los diminutivos o hablar como si el otro no fuera del todo capaz de decidir por sí mismo. Y todo "por su bien". En un trabajo que Howard Giles y yo acabamos de publicar en <a href="https://www.frontiersin.org/journals/language-sciences/articles/10.3389/flang.2026.1880735/full" rel="nofollow"><em>Frontiers in Language Sciences</em></a> analizamos esta paradoja: el <em>elderspeak</em> puede devaluar a quien lo recibe y, sin embargo, ser tolerado porque llega revestido de afecto, protección o cuidado.Pero hacerse mayor no viene solo: si bien hombres y mujeres pueden perder visibilidad y ser infantilizados, la investigación muestra que no envejecen socialmente de la misma manera y que estos procesos comienzan antes en las mujeres. El edadismo no sustituye al sexismo: se añade a él. Durante buena parte de la vida, muchas mujeres han tenido que luchar por ser escuchadas. Y un día, sin saber muy bien cuándo ha pasado, descubren que los demás ya las tratan como a viejas. Antes podían ser demasiado jóvenes o demasiado emocionales. Siempre había algún <em>demasiado</em>. Ahora basta con la edad: habla por ellas. La condescendencia encuentra entonces el camino allanado: "Venga, vamos, despacio, que no nos caigamos". "Esto ya se lo explico yo a su hija". "Deje, deje, que ya lo hago yo". En los hombres, esta infantilización puede hacerse más visible cuando la fragilidad o la dependencia hacen necesaria la cura.El problema no es ayudar o proteger a quien lo necesita, sino cómo lo hacemos y si confundimos necesidad de ayuda con incapacidad para decidir. O para pensar. Y las palabras tampoco son condescendientes por sí solas. A mí, que mis nietos me digan <em>abuela</em> o <em>abuelita</em> me parece encantador. No es una palabra, ni siquiera un diminutivo, lo que convierte el afecto en condescendencia: es quién habla, a quién, en qué contexto, desde qué posición y con qué tono.¿Por qué la edad acaba tapando a la persona que tenemos delante? ¿Hemos asociado juventud y belleza con interés, capacidad y competencia? Solo hay que mirar quién sale en la televisión o a quién seguimos concediendo autoridad. Y aquí el género vuelve a hacer de las suyas: ¿por qué toleramos mejor el envejecimiento visible de un hombre que el de una mujer? En él, el pelo blanco puede significar experiencia; en ella, simplemente, edad. A él las arrugas le dan carácter; a ella le recomiendan un sérum antienvejecimiento. Quizás la vejez nos incomoda porque nos pone ante una realidad a la que preferimos dar la espalda: envejecer nos recuerda que la vida tiene un final.El pasado 15 de junio, Día Mundial contra el Maltrato a las Personas Mayores, la Generalitat puso el foco en los micromaltratos. El Parlament impulsa también una nueva ley centrada en el edadismo. Ahora bien, las leyes protegen derechos. Y una parte del edadismo se juega cada día en las palabras: al médico, en la panadería o alrededor de la mesa en una comida de Navidad. Porque respetar a una persona mayor no es solo hablarle con dulzura. Es continuar hablando con ella de adulto a adulto.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maria Àngels Viladot]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/hacerse-grande-significa-vuelvan-tratar-nino_129_5829050.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 16:01:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Cuidar de los nietos evita el deterioro cognitivo?]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sin ti no soy nadie]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/no-nadie_129_5829046.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/a6c30cd0-7335-418c-8f11-d2b051e0a73e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Dejas el móvil una hora, porque tienes que hacer cualquier cosa, como estar en la consulta del dentista o una actividad que no te permite tenerlo pegado a ti, como sí que te lo permiten –o tú haces que te lo permitan– otras actividades, como estar en un bar con amigos, estar en una reunión, pasear, pasear con alguien, estar en el transporte público o hacer una tertulia pagada en la tele. Cuando el dentista ha acabado el trabajo y te explica cómo tienes que cuidarte los dientes escuchas, claro, pero vas a buscar el móvil (lo has dejado, cargándose, en la repisa de los utensilios dentales) y lo desbloqueas (¿cuántas veces al día haces este gesto?). Sin ser consciente te quedas absorto, totalmente absorto, en un mensaje o en otro. Un mensaje tan trascendente como aquello que te está explicando la dentista, pero más adictivo, porque está en la pantalla. En la pantalla todo es más adictivo. Si has quedado con una amiga que te explica su ruptura matrimonial la escucharás a medias, porque en WhatsApp alguien te explicará una ruptura matrimonial. Y la ruptura matrimonial de WhatsApp siempre excitará más partes del cerebro que la que tienes delante. En el móvil será divertido jugar al billar online. Al de verdad, no piensas jugar.