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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - diada 2026]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/etiquetes/diada-2026/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - diada 2026]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[Venga, juventud]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/venga-juventud_129_5847697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/aa5b309b-ab15-46b3-8c4e-88662dac44ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Que miles de jóvenes —porque eran, fundamentalmente, gente joven, más que padres y madres— protestaran el jueves en el Fossar de les Moreres contra el racismo en cualquiera de sus vertientes no deja de ser una buena noticia. Que lo hicieran, concretamente, contra la fórmula xenófoba más cercana, es decir, contra Aliança Catalana, es mucho más relevante. Bajo los tiempos turbulentos que corren y cuando es tan fácil ver el ojo del huracán a diez mil kilómetros y no querer verlo cerca, al lado de casa o llamando a la puerta. En cualquier caso, sí, eran miles de jóvenes, y de los más activos y solidarios del país, respondiendo a la llamada de la izquierda independentista y con el apoyo del Sindicato de Inquilinas, de Top Manta, de la Asamblea Educativa de Cataluña, de la OJS o de la coalición Basta de Complicidad con Israel. Paradójicamente, son los únicos detenidos de esta Diada. Habrá que recordar que protestaban contra 400 personas que se concentraban allí bajo una protección institucional que avergonzaba, a través de un inusual despliegue de diversas áreas operativas de los Mossos d'Esquadra y al lado de algunas rémoras de la facción más violenta de los Boixos Nois. Paradojas insofribles. En medio, el fotoperiodista Jordi Borràs agredido por ambos. Porque sucede que aquellas 400 personas, frente a las 8.000 que protestaban tan justamente por su presencia, representan crudamente el nicho catalán que se felicita eufóricamente por la victoria de AfD en Sajonia-Anhalt, celebran a manos llenas el genocidio en Gaza y avivan miserablemente una humillante segregación etnicorracial. Los Mossos, paradójicamente, miraban hacia afuera, pero la policía alemana hace tiempo que mira hacia adentro y califica a AfD como amenaza real de extremismo de ultraderecha.Menos paradójicos, más paroxistas me resultan algunos hechos vividos durante la tarde de la Diada. Simultáneamente, mientras el grupúsculo neonazi Núcleo Nacional se concentraba en la plaza Verdaguer –pobre mosén Cinto– bajo un drástico encapsulamiento de los Mossos y con 1.500 antifascistas protestando al lado, un bloque pequeño de Aliança Catalana intentaba desfilar en medio de la manifestación independentista casi como si nada –entre reproches crecientes y rechazos constantes, encapsulamiento policial final incluido, cuando la mayoría sabe lo que se hace y sabe todo lo que nos jugamos—. Porque lo que no se puede hacer nunca —a la luz de las tinieblas de la historia— es normalizar el racismo, caminar a su lado o darle espacio. Alguna responsabilidad, a pesar de los avisos y alertas previos, tienen los organizadores, como la tenemos todas y todos. Lo digo entre enfadado y desencantado, preocupado y comprometido, asustado y esperanzado, como grito o como ruego o como un basta. Discreta o sonora, la forma me da igual, pero el fondo ético, político y cultural es claro, explícito y sencillo para futuras convocatorias: ninguna forma de racismo debería ser invitada, permitida, blanqueada o tolerada en una manifestación democrática unitaria. ¿Los cordones sanitarios funcionan? Funcionan, vaya si funcionan. Básicamente, si se hacen. Que se manifiesten con su odio racista donde puedan, pero que no contaminen ni parasiten una movilización que reclama un país para todo el mundo insultando a la diversidad, criminalizando cobardemente a los recién llegados y avivando la sucia y brutal realidad que es todo racismo, cuando los responsables de los problemas estructurales que sufre el país se sientan en otros lugares de poder y nunca llegan en pateras a la deriva. Lo digo volviendo a casa, rumiando a cada paso y recordando un viejo lema antirracista de los años noventa, cuando nos asesinaban a Lucrecia Pérez en 1992: no molestes a mi amigo, decíamos entonces. Y hoy es de un literal antirracismo militante: no molestes ni un segundo –hoy, ahora, aquí— a mis vecinos; no molestes más a la familia senegalesa que vive en mi mismo rellano, puerta con puerta; ni al querido vecino colombiano del quinto, que son ya parte indisociable de mi comunidad, paisaje y país. Los zapatos de los otros, diría Casaldáliga, son los míos. Paradójicamente, polisémicamente, estamos porque están —y viceversa.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Fernàndez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/venga-juventud_129_5847697.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Sep 2026 18:46:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los Mossos desplegados ante los manifestantes antifascistas en el Fossar de les Moreres.]]></media:title>
