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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - artemis II]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/etiquetes/artemis-ii/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - artemis II]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[¿Modificaremos genéticamente a los astronautas para llegar a la Luna y a Marte?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/ciencia-tecnologia/biomedicina/modificaremos-geneticamente-astronautas-llegar-luna-marte_1_5720850.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/6b139671-ade8-45c1-99c1-8327c38cfaa2_16-9-aspect-ratio_default_0_x1380y458.jpg" /></p><p>Hace unos días la humanidad volvía cincuenta años después a la Luna y batía el récord del viaje tripulado más lejano en el espacio.<a href="https://www.ara.cat/ciencia-medi-ambient/moment-mes-arriscat-missio-artemis-ii-entrar-l-atmosfera-terrestre-40-000-km-h_130_5702240.html" target="_blank"> La misión Artemis II de la NASA</a> llevó con éxito a cuatro astronautas, tres hombres y una mujer, hasta la cara oculta de nuestro satélite. El siguiente gran hito será un nuevo alunizaje humano, que, si todo va como está previsto, sucederá a principios de 2028. A partir de aquel momento, con misiones cada seis meses, se construirá una base lunar permanente, que debería estar terminada hacia 2029-2030. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Sáez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/ciencia-tecnologia/biomedicina/modificaremos-geneticamente-astronautas-llegar-luna-marte_1_5720850.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Apr 2026 05:06:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fotograma de la película "Mart".]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[La exposición a elevadas dosis de radiación en el espacio profundo pueden causar cáncer y neurodegeneración en los humanos]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dedo y la Luna]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/dedo-luna_129_5707431.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/987f9add-7124-43bc-8145-87c2a36cf239_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La llegada a la Luna en 1969 fue una gesta tecnológica, pero sobre todo política y simbólica. Surgió en un mundo polarizado donde cada avance científico era, o quería parecer, una demostración de fuerza. En aquel contexto, los Estados Unidos convirtieron el programa Apollo en una operación prioritaria. Había que demostrar que su modelo social, económico e ideológico era capaz de conseguir aquello que la Unión Soviética no podía, y subrayar de la manera más teatral e incontestable posible la superioridad de un sistema político. La presión generó una concentración de dineros y una voluntad colectiva que hoy cuesta imaginar. Eran los felices años sesenta, sí, pero lo que subió la broma resulta desconcertante: durante el momento álgido del programa Apollo, entre 1964 y 1966, el presupuesto de la NASA llegó a representar entre el 4% y el 4,5% del gasto federal y aproximadamente el 0,8% del PIB de los EE. UU., que entonces era, y con muchísima diferencia, el país más rico del mundo. Se trataba de una millonada desproporcionada, pero, aun así, tuvo poca oposición. La tecnología disponible en aquel momento –ordenadores con una capacidad ridícula, materiales aún en fase experimental, etc.– también desconcierta, pero la determinación política y social era absoluta. El riesgo se asumía como parte del proyecto, y la sociedad aceptaba una dosis de audacia casi suicida, que hoy quizá no se aceptaría.El Artemis II, en cambio, se inscribe en el seno del “nuevo desorden mundial”, donde la lógica de bloques ha sido sustituida por una multiplicidad de actores, intereses y prioridades a menudo contradictorias. La carrera espacial ya no es un gran duelo ideológico, sino un modesto futbolín de competencia económica y exhibición tecnológica. Las agencias espaciales deben justificar cada euro invertido ante opiniones públicas fragmentadas por un ecosistema mediático que exige resultados inmediatos y fotogénicos. La tecnología es inmensamente superior –sistemas de inteligencia artificial de última generación, materiales ultrasofisticados, simulaciones que anticipan miles de escenarios–, pero la voluntad colectiva es más difusa. El riesgo, que en 1969 era un elemento excitante inherente a la epopeya, hoy se percibe de una manera muy diferente. La paradoja –tecnología exponencialmente más avanzada, pero gestas percibidas como menos épicas– revela un cambio profundo en la mentalidad posmoderna.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ferran Sáez Mateu]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/dedo-luna_129_5707431.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2026 16:03:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Tierra, vista desde la cara oculta de la Luna, en una imagen del Artemis II que ha sido difundida por la Casa Blanca]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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    <item>
