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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Opinión]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Opinión]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[Estar en el gobierno no es tener el poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/gobierno-no_129_5815451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/5c4d1f51-8ad3-448a-9ffb-77b1cfe658d0_16-9-aspect-ratio_default_0_x1111y489.jpg" /></p><p>El poder es una hidra de Lerna, un dragón de diversas cabezas. Una parte del poder se concreta en instituciones formales, pero hay centros que tienen como mayor fortaleza precisamente su carácter informal. La división de poderes de Montesquieu, que es el esquema de equilibrios y control que predomina en las cada vez más desgastadas democracias modernas, no contiene, ni de lejos, los ámbitos de influencia y de decisión que intervienen en la economía, la política o la sociedad. Aunque en el mundo libre, abierto y democrático pensemos en la preeminencia de lo político, lo cierto es que en este ámbito, aunque se tiende a sobreactuar, en realidad los excesos verbales son una demostración de debilidad e impotencia. El poder, cuando es real y auténtico, tiende a ser poco ruidoso y a moverse en una cierta clandestinidad. Cuando la opacidad supera lo evidente, estaremos ante una sociedad que ha perdido el valor de la transparencia y donde impera el reino de la ocultación.Las organizaciones políticas, los líderes, pierden toda credibilidad en la medida en que ostentan el gobierno, pero gobiernan entre poco y muy poco, ya sea por incapacidad o por el bloqueo que hace la oposición, que puede ser política de forma estridente, pero que puede ir acompañada del poder judicial empoderado, de los sectores económicos que quieren políticas más benévolas o bien de unos medios de comunicación predominantemente en contra de quien dispone formalmente del gobierno. En España, decir que Pedro Sánchez ostenta el poder sería una falacia. Ha tomado decisiones sociales y económicas muy valientes, pero no puede aprobar presupuestos, y los teóricos aliados en el Congreso le hacen decaer las grandes iniciativas legislativas. Al mismo tiempo, los órganos del poder judicial le demuestran —día sí, día también— quién manda de verdad.Los grandes poderes económicos se expresan en el palco del Bernabéu o en los diarios pidiendo rebaja de impuestos y una mayor liberalización económica, especialmente de los servicios públicos. Mientras tanto, los obispos denigran a la izquierda gobernante desde el púlpito y los pseudomedios llenan el espacio comunicativo de descalificaciones, mentiras y medias verdades. El electorado de izquierdas que no cae en el relato ficcionado del <em>antisanchismo</em>, sabe que está en modo "resistencia" y que se bloquean sus políticas mientras recibe un ataque despiadado de una justicia que ya lo es todo, menos justa. Quien gobierna no tiene el poder, no dispone de la hegemonía en el sentido gramsciano: es un masovero que se quiere desahuciar, ya sea de forma civil o criminal.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep Burgaya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/gobierno-no_129_5815451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2026 19:02:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, durante su visita a Argelia.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[En manos de Mohamed VI]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/manos-mohamed-vi_129_5815447.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/9da18eb4-499c-4c7b-bdf5-dfd46aba8675_16-9-aspect-ratio_default_0_x873y505.jpg" /></p><p>Es oportuno recordar que Marruecos, como régimen político, es una monarquía autoritaria –una dictadura– y que el monarca actual, Mohamed VI, además de un millonario excéntrico, también ha demostrado ser un tiburón de los negocios, mucho más ambicioso y avaricioso, y también más hábil, que su padre, Hassan II, un vividor que se entendía de maravilla con Juan Carlos I. Mohamed VI (y ahora también su heredero, Mulai Hassan, que cada día asume más cotas de poder, debido a las ausencias y los problemas de salud de su padre) ha ido a lo suyo, y posee una fortuna que Forbes calcula que es de más de 5.000 millones de euros, la primera de Marruecos y la quinta del continente africano. El monarca alauita es más rico, por ejemplo, que el británico. Solo en lo que respecta a residencias oficiales conocidas, Mohamed VI es dueño de doce palacios con más de mil sirvientes que cuestan más de un millón de euros cada día. No hace falta decir que esto solo son, desde su perspectiva, simples gastos corrientes. Con todo esto se quiere decir que hablamos de un régimen profundamente corrupto que tiene intención de perpetuarse. Una estirpe real de la que pende el vasto y poderoso fondo de inversión Al Mada, que controla sectores clave como la banca, la minería, la agricultura, las telecomunicaciones y la distribución.El régimen alauí utiliza los recursos de su país en beneficio propio, comenzando por su situación geoestratégica y por la misma población marroquí (más de ochenta muertos en esta última crisis en Ceuta). Conviene no olvidar que las maniobras geopolíticas de este régimen van directamente ligadas al enriquecimiento de la familia real y de su extensa red de socios, cómplices, propagandistas y aduladores. Por ello, como ha recordado Tesh Sidi (diputada de Sumar nacida en un campo de refugiados saharauis), las crisis migratorias como la actual o como la de 2021 no se pueden entender sin la triangulación de intereses entre Marruecos, Israel y los EE. UU. Con España haciendo el papel de comparsa que va de la colonización al reconocimiento del plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental, el momento más duro y más bajo de la política exterior de Pedro Sánchez.Aún más duro y más bajo porque no ha servido para nada. Marruecos continúa utilizando las crisis migratorias como herramienta para desestabilizar Europa a través de España cada vez que conviene, lo que refuerza los discursos xenófobos o populistas como los que propugnan Vox y, a su manera, el PP. Basta con ver una entrevista reciente a Abascal en la que subraya que Marruecos “no es el enemigo”, al revés de lo que ha predicado tradicionalmente. ¿Soluciones? Pocas. Como ha dicho el diplomático Joan Manuel López Nadal, una posibilidad que tiene el estado español, a la larga, es descolonizar Ceuta y Melilla (y pedir, a cambio, la descolonización del Sáhara por parte de Marruecos), pero eso, efectivamente, ya serían palabras mayores. ¿Una lección? Como escribía Cristina Mas en <a href="https://es.ara.cat/internacional/africa/crisis-migratoria-oportuna_129_5813338.html" >un análisis en este diario</a>, “hace mucho tiempo que sabemos que no es buena idea subcontratar un régimen sin garantías democráticas para vigilar tus fronteras, y ahora se vuelve a demostrar”.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastià Alzamora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/manos-mohamed-vi_129_5815447.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2026 19:01:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un inmigrante besa la arena de la playa de Ceuta después de llegar nadando, el jueves 30 de julio.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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    <item>
