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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Manu Sánchez]]></title>
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    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Manu Sánchez]]></description>
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      <title><![CDATA[¡Ya basta de mítines!]]></title>
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      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/7521d9e4-714f-4298-8bd0-95c9f9fb3803_16-9-aspect-ratio_default_1058891.png" /></p><p>Los <em>late shows</em> se han convertido en espacios de reivindicación política. El auge de la extrema derecha ha activado a los comediantes, y sus programas han devenido zonas de entretenimiento comprometido. Dicho sea de paso, el formato tiene más sentido cuando se dispara contra el poder, como forma de resistencia y de subsistencia de la libertad de expresión. El problema es cuando los monólogos de arranque pierden el espíritu humorístico para degenerar en mítines insoportables para aleccionar a la audiencia.En la última emisión de <em>El perro andaluz</em>, en La 1, el presentador Manu Sánchez criticaba el centralismo, especialmente el mediático, que convierte Madrid en el ombligo del mundo. La primera aproximación, incluso con una parodia musical, tenía cierta gracia. Denunciaba con sarcasmo cómo nos informan de los atascos en la M-30 como si todo el Estado estuviera parado allí, y que todas las encuestas de calle se hacen en Callao, donde se registra la temperatura emocional del país.Después de cargar contra el centralismo, Manu Sánchez se vio obligado a justificarse sobre el modelo de España al que se refería. Dedicó el soliloquio a “<em>las diecisiete comunidades y las dos ciudades autónomas</em>”, como un torero cuando brinda al público su sombrero. Hizo la arenga clásica sobre ser ciudadano del mundo queriendo tu parcela: “<em>Lo mejor del mundo es el mundo, ¡pero no me negarán ustedes que cada rinconcito tiene su gracia!”</em>” Por supuesto, reivindicó el andalucismo que lo identifica, dejando claro que no era un sentimiento excluyente: “<em>En Andalucía nunca cuajará el independentismo. El independentismo y Andalucía es antinatural. Un andaluz no ha querido irse el primero de un sitio en la vida. Tenemos mala recogida...</em>” Y entonces nos aseguraba que “<em>España solo se entiende si cabemos todas las Españas</em>” y pasaba a hacer un listado de los diferentes talantes autonómicos, hasta que llegaba el turno de Cataluña: “¡Cataluña, viva tú! <em>¡Haz el favor de coger las riendas de esto, que eres la única que puedes echarle </em>cojones<em> de tú a tú a esto del centralismo! ¡Pero no te vayas! ¡No nos dejes solos! ¡Que la selección española de quien tiene más jugadores es precisamente del Barça! ¡Aunque a muchos les escueza, esto es así! </em>[...]<em> ¡Haz el favor, Cataluña! ¡Quédate con </em>nosotros<em>! ¡No te lleves la pelotita. Déjanos jugar contigo!</em>” Entonces pasaba a recitar la letra de una canción que conectaba con la idea federalista del país de países: “<em>Juntos cabemos todos y hacemos una España mejor!</em>” y, en una comparación delirante con Donald Trump, gritaba: “<em>¡Make España Great Again! ¡Great y diversa!</em>”, reivindicando unos “<em>Estados Unidos de España. Y no hablo de independencia</em>”. Eso lo dejaba claro. Y añadía: “<em>Hablo de que hay tantas formas de ser español como españoles y españolas hay!”</em>Una cosa es el entretenimiento comprometido, la broma inofensiva con el poder y sacar jugo a la actualidad, y otra es esta lata adoctrinadora. El humor desaparece, se pierde aquella mala leche del chiste irrefutable, para acabar cayendo en una ideologización sudorosa y demagógica digna de los cuñados más pesados.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mònica Planas Callol]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Jun 2026 16:09:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manu Sánchez, durante el monólogo en el segundo capítulo de 'El perro andaluz'.]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La versión andaluza de Marc Giró]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/media/version-andaluza-marc-giro_129_5767230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/270f977b-bb36-4eb6-ba5f-1c4ca8077f9a_16-9-aspect-ratio_default_0_x482y127.jpg" /></p><p>El fichaje de Marc Giró por La Sexta ha espoleado a la televisión pública a intentar reproducir la fórmula de éxito. Este jueves, aprovechando la estela de audiencia que dejaba el primer partido del Mundial, se estrenaba <em>El perro andaluz</em>, el nuevo <em>late show</em> del humorista Manu Sánchez. El espíritu de Marc Giró planeaba sobre el plató. Parecía, incluso, que hubieran reaprovechado el decorado. Ambos presentadores cargan hacia el mismo lado: hacen una defensa acérrima de los valores de izquierdas desde una elegancia que podría parecer de derechas. Sánchez, encantador y audaz, lleva la raya reforzada con gomina y una barba frondosa bien perfilada. Usa el género neutro para saludar al público y hace gala del orgullo identitario: el andalucismo. La banda del programa tiene aires de coro <em>rociero</em> y el <em>skyline</em> de Sevilla domina el decorado. Reivindicó el origen, el talante y el acento andaluz asegurando que le había cerrado puertas en el pasado y destacó su condición de currante: “<em>¡Siempre he estado en contra del estereotipo de flojo y vago que nos han puesto por ahí fuera!</em>”, exclamó. Como Giró, ha convertido en sello propio la estrategia de reapropiarse del lenguaje más hostil para plantar cara. De ahí la alegoría del <em>perro andaluz</em> del film con que Lorca se dio por aludido y que también conecta con el sanchismo político más estoico. “<em>¡Somos perros sin raza, sin correa y sin bozal!</em>”, insistió, presumiendo de su actitud encendida y desafiante. Exhibió la etiqueta de "TelePedro" como marca mediática, saludó en las cuatro lenguas cooficiales y enarboló las banderas de las diecisiete comunidades autónomas con un cierto espíritu federalista. En su discurso de apertura, demasiado largo y muy político, encajó la UCO, Trump, Zapatero, Netanyahu, Bad Bunny, el Papa, la inmigración, la sanidad pública, Vox y un popurrí infinito de actualidad. Citó a Blas Infante y recitó a Manuel Molina, integrando la poética andaluza en el monólogo. Cuando Manu Sánchez declama, abraza desde la afectación más flamenca hasta las ínfulas de un telepredicador. Es de los presentadores que se dirigen a la audiencia dejándose la garganta y que cuando empiezan el programa ya están afónicos. Marc Giró tiene un lema sarcástico muy divertido que dice que hay que monetizar los traumas. Y Manu Sánchez obedeció la estrategia con disciplina: cinco minutos después de empezar el programa ya estaba hablando de su cáncer de testículos con metástasis de hace tres años, describiendo la orquiectomía y el tratamiento de quimioterapia. El objetivo, sin embargo, era utilizar el humor negro para hablar de la muerte como un mecanismo de defensa de quien no tiene miedo ni nada que perder: “<em>Si alguien me quiere demandar, que me lleve a juicio. ¡Pero que sepa que igual yo no llego!</em>”, desafió. El primer entrevistado fue Manu Carrasco, para celebrar y acentuar la idiosincrasia andaluza, pero remató el programa con la clásica entrevista de los cobardes que sufren por congregar espectadores: Miguel Ángel Revilla, expresidente de Cantabria, como la gallina de los huevos de oro de los audímetros. Una lástima, porque así parece que, en este contexto, tengas que usar el norte como póliza de garantía.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mònica Planas Callol]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jun 2026 19:02:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manu Sánchez, presentador de 'El perro andaluz', en una imagen promocional.]]></media:title>
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