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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Najat El Hachmi]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/firmes/najat-el-hachmi/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Najat El Hachmi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[Aprender a matar niños]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/aprender-matar-ninos_129_5722778.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/6493a59c-3040-454e-a5f2-fb3c73f8d314_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Matar niños no es fácil; se sabe hacer. En abstracto se pueden hacer proclamas de exterminio de todo un pueblo, como hace Netanyahu u otros líderes genocidas, pero lo cierto es que este trabajo –el de aniquilar criaturas– no lo puede hacer cualquiera. ¿Quién irá puerta por puerta, cuando se dicte el exterminio de una raza entera, para acabar con todos los niños que allí vivan? ¿Quién podrá apretar el gatillo o lanzar una bomba, quién apuntará con un ojo entrecerrado directamente a la cabeza de un niño que apenas levanta unos palmos de tierra? ¿Quién hundirá un cuchillo en la carne tierna y soportará los gritos agudos y espeluznantes? Muy pocas personas, de hecho, podrían llevar a cabo el peor de los actos, el más funesto y terrible: el de acabar con la vida de un retoño indefenso. Por eso los soldados han de ser entrenados para deshumanizar al otro en un proceso que es de doble sentido. Porque es imposible ver al “enemigo” en una criatura si no se ha sufrido una erosión importante de la propia humanidad.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/aprender-matar-ninos_129_5722778.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2026 16:31:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un comedor escolar]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Que se lo pongan ellos, el burka]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/pongan-burka_129_5708585.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/70320ef6-85ba-4351-a420-e852ade0d955_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Los de Junts ya hace tiempo que han decidido marcar perfil duro contra la inmigración. Notan el aliento de Aliança Catalana y Vox en la nuca y creen que la mejor estrategia es copiarles el discurso. Hablo con la taxista y el portero, el camarero y la dependienta y todos compartimos la misma sensación de cansancio ante una clase política que parece vivir a años luz de la vida real de las personas. Juegan a un juego que no es el nuestro aunque lo hagan con nuestro dinero y nuestras vidas. Ahora llevan eso del burka al Congreso sabiendo que no sirve de nada. ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué lanzan a la basura horas y recursos públicos? Para hacer propaganda, claro, ahora que les persigue la de Ripoll. La derecha catalana, como todas las derechas occidentales, ha renunciado del todo al liberalismo clásico que hablaba de sensatez y orden (aquella hipocresía sostenida sobre la explotación violenta de la clase trabajadora) y se apunta a la crueldad organizada inspirada en Trump. Es la perversión de atizar el odio de los pobres (aunque se tengan por clase media) contra pobres que lo son un poco más y ya vienen de casa con la humanidad erosionada porque han tenido el capricho de nacer en otro país. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 17:16:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No es la primera vez que un estado europeo aprueba una ley similar.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Las descartadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/descartadas_129_5696428.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/1e163fec-a133-4182-b9a8-068c531a8969_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hay una edad a partir de la cual, nos han dicho, las mujeres dejamos de ser relevantes. Desaparecemos, nos volvemos invisibles solo porque hemos dejado de ser fértiles. Reproducción o muerte, ligado a la imposición del deber de ser agradable a la vista de los señores. Nosotras no nos sentimos así, está claro, es como nos siguen representando en los medios de gran impacto: las series, las películas, la publicidad. La idealización de la juventud (a la que muchas de nosotras no volveríamos ni locas), la creación de necesidades derivada del anhelo de conservarla cueste lo que cueste y la falta de voces de mujeres que nos expliquen la vivencia real y honesta de lo que significa hacerse mayor crean un imaginario terriblemente cruel para las que seguimos vivas pasados los cuarenta, los cincuenta, los sesenta. Untate de cremas, haz ejercicio, pasa hambre, mutilate.