      <title><![CDATA[Todos creemos que los demás nos miran]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/creemos-miran_129_5813780.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/4b2588cc-211a-434f-909c-d9ee62e11705_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>En agosto voy a apartarme durante cuatro semanas de los asuntos económicos habituales. Hablaré de conducta: de esas pequeñas rarezas de nuestra mente que influyen en cómo compramos, trabajamos, discutimos, elegimos y gastamos. ¡Me encanta el análisis de la conducta humana! Por eso me gusta tanto la economía, de hecho. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando Trias de Bes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/creemos-miran_129_5813780.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2026 19:00:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dos turistas haciéndose una selfie delante de La Sagrada Familia.]]></media:title>
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      <title><![CDATA[¿Jaume I existió?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/jaume-existio_129_5815274.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/35e02c42-e5db-4f8d-b76f-16f6f5107286_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>El otro día hubo una confusión de órdago. Había gente que creía que era un nombre de calle. Otros un pastelero exiliado que se inventó la ensaimada. Incluso un sector defendía que era producto de la IA. Con el tiempo todo se sabe. 27 de julio: hace 750 años que murió Jaime I, nuestro rey. Porque aquí teníamos reyes, príncipes, condes, caballeros, ponis… No sabemos nada. Normal. Jaime no debía existir. Es un error.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francesc Canosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/jaume-existio_129_5815274.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2026 16:30:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Retrato imaginario de Jaime I, obra de Mateo y Gonzalo Peris (1427).]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Antes de que lleguen]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/lleguen_129_5814840.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/310f8f63-5b9a-445e-b4ea-fd6b5bab3d9e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La lección más inquietante de los libros de Antonio Scurati sobre el fascismo es que no se impuso solo por la fuerza. Los totalitarismos no son la victoria de unos fanáticos sobre una sociedad inocente corrompida por la ambición de un líder. Fue también una suma de miedos, renuncias, oportunismos y complicidades. Una democracia cansada dejó de defenderse; unas élites creyeron que podrían utilizar a Mussolini; una parte de la sociedad aceptó la violencia a cambio de orden. Se dejó seducir.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Vera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/lleguen_129_5814840.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Aug 2026 18:25:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Antes de que lleguen]]></media:title>
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      <title><![CDATA[PISA: el problema no es el porcentaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/pisa-problema-no-porcentaje_129_5814660.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/73448bf6-8e92-4167-aeb1-14c766949fa4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Ningún indicador explica toda la realidad: el PIB no resume el bienestar de un país; el paro no describe todo el mercado de trabajo. Pero nadie dejaría de medir el paro porque es una estadística imperfecta. El valor de un indicador no es ser perfecto, sino permitirnos ver si avanzamos o retrocedemos, y, a partir de aquí, decidir. Por eso, las herramientas que miden la realidad son una infraestructura de gobierno. Las pruebas PISA son una de ellas. Y esta semana hemos sabido que <a href="https://es.ara.cat/opinion/crisis-pisa-crisis-educativa_129_5808967.html">Cataluña ha perdido la posibilidad de comparar sus resultados de 2025</a> con los de otros países y los del pasado.PISA tiene limitaciones conocidas. Ni mide todo lo que importa en la escuela ni todo lo que mide depende exclusivamente de lo que saben los alumnos. Pero estas limitaciones no anulan el valor de la comparación. Precisamente porque se mantienen estables de una edición a otra, el valor de PISA no es la fotografía de un año, sino poder saber si un sistema educativo mejora o empeora con el paso del tiempo. Y una tendencia solo se puede interpretar si todas las fotografías se han hecho con el mismo criterio.Pues bien, esta vez la comparabilidad ha saltado por los aires. La OCDE permite excluir a algunos alumnos en situaciones muy concretas, como determinadas discapacidades o una incorporación muy reciente sin dominio de la lengua, pero fija un techo: como máximo, un 5%. En Cataluña se han excluido el 23%, casi cinco veces más. Pero la irregularidad no es excluir a nadie; lo que rompe la muestra es haberlo hecho masivamente y sin que nadie lo comprobara. No hace falta mala fe: <a href="https://es.ara.cat/sociedad/educacion/no-educacion-descuidado-acompanamiento-centros-participan-pisa_128_5811547.html">basta con no vigilar</a>. Y el resultado es que Cataluña ha perdido precisamente aquello que hacía valiosa la prueba: la posibilidad de compararse con rigor con su pasado y con los demás.