Educació
Sociedad 07/12/2020

Del estigma a ser un referente: consejos para darle la vuelta a una escuela

El director de la Octavio Paz repasa en un libro su trayectoria

Laia Vicens
4 min
De l’estigma a ser un referent: consells per capgirar una escola

Barcelona¿Cómo puede conseguir una escuela gueto ser un referente educativo? Xavier López habla con una pasión desbordante de su trabajo como director de la Escola Octavio Paz, en el barrio de Navas de Barcelona. Cuando llegó por primera vez, hace cinco años, era un “centro estigmatizado y sin recursos” y sin AFA organizada. Ahora la demanda de las familias triplica las plazas disponibles y en la entrada de la escuela hay una pared con las firmas de maestres de todas partes que han hecho formaciones en el centro. Olvidaos de recetas mágicas. El secreto pasa por trabajar mucho y en equipo. “Creo que la clave es haber conseguido buenos profesionales que nos acompañen, espacios donde los maestros debatimos y nos conocemos, cohesión de equipo y un proyecto educativo basado en los talentos de los maestros”, dice.

Para homenajear a sus referentes “de dentro y fuera de la escuela”, Xavi ha escrito Mestres d'un mestre, un libro que quiere sumar ideas al debate pedagógico para que centros y docentes se puedan inspirar en él. El director avisa de que “no es un recetario”. “Venir y copiar lo que hacemos no tendría sentido. Cada escuela es única y se tiene que hacer mucha reflexión y formación antes de hacer cambios”, dice. El libro es un repaso a su viaje por el mundo educativo: desde la escuela rural de su Vimbodí natal y la difícil etapa del instituto hasta la época universitaria en la Rovira y Virgilio y los primeros centros donde ejerció la profesión.

A la vez, es un grito a favor de un “cambio de mirada” y una apuesta sin fisuras por una educación personalizada. “Un docente no podrá ser nunca maestro cuando pierde la fe de que todo alumno tiene un potencial a desarrollar”, dice. Xavi pone la experiencia propia: cuando estudiaba en el instituto, una profesora les dijo a sus padres que con él no había nada que hacer. Repitió curso. “Si mis padres hubieran escuchado a la profesora, yo ahora no estaría aquí. No podemos permitir que los maestros en la escuela y los profesores en el instituto no valoren las necesidades individuales de cada persona”, afirma. Y añade: “No podemos cortar a todos los alumnos por el mismo patrón, tenemos que escuchar las necesidades de cada niño”. Por eso, los alumnos no tienen notas. “Nadie es un número. Tenemos que tener una mirada abierta, en la cual todos los alumnos aprendan”, asegura con convicción. Tampoco hay asignaturas, ni libros de texto: en la Octavio Paz han implementado un trabajo globalizado y tienen asamblea, ambientes en infantil, trabajo por proyectos, espacios competenciales, laboratorios y cajas.

Mientras enseña los cuestionarios de maestros que han visitado la escuela durante los últimos años, Xavi explica que ahora hay muchos docentes con ganas de mejorar. “Estamos viviendo un momento de transformación muy potente”, dice, satisfecho de que en muchas escuelas se deje atrás el método “100% tradicional, memorístico y rutinario” que él vivió en primera persona en la escuela de Vimbodí.

El impacto de la pandemia

De esa escuela sacó, también, la evidencia de que mezclar a los niños por edades es garantía de éxito. “Si queremos proyectos educativos para la vida, no entiendo por qué una escuela tiene que tener niños clasificados por año de nacimiento, porque los adultos no solo nos relacionamos con gente de nuestra edad”, afirma. La pandemia no ha sido una excusa para bajar el listón. De hecho, asegura que les ha jugado a favor: “Ha puesto en valor nuestro proyecto de aprendizaje global. Hemos cambiado algunas condiciones, como la movilidad por el centro o los espacios, pero no el objetivo”.

Xavi afirma que los institutos que reciben a los alumnos de la Octavio Paz le dicen que son “resolutivos, saben trabajar en equipo y son autocríticos”. Y avisa de que a muchos centros de secundaria les hace falta una sacudida, conocer otras realidades y “romper prejuicios”. “Y esto no lo mueve la administración, sino los equipos humanos de los centros”, avisa. Pero está convencido de que la oleada de cambio es imparable: “Si una escuela estigmatizada y con pocos recursos como la nuestra lo está consiguiendo, cualquier centro con ganas, empujón, compromiso y sin miedo a llamar a todas las puertas también puede”.

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