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      <title><![CDATA[12 de septiembre]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/12-septiembre_129_5847654.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/532bcdbc-485e-4b68-af72-c3b61edeea68_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hoy, 12 de septiembre, pasada la Diada, es el momento de continuar existiendo. Continuar existiendo significa continuar siendo. Para ser, que es diferente a solo estar, hace falta mucho trabajo. Y el trabajo principal es el de tener la conciencia de que el trabajo que hace falta es hacer un gran trabajo para que el trabajo no sea trabajo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Empar Moliner]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/12-septiembre_129_5847654.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Sep 2026 18:01:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tractorada en Lledoners]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La pregunta 'kennediana' de Jordi Pujol]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/pregunta-kennediana-jordi-pujol_129_5847565.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/00cda60e-d6fc-472c-be9e-00ab7bb1a84e_16-9-aspect-ratio_default_0_x1007y838.jpg" /></p><p>Escucho al presidente Pujol por Catalunya Ràdio interpretando un mensaje para esta Diada, con el tono más vibrante que le permiten sus 96 años. Todavía conserva el oficio de político que se ha dedicado toda la vida a dirigirse al corazón de la gente. Puede perder fuerza en la voz y claridad en la dicción, pero no la destreza ni la intención: "Tenemos capacidad para hacer una gran Cataluña".Habla desde la plena consciencia del presente (“el país vive momentos complicados, de desilusiones y de gente que está perdiendo la esperanza"). Vuelve, claro, sobre el núcleo de su pensamiento: el Once de Septiembre es la "fiesta de todos los que viven y trabajan en Cataluña y quieren ser catalanes", y receta ir, sabiendo que hay desánimo moral: "La fe y el optimismo se pueden contagiar si hay ganas y voluntad de continuar siendo y de ir adelante".Para contagiar algún tipo de fe o de optimismo a la gente es necesario que los gobiernos hablen, sobre todo, con obras. La desilusión y la desesperanza de las que habla Pujol están basadas en hechos reales que tienen que ver con el estado de los servicios públicos, el empobrecimiento de la mayoría, la frustración y desbandada post-Procés, y la enésima constatación de que la autonomía se queda corta para resolver problemas que piden soberanía.Y con todo, en la voz que se apaga de Pujol se adivina, sin reproches, el recordatorio de los activistas que hicieron de todo cuando no había herramientas, porque el principio de todas las cosas no es el ordenamiento jurídico o la financiación económica, sino la voluntad. A la manera kennedyana<em>, </em>es un no te preguntes qué puede hacer Cataluña por ti, sino si todavía crees en ello y si estás dispuesto a unir fuerzas para volverlo a intentar.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antoni Bassas]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Sep 2026 17:52:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jordi Pujol durante la presentación de su libro el año 1978]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Qué quiere decir ser catalán (2): los que sobran]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/quiere-decir-catalan-2-sobran_129_5845992.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/9a460877-d7e7-467c-b23a-54d9a7eda639_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Tenemos un país con ocho millones y medio de habitantes y unos servicios públicos que apenas, hace cuarenta años, cubrían las necesidades de seis millones de catalanes. Con una natalidad de los autóctonos que no da ni para mantener la población, el análisis es claro: sin los extranjeros estaríamos mejor. Por tanto, echémoslos. Así la sanidad, la enseñanza, el transporte público, las ayudas sociales y, en fin, el bienestar de los catalanes de verdad estarán a la altura de lo que nos merecemos (y de lo que un día, del cual ya no nos acordamos, tuvimos). Sin inmigrantes, además, saldremos tranquilos a pasear por nuestras calles, sin miedo a que una banda de latinos, árabes o subsaharianos nos arrebate la vida.Una Cataluña depurada sería, ciertamente, más próspera. Un día u otro necesitaremos nuevos catalanes; catalanes de aquí, catalanes que se llamen Puig, Vergés, Ferré o Giró, así que quizás tendremos que revisar las leyes que tenemos respecto a las personas homosexuales, porque nos guste o no, de las relaciones entre ellas no sale nada que haga crecer al país. Dios me libre de decirle a la gente qué debe hacer en la intimidad de su casa, pero una política responsable debe velar por las cuestiones demográficas. Y un país próspero no se puede permitir que la gente no tenga hijos. Por tanto, si amamos al país, quizá tendremos que echar a los gays, a las lesbianas y a los transexuales, que no quieren hacerlo prosperar trayendo al mundo nuevas generaciones de catalanes. Mientras esto no ocurra, sin embargo, podríamos replantearnos el papel de los ancianos. No es justo que la pensión media de una persona mayor en Cataluña sea más alta que el salario mínimo de un trabajador. Algo no funciona si es este trabajador quien tiene que pagar la pensión de la persona mayor. Teniendo en cuenta cómo se ha alargado la esperanza de vida, y el consumo desmesurado que hacen los ancianos de la sanidad pública, es una exigencia de país recortarles las prestaciones y dirigir estos recursos a la juventud productiva. Ya llegamos tarde para desmantelar un régimen de pensiones basado en el expolio, porque es injusto —e ineficaz— a todas luces. Debemos promover que cada catalán ahorre lo que pueda para hacerse cargo, cuando le llegue el momento, de las necesidades que pueda tener.En definitiva, una Cataluña más dinámica y más justa no se puede permitir que una quinta parte de la población viva del resto. ¡En Cataluña no queremos viejos!