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elena Costas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/pisa-problema-no-porcentaje_129_5814660.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Aug 2026 16:01:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Estudiantes de secundaria del Institut Escola Arts, de Barcelona. PERE VIRGILI]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Ceuta no es una excepción: gobernar a golpes de frontera]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ceuta-no-excepcion-gobernar-golpes-frontera_129_5814658.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/a73e3c22-e503-45fb-8b0d-ea1b42caf24f_16-9-aspect-ratio_default_0_x673y385.jpg" /></p><p>Las imágenes de Ceuta repiten una escena conocida: cuerpos exhaustos que salen del agua, dispositivos policiales desbordados, titulares que hablan de “oleada” y de “emergencia”. Para quien solo mira la frontera cuando llega a las pantallas, puede parecer un episodio excepcional. Para quien conoce las trayectorias de las personas que llegan, es la expresión concentrada de un sistema estable: un régimen de movilidad que convierte el Mediterráneo y el Tarajal en un filtro de clase, origen y raza.La metáfora de la “ola” no es inocente. Presenta personas como un fenómeno natural amenazador –una masa que hay que contener– y borra rostros, biografías individuales y colectivas, y motivos. Una ola no tiene nombre ni proyecto; solo tiene volumen y dirección. Este lenguaje prepara una respuesta política determinada: si lo que llega es una fuerza despersonalizada y despolitizada, la respuesta imaginable ya no es la acogida ni la garantía de derechos, sino la excepción, la contención y el cierre. La violencia aparece, así, como una reacción casi natural.Pero en la frontera no hay fenómenos naturales: hay decisiones políticas. Hace décadas que se combina el cierre de vías legales y seguras, la externalización del control migratorio a países vecinos y unas desigualdades globales que facilitan la movilidad de unos e inmovilizan la de otros. Cuando se abre una rendija —un cambio en la vigilancia marroquí o una crisis diplomática—, un movimiento que ya existía se concentra y se hace visible. Entonces lo llamamos “crisis”.La frontera funciona como una válvula política. Se abre y se cierra según correlaciones de fuerza que raramente tienen que ver con las vidas concretas de las personas que llegan. En 2021, la presencia o ausencia de la policía marroquí en Ceuta no fue solo una cuestión técnica de vigilancia, sino también un instrumento de presión diplomática. Reducirlo todo a las “mafias” o al “efecto llamada” evita la pregunta esencial: ¿quién puede regular la porosidad de esta frontera, y con qué intereses?</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mostafà Shaimi]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Aug 2026 16:01:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Imágenes de la entrada ilegal a Ceuta de decenas de migrantes provenientes de la costa marroquí]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pocas mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/mujeres_129_5814656.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/e530048e-7272-4f36-89d5-403cec5479d7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Ayer una foto, y hoy, otra. Jóvenes, de entre catorce y veinte años –yo diría, adolescentes–, todos en el agua, de pie, llegando a la playa, ya tocando la arena. Todos van con peinados a la moda, de esos de dos capas, como los de los futbolistas. La mayoría van sin camiseta y muestran cuerpos delgados y fibrados. Los que sí que llevan una la han “decidida”. Son camisetas (mojadas, claro) con un dibujo, un lema, una foto. “Si muero, que me encuentren bien vestido”, deben haber pensado. Hay uno que lleva una con el logotipo de los Lakers. Otro, la equipación del Real Madrid. Algunos todavía llevan el neumático puesto, que les decíamos ayer. Un neumático que quiere ser de broma: la imitación de la rueda de un camión. Dos de ellos, y es curioso, llevan las chanclas en las manos, puestas como si las manos fueran pies. Quizás les ayudaban a nadar. Quizás las querían conservar, fuera como fuera, para no ir descalzos por la ciudad cuando llegaran. “¡Esto es muy importante; los zapatos os salvarán de la policía!”, les debieron decir los de las mafias. Hay uno que lleva el móvil en la mano y parece que esté haciendo una foto. Quizás lo mantuvo bien alto todo el rato o lo protegió con papel de plata. El móvil nos muestra Europa hecha <em>reel</em>, pero también es la conexión con los que se han quedado.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Empar Moliner]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Aug 2026 16:00:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jóvenes marroquíes cruzando la valla entre Marruecos y Ceuta]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Ceuta: la escenificación del caos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ceuta-escenificacion-caos_129_5814444.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/6c0b02f3-04b8-4251-871d-04a5feffc8e3_16-9-aspect-ratio_default_0_x781y416.jpg" /></p><p>Las imágenes sobre Ceuta se repiten una vez más. Muestran miles de jóvenes llegando por mar, exhaustos, pero también familias y, hasta, bebés. Vemos cómo la Guardia Civil es incapaz de hacer nada, paralizada ante lo que la mayoría de medios de comunicación no dudan en tildar de “avalancha”. Más allá de la playa, sabemos de centros de acogida desbordados y de cientos de personas durmiendo a la intemperie. Llegan también imágenes de tiendas cerradas, de una ciudad completamente paralizada.En este contexto, Ceuta pide la declaración de emergencia nacional mientras el gobierno español sigue elogiando la "ejemplar colaboración" marroquí y el gobierno marroquí calla. Todo ello un <em>déjà-vu</em>. Parece mentira cómo la escenificación del caos puede seguir una pauta tan precisa.Pero donde hay que poner la mirada es en las causas y las consecuencias de esta teatralización. Entre las causas, lo que lo hace posible es la disposición de miles de jóvenes a saltar al otro lado en cualquier momento. Muchos de ellos no avisan a sus familias más que cuando ya han llegado. Algunos vienen de lejos. Están dispuestos a dejarlo todo porque en el fondo sienten que no dejan nada. Una parte no trabajan ni estudian. Otra son jóvenes con estudios pero con pocas perspectivas de futuro.Sus demandas quedaron claras con las movilizaciones de la llamada “Gen Z” durante el otoño del 2025, que denunciaban el deterioro de los servicios públicos (especialmente la sanidad y la educación), el paro juvenil y la corrupción. Como recuerda el politólogo búlgaro Ivan Krastev, “cuando no puedes cambiar el gobierno, cambias de geografía”.