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    <title><![CDATA[Ara en Castellano - Sílvia Rosés]]></title>
    <link><![CDATA[https://es.ara.cat/firmes/silvia-roses/]]></link>
    <description><![CDATA[Ara en Castellano - Sílvia Rosés]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
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      <title><![CDATA[¿Hacen falta cinco horas de cola para un vestido de graduación?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/falta-cinco-horas-cola-vestido-graduacion_129_5738786.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/f91c0399-e197-4c90-9f8c-b086148542ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Podría parecer que a medida que las sociedades se modernizan tienden a desembarazarse gradualmente de aquellos rituales heredados cargados de cartón. Los tiempos actuales, cada vez más orientados a la practicidad y la inmediatez, han ido afinando muchas ceremonias sociales que hoy parecen excesivamente solemnes: desde el rigor de vestir de luto hasta los protocolos asociados a bautizos o comuniones. Pero, de vez en cuando, emergen rituales que, como salmones obstinados nadando a contracorriente, no solo sobreviven sino que reaparecen hipertrofiados, revestidos de un ceremonial que ni siquiera habían tenido en el pasado. Es el caso de las graduaciones. El giro es tan inesperado que ya hay marcas especializadas en este nicho festivoacadémico y adolescentes capaces de esperar pacientemente cinco horas de cola para conseguir el traje con el que escenificar públicamente que han acabado cuarto de ESO.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 22:00:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una joven esperando en la calle, vestida para su graduación en el instituto]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[El diablo que viste de Prada ya no da miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/diablo-viste-prada-no-da-miedo_129_5734259.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/2b71396c-d833-4a3b-93f2-5883cc6c540d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Hace justo veinte años, Hollywood estrenaba, sin pretenderlo ni esperarlo, un film que acabaría convirtiéndose en un icono del mundo de la moda, <em>El diablo se viste de Prada</em>. Bajo la apariencia de una comedia ligera, la película escondía un trasfondo mucho más mordaz de lo que podía parecer a primera vista. El relato daba vida a la novela homónima de Lauren Weisberger, que partía de su propia experiencia como asistente de Anna Wintour, editora en jefe de <em>Vogue</em> y una de las figuras más poderosas de la industria. Pero aquello que podría haber quedado en una simple crónica del mundo de la moda se convertía, en realidad, en una reflexión más profunda: no tanto sobre la moda en sí misma como sobre las formas de poder que la sostienen y, en particular, sobre el grado de violencia que nuestra sociedad está dispuesta a aceptar cuando este poder se presenta como excelencia.Hablar de Anna Wintour no es hablar solo de la revista <em>Vogue</em>, sino de una figura que ha redefinido las reglas del juego de la moda contemporánea. Dotada de un olfato especialmente fino para detectar tendencias y nuevos talentos –como los de John Galliano o Alexander McQueen–, ha sido también la artífice de uno de los rasgos que hoy definen el sector: la hibridación entre la alta moda y las estéticas más cotidianas. Y, en paralelo, ha contribuido decisivamente a convertir la inauguración de una exposición de moda en un acontecimiento de alcance global, como la gala del Met, que justo ha tenido lugar el 4 de febrero. Sin embargo, siguiendo el relato de Weisberger y el calificativo con que ella misma la bautizó –demonio–, Wintour encarna también una determinada manera de entender el poder: como un ejercicio de violencia perfectamente normalizada, tanto dentro del sector como en relación con todas las personas que la rodean. Trabajar para ella implica asumir como naturales la vejación constante, la competencia extrema y la renuncia a cualquier forma de vida personal. Al fin y al cabo, como se repite en <em>El diablo viste de Prada</em>, “un millón de chicas matarían por este trabajo”, aunque eso signifique ver reducido un currículum brillante a tareas tan anodinas como llevarle el café, recogerle la ropa de la tintorería o satisfacer los caprichos de sus hijas.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 May 2026 05:08:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Anna Wintour en la King's Trust Global Gala celebrada en Christie's el 29 de abril de 2026 en Nueva York]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[El vestido de flamenca: ¿folclore o disfraz?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/vestido-flamenca-folclore-disfraz_129_5734256.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d0eae052-39f8-42e6-a4d2-c993a1e551ee_16-9-aspect-ratio_default_1057815.jpg" /></p><p>En Andalucía, todo puede cambiar en cuestión de días. Los negros, las capuchas y los rosarios –expresiones visibles de penitencia, renuncia y fe– se disuelven de repente en una explosión de topos, colores, flores y cuerpos que reclaman protagonismo en la Feria de Abril. Los golpes en el pecho y los llantos descarnados de las procesiones de Semana Santa dan paso a la fiesta, el exceso y la desmesura. Si en un caso la estética impone contención y anonimato, en el otro exige exactamente lo contrario: destacar y ocupar espacio bajo la mirada de los demás. No se trata solo de un cambio de ambiente, sino también de un desplazamiento más profundo: de una emoción a otra, de una manera de sentir y de habitar el cuerpo marcada, con una precisión casi ritual, por el calendario a otra. Como si la fe (o su teatralización) también tuviera estaciones. Y es aquí donde entra en juego uno de sus instrumentos más elocuentes. Porque, en la Feria, esta necesidad de ser visto se viste. Y lo hace con una pieza que concentra todas las miradas: el traje de flamenca.A pesar de la percepción actual, este vestido no