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/descartadas_129_5696428.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 16:02:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un desfile con modelos vestidas de Versace]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Lo que no debemos saber que todos sabemos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/no-debemos_129_5689703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/b1d9bebb-a353-4925-a7ba-2bdfd6e5490f_16-9-aspect-ratio_default_0_x697y402.jpg" /></p><p>El último libro del lingüista Steven Pinker, <em>Cuando todos saben que todos lo saben...</em>, publicado en castellano por Paidós, trata sobre el conocimiento común, el sistema cognitivo que nos permite ser conscientes de lo que los demás saben. Es decir, lo que sabemos que todos saben. Son el tipo de facultades de la mente que nos permiten situarnos en la vida de pareja, familiar, social y ciudadana. Sin una conciencia de lo que pensamos y lo que sabemos que piensan los demás es imposible compartir un espacio común, es imposible vivir con los demás. Es necesario establecer consensos tácitos, normas que seguimos antes incluso de que sean articuladas por ley. Por eso el conocimiento común se convierte en un vector esencial de la libertad de expresión, de cátedra y de pensamiento.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/no-debemos_129_5689703.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Mar 2026 17:23:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una mujer protesta contra la 'ley mordaza' en el 2015 en Madrid.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Fótele, que es Uclés]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/fotele-ucles_129_5682385.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/6f557986-070f-47ae-beb4-6b7ece38f0c9_16-9-aspect-ratio_default_1056042.jpg" /></p><p>David Uclés lo he visto una sola vez, el día de la entrega del premio Nadal de este año. Cuando hizo su discurso de agradecimiento, encontré que hablaba como no he oído hablar a nadie, que se expresaba de una manera tan singular como vestía. Algo extraño en nuestro sector: todos somos bastante originales. Yo, de jovencita, decía que sólo quería ser una escritora "normal", hasta que, después de conocer a muchos colegas de oficio, me di cuenta de que no existen los escritores "normales". Hay adocenados, claro: los eficientes mercenarios de la letra que sacan un libro cada año y hacen novelas como harían morcillas. Estos no los considero escritores –ya me perdonarán el purismo gremial, pero lo digo más como lectora que escribiente–. Yo, leyendo, quiero acceder a una conciencia, a un mundo, a una mirada sobre la vida ya un trabajo artístico realizado con palabras y con las piezas y engranajes propios de la literatura. Para entretenerme con historias contadas con un estilo plano y sin temple ya están las telenovelas de sobremesa. De todas formas, no quiero hablar de libros, dado que no he leído ninguna de las dos novelas que ha publicado Uclés; quiero hablar de los escritores, la prensa y toda esa parte del trabajo que solemos llamar "promoción".</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/fotele-ucles_129_5682385.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 17:01:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[David Uclés, en la casa Batlló]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Cómo acabar con la educación]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/acabar-educacion_129_5675292.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/66c51f7d-8c90-4145-b431-8ff92cd4bfc1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La enseñanza de calidad al alcance de todos, independientemente del nivel económico de la familia del alumno, es uno de los grandes hitos de la humanidad. Es imprescindible para construir una sociedad de ciudadanos libres que piensen por sí mismos y que entiendan las múltiples estrategias de alienación de los poderes políticos y económicos. La educación emancipadora no es una instrucción dirigida a realizar adultos funcionales, eficaces y obedientes que puedan incorporarse fácilmente al engranaje productivo del capitalismo. La buena educación dota a los niños de las herramientas necesarias para entenderse a sí mismos y entender su lugar en el mundo, para ser conscientes de la importancia de los lazos que nos unen a los demás, de los valores humanos y humanistas que hacen que la vida colectiva pueda ser una vida buena. Es una educación que fomenta el buen trato, que hace crecer y potencia las capacidades innatas de cada criatura, que las "empodera" para poder pisar con firmeza el suelo siempre inestable de la existencia. No va de currículums ni proyectos: va de vínculos y convivencia, de reconocimiento y respeto. Y va a tener figuras de referencia que nos guíen más allá del ámbito de la familia.