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Blanca Garcés Mascareñas]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Aug 2026 08:01:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Personas regresando a Marruecos desde Ceuta, este viernes.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cerdo de la Odisea]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cerdo-odisea_129_5814071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/8f896191-963f-4d6e-b9c3-d5a27f381c09_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>John Stuart Mill aseguró en <em>El utilitarismo</em> que “es mejor ser un hombre insatisfecho que un cerdo satisfecho”. A su parecer, ningún ser humano mínimamente sensato querría cambiar la complejidad de su vida por la vida lineal de un imbécil feliz. ¿Pero estamos seguros? Plutarco nos responde con una obra dedicada a Grilo, un marinero de Ulises que, después de experimentar la vida humana y la porcina, consideró del todo preferible la segunda.Cuando Ulises llegó a la isla de Eea, visitó a la maga Circe acompañado de la mitad de la tripulación. Circe los invitó a un banquete, pero embrujó la comida y convirtió a los comensales en cerdos... Salvo el reticente Ulises, que intuyó alguna maldad. Al ver a sus marineros metamorfoseados, rogó a Circe que les devolviera la forma humana.—¿Estás seguro —le preguntó la maga— de que querrá rehumanizarse quien sabe qué significa ser animal?El cerdo que había sido el marinero Gril·lus se resistió con firmeza. Había descubierto que era más cómodo vivir de los bienes de la naturaleza generosa que afanarse en los trabajos de los humanos en la áspera Ítaca. Los animales, decía, viven rodeados de lo que necesitan, mientras que el hombre, insaciable, no deja de trabajar. Además, los animales no usan ni trucos ni engaños cuando se pelean. Tampoco necesitan permanecer continuamente ocupados con deseos superfluos. Son más frugales y moderados.—Has de saber, Ulises —continuó Grilo—, que todos nosotros, lejos de considerarnos inferiores a ti, te despreciamos, porque, evidentemente, es falso lo que se dice de tu astucia. Rechazas a ojos cerrados la posibilidad de llegar a ser un ser mejor de lo que eres. Te comportas como un niño, pero mientras te acuestas con Circe tiemblas de miedo, y temes despertarte convertido en cerdo, en lobo o vete a saber en qué. Y a nosotros, que tenemos todas las necesidades satisfechas, nos quieres convencer de que abandonemos lo que tenemos y nos embarquemos contigo recuperando la condición de marineros expuestos a todos los peligros. El hombre es la más fatigosa y desdichada de todas las criaturas.—Me parece, Grilo, que la metamorfosis que has sufrido, además de arruinar tu figura, te ha perturbado la razón, porque la tienes llena de opiniones absurdas y desatinadas.—Más te valdría dejar de insultar y empezar a dialogar, si quieres entender por qué, después de haber experimentado los dos géneros de vida, preferimos el porcino.Fénelon dedica a Grilo uno de sus <em>Dialogues des morts</em>, titulado, precisamente, <em>Ulysse et Grillus</em>. Lo que viene a decirnos es que a Grilo le sobran argumentos para permanecer empedernido: "Encuentro comida por doquier, incluso en los lugares menos deseables. Los abogados y las guerras, y todos los demás problemas de la vida, no significan nada para mí. No necesito cocinero, ni barbero, ni sastre ni arquitecto. Soy libre y puedo satisfacer mis deseos a muy bajo coste. ¿Por qué debería recuperar el montón de las necesidades humanas? La patria de un cerdo es donde hay bellotas. No me hables más de razón, porque si miras la vida de los hombres, no ves más que locura. ¿No es mejor ser estúpido que un necio malvado? Me estimo mucho más ser un cerdo grande y gordo, satisfecho con mi inmundicia, que un hombre débil, vanidoso, frívolo, astuto, engañoso e injusto, que espera ser, después de su muerte, una triste sombra y un fantasma insatisfecho con su condición".También un filósofo notable, Pirrón, encontró tan envidiable la vida porcina que la puso como ejemplo de la vida filosófica exitosa. En el transcurso de una travesía en barco que hacía con sus discípulos se desató una gran tormenta que atemorizó a todo el pasaje, a excepción del mismo Pirrón y de un cerdo, que la vivía con una imperturbabilidad de ánimo muy poco común entre los hombres.—Así, imperturbable, ha de permanecer el sabio ante los peligros —dijo Pirrón.Comentando esta anécdota, se pregunta Montaigne: “¿Tendremos que concluir que esta ventaja de la razón, de la cual nos sentimos tan satisfechos y gracias a la cual nos consideramos amos y emperadores del resto de las criaturas, se nos ha concedido para atormentarnos?”Cerramos esta <em>minima moralia</em> porcina con Fosco Maraini. En el libro <em>Secret Tibet</em> asegura que, como la regla de una comunidad de monjes solo permitía comer carne de animal marino, decidieron rebautizar el cerdo como <em>ballena silvestre</em> y pudieron comer embutidos sin escrúpulos, lo cual hace pensar que, a menudo, los humanos observamos nuestros animales de granja como una despensa viva. De hecho, otro filósofo, Crisipo, sostiene que los dioses pusieron un alma a los cerdos para preservar su carne, como si fuera sal, porque el cerdo, añade, nace para ser sacrificado.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gregorio Luri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cerdo-odisea_129_5814071.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 16:31:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Imagen de archivo de cerdos a una granja de Ventalló]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Encogerlo y pintarlo de rosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/encogerlo-pintarlo-rosa_129_5814069.