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Empar Moliner]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/no-nadie_129_5829046.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 16:01:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mirar el móvil cuando tú quieres y no cuando el móvil te dice que lo mires.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La nueva física del poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/nueva-fisica_129_5828997.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/b5c350ed-5a3f-4432-90af-737b795a9fe6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Si escribiera un libro sobre la guerra de Estados Unidos con Irán, sé exactamente cuál sería el título. Sería la publicación que hizo Donald Trump en las redes sociales el 5 de abril de 2026, dirigida a los líderes de Irán: “Abrid el [grosería] estrecho, locos cabrones, o viviréis en el infierno… ¡ESTAD ATENTOS!” </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Thomas L. Friedman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/nueva-fisica_129_5828997.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 15:17:04 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/b5c350ed-5a3f-4432-90af-737b795a9fe6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Una mujer pasa delante de una valla publicitaria antinorteamericana y anti-Trump en una calle de Teherán, en Irán.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Piketty y el patrimonio público]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/piketty-patrimonio-publico_129_5828827.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/80ad0e5a-7e60-4096-9d24-3f4f7850a1e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>En materia de vivienda, los medios publican regularmente mensajes o réplicas entre promotores, la academia (muy dividida, por cierto), los movimientos sociales y una sucesión de gobiernos demasiado erráticos en cuanto a la inversión en vivienda asequible. Son posiciones muy confrontadas que hacen dudar constantemente de la capacidad de los gobiernos democráticos de garantizar y ampliar el estado del bienestar. Todos están de acuerdo en que el objetivo de los 50.000 pisos sociales en Cataluña es una buena iniciativa, pero los resultados conseguidos hasta ahora dan pie a todo tipo de mensajes contradictorios. ¿Qué está impidiendo alcanzar el volumen de producción prometido? En medio de estas tensiones, aparece la narrativa de la cruda realidad de las ciudades actuales, que autores como <a href="https://es.ara.cat/opinion/llucia-ramis-condena-metro-cuadrado_129_5739232.html">Llucia Ramis</a>, Javier Gil, Paulina Flores, Jordi Amat y Marta Jiménez Serrano describen con astucia y, a la vez, tristeza.De las muchas lecturas que se pueden hacer de la obra de Thomas Piketty, hay una que tiene que ver con la desconcentración del poder y la propiedad, las relaciones de poder que confrontan inquilinos y arrendadores, y sus respectivos relatos. Una buena aportación de Piketty es que pone el acento en las desigualdades generadas no solo por la concentración de la propiedad de los medios de producción (el foco del marxismo clásico), sino también por la propiedad de la vivienda. Las desiguales perspectivas vitales que pueden tener los inquilinos frente a las opciones de los propietarios (que, mayoritariamente, lo son por herencia) ponen en duda la desconcentración del poder y la propiedad que se había ido consiguiendo desde la Revolución Francesa. El 50% de la población más pobre tiene una décima parte del patrimonio medio del conjunto de la población y continúa demasiado expuesta a las dinámicas del precio de la vivienda de mercado. Piketty hace referencia a las autoras feministas que hace años defienden que la economía del hogar es una parte importantísima de las economías familiares urbanas y que, sumadas, inciden en el funcionamiento de las economías nacionales. A mí me hace pensar que la manera como las ciudades resuelvan la cuestión de la vivienda tendrá unas derivaciones macroeconómicas importantísimas en los próximos años.España es uno de los países ricos que dejan a la intemperie a la mitad de la población que no tiene acceso a una vivienda asequible. Es un estado rico en el sentido de que tiene empresas que acumulan muchas propiedades, pero con la paradoja de que tiene un patrimonio público menguante. Y en materia de vivienda, solo el 2% de las casas son patrimonio público.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maria Sisternas Tusell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/piketty-patrimonio-publico_129_5828827.