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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - topless]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/etiquetes/topless/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - topless]]></description>
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      <title><![CDATA[¿Por qué enseñamos el culo pero no los pechos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/ensenamos-culo-no-pechos_129_5837048.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/3e9cf337-a809-4e75-be69-32976201354f_16-9-aspect-ratio_default_0_x4717y2084.jpg" /></p><h3>Últimamente, cuando intento comprarme un bikini, me tengo que enfrentar a la búsqueda y captura de una pieza cada vez más difícil de encontrar: una que me cubra la totalidad de las nalgas. Mientras que la parte que tapa los pechos no resulta conflictiva, cuando llegamos a la de abajo parece que solo tengamos a nuestra disposición la mínima expresión de lo que debería ser una braga. Entre las opciones al alcance es bastante presente el tanga de hilo dental, que desaparece misteriosamente entre nalga y nalga, ante la aparente comodidad de la usuaria, y unos delanteros tan mínimos que una servidora se pregunta cómo es posible encajar todo el pubis en aquella franja tan estrecha sin que sobrepase por un lado y por el otro. De repente, querer una braga que abrace con generosidad las nalgas y el bajo vientre se ha convertido casi en una extravagancia. Es paradójico que esto se produzca paralelamente al claro retroceso del <em>topless</em>, provocado por el aumento de la presión estética y unos valores conservadores al alza pero, sobre todo, por la amenaza de los móviles con cámara, capaces de archivar para siempre tus pechos en las redes sin tu consentimiento. Pero ¿por qué estos miedos, que han hecho retroceder la liberación de los pechos de las mujeres, no tienen el mismo efecto en las nalgas?Lo que es importante tener claro, sin embargo, es que el tanga no nace de un día para otro, sino que cuenta con una larga historia, con diferentes usos y significados. A diferencia de lo que podamos pensar, sus orígenes no son ni femeninos ni occidentales. Una pieza que cubra los genitales y deje las piernas y el trasero a la vista es una de las formas más antiguas de ropa interior masculina, presente en un buen número de culturas antiguas y que, desde Occidente, hemos categorizado bajo el nombre genérico de taparrabos. Pero sería demasiado osado decir que el tanga actual deriva directamente de esta pieza, ya que, a pesar de que tiene vínculos formales claros, las funciones son casi opuestas. Mientras que la primera tenía la función de cubrir los genitales, la segunda nace con la función de descubrir las nalgas.Los límites de la intimidad<h3/><p>Uno de los antecedentes claros del tanga moderno es el <em>g-string</em>, una pieza escénica de los espectáculos de <em>burlesque</em> norteamericanos de los años veinte que, más que para tapar, se utilizaba para simular la desnudez en los stripteases, en un momento en que estaban sometidos a una creciente presión y persecución por parte de las autoridades. Durante los años setenta, las playas de Copacabana e Ipanema se convirtieron en auténticos laboratorios de experimentación de ropa de baño. El bañador brasileño fue pionero en la reducción de la superficie textil, con unos camales tan altos y escotados que allanaron el terreno para que el tanga hiciera acto de presencia en 1973. El paso decisivo en su incorporación a la moda occidental llegó con el diseñador Rudi Gernreich, que en 1974 revolucionó el mundo de la moda con el <em>thong</em>. Inspirada en el <em>fundoshi</em> de los luchadores de sumo, era una pieza de baño que dejaba las nalgas a la vista pero que era unisex, destinada tanto a hombres como a mujeres. La clave de bóveda de la propuesta de Gernreich fue, bajo las ansias rupturistas de la década, contribuir a la liberación del cuerpo, tanto en el plano físico como moral. Un planteamiento bien distinto de las derivas que ha acabado cogiendo: la sexualización del cuerpo de la mujer.Enseñar los pechos y las nalgas comporta el mismo riesgo de sufrir el escrutinio de una mirada sexualizadora. Pero lo cierto es que las nalgas han vivido un proceso más intenso de visibilización que ha normalizado la aceptación social. No es que los pechos sean más sexualizados cuando se enseñan, pero, como aún no han llegado al mismo grado de exposición, continúan percibiéndose como más íntimos y, por tanto, más vulnerables cuando se exponen. La cuestión no es qué es más sexualizado, sino dónde establecemos, en cada momento, la frontera moral entre lo que es aceptable de ser visto y lo que no. Y, a pesar de la aparente libertad que nos parece que tenemos a la hora de escoger la ropa, la moda, al ofrecer –o eliminar– opciones, contribuye a determinar qué zonas del cuerpo consideramos deseables y normales y, al mismo tiempo, a establecer los límites de lo que consideramos intimidad.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Sep 2026 05:00:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un grupo de personas en una playa, en una imagen de archivo]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[¿Qué ha pasado con el 'topless'?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/pasado-topless_129_5810612.