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/9b955465-40aa-40f0-ab17-4a7203f6f17f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hay zapatos que duelen desde el primer día. Siempre nos han dicho que es normal: "Ya se darán". Pero, ¿y si el problema no fuera el pie ni el zapato, sino que nunca se hubiera diseñado pensando en aquel pie?La diseñadora Karen Korellis Reuther, docente del máster en ingeniería del diseño en la universidad de Harvard y exdirectiva creativa de Nike y Reebok, ha hecho de esta pregunta el hilo conductor de su libro <em>Man-made: How we designed a world that leaves women out, and how we can make it right</em> [Hecho por hombres: cómo hemos diseñado un mundo que deja fuera a las mujeres y cómo podemos solucionarlo]. En él hace patente que el mundo se ha diseñado mayoritariamente para hombres y por hombres.En los Estados Unidos, recuerda Reuther, solo son mujeres el 18% de los diseñadores de producto en activo, el 25% de los arquitectos colegiados y cerca del 12% de los ingenieros mecánicos. Quién diseña los objetos que usamos, los edificios donde vivimos o las tecnologías que utilizamos condiciona, inevitablemente, cómo los experimentamos.Durante décadas, la respuesta de la industria se resumió en una fórmula: <em>shrink it and pink it</em>. Hacer el producto masculino más pequeño y pintarlo de rosa. En resumen, marketing disfrazado de innovación.Pero las mujeres no son hombres en miniatura. Los pies femeninos, explica la autora, suelen ser más triangulares (antepié ancho y talón estrecho), mientras que la mayoría de calzado deportivo se diseña todavía sobre un pie masculino, más rectangular. Reducir la talla no lo resuelve y puede provocar lesiones.La misma lógica se ha aplicado a los maniquíes de las pruebas de choque. No eran cuerpos femeninos: eran cuerpos masculinos reducidos de altura. Y una mujer tiene una musculatura cervical, un esternón y una pelvis diferentes. No probar esta biomecánica, como dice Reuther, puede ser muy perjudicial. Cuando el patrón es erróneo, el riesgo también lo es.Reuther señala que la definición de "media" se basa en medidas masculinas de los años setenta, y los datos de hoy todavía las arrastran. Hay que acabar, dice, con una idea de media que nunca incluyó a las mujeres.Como investigadora en salud, no puedo estar más de acuerdo. Hemos aprendido que la medicina basada en la evidencia es el mejor camino para decidir. Pero también que la evidencia solo es tan buena como los datos que la sustentan. Si los datos no representan a toda la población, tampoco lo harán los algoritmos, ni las herramientas digitales ni la inteligencia artificial que entrenamos con ellas.Quizás el reto del siglo XXI no es una tecnología más potente, sino más consciente de la diversidad humana. Reuther propone ir más allá del "diseño universal" y apostar por un "diseño intencional". Diseñar sabiendo que nuestros cuerpos y nuestras necesidades no son iguales y que la tecnología actual nos permite tenerlo en cuenta desde el primer esbozo.Es una idea que va más allá del diseño y apunta al liderazgo. De quién se sienta a la mesa cuando se decide qué investigamos, qué construimos y para quién. Porque la diversidad no es una concesión: es una condición para innovar mejor.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Aymerich]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/encogerlo-pintarlo-rosa_129_5814069.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 16:30:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los maniquíes: la moda invisible]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lógica de la escudella]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/logica-escudella_129_5814058.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/261c04dd-69d8-4e42-9e09-44ad0656cce9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p><strong>1.</strong> Cojo la R11 para hacer el trayecto Barcelona-Girona. Voy en tren si no me hace falta ser puntual. Tengo que reconocer que los trenes son bastante regulares; eso sí, solo en los retrasos y las incidencias que sufren. Cuando no es un socavón es un robo de cobre; si no es una huelga, es un accidente. Las personas que esperan conmigo en el andén (usuarios regulares) ya no se quejan. Han tirado la toalla. Nos vamos convirtiendo, poco a poco pero sin desfallecer, en un pueblo resignado.Aceptamos con deportividad las listas de espera para ir al especialista. Si podemos, nos pagamos una mutua, pero también en la privada la presión asistencial es fuerte. Si tenemos que hacer alguna gestión con la administración –renovar el DNI, regularizar la residencia, hacernos el pasaporte o tramitar una pensión–, concertar una cita es una pesadilla. ¡Pero qué le vamos a hacer! ¡Las cosas son así!<strong>2.</strong> La entrada a Barcelona entre las 7 y las 9 de la mañana es terrorífica, pero a los catalanes nada nos da miedo. Los habituales, impasibles tras el volante, ya no pierden los nervios: aguantan civilizadamente las colas. Resignación. Mejor mantener la calma, que una maniobra inapropiada acabará en una multa. Cuando la recibas, si quieres pagarla a través de tu banco en línea, tendrás que copiar unos números minúsculos, apretados bajo un código de barras, que solo se pueden leer con una lupa de 20 aumentos. Resignación.<strong>3.</strong> En la estación de Girona, la parada de los convoyes está en un viaducto levantado sobre casas y calles, con una marquesina de hormigón que, supuestamente, te protege de las inclemencias del tiempo. Quien la diseñó se cubrió de gloria. Ahora, en verano, da sombra, sí, pero... siempre fuera del andén. Es imposible ponerse a resguardo de los rayos tórrido de un sol hirviente y salvaje.En la estación de Paseo de Gracia las cosas no son mejores. En lugar de bancos o sillas, hay una estructura de dos tubos de aluminio enganchados horizontalmente a la pared para apoyarse: están diseñados de tal manera que, quien los usa, no está ni sentado ni de pie. Pasados unos minutos, te duele todo.<strong>4.</strong> La grandeza de un país se mide también por el amor que se pone en hacer equipamientos y servicios de uso público. La primera condición, claro está, es que satisfagan la función para la cual han sido creados: las marquesinas deberían dar sombra, en las sillas te has de poder sentar, los códigos numéricos se han de poder leer. Pero la segunda es que sean agradables, que no echen atrás. Que estén bien diseñados y bien mantenidos. De esto se llama <em>gestión</em>.Las cosas se estropean. Envejecen. Se gastan y se estropean. La política efectiva, aquella que se dirige a mejorar la vida de la gente, tiene un primer mandamiento que debería estar grabado en una placa en las paredes de todas las consejerías y gobiernos: antes que nada, no empeores las cosas. <em>Gestión, gestión, gestión</em>. Para saber cuánto tiempo lleva un servicio funcionando mal, solo mira el nivel de resignación del usuario. <strong>5.