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 11:50:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Exigencias a Vivienda Metrópolis Barcelona]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Ildefons Cerdà y sus amigos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ildefons-cerda-amigos_129_5828672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/a2d95c6a-8837-4058-b7a6-196628269cb2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Este viernes se cumplen 150 años de la muerte del ingeniero Ildefons Cerdà, creador del Ensanche de Barcelona y padre del urbanismo moderno. En nuestro torturado siglo XIX, encarnó el espíritu progresista ilustrado. Hay personas con una poderosa personalidad que marcan época. Cerdà, científico social y político, hombre de pensamiento y acción, fue una de ellas. Pero no estaba solo. Tuvo buenas influencias y buenos amigos, como el economista Laureà Figuerola, el higienista y humanista Felip Monlau y el geógrafo Pascual Madoz.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignasi Aragay]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ildefons-cerda-amigos_129_5828672.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 10:01:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vista aérea del ensanche de Barcelona]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El sentido de viajar]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/sentido-viajar_129_5828243.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/6edf99ff-77e2-43b4-8ac5-0922323bcde9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Pleno agosto, y muchos de nosotros estamos de vacaciones. Este artículo se escribe como quien envía un mensaje en una botella que lanza al mar: llegará que estaré en otra galaxia, si hay suerte. Espero, y lo digo a modo de presagio, que todo vaya bien. Cuesta no pensar que, si hace unos años, la pregunta en estas fechas trataba sobre el privilegio del turista (quién puede viajar y quién no), ahora la cuestión tiene más que ver con el sentido del acto (coger un avión y huir, ser testigo temporal de otra vida en un país que nos queda lejos) en tiempos de grave crisis climática. Es decir: en un momento en que velocidad y movilidad dejan de producir libertad y empiezan a provocar desigualdad.Se ha pensado muchísimo: el turista no busca solo conocer otras culturas, sino que también participa de una forma de consumo y de producción de autenticidad; el turismo como industria es una manera socialmente organizada de mirar y consumir lugares; las vacaciones funcionan como un alto el fuego transitorio del trabajo mediante una lógica de consumo encubierta en la estética del descanso. Como decía, antes nos preguntábamos quién podía disfrutar de esta suerte y ahora nos preguntamos, o deberíamos preguntarnos, quién paga las posibilidades de la movilidad de los demás. Lo sabemos bien aquí, en Cataluña, y sobre todo en Barcelona, en que el impacto del turismo, más allá de gentrificar los barrios, también afecta a su clima: es un error creer que el impacto de los turistas solo tiene que ver con una cuestión económica o de nivel de vida, y es que el turismo global es responsable del 8% de las emisiones globales de los gases de efecto invernadero, según un estudio de 2018 de Nature Climate Change. Quiero decir: este calor infernal también tiene que ver con esto.En cuanto a la gentrificación y a la transformación de las ciudades, dudo si existe un turismo amable, inocuo. Hace pocos días, vi a un catalán que, desde Shanghai, defendía la posibilidad de viajar de tal manera que no alterara el sistema económico del lugar. Sostenía que estar en contra de la gentrificación no implica dejar de viajar y apostaba por un turismo no gentrificador: ni pisos turísticos ni reservas por Booking. Otros lemas: recordarse a todas horas que uno es actor secundario de la cultura que visita; no querer que la ciudad se adapte a las propias necesidades, y tener clara cuál es la intención que te lleva a los lugares (es decir, no concebir la casa de los demás como un patio de escuela, como un parque de atracciones). No sé si con esto basta para no destruir los lugares que visitamos. Lo que está claro es que, en términos de huella ecológica, no hay resignificación posible.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pol Guasch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/sentido-viajar_129_5828243.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Aug 2026 16:02:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El incremento del turismo es una de las razones que explican la buena marcha de la economía catalana.]]></media:title>
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