      <title><![CDATA[Cómo cargarse un momento histórico]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/media/cargarse-momento-historico_129_5704931.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/a9a96d47-39bc-4bcb-ac6d-f9b1d4213dbc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>El amerizaje de la cápsula Orión la madrugada del sábado, que suponía el final de la misión del Artemis II, fue de una espectacularidad y un suspense extraordinarios. En la etapa más peligrosa de la misión entran en juego otros elementos, como la belleza de las imágenes, la violencia del contacto con la atmósfera y la eventual pérdida de conexión con la tripulación.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mònica Planas Callol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/media/cargarse-momento-historico_129_5704931.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 19:28:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Momento de la cobertura de TVE.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cara oculta de la Tierra]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cara-oculta-tierra_129_5703841.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/e05e267d-d4bf-400f-8e40-f75d739ffadc_16-9-aspect-ratio_default_0_x941y455.jpg" /></p><p>Mientras el Artemis II circunnavegaba la Luna en riguroso directo, las bombas caían y caían miserablemente sobre Beirut, el presidente de los EUA anunciaba la liquidación de toda una civilización de un plumazo y el FMI alertaba que nos preparáramos para lo peor. Mientras mirábamos la Luna teledirigidamente, la guerra global permanente aceleraba sus pulsiones homicidas y lunáticas en la tierra. Y eso que mirar la Luna libremente es un derecho universal en todo el mundo que, por ahora, nadie ha conseguido prohibir ni mercantilizar. Todavía. No será por contradicciones ni antagonismos, ni que una cosa no niegue la otra –o sí– ni que nos roben la atención cada día, el negocio contemporáneo más rentable, mientras nos hurtan la cartera cada noche. Equilibrio improbable, si el imprescindible conocimiento científico me emociona a cada avance, la carrera imperial geopolítica lunar me espanta a cada paso. Palabras de Montaigne: "Anaxímenes escribió a Pitágoras: ¿cómo puedo ocupar mi tiempo resolviendo el secreto de las estrellas, si delante siempre tengo la esclavitud y la muerte?".A aquella pel·lícula titulada <em>Don’t look up</em> –no mires arriba y no tomes conciencia ecologista, en la era del antropoceno, de cómo estamos destrozando el planeta– podríamos añadirle el <em>Don’t look down</em> –evita mirar siempre las devastadoras consecuencias sociales del capitalismo en fase canalla, bélica, autoritaria y sociópata–. Incluso, también nos ordenan sutilmente no mirar nunca ni al lado –ni preocuparnos si el vecino está a punto de ser desahuciado, si la salud mental le tambalea o si la soledad se lo está tragando–. Es decir, casi con carácter general, la órden sistémica sistemática es que, entre el ombligo y la nave espacial, no miremos a ningún sitio. Y que solo miremos la pantalla, donde el algoritmo –que ya te conoce mejor que tú– te hará feliz con dopamina adictiva. Sin renunciar a ningún campo de batalla, los que elegimos y los que no, tampoco puedo abstenerme de decirlo esta semana que ya concluye: ojalá se llenen más las bibliotecas que no TikTok. Ojalá. Y si dicen, como metáfora, que Yuri Gagarin espetó "No veo a ningún Dios por aquí arriba", uno se pregunta, aquí abajo, dónde demonios está Dios en Gaza. ¿En ningún sitio?Viaje al centro de la Tierra, resulta que el afán de fuga para conquistar la Luna conecta torpemente, en una revivida carrera espacial geopolítica, con los multireincidentes de verdad. Los lobos esteparios del mercado libre y los proxenetas del poder –tan a menudo marcianos, tan a menudo extraterrestres–. La cara oculta de la Tierra no tiene nada de oculta: vendría a ser no aquello que no se ve, sino aquello que no queremos mirar. Aquello que vemos cada día y nos negamos a asumir. Ensayo sobre la ceguera, diría Saramago. Artemis II costará 93.000 millones de dólares. El 3,8% de un presupuesto militar global desbocado. Es la misma cantidad con la que la ONU ha cifrado el coste de erradicar la hambruna completamente de la faz de la Tierra –no de la Luna–. Mientras tanto, en el espacio, vamos haciendo lo mismo que en la Tierra: ensuciarlo en un vertedero infinito. Oficialmente se calcula que ya orbitan la Tierra más de 10.000 toneladas de desechos y cacharros. Un poema –<em>Un adiós a los astronautas</em>– de Hans Magnus Enzensberger