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/acabar-educacion_129_5675292.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2026 17:00:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Lo más eficaz para acabar con la educación universal es atacar directamente a esta pieza fundamental de la educación: los profesores y maestros vocacionales", escribe Najat El Hachmi.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todo este miedo es fomentado]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/miedo-fomentado_129_5667995.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/0721c246-4ae8-4317-89e8-974a238b582e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La señora sufre y sufre todo el día por si le ocupan el piso que se compró con sus ahorros de toda una vida. No hay día en que no encienda el televisor y no encuentre imágenes de inmuebles destrozados, terribles violaciones de la propiedad privada. Los espantaviejas ocupan buena parte de la parrilla matinal. La señora no ve, claro, la perversión de un sistema que especula con la vivienda, dominado por grandes tenedores y fondo buitre que hacen imposible el acceso a un techo digno, y que la utiliza a ella de peón para imponer un clima general en el que los desahucios no sólo son aceptables sino que son del todo necesarios. Da igual que los "lanzamientos" sean de familias, de niños. La propiedad es más sagrada que la compasión hacia los desamparados, y ponerlos en el mismo saco que en los aprovechados y los drópolos hace más fácil su deshumanización. O sea que el miedo a la señora es, en realidad, miedo a la pobreza, a quienes no tienen nada. Si no tienen nada, no pueden perder nada y, por tanto, podrán arriesgar mucho más que quien tiene algo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/miedo-fomentado_129_5667995.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Mar 2026 17:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un grupo de mujeres iraníes pasan por delante de un mural junto a la antigua embajada de EEUU en Teherán, a principios de este año.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuestro deseo sin casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/deseo-casa_129_5659230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/900335c6-4ba0-4458-b14b-9ad899df67d2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hablamos mucho de la violencia que se produce en la intimidad de las relaciones, pero muy poco del deseo, de lo que nos ocurre a las mujeres en el terreno pantanoso de la sexualidad. Como cualquier otra vivencia humana, el sexo, el amor y el erotismo también se aprenden, no surgen de manera instintiva sin más, desligados de la cultura. Por las representaciones disponibles, en la literatura, en el mundo audiovisual, en las historias que cuentan sobre nosotros, sabemos muy bien cómo es el deseo de los hombres, en qué consiste, cómo se expresa y hasta dónde puede llegar. O mejor dicho, conocemos el deseo de los hombres que se sienten con el derecho de mostrar sus dimensiones, de hacer una exhibición de fuerza no sólo para impresionar a sus posibles presas amorosas sino para competir con otros machos como ellos, para demostrarles que la tienen más larga, que son más potentes y que tienen más poder. La sexualidad que domina el imaginario colectivo es, por tanto, la sexualidad de los depredadores que viven la conquista como una cacería. Por no quedar como débiles y desvalidas criaturas ante sus compañeros de sexo, persiguen, asedian, dominan y, a veces, domestican hasta la aniquilación a las mujeres, que convierten en trofeos.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/deseo-casa_129_5659230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Feb 2026 17:00:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hay que acompañar a los jóvenes en materia de coeducación, sexualidad y prevención de violencias machistas]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prohibido prohibir las prohibiciones religiosas]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/prohibido-prohibir-prohibiciones-religiosas_129_5652236.