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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - extrema izquierda]]></title>
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      <title><![CDATA[La toxina soviética vive]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/toxina-sovietica-vive_129_5857720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/c7977276-c52a-44c1-b106-664edffad3b5_16-9-aspect-ratio_default_0_x582y419.jpg" /></p><p>¿Qué tienen en común el austriaco Partido de la Libertad (FPÖ), los alemanes Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) y Alternativa para Alemania (AfD), el búlgaro Vazrazhdane, el francés Agrupación Nacional, el Partido Comunista de Grecia (KKE), el Partido Comunista de Bohemia y Moravia (KSČM) y los españoles Democracia Nacional o el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE)? Unos son de extrema derecha y los otros de extrema izquierda, pero comparten ciertas actitudes inequívocas: son abiertamente pro-rusos, y algunos han sido financiados sin mucho disimulo por el Kremlin. Unos defienden los valores tradicionales/conservadores de Putin en relación con la familia, y los otros lo consideran el mejor aliado contra los Estados Unidos. Por supuesto, todos se oponen a la OTAN, es decir, están a favor de un desarme unilateral como el que predicaban los últimos dinosaurios de la URSS.La denominada “guerra híbrida” que Rusia ejerce contra sus vecinos polacos o rumanos —ataques minimalistas, explosiones controladas sin víctimas, sabotajes puntuales— responde a una lógica perfectamente coherente con la tradición estratégica del Kremlin. No se trata de operaciones militares en sentido clásico, sino de una forma de erosión psicológica y política destinada a fracturar la cohesión europea por medio, entre otros mecanismos, de formaciones como las que he mencionado antes. El objetivo es claro y simple —la división— pero su concreción resulta tortuosa: en una Europa que, tarde o temprano, deberá rearmarse para garantizar su propia seguridad, cualquier episodio ambiguo puede alimentar el disenso interno y dificultar, o incluso impedir, la toma de decisiones.El modelo no es nuevo. Desde los últimos años del zarismo, los de la época de Rasputín, hasta la URSS o la Federación Rusa actual, Moscú ha cultivado con éxito una especialidad: la intoxicación, tanto informativa como literal (dicen que Rasputín terminó siendo inmune al cianuro; Litvinenko no tuvo tanta suerte). La desinformación de la época soviética —aquellas campañas de rumorología y de infiltración descarada en medios occidentales de izquierdas— era un arma de desgaste que buscaba sembrar dudas sobre la fiabilidad de las instituciones democráticas.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ferran Sáez Mateu]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Sep 2026 16:01:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El presidente ruso, Vladímir Putin, el pasado 9 de septiembre en el Kremlin.]]></media:title>
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