hurga en la herida: "Solo que a los planetas / donde no crecen naranjos / ni nogales ni viñedos / les doy poco valor. [...] Pobre en fantasía y más bien conservador /\u00a me atengo a promesas / más antiguas: /\u00a la tierra a la tierra /\u00a y el polvo al polvo".Ni tecnofílico ni tecnofóbico ni tecnoneutro ni tecnofascista, hace muchos años leí una pequeña joya de ética terrestre sub lunar llamada <em>Gente que no quiere viajar a Marte </em>(Catarata, 2004). Lo escribió el bueno de Jorge Riechmann, filósofo, profesor y ciudadano comprometido. Hoy a Jorge le piden penas de prisión, en<a href="https://norepresionprotestaclimatica.org/" rel="nofollow"> dos juicios previstos para mayo en Madrid</a>, por protestar, pacífica y científicamente, ante la inacción frente a la emergencia climática. Cosas que pasan en la Tierra y no en la Luna, porque bien seguro que hay otros mundos, pero diría que todos están en este. En aquel libro, que revisito a menudo, leí una frase de Stanisław Jerzy Lec:  "No intentes alcanzar la Luna. Aún nos tiene que durar mil millones de años". Es muy probable que la tecnofantasia nihilista nos haga creer en otros planetas porque ya no creemos en este, y que nos haga creer en el transhumanismo tecnológico porque ya no damos un duro por la ambigua y ambivalente condición humana. Desistiendo por completo de la exploración terrestre –pongamos por caso– de la justicia social, la transición ecosocial, la democracia política o la libertad entre iguales. A ras de suelo, entre el derecho a mirar la Luna y el deber de conservar la Tierra, habrá que dirimir radicalmente que una cosa es la colonización imperial del espacio bajo la sucia ley del <em>far west</em> y otra, muy diferente y antagónica, la sabiduría humilde de Carl Sagan. Hace mucho, sobre este pálido punto azul donde aún vivimos, escribió esto, a propósito de la cara –ni oculta ni oscura– de la Tierra:<em>« Mira otra vez este punto. Esto es aquí, esto es nuestro hogar, esto somos nosotros. En él todos los que amas, todos los que conoces, todos aquellos de quienes has oído hablar, cada ser humano que existió alguna vez, ha vivido su vida. La suma de nuestra alegría y de nuestro sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilización, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño con esperanza, inventor o explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie han vivido allí –en una partícula de polvo suspendida en un rayo de sol.</em><em>La Tierra es un escenario muy pequeño en una vasta arena cósmica. Pensad en los ríos de sangre derramada por todos aquellos generales y emperadores de manera que, en la gloria y en el triunfo, pudieran convertirse en los amos momentáneos de una fracción de un punto. Pensad en las crueldades inacabables cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los habitantes difícilmente distinguibles de alguna otra esquina, cuán frecuentes son sus malentendidos, cuán se desvían para matarse los unos a los otros, cuán encendidos son sus odios. Nuestro posicionamiento, nuestra autoimportancia imaginada, la ilusión de tener alguna posición privilegiada en el Universo, son desafiados por este punto de luz pálido.</em><em>Nuestro planeta es un punto solitario en el gran envoltorio de oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastitud, no hay ninguna pista que indique que la ayuda llegará de cualquier otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido por ahora que albergue vida. No hay ningún otro lugar más, como mínimo en el próximo futuro, al cual nuestra especie podría emigrar. Visitar, sí. Instalarse, no todavía. De una manera u otra, de momento la Tierra es el lugar donde tenemos que hacer nuestra parada. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizás no hay mejor demostración de la locura de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro mundo minúsculo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad a la hora de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar este punto azul pálido, la única casa que siempre hemos conocido».</em> Amén.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Fernàndez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/cara-oculta-tierra_129_5703841.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 16:26:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Tierra, vista por la misión Artemis II.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Colonizar la Luna]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/colonizar-luna_129_5701675.