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/79093816-9adb-43e8-97f8-9efcbcce0be6_16-9-aspect-ratio_default_0_x905y466.jpg" /></p><p>Sólo la mala fe o la más absoluta ignorancia pueden dar crédito a Vox y su propuesta de prohibir el burka y el niqab en los espacios públicos. Hablan de "nuestra cultura" como si la suya fuera la de todos. Su patriotismo rancio, su nostalgia franquista, su misoginia radical y su talante liberticida sí no es "nuestra cultura". Pero lo sorprendente no es el racismo de Vox sino la ineptitud de una izquierda que no parece verlas venir, y por pereza, por mediocridad o cobardía deja que algunos temas espinosos se vayan incubando hasta hacer eclosión en polémicas como la de estos días.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Feb 2026 10:11:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dos mujeres con burka en Barcelona, el pasado diciembre.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Privatizar la adolescencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/privatizar-adolescencia_129_5645420.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/f3303fbb-9ca1-4170-85ef-b2765bddbb92_16-9-aspect-ratio_default_0_x1559y1248.jpg" /></p><p>Los jóvenes de hoy carecen de espacios propios y comunes donde puedan relacionarse con libertad y autonomía sin la intervención de los adultos. Existe el espacio dedicado a la educación reglada y los de las actividades extraescolares, pero fuera de este amplio abanico de tiempo organizado, ¿qué les queda? En el mundo físico y analógico, sólo el consumo: calles llenas de tiendas y centros comerciales. Los parques disponibles están pensados ​​para niños pequeños. En algunas plazas, escasas, todavía hay alguna mesa de ping pong. Sea como fuere, hay un momento en que los niños y niñas desaparecen de la ciudad. Si echamos un vistazo al tipo de gente que encontramos en la calle, fuera de las horas de entrada y salida de los centros educativos, vemos a gente mayor o niños muy pequeños, pero se diría que los adolescentes no existen. ¿Dónde están? Cerrados en su casa, claro, y, en muchos casos, en sus habitaciones, donde se ha desplazado toda la vida social que antes tenían de forma presencial, real, siendo un cuerpo en serio y no un avatar digital. La virtualización de la infancia y la adolescencia es un fenómeno inédito del que no conocemos las consecuencias a largo plazo. De momento, los datos sobre los problemas de salud mental en esta franja de edad son tan alarmantes que deberían llevarnos a revisar este cambio social que ni hemos decidido ni evaluado detenidamente. A los padres que tuvimos hijos al borde del milenio después nos dijeron que no podíamos hacer nada, que no podíamos oponernos a la digitalización y virtualización de nuestros propios vástagos. Estar en contra es ser rancios, tecnófobos y, prácticamente, unos amish de internet.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Feb 2026 17:00:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Unos adolescentes jugando en la pista de una escuela de Barcelona, en una imagen de archivo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La reinserción de Urdangarin y los chicos de mi barrio]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/reinsercion-urdangarin-chicos-barrio_129_5638215.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/9c4138ee-9930-407f-8368-da0ed02aa934_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>He ido a prisión varias veces, siempre invitada como escritora en los centros de formación de adultos que suelen tener. La visita que más me golpeó fue la del centro penitenciario de jóvenes, que antes estaba en Trinitat. Era un centro antiguo y destartalado con unas puertas gruesas de metal. El simple hecho de estar ahí dentro ya me provocaba cierta angustia, y me parece admirable el trabajo de los profesionales que acuden cada día a trabajar. Cuando los edificios son nuevos, como el de Lledoners o el de Puig de les Basses, el espacio es más aséptico y la arquitectura menos carcelera, pero el nudo en el estómago está a todas luces. Sobre todo cuando vas entrando y las puertas se van cerrando detrás de ti y te pones en la piel de quienes nunca salen de allí. Digo que la cárcel que más me golpeó fue la de jóvenes porque estaba llena de chicos que me resultaban muy familiares. De hecho, lo encontré de mi barrio, que me daban recuerdos para mis hermanos, y algunos no quisieron asistir al acto porque les daba vergüenza que los reconociera. Entre esos niños habría delincuentes vocacionales, auténticos malos de película, pero me dio la impresión de que muchos estaban allí por malas decisiones, para envolverse en ilegalidades sin calibrar muy bien las consecuencias a largo plazo de sus actos. Los chicos de mi calle que acababan en prisión –estos sí que los conocía– eran producto de la pobreza, del abandono en el que les dejaban los padres (con lo que los chicos son de la calle y las chicas de casa, ellos salían perjudicados por el machismo) y, en muchos casos, de la drogadicción. Recuerdo al Musta, por ejemplo, afable y simpático, cuyo nombre encontré un día en una nota breve de<em>El</em> <em>9 Nuevo</em>. Había muerto por sobredosis.