</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jaume Giró]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Sep 2026 16:01:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El banco de la plaza Catalunya donde este viernes ha muerto una mujer]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Los que somos, éramos, seremos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/seremos_129_5845991.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/b612c94d-f097-4877-a7ee-de3c9d9132af_16-9-aspect-ratio_default_1060498.jpg" /></p><p>No sé si somos otros, o los mismos con otra piel, que aquellos de hace casi una década, en este rincón del mundo. Sé que nuestros hijos, que entonces eran pequeños, han abrazado otras causas, más amables, que ser de los perdedores, de los antipáticos, de los que no paran de hurgar y de quejarse, como carcomas. Los gatos de casa, bien alimentados y mimados, son muy simpáticos. Los de la calle, los que no tienen nada y todo el día piden, o roban, nos exasperan. Nosotros somos los de la calle.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Empar Moliner]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Sep 2026 16:01:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un niño con una estelada durante la manifestación / ACN]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Diada]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/diada_129_5845733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/1c737e73-a2d5-46b3-9524-d43b73faf305_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>En la Diada Nacional, y en vista de la cantidad de voluntarios que hay para llevar a cabo la ardua tarea de pensar el país, vaya desde aquí la humilde recomendación de fijarse en el País Valenciano y en las Baleares. “Debemos acercarnos más a Valencia”, dijo Josep Pla: allí, el sábado, hay una gran manifestación en defensa de la escuela pública en catalán y contra la pretensión de someterla a control ideológico y lingüístico. Es una lucha crucial para todos. En las Baleares, y en particular en Mallorca y en Ibiza, se plantean con crudeza las consecuencias de la turistificación: masificación, especulación, sobreexplotación de los recursos naturales, tensión y desigualdades sociales, expulsión de la ciudadanía por imposibilidad de acceder a una vivienda, unos resultados PISA a la cola de la cola de todo. La recomendación es mirarlos, al País Valenciano y a las Baleares, no para confirmar prejuicios ni arquetipos, ni para ejercitar la prepotencia ni el paternalismo, porque los problemas que allí se plantean son, en gran medida, los mismos que tiene Cataluña. Aena nos ordeña con idéntica voracidad; la Guardia Civil, la Policía Nacional y los Mossos nos pegan con la misma dedicación en las manifestaciones; la preocupación por el futuro (qué futuro y en qué condiciones) es, más o menos, la misma en todas partes de los Países Catalanes (y ya soy consciente de que no he mencionado a la Cataluña Norte, la Franja ni el Alguer; lo hago ahora).Otra recomendación si se quiere pensar el país es mirar al mundo. No es lo mismo que hace nueve años, cuando tal día como hoy hacía poco más de tres semanas del 17-A y faltaban poco menos de tres para el 1-O. Discutir sobre Cataluña al margen de la emergencia climática es exponerse a fabricar diagnósticos y prescripciones obsoletos de entrada. Pretender discutir sobre inmigración y minimizar al mismo tiempo la influencia de la extrema derecha —ignorando o dejando fuera de la discusión la involución democrática y la corrosión institucional que produce la extrema derecha en todo Occidente— es errar completamente el tiro. Todavía es más errado si se pierde de vista que Cataluña —y el País Valenciano, y las Baleares—, en tanto que país rico y pequeño del sur, y también su lengua y cultura, son verdaderos caramelos para los gurús de la ultraderecha global antieuropea, potenciales Ceutas o Groenlandias.Queríamos una república para tener voz propia en estos debates y que fuera una voz progresista, atrevida (me ahorraré el requemado adjetivo <em>revolucionaria</em>), abierta, profunda y radicalmente democrática, con una identidad construida sobre la lengua y la cultura catalanas que fuera capaz de recibir las lenguas y culturas de las personas que vienen a vivir aquí y beneficiarse de ellas. Que en vez de eso el debate público haya sucumbido a las provocaciones de cuatro salvapatrias, a la retórica masturbatoria de los discursos belicistas o al refrito de viejísimas trifulcas (de dónde eran los abuelos de cada cual, por ejemplo), es decepcionante. A pesar de ello, a pesar de la atmósfera viciada y la sensación de fin de los días, el futuro sigue estando hacia adelante. Viva Cataluña libre y buena Diada a todos, menos a los fascistas.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastià Alzamora]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Sep 2026 13:18:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manifestación unitaria por el Día Nacional de Cataluña en Barcelona, el once de septiembre de 2024.]]></media:title>
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