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/913c4e4f-1514-4ae5-9af8-35f5992a6209_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La ciencia ficción es uno de los géneros que mejor permiten comprobar que la imaginación humana es más fiable de lo que a menudo nosotros mismos estamos dispuestos a conceder. Con el paso de no muchos años, ideas de la ciencia ficción que eran catalogadas como simples fantasías se han convertido en realidades: por ejemplo, solo ciento cuatro años separan la publicación de la novela <em>De la Tierra a la Luna</em>, de Julio Verne, de la llegada del Apolo XI a nuestro satélite. Los cambios se han producido más deprisa a medida que avanzaba el siglo XX y llegaba el XXI: el guion de la película <em>Blade Runner</em> (basado libremente en un relato de Philip K. Dick) ponía sobre la mesa cuestiones como la inteligencia artificial, la manipulación genética, el cambio climático o los grandes movimientos migratorios, que en poco más de cuarenta años son los problemas más destacados de la agenda internacional. Otra película basada en una novela (la ciencia ficción practica la promiscuidad de lenguajes narrativos, y va de la mano de la literatura, el cine, el cómic, los videojuegos, etc.), como <em>Soylent green</em>, planteaba la crisis alimentaria mundial y la degradación de la democracia con la consiguiente emergencia de formas de gobierno autoritarias, como vemos hoy. La empresa californiana Foundation impulsa la fabricación en serie de un robot llamado Phantom MK-1 que –a diferencia de las otras grandes propuestas de robótica conocidas hasta ahora– está diseñado específicamente para combatir en situaciones de guerra (<em>Terminator</em>). Las grandes tecnológicas hace tiempo que investigan los viajes en el tiempo y la colonización de Marte.La lección de todo ello es que todo aquello que imaginamos también es real. Si podemos imaginarlo, ya es real. Por eso, de Aristóteles hasta los surrealistas, siempre ha habido quien ha defendido la lucidez de los sueños. Las ideas que en algún momento eran rechazadas, burladas o directamente perseguidas como fantasía, delirio o blasfemia (como viajar a la Luna, como demostrar que la Luna orbitaba alrededor de la Tierra y que la Tierra orbitaba alrededor del Sol, como afirmar que la Tierra es redonda y no plana) se convierten en realidades empíricas y fehacientes gracias a la inteligencia y el esfuerzo persistente de una especie, la humana, que no siempre se dedica a cometer atrocidades.El viaje de Artemis II ha abierto la era de la conquista de la Luna. El objetivo será habitar la Luna, establecer bases y laboratorios, trabajar allí, construir allí, colonizarla. Esto significa una nueva carrera entre las potencias del mundo, y la necesidad de desplegar una legislación <em>ad hoc</em> que será compleja y que habrá que evitar (desconozco cómo) que no sea puesta desde el inicio al servicio de oligarquías y oligopolios. Y que no se cumpla otra predicción de la ciencia-ficción, en este caso del film <em>Matrix</em>: “Ustedes, los humanos –decía el agente Smith–, se establecen en un lugar, consumen todos los recursos y, cuando ya los han agotado, van a otro lugar y vuelven a hacer lo mismo. Solo hay otra especie que se comporte así, y son los virus”.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastià Alzamora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/opinion/colonizar-luna_129_5701675.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 17:57:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El eclipse visto desde el otro lado de la luna]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Si la humanidad busca sobrevivir a futuras catástrofes, deberá establecerse en diversos planetas"]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/sociedad/humanidad-busca-sobrevivir-futuras-catastrofes-debera-establecerse-diversos-planetas_128_5700831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/6cdc89a5-954b-41cf-9aa9-b3afb0f6d1c6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Al día siguiente de que los cuatro astronautas de la misión Artemis II <a href="https://es.ara.cat/ciencia-tecnologia/artemis-ii-prepara-historia_1_5699680.html" >hagan historia</a> al convertirse en los humanos que más lejos han llegado al espacio —406.771 kilómetros de distancia de la Tierra—, el ARA entrevista a Josep Maria Trigo, investigador principal del grupo de Asteroides, Cometas, Meteoritos y Ciencias Planetarias del Institut de Ciències de l'Espai (ICE-CSIC) y del Institut d'Estudis Espacials de Catalunya (IEEC).</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gemma Garrido Granger]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/sociedad/humanidad-busca-sobrevivir-futuras-catastrofes-debera-establecerse-diversos-planetas_128_5700831.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 05:03:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El astrofísico Josep María Trigo]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[Investigador principal del Grupo de Asteroides, Cometas, Meteoritos y Ciencias Planetarias del ICE-CSIC]]></subtitle>
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