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/reinsercion-urdangarin-chicos-barrio_129_5638215.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Feb 2026 17:00:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El cuñado del rey Felipe VI, Iñaki Urdangarin, en una imagen de archivo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reconocer a los invisibles]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/reconocer-invisibles_129_5631328.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/da402c9d-1b34-4dcc-a6de-5afaf3c735f2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>De vez en cuando llegaba el rumor: "Están a punto de abrir, abrirán en breve", y yo no entendía nada. Para los papeles, decían, abrirán para los papeles, y eso quería decir que lo darían a quien no los tenía. Que la legalidad administrativa de las personas dependiera de un verbo tan mundano, que se aplica a las puertas, me hacía levantar la ceja con escepticismo, pero el lenguaje burocrático se traslada al habla cotidiana de las lenguas orales en símiles y metáforas útiles y efectivos. Que "abrirían" los papeles quería decir que habría una regularización extraordinaria de inmigrantes. Por ser la niña intérprete que fui también debía aprender a encontrar las correspondencias entre la lengua del ordenamiento jurídico y las palabras escogidas por familiares y vecinos para hacer referencia a ellas. En cualquier caso, cuando se anunciaba que "abrirían", se contagiaba una sensación de euforia, de alegría, la esperanza de llegar a alcanzar la condición de ser legales, tener derechos, cotizar y, sobre todo, dejar atrás la posibilidad de ser llevados a un centro de internamiento de extranjeros o de ser expulsados. Aunque aquí no hay brigadas especializadas como el ICE estadounidense, no tener permiso de residencia significa vivir siempre en los márgenes, en la inseguridad de los parias, pisando un terreno siempre inestable. La intemperie administrativa es intemperie incluso si la persona tiene un techo y un trabajo. La condición de ilegal comporta una vulnerabilidad específica, que aprovechan explotadores de todo tipo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/reconocer-invisibles_129_5631328.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Jan 2026 14:06:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Concentración para reclamar la regularización de los inmigrantes en junio de 2020.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carroñeros de la tragedia]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/carroneros-tragedia_129_5624526.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/9ef2878c-6625-4559-a33c-d28665047924_16-9-aspect-ratio_default_0_x582y468.jpg" /></p><p>De todos los medios de transporte que existen el tren siempre me ha parecido lo más cómodo. Te lleva sin que tengas que conducirla, si las vías serpentean no las notas como en un autocar, los vagones se deslizan como si todo el terreno fuera plano. A diferencia del avión no te asoma al vértigo de las alturas y aunque el viaje sea largo no debes despojarte de la dignidad al pasar el control de seguridad como en los aeropuertos. Me he pasado media vida, en los trenes, desde la peor línea de Cercanías hasta Aves en los que me ofrecían cava. Siempre se produce una convivencia única, es un espacio donde se pueden observar vidas ajenas, actitudes y formas de hacer alejadas de las que nos son cercanas. En el último que cogí, la semana pasada, una mujer con acento brasileño pedía ayuda para colocar su enorme maleta gritando "¿es que no hay ningún hombre aquí?". "No soy hombre", le dije, "pero puedo ayudarla". Otras veces me lo han ofrecido a mí, la mano. Que alguien esté dispuesto a hacerlo me llena de esperanza y confianza. Mientras nos ayudamos a subir maletas, a bajar cochecitos de bebé, a colocar la silla de ruedas y ofrecemos un brazo donde pueda apoyarse una mujer mayor conservaremos el rasgo evolutivo más importante y más humano de todos: la empatía.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/carroneros-tragedia_129_5624526.