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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - extinción]]></title>
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      <title><![CDATA[Exterminarnos]]></title>
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      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/03d56939-a337-48ad-a748-cb854c71679f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La idea de que los humanos desarrollemos una tecnología capaz de acabar con nosotros –de uno en uno o en masa, o incluso como especie– viene de lejos. Ya en la Antigüedad imaginaban artefactos, a menudo enviados o forjados por los dioses, que eran capaces de hacer el trabajo: en las <em>Argonáuticas</em>, por ejemplo, aparece Talos, un gigante hecho de bronce que desde las costas de Creta lanzaba rocas a las naves invasoras para hundirlas. Prometeo, por su parte, roba el fuego del Olimpo con la pretensión de suplantar a los dioses y su capacidad de crear vida, una idea que encontramos recuperada en mitos como el del Gólem o Frankenstein.El temor a que las máquinas lleguen a tener algún tipo de conciencia que las lleve a rebelarse contra los humanos atraviesa toda la historia de la literatura, pero evidentemente es a partir de la Revolución Industrial cuando adquiere más fuerza. Los relatos de autómatas del siglo XIX o el ya mencionado <em>Frankenstein</em> de Mary Shelley anticipan el gran estallido del género de la ciencia ficción y de la distopía durante el siglo XX. La aparición del cine como forma artística y de entretenimiento también tiene una importancia determinante en el éxito de las historias de formas de vida artificial que se convierten en una amenaza para la vida humana. De <em>2001 </em>a <em>Blade runner </em>o <em>Gattaca</em>, de <em>Metropolis</em> a <em>Terminator</em> o las fusiones de carne humana, prótesis y manipulaciones genéticas del cine de David Cronenberg, el repertorio es inacabable.Una característica de la inteligencia humana es que, al fin y al cabo, la distancia entre la imaginación y la realidad es muy corta. A veces, nula. “Si se puede imaginar, se puede hacer” es una frase motivadora, aspiracional, pero también puede girarse y convertirse en amenaza. Estos días, las declaraciones de ingenieros y otras personas relacionadas con grandes empresas de inteligencia artificial como Anthropic y OpenAI alertando de que los modelos de lenguaje pueden hacerse autoconscientes y planificar –y ejecutar– un exterminio en masa de la humanidad nos ha puesto no ante una fantasía, sino ante una posibilidad que alguno de estos ingenieros cuantifica por encima del diez por ciento.Hasta hace poco, estábamos convencidos de que los humanos éramos la única especie autoconsciente que habitaba el planeta. Después hemos sabido que algunas especies de animales también tienen autoconsciencia y ahora nos enfrentamos a la autoconsciencia de las máquinas. Hace tres años, la exposición <em>IA: inteligencia artificial</em>, del CCCB, mostró la historia de los grandes modelos de lenguaje y puso a debate sus pros y sus contras. Las previsiones más oscuras, como ya pasaba con el gigante Talos, vienen con los usos militares. La exposición hablaba, ya entonces (tres años en el mundo IA es mucho tiempo), de las armas autónomas letales, capaces de buscar objetivos por su cuenta y de tomar decisiones también de forma autónoma para eliminar estos objetivos. Robots asesinos, para entendernos. La especie humana sí que tiene una habilidad única a la hora de construir artilugios para masacrarse a sí misma. En eso, en efecto, no nos iguala nadie.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastià Alzamora]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Sep 2026 11:41:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Inteligencia artificial]]></media:title>
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