Sociedad 08/12/2020

"Por Sant Esteve, las urgencias colapsadas”

La ciudad está llena de barceloneses que avanzan compras de Navidad

3 min
Diverses persones amb mascareta passejant i comprant aquest dimarts al centre de Barcelona.

BarcelonaEl Portal de l'Àngel es el imperio de la franquicia, está todo devastado, arrasado de comercios que no sean una orgía de la fotocopia. La calle es, en si mismo, una fotocopia de calles que encontramos en todas las grandes ciudades de hoy. Pasearse estos días es sentirse parte de una gran paradoja. El covid-19 ha fulminado a los turistas pero está a reventar de barceloneses que avanzan compras de Navidad a pesar de las recomendaciones en bucle de evitar aglomeraciones. Hace tilín que el ciudadano quiera salir a la calle y también que el comercio se reactive, pero ¿hacemos suficiente caso a las recomendaciones? ¿Es este modelo de comercio que hay que reactivar preferentemente?

"Yo vengo al centro por costumbre. Ya venía cuando solo había un Zara rodeado de tiendas pequeñas y, antes, cuando Galerias Preciados era un referente", me explica Vicenç, que hace cola en la torroneria Planelles Donat y después irá al Corte Inglés. En el número 25 del Portal de Àngel subsiste la que debe de ser la gran excepción de la calle. Se instaló en 1929 y tiene una sucursal más abajo. Junto con el irreducible quiosco son las aldeas galas. Bien, en el quiosco lo que más venden son gorras, fulards y bolitas donde por dentro nieva. También está la intimidad de la feria de artesanos, al lado de plaça Catalunya: jabones, copas decoradas, bisutería, velas perfumadas, máscaras, libretitas, marroquineria y tronquecitos de Soria. No hay cola, como tampoco en el Aerobús ni en la parada de taxis. En cambio, el Zara del passeig de Gràcia abría a las doce y la cola llegaba a la esquina de la plaza.

Hace cierta ilusión que la cola más larga de la calle sea la de la tienda de Disney. Justo delante, tres fotocopias: Oysho, Bershka y Stradivarius. Y el inmenso Zara donde estaba el viejo y precioso cine París. "Si nos prohíben salir de Barcelona el fin de semana, lo más normal es que no nos queramos quedar en casa. ¿Y donde crees que podemos ir si se acerca la Navidad? Pues a comprar", la Filo lo tiene claro. Ha salido con su hija y sus nietas a hacer una ruta de compras imprescindibles. ¿Y las aglomeraciones? "Si las tiendas abren y hay precauciones debe de ser porque es seguro, ¿no?"

Lídia, Hugo y su hija Rita van a comprar un pesebre en la Feria de Santa Llúcia. Allá hay también una cola larguísima. En el control de acceso te piden el nombre y el teléfono. Es para controlar los contagios y rastrearlos si hace falta. ¿Es muy útil esto al aire libre? Se lo pregunta Daniel, que hace la cola con paciencia. "¿No sería mejor hacer este tipo de rastreos en los grandes almacenes?" Es interesante la pregunta. Hace un rato me he apuntado el aforo máximo del Corte Inglés: 11.779 personas.

Una banda de música ameniza el paseo con un recital de aquellos tan navideños. Si en lugar del virus quieres rastrear huellas de calor humano, y te fijas bien, alguna chispa puedes rescatar. "Las mascarillas son seguras, ¿oi? Pues ya está. Vivamos un poquito porque si no, ¡nos volveremos locos!", exclama Virtu, que arrastra tres bolsas y un cochecito. "En este país somos latinos, no nos gusta mucho obedecer ni seguir órdenes. Ya verás, por Sant Esteve las urgencias colapsadas", ostras, es Marc quién habla, anda rápido e intenta no mirar mucho a sus lados, vive en ronda Universitat y tiene que atravesar el centro cada día para ir a trabajar. Su diagnóstico expeditivo responde de nuevo al famoso dilema sobre qué hacer, sobre cómo comportarnos, poniéndonos trascendentes, sobre si conviene más salvar la Navidad o salvar cuantas más vidas mejor.

Atrapados estamos en este dilema, cruelmente demagógico pero también tan descriptivo de la situación en la que vivimos. No te puedes desprender, tampoco cuando te alegras secretamente de que la Rambla haya recuperado un poco la actividad. La Manzana ha reabierto, ya no ves el paseo central desierto, deseas que la vida lata de nuevo.

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