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/90c4602c-3806-4ba4-b211-3de8e86623a3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Queda lejos la playa francesa de Pampelonne, que durante los años setenta y ochenta se convirtió en uno de los grandes símbolos de la liberación corporal europea. Las fotografías de prensa mostraban extensiones de arena repletas de sombrillas y de cuerpos en los que el <em>topless</em> no era la excepción, sino la norma. Tampoco quedaban atrás la Costa Brava, la Costa Dorada, la Costa del Sol o Ibiza, donde el espíritu <em>hippy</em> y el impulso de la revolución sexual convirtieron el pecho descubierto en una expresión de libertad. Las fotografías de Slim Aarons inmortalizaban aquella manera despreocupada de habitar el ocio mediterráneo, donde los cuerpos semidesnudos de las bañistas formaban parte del paisaje con toda naturalidad, sin dramatización ni escándalo. No se trataba de sexualizar el cuerpo, sino, precisamente, de liberarlo de la mirada que lo convertía en objeto y aligerarlo del peso de siglos de demonización moral.Aquel paisaje, sin embargo, hoy parece casi una fotografía de archivo. No solo porque han pasado cincuenta años, sino también porque la realidad que representaba se ha ido desvaneciendo. El <em>topless</em>, que durante décadas formó parte del paisaje habitual de las playas mediterráneas, es hoy una práctica cada vez más excepcional. Los datos apuntan que, comparativamente con los años ochenta, ha disminuido en dos tercios. Y la paradoja es que las mujeres que más lo siguen practicando son, precisamente, las que crecieron durante la revolución sexual. Las más jóvenes, en cambio, casi ni siquiera lo han incorporado. ¿Qué ha pasado para que aquello que parecía una conquista de la libertad corporal haya retrocedido?Los pechos son exactamente los mismos que hace cuarenta años. Lo que ha cambiado es el mundo que los observa. Cuando una mujer decidía dejarlos al descubierto, sabía quién los vería, cómo y durante cuánto tiempo. Al marcharse de la playa, aquella exposición también se acababa. Hoy, en cambio, una mujer puede abandonar la arena, pero si alguien le ha hecho una fotografía, su imagen continuará circulando indefinidamente por pantallas ajenas, convertida, en el mejor de los casos, en contenido para las redes sociales y, en el peor, en reclamo de páginas de contenido sexual. En el momento en que una fotografía se escapa de nuestro control, también lo hace una parte de nuestro cuerpo.Además, las redes sociales, junto con los medios de comunicación, han intensificado exponencialmente la presión sobre los cuerpos, que parecen tener que responder más que nunca a unos cánones de perfección para merecer ser mostrados. Playas y piscinas han dejado de ser espacios amables para la diversidad corporal. Unos cuerpos obligados a convivir con la mirada escrutadora de los demás y, sobre todo, con la propia, a menudo aún más cruel, fruto de una autoestima erosionada por un sistema que convierte la inseguridad en un negocio.Cuando las luchas feministas de los años setenta denunciaban la sexualización del cuerpo de las mujeres ya intuían que aquella batalla no sería fácil. Medio siglo después, continúa siendo uno de los grandes frentes abiertos. Habrá quien considere inevitable sexualizar los pechos femeninos, como si se tratase de un instinto natural contra el cual fuera inútil rebelarse. Pero la historia demuestra justamente lo contrario. Durante la primera mitad del siglo XX, también los pezones masculinos fueron objeto de censura y escándalo. Solo cuando los hombres empezaron a descubrir el torso con normalidad en las playas, aquella carga moral se fue desvaneciendo. La sexualización del cuerpo, pues, no es inmutable, sino simplemente el resultado de una construcción cultural, a pesar de que la queramos revestir de naturalidad.La paradoja es que nunca habíamos convivido con tantas imágenes de cuerpos desnudos y, sin embargo, hacía décadas que estos no eran tan poco libres. Cautivas de la presión estética y de la sociedad de la vigilancia, las más jóvenes han heredado más imágenes del cuerpo que sus madres, pero menos libertad para habitarlo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jul 2026 05:00:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una mujer haciendo topless, en una imagen de archivo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[El verano de las mujeres de pechos perfectos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/mujeres-tetas-perfectas_129_5145575.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d4c3459f-bbb1-4a11-94d7-6d8e5fdcce3c_16-9-aspect-ratio_default_0.png" /></p><p>Veraneo en una playa del Maresme. La cala es bonita y me gusta la diversidad que alberga. No sólo disfrutamos del mar y el cielo de colores eternamente cambiantes, sino también de convivir con familias, mujeres solas, grupos de adolescentes, diferencias de cuerpos, estructuras, orígenes. Pero este año ha habido un cambio en la fisonomía de sus ocupantes: las mujeres han dejado de mostrar sus senos, han abandonado el <em>topless</em>.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Berbel]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Sep 2024 15:20:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La actriz Nicola Coughlan en una escena de la serie 'Los Bridgerton'.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Hacer lo que nos dé la gana, incluso 'topless']]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/gana-topless_129_4776312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/514c753b-7c4d-46a9-83aa-6bc3a1f935b1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Tengo un montón de mujeres cerca que hacen bastante lo que les da la gana. Como mi amiga Cris, por ejemplo, que hace <em>pole dance</em>. Si la conoces de una manera superficial, Cris entraría dentro del cliché de feminista ultra concienciada de aquellas que el recontraclixé dice que queman a las mujeres que hacen <em>pole dance</em>. Pero mi amiga Cris básicamente hace lo que le da la gana y los clichés se los come para desayunar. O mi amiga Kras, que pese a tener un trabajo fijo y seguro también hace de clown y pinta unos cuadros extraordinarios. Porque es su vocación. Porque le da la gana. Y para terminar quiero hablar de Eva, mi hija, que a pesar de ser mucho más joven que servidora y mis amigas, hace bastante lo que le da la gana, como hacer <em>topless</em>.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anna Manso]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Aug 2023 06:30:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hacer lo que nos dé la gana]]></media:title>
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