</strong> Voy a Girona a cenar con un buen amigo. Cataluña tiene restaurantes para elegir y remover; algunos, clasificados entre los mejores del mundo, están en Girona. En muchos de estos establecimientos no puedes elegir lo que comes, y cada vez menos –la servidumbre de los maridajes– lo que bebes. La justificación: lo que vives en estas ocasiones es una experiencia única.Estos días se puede ver en los cines <em>La Odisea</em>. He leído que el director la ha rodado pensando en un sistema de proyección solo disponible en 41 salas del mundo. Ninguna de ellas en Cataluña. La lógica de este cine es la misma que la de la alta cocina contemporánea, o de tantas otras cosas: lanzarse en paracaídas, invertir en criptomonedas o hipnotizarse con <em>reels</em>.<strong>6.</strong> Es la lógica de una supuesta gratificación instantánea, intensa e irrepetible. La del ravioli de yuzu cristalizado con emulsión de melanosporum. La de las explosiones sensoriales, las declaraciones bombásticas, la ganancia sin esfuerzo, las descargas de adrenalina, o las grandes operaciones colectivas que prometen redimir a un país entero.Ante esta lógica del instante único, quiero reivindicar el valor de la experiencia repetida. La lógica del cocido, podríamos decir. El sedimento de las cosas ordinarias y buenas; maneras de hacer y de ser, objetos, equipamientos o recetas que, como los refranes, representan el precipitado más valioso de una cultura, de una tradición y de la identidad de un país. Mantener amorosamente, con respeto y admiración, la cocina de la madre o del padre no está tan lejos de mantener, con el mismo amor, respeto y responsabilidad, los servicios que vertebran un país.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jaume Giró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/logica-escudella_129_5814058.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 16:25:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una olla con escudilla y carne de olla.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nadar hasta la teórica Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/nadar-teorica-europa_129_5814056.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/6b4c3f79-7dfb-4eb9-a9bd-25b375ae4bc2_16-9-aspect-ratio_default_0_x654y330.jpg" /></p><p>Decenas de miles de personas, dice el ministerio del Interior, han nadado la distancia que separa una orilla y la otra de la frontera y han conseguido llegar a Ceuta, la teórica Europa. De entre todos, decenas se han ahogado. Que hacer kilómetros nadando es peligroso te lo dice hasta la inteligencia artificial, que te da siempre la razón.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Empar Moliner]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/nadar-teorica-europa_129_5814056.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 16:23:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un joven llegando por mar a Ceuta, el 31 de julio de 2026.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[50.000 años dominando el fuego]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/50-000-anos-dominando-fuego_129_5813675.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/150eb890-bdf2-40ce-9f4a-d9a48df73c56_16-9-aspect-ratio_default_0.png" /></p><p>Hay discusión sobre cuándo comenzó el dominio humano del fuego. Durante cientos de miles de años solo hubo llamas a causa de los incendios naturales producidos por rayos o volcanes. Pero llegó un día en que nuestros antepasados fueron capaces de coger el fuego de la naturaleza y mantenerlo y transportarlo, aunque todavía no de producirlo. Esta semiapropiación debió ocurrir hace entre un millón y 790.000 años. Los científicos no se ponen de acuerdo. Quizás alguien recuerda la hipnótica película <em>En busca del fuego </em>(1981), de Jean-Jacques Annaud<em>.</em>El dominio de verdad –la generación de fuego frotando madera o golpeando piedras– entró de lleno en las sociedades humanas hace 50.000 años. Es mucho y no es tanto. Fue una fabulosa revolución tecnológica. Desde entonces, hemos podido cocinar –y mejorar mucho nuestra alimentación–, calentarnos, iluminarnos de noche, protegernos mejor de toda clase de bestias y enemigos, forjar metal... También guerrear más crudamente entre nosotros.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignasi Aragay]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/50-000-anos-dominando-fuego_129_5813675.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 10:00:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un incendio forestal]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ceuta: los jóvenes y la frontera]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ceuta-jovenes-frontera_129_5813636.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/858acb0f-2961-488d-8048-39c2ae3140f4_16-9-aspect-ratio_default_0_x827y610.jpg" /></p><p>Con mi pasaporte español puedo ir a Marruecos siempre que quiera. Cojo un avión, aterrizo en Marrakech, en Tánger, en Casablanca, en Essaouira o en el desierto, entro, salgo y vuelvo a casa sin pensarlo mucho. Como tantos otros europeos, disfruto del <em>charme</em> de Marruecos, de su luz, de la gastronomía, de la sensualidad de sus calles, de la amabilidad de su gente. Hago fotografías, compro especias, libros o alfombras y, cuando se acaban los días de vacaciones, vuelvo a Barcelona.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Saïd El Kadaoui Moussaoui]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/ceuta-jovenes-frontera_129_5813636.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 09:17:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un grupo de jóvenes migrantes al lado del paso fronterizo de Tarajal, en Ceuta, hoy viernes 31 de julio.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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    <item>