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Jan 2026 12:11:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El tren accidentado en Gelida, el miércoles por la mañana.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La impunidad y Julio Iglesias]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/impunidad-julio-iglesias_129_5617475.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/17d158aa-ee5a-4bac-8a55-62a2dda81b11_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Es triste leer <a href="https://es.ara.cat/cultura/julio-iglesias-acusado-agresiones-sexuales-ex-trabajadoras-mansiones_1_5616437.html" >los testigos</a> de las mujeres que denuncian los presuntos abusos de Julio Iglesias publicados por <a href="http://diario.es/" rel="nofollow"><em>Eldiario.es</em></a> y no sentir sorpresa, que los hechos explicados sean perfectamente plausibles, que no nos extrañen lo más mínimo. Lo que no evita, claro, la conmoción que provocan algunos detalles estremecedores sobre el sistema de explotación al que sometía a sus víctimas. Podíamos haber deducido fácilmente, por cómo hablaba de las señoras y por cómo las trataba en público, que el <em>latin lover</em> era, en realidad, un depredador sin escrúpulos. Pero son así, estos seductores empedernidos, no pueden evitarlo, tienen tanta potencia sexual que deben ir por el mundo tirándose todo lo que se les pone delante. Era una de las cosas por las que se admiraba el cantante en todo el mundo: por ser un conquistador sin que nadie se preguntara qué pensaban sus conquistas. ¿Y qué debían pensar? Qué honor, qué privilegio ser elegida por un señor que las podía tener todas, con éxito, dinero y poder. ¿Qué tenían que decir ellas, que apenas entraron en la edad adulta, cuando, en medio de una entrevista, les hacía comentarios sobre su físico, les preguntaba si tenían novio o les plantaba un beso en los morros? Con el escándalo de las denuncias, las televisiones han hecho recopilaciones de los momentos estelares del personaje que estremecen, porque constituyen agresiones en toda regla hechas en vivo y en directo ante un público que ríe y aplaude y celebra esta violencia normalizada. ¿Quién podía decir ni media palabra si él era así; ya se sabe, los hombres. Al ver las imágenes de besos he recordado a todos los ajenos asquerosos, la flexibilidad que adquieren los cuellos de las mujeres a base de hacer la cobra, todas las estrategias que hemos tenido que adoptar para esquivar a quienes piensan que son buenos amantes cuando no tienen ni la más remota idea de lo que quiere decir el buen sexo, que empieza y cono siempre con.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/impunidad-julio-iglesias_129_5617475.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Jan 2026 10:20:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Julio Iglesias en una imagen de archivo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madres totales]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/madres-totales_129_5611348.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/b920d590-0b04-4310-ba81-e671fa62e267_16-9-aspect-ratio_default_0_x2294y1321.jpg" /></p><p>Cuando mis hijos eran pequeños y los llevaba a jugar al parque siempre me sorprendía encontrarme con la misma escena: madres que se metían dentro del arenero con sus vástagos, ocupando un espacio enorme de lo poco que tenían las criaturas para esparcirse en medio de la ciudad; madres que subían hasta el comienzo de los toboganes, que se tiraban para acompañar a ese proyecto de persona que ahora debe tener graves problemas para gestionar las frustraciones normales de la vida. Tantas teorías sobre crianza, tanta información y tantos esfuerzos por hacer lo que no habríamos tenido que hacer los padres del presente: robarles a nuestros hijos la capacidad de hacerse robustos enfrentándose gradualmente a las dificultades, privándoles sistemáticamente de la sensación de poder que da el hecho de resolver por uno mismo los problemas.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/madres-totales_129_5611348.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Jan 2026 17:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Parque infantil de Barcelona]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El edadismo tiene nombre de mujer]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/edadismo-nombre-mujer_129_5606806.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/2c43f32c-2092-4bac-9f53-2f34685c228c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>No es que no le hablen de usted, es que la tratan como si fuera idiota. O peor aún, como si fuera una niña pequeña. Ella, que ha perdido la cuenta de las décadas que lleva trabajando, esforzándose, adaptándose continuamente a una realidad cambiante, debe aguantar a este par de barbamecos que le muestran un desprecio de cobardes. Sí, cobardes porque seguro que no se encararían por igual ni con quien tiene su misma fuerza vital ni con un hombre, por muy grande que fuera. Es edadismo pero también machismo, formando una aleación repugnante que cae como una brea pegajosa sobre las señoras que la padecen. Imagínate tener sesenta, setenta, ochenta años y que ahora vengan los chavales a darte lecciones. O peor aún: a contarte las cosas como si no entendieras o como si no tocases o como si no tuvieras ni idea de cómo va el mundo. En su día ya hiciste lo suficiente educando a los hombres que te rodeaban para mostrarles, bien pacientemente, bien pedagógicamente, cómo debían tratarte a ti y al resto de mujeres. Pararles los pies, esquivarlos y rehuirlos cuando intuías que eran peligrosos era algo, pero ahora, ahora que ya hace tanto que saliste a manifestarte contra la penalización del adulterio, que te calzaste las botas para entrar, con tantas otras compañeras, en las oficinas, en los partidos, en las universidades, en las administraciones, en las administraciones, conquistar tu propia independencia, ahora que hace tanto que ganaste el derecho de ser persona, llegan estos mediamerdas y te tratan con ese desprecio. ¿Que no tienen madre? ¿Que no tienen abuelas? ¿Que nadie les ha educado para comportarse en sociedad? No es que te hayas vuelto invisible como dicen que ocurre cuando te haces mayor. Ojalá ni te vieran y te dejaran en paz, pero es aún peor. Los molestas. Lo notas en cómo te miran, cómo fruncen la nariz. No es tan diferente a lo que ocurría antes, cuando la condición de estorga que lleva esta etapa no reproductiva te convertía en un viejo trasto digno de ser arrinconado. Se ríen, mofetas, si te equivocas en una palabra cuando te atienden en cualquier establecimiento, te hablan poco a poco y gritando como si todas las viejas fueran sordas y cortas, te dicen <em>abuela </em>sin que puedas contestarles "abuela tía" porque todavía te tomarán por demente. Si te deben venir a arreglar un aparato en casa, prepárate para recibir muchas explicaciones cargadas de tecnicismos para ir allanando el camino de la clavada que te van a echar. El último imbécil que vino te hablaba de ti y en diminutivos: "¿Ves ese caracolito, abuela?" ¿Qué debes hacer? Morderte los labios y pasar, o te pasarías el día discutiendo e indignándote. "Qué decepción", te escribe otro cuando le reclamas que cumpla con sus obligaciones. Chantaje emocional edadista y machista es lo que practican a menudo contigo estos carajitos, porque creen que tienen derecho a aprovecharse de mujeres mayores como tú. Más aún si te encuentran sola.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/edadismo-nombre-mujer_129_5606806.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Jan 2026 13:00:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una abuela con su nieta]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Albiol 'el Cruel']]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/albiol-cruel_129_5601961.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/95d72633-4fcb-42c8-b06f-a40f3459fe2b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Este año no será necesario que las televisiones emitan ninguna versión del <em>Cuento de Navidad</em> de Dickens para mostrarnos la falta de humanidad de un avaro capitalista. En Badalona tenemos a un alcalde, elegido por los votantes, que exhibe sin complejos, y se diría que con cierta satisfacción, su crueldad sin límites. Con el mundo dominado por psicópatas que ostentan el poder tanto en la política como en las grandes corporaciones, parece que se ha abierto la veda y los mediocres caudillos locales se han <em>empoderado</em>. Ya no necesitan disimular y traspasan límites que nunca habían traspasado. Por eso, Dickens es un buen espejo: quieren hacernos volver a los tiempos en los que el sentido de justicia todavía no se había vertebrado en inventos tan revolucionarios como los derechos humanos.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/albiol-cruel_129_5601961.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Dec 2025 17:00:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Grupo de personas protestante frente a la parroquia Virgen de Montserrat de Badalona, destinada a acoger a migrantes desalojados del antiguo instituto B9.