      <title><![CDATA['Terminator': un cíborg que busca en la guía telefónica]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/terminator-ciborg-busca-guia-telefonica_129_5813380.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/89e0ce8e-902d-4d3c-a0de-9c325ab93f41_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hay muchas películas que no he visto. Para que os hagáis una idea de la magnitud de la tragedia, hasta el confinamiento no había visto <em>Dirty Dancing</em> (qué maravilla) ni <em>Pretty Woman</em>. He querido aprovechar esta serie de artículos para llenar de manera eficaz algunas de mis lagunas cinematográficas. En una época de oferta audiovisual masiva y atomización absoluta de los canales, yo curo mi <em>FOMO</em> en diferido. Esta semana he visto <em>Terminator</em> por primera vez y estos son mis apuntes:</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maria Rovira (Oye Sherman)]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/terminator-ciborg-busca-guia-telefonica_129_5813380.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 05:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Imagen de la película.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La inclusión que excluye]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/pisa-inclusion-excluye_129_5813127.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/80f20363-27e7-403b-a319-6ecc943c3dfe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>El fiasco catalán de PISA no es solo un error estadístico. Es una paradoja educativa. Cuando casi uno de cada cuatro alumnos seleccionados queda fuera de una prueba que debe retratar el sistema, el problema no es únicamente que la muestra deje de ser fiable. El problema es qué revela esta exclusión sobre nuestra manera de entender la inclusión.Una escuela inclusiva no puede demostrar su inclusión excluyendo de la evaluación a los alumnos que más revelan sus límites.Cataluña hace años que participa en PISA, y la Administración conocía los criterios, el procedimiento y la importancia de preservar la representatividad de la muestra. No basta con hablar de una confusión: hay que explicar por qué ningún mecanismo de control detuvo una desviación de esta magnitud.  Hay, naturalmente, casos excepcionales en que un alumno no puede hacer una prueba como PISA en condiciones válidas. Pero cuando la excepción se extiende hasta dejar fuera casi una cuarta parte de la muestra, ya no hablamos solo de un problema técnico. Hablamos de un diagnóstico que ha dejado de representar las aulas que pretendía evaluar.Los alumnos con dificultades cognitivas, emocionales, conductuales o lingüísticas no son una anomalía del sistema. Son el sistema. No podemos considerarlos plenamente incluidos si dejan de contar cuando evaluamos qué consigue la escuela. Aquí aparece una confusión habitual: identificar inclusión con protección. Proteger a un alumno de una situación que realmente no puede afrontar puede ser necesario. Pero interpretar demasiado ampliamente las dificultades como un motivo para no evaluarlo es otra cosa. Puede parecer compasivo, pero puede reducir las expectativas y evitar la pregunta más incómoda: ¿qué ha aprendido este alumno y qué no ha sabido ofrecerle el sistema? Dejar de preguntar no es incluir. Aquello que no se evalúa no desaparece. Simplemente deja de interpelarnos. Si los alumnos más vulnerables quedan fuera de la muestra, la fotografía puede resultar más cómoda, pero es menos honesta. Ya no explica qué está haciendo la escuela con el conjunto del alumnado, sino solo con aquellos que hemos considerado más fácilmente evaluables.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Àlex Miró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/pisa-inclusion-excluye_129_5813127.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jul 2026 16:15:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Estudiantes en clase]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Colaboradores y arrepentidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/colaboradores-arrepentidos_129_5813107.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/3b4eb62d-f4f7-4b3d-aeb4-4c7ef9d2a942_16-9-aspect-ratio_default_0_x998y189.jpg" /></p><p>Cada modelo organizativo, cada “nosotros” –empresarial, familiar, gastronómico– tiene una dinámica y unos instrumentos propios. La corrupción pública forma un triángulo con tres vértices: el político, el técnico y el empresarial. Las sentencias condenatorias suelen centrarse en el primer ángulo y acostumbran a ignorar las otras dos puntas de la horquilla. Pero sin funcionarios que vistan el negocio de pulcritud administrativa y sin proveedores, intermediarios o consejeros, el negocio no marcharía. En la corrupción corporativa, tampoco es frecuente que se llegue al meollo, más allá del directivo codicioso, el jurista complaciente o el auditor interno poco atento. Ciertamente, siempre tiene que haber alguien de servicio, en la cocina y en la sala, a punto para emplatar o llenar la copa; pero cuesta creer que la cúpula nunca sepa nada. En el caso del BBVA, irá a juicio –a raíz de los encargos ilegales al comisario Villarejo–, además del jefe de seguridad, el de la asesoría jurídica y el responsable de riesgos, su <em>principal</em>. Y, aún más infrecuente, la propia entidad como persona jurídica. Que nadie se asuste, porque a pesar de peticiones fiscales rigurosas, ninguno de los directivos implicados ha pisado la cárcel; tampoco el expresidente acusado, que pasa el trance en los refugios estivales de Mallorca y Marbella. Las fianzas impuestas, hasta ahora, o la multa para el banco, si fuera condenado, son una nimiedad para economías holgadas. No exagero: la entidad ha batido el récord de beneficios en 2025 y repartirá un dividendo de más de 5.200 millones. Repsol o Caixabank ni se sentaron en el banquillo <a href="https://es.ara.cat/economia/audiencia-nacional-absuelve-villarejo-trabajos-espionaje-repsol-caixabank_25_5588168.html">por hechos equivalentes</a>, como premio a la diligencia observada, ni asumieron la responsabilidad civil subsidiaria, por la renuncia de los perjudicados.La sentencia del caso Ábalos también es para enmarcar, como hacen muchos comensales con las cartas míticas de los restaurantes estrellados. De los funcionarios no dice ni pío, como si los arreglos corruptos no se manipularan sino que se despacharan en un autoservicio. Pero lo más llamativo es la desproporción entre la condena del político y la del empresario. El tribunal no ve ninguna trident con responsabilidad compartida, sino un punzón de entachar. <em>El que pueda hablar, que hable…</em>,<em> </em>que le saldrá gratis. Parece que la invitación tendrá efecto, visto el debut del empresario <em>Julito</em> Martínez, ya se verá con qué fortuna. No critico las medidas instrumentales para hacer aflorar las infracciones ocultas ni la modulación de la pena para cada uno de los implicados, pero cuando se rompe el equilibrio entre utilitarismo y ecuanimidad, el mensaje es peligroso. El éxito, tanto en el juzgado como en la cazuela, pasa por acertar las proporciones.