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Humillar a las feministas del PSOE]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/humillar-feministas-psoe_129_5595181.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/15075046-a08a-44a4-a8c4-f770b8846e0e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Dentro del movimiento feminista la frase es tan conocida que ha adquirido categoría de eslogan: "Nada se parece más a un machista de derechas que un machista de izquierdas". Desde siempre, las mujeres que han batallado por la igualdad desde el progresismo se han encontrado con el dilema de la doble militancia: formar un partido propio o unirse a las filas de aquellos que, por la naturaleza de sus principios de justicia social, podían acomodar al feminismo. La primera opción puede parecer radical y excluyente, pero si tenemos en cuenta la hostilidad sistémica que ha caracterizado a los partidos políticos y el peaje que tienen que pagar tantas mujeres por tener un papel relevante, no es de extrañar que sea valorada.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/humillar-feministas-psoe_129_5595181.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Dec 2025 16:28:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Luis Ábalos saliendo del Supremo después de declarar el pasado 15 de octubre]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El islam tiene que adaptarse a la democracia (y no al revés)]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/islam-debe-adaptarse-democracia-no-reves_129_5588433.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/cf690086-2ae9-4e92-a64c-40c49240b87e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hay una diferencia abismal entre vivir en una sociedad secularizada y vivir en una que no lo es. Deshacernos de la dominación teocrática y separar el poder religioso del poder político es sin duda uno de los momentos culminantes de la historia de la humanidad. Los que hemos nacido en democracia ya nos hemos encontrado un mundo en el que ninguna religión es ley, pero cualquiera con un poco de memoria puede recordar lo que era vivir bajo el oscurantismo del nacionalcatolicismo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/islam-debe-adaptarse-democracia-no-reves_129_5588433.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Dec 2025 17:00:58 +0000]]></pubDate>
      <media:content url="https://static1.ara.cat/clip/cf690086-2ae9-4e92-a64c-40c49240b87e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg"/>
      <media:title><![CDATA[Unos hombres, en la entrada de una mezquita.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuestra vanidad hace esclavos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/vanidad-esclavos_129_5581985.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/261dfb8e-1890-4352-a890-c043c45bf602_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Millones de toneladas de petróleo cruzan continentes y mares para acabar en los armarios llenos de los ciudadanos occidentales. El poliéster en todas sus formas, fibras sintéticas que solo pueden ser destruidas si son quemadas, tejidos tratados con sustancias tóxicas que envenenan ríos, plantas, animales y personas. Vivimos en petróleo, dormimos en petróleo, sudamos petróleo. Buena parte de estas prendas presentadas como atractivas y deseables en los escaparates físicos y virtuales de las tiendas no son muy diferentes de las bolsas de basura. Pero tan monas, tan brillantes. La publicidad masiva hace que depositemos en este envoltorio insostenible, feo e incómodo todos nuestros anhelos de belleza y seducción. A la ropa le atribuimos infinidad de significados vinculados a la personalidad, la atracción sexual, el estatus (enmascarado ahora con palabras como <em>estilo</em>, <em>glamour</em> o <em>buen gusto</em>), el éxito amoroso y el laboral y, por encima de todo, creemos que allí reside nuestra individualidad, la expresión única de lo que somos. Solo que, con un vistazo a la pasarela cotidiana de las calles de cualquier ciudad, resulta que vamos vestidos todos igual: no somos más que obedientes soldados del poderoso ejército del sistema moda.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Najat El Hachmi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/vanidad-esclavos_129_5581985.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Dec 2025 17:00:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un punto de recogida de ropa usada, en el área metropolitana de Barcelona]]></media:title>
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