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lourdes Parramon i Bregolat]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/colaboradores-arrepentidos_129_5813107.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jul 2026 16:00:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Víctor de Aldama saliendo de la Audiencia Nacional el 21 de mayo después de declarar como investigado por el caso Koldo]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Orgullo de qué?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/orgullo_129_5813104.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/b01c6f83-d904-47e8-8e60-5bb3aa9b76be_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Estamos a finales de julio y eso debería significar que ha terminado el mes del Orgullo, pero hace dos semanas Collboni participaba en la manifestación del Pride en Barcelona y hace una que un coche, en Berlín, arrollaba a un grupo de gente que celebraba la fiesta en el Tiergarten: varios heridos y un muerto. Hace tiempo, el Orgullo era el día 28 de junio, y conmemoraba el aniversario de la revuelta de Stonewall aquel mismo día de 1969. Ahora bien: desde hace unos años, la cosa se alarga y se alarga, como pasa con cualquier acontecimiento del cual se pueda sacar algún tipo de beneficio económico.Sabemos de la relación conflictiva que tiene mucha gente con la idea del Orgullo y la celebración. Que por qué no hay un Orgullo hetero, que no hace falta destacar lo que la sociedad ya percibe como normal, que tanto escándalo y tanta bandera no son necesarios. El atentado en Berlín es un buen ejemplo: aunque el móvil yihadista quizás buscaba, solo, un cúmulo de personas a las que atacar, tiene algo de símbolo que el terrorista escogiera una masa que se manifestaba por sus derechos.Lo que no sabemos, sin embargo, es cómo se relaciona, la gente del colectivo LGBTIQ+, con la idea del Orgullo y la celebración. Y es que hay quien no se pierde ni una fiesta y está en todas las manifestaciones, pero hay quien, en cambio, tiene una relación compleja. No me refiero a la deriva comercial, consumista y blanqueadora del evento, que también, sino que me refiero a una cuestión más profunda. Seguramente escribo de esto, ahora, porque yo me he encontrado en este espacio liminal, extraño, en el que uno no sabe exactamente de qué debe sentirse orgulloso ni qué es exactamente lo que debe celebrar. Algunos dirán: hay que reivindicar la propia existencia, que no es poca cosa, y más teniendo en cuenta lo que pasó en la capital alemana, como si fuera un presagio de lo que puede llegar a pasar en los próximos años. Lo sé. Es imprescindible. Esto no quita, sin embargo, que uno pueda tener un vínculo tenso, complicado. La pensadora y activista Eve Kosofsky Sedgwick explica muy bien que no se puede entender la identidad <em>queer</em> únicamente desde la lógica simplista que pasa de la vergüenza inicial al orgullo final en un proceso de liberación victorioso, que es como a menudo se expone. Ella sostiene que incluso hoy, incluso aquí, a pesar de todos los orgullos y todas las celebraciones, la vergüenza continúa siendo una parte constitutiva de la experiencia <em>queer</em>. En los años ochenta, Leo Bersani ya sostenía que el deseo hacia alguien de tu propio sexo no tiene nada de radicalismo político <em>per se</em>: hay una gran diferencia, decía, entre tener una preferencia sexual y escoger un estilo de vida subversivo y combativo. Refiriéndose a los hombres gais, sostenía que era imprescindible, en el deseo homosexual, cuestionar las ideas de masculinidad y homosexualidad que fundaba el pensamiento heterosexual, en el que había un “buen homosexual”: aquel que se mantenía en el rol poderoso del hombre. Había que defender un movimiento de liberación gai que cuestionara estas disposiciones. En 2010, Judith Butler rechazó el premio del Orgullo de Berlín, no solo por la comercialización del evento, sino también abriendo una pregunta: cuando reivindicamos el Orgullo como sentimiento colectivo, transversal, ¿qué ocurre con aquellos que no se sienten o no se pueden sentir? Se refería al racismo estructural y a la discriminación de los migrantes LGBTIQ+. ¿Quién les puede exigir que se sientan orgullosos? ¿Orgullosos de qué?Sin embargo, hace poco el periodista Álex Vicente preguntó al sociólogo Didier Eribon, premiado este año en el orgullo de Berlín, qué pensaba de la palabra <em>orgullo</em>. Y respondía una idea que me parece importante, a pesar de todos los matices que he expuesto: “Ser gay te condena socialmente a la vergüenza y a la tristeza. Hay que reivindicar una fuerza de afirmación y transgresión”. Hoy me quedo con esto: alguien lo llamará “orgullo”; alguien otro, “celebración”, y alguien otro dirá “necesidad de reivindicar una fuerza de afirmación y transgresión”. Visto el panorama, es todavía muy necesario.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pol Guasch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/orgullo_129_5813104.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jul 2026 16:00:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manifestación del Pride en Barcelona el 18 de julio de 2026.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El poni 'pisador']]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/poni-pisador_129_5813102.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/7ede1323-6740-4eec-a9a0-a7219e057478_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hablemos de las pruebas PISA, después de este error que deja Cataluña (afortunadamente) fuera de comparaciones. Para evaluar el nivel –o si no quieren <em>nivel</em>, competencias– de los alumnos, de cada comunidad se eligen los institutos, y una vez elegidos los institutos, los alumnos, tal como cuando se hacen encuestas políticas. Porque en las encuestas, en los muestreos, no vale aquello de “<em>España es una y no cincuenta y una</em>”.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Empar Moliner]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/poni-pisador_129_5813102.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jul 2026 16:00:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La clase de una escuela en una imagen de archivo]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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