nació como pieza de lucimiento, sino como indumentaria de las clases populares del siglo XIX. Lo llevaban campesinas y vendedoras que acudían a las ferias ganaderas andaluzas, especialmente a la Feria de Abril, que en sus orígenes era un espacio comercial y no festivo. Su forma respondía a los patrones de la época: cuerpo ajustado y falda con volumen, en este caso resuelto con volantes. Estos volantes, hoy distintivos del vestido, se han interpretado de diversas maneras. Por un lado, se han vinculado a contextos gitanos y andaluces, en los que el movimiento del cuerpo (tanto en el baile como en la gestualidad cotidiana) encontraba su correlato en una vestimenta que no solo lo acompañaba, sino que también lo hacía visible. Por otro lado, hay que situarlos en el marco de la moda femenina del siglo XIX, dominada por faldas voluminosas sostenidas por estructuras internas como miriñaques o crinolinas, que limitaban la movilidad. Sin evidencia de que fueran concebidos como alternativa, los volantes permitían, sin embargo, generar volumen sin inmovilizar el cuerpo.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 May 2026 05:08:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[20260423 Dos mujeres vestidas de flamencas, en la feria de Abril, en Sevilla]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
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      <title><![CDATA[Ni Prada ni Gucci: el nuevo bolso de moda es del súper]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/prada-gucci-nuevo-bolso-moda-super_129_5720841.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/704af942-87cc-406b-b009-904fe55e7834_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Un hecho fascinante del funcionamiento de las tendencias es que, por muchos expertos y agencias que se dediquen a predecirlas, siempre conservan un componente de imprevisibilidad. Sería como el vuelo de los estorninos, que podemos observar cómo se mueven, pero nunca sabremos quién decide el giro, la dirección o el momento en que se detienen. Y es que la moda, lejos de ser la suma de decisiones individuales, responde a dinámicas inscritas en un entramado social complejo. Es por esto que, mientras las grandes marcas invierten tiempo, dinero y equipos enteros para producir el<em> it-bag</em> de la temporada, de pronto aparece uno completamente anodino que, incomprensiblemente, concentra todo el deseo: el <em>tote bag</em> del supermercado de Trader Joe's.Por un lado, podríamos creer que se han arrinconado las aspiraciones ostentosas de escalada social en favor de una cierta practicidad democrática. Pero este consuelo dura poco: ¿por qué no ha pasado lo mismo con la bolsa del supermercado Bon Preu (Esclat) o de Condis? Es en este desajuste donde se hace evidente que la distinción no ha desaparecido, sino que se ha sofisticado. Ya no opera solamente a través del precio o de la ostentación, sino mediante códigos sutiles, en que el valor de un objeto depende tanto del contexto cultural como de su coste material.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Apr 2026 05:05:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una persona con la tote bag de Trader Joe's]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El curioso homenaje de Zara a la etnia gitana]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/curioso-homenaje-zara-etnia-gitana_129_5713640.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/e08d2eab-b7d3-472f-bd09-6963e1170a62_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Zara lo ha vuelto a hacer. Sin ningún pudor ni vergüenza, se ha paseado por el supermercado de las luchas sociales, las culturas <em>underground </em>y las identidades simbólicas con el carrito bien abierto: un poco de marginalidad que dé pedigrí, alguna figura incómoda de esas que en vida estorbaban y, sobre todo, una buena dosis de rebeldía. Eso sí: todo bien domesticado. Todo ello, pasado por el hervor rápido del<em> fast fashion</em>, retráctil y listo para ser consumido en forma de identidad prefabricada. ¿Y esta vez, a quién le ha tocado entrar en la trituradora del turbocapitalismo? A Camarón de la Isla.Y esto en pleno año Camarón, coincidiendo con los 75 años del nacimiento del icónico <em>cantaor</em>, una figura que no solo fue una voz excepcional del flamenco, sino también uno de sus grandes renovadores. A partir de <em>La leyenda del tiempo</em>, abrió el género a nuevas sonoridades y sensibilidades, y lo desplazó de un espacio casi fosilizado hacia un territorio vivo y en tensión con el presente. Pero, además, contribuyó a desbordar la imagen social de la cultura gitana más allá del cliché al que había estado sometida durante el franquismo, atrapada entre el folclorismo y la marginalidad. Junto con figuras capitales como Paco de Lucía, amplió los imaginarios alrededor de la identidad gitana, tanto desde dentro como en su proyección pública. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Apr 2026 05:03:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Algunas de las prendas de ropa de la colección dedicada a Camarón]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Volver a la Luna, huir de la Tierra]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/volver-luna-huir-tierra_129_5704287.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/cab70fdc-553f-4c6f-a111-a438f5ecacdf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La humanidad, <a href="https://es.ara.cat/ciencia-tecnologia/artemis-ii-prepara-historia_1_5699680.html">con la misión Artemis</a>, vuelve a mirar hacia la Luna y, con ella, desentierra del baúl de los recuerdos la antigua carrera espacial que marcó la Guerra Fría. Entonces, en medio de las peligrosas tensiones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, el mundo se fracturó en dos bloques irreconciliables y la conquista del espacio se convirtió en un escenario más de competición geopolítica. No se trataba solo de llegar más lejos, sino de demostrar quién tenía la capacidad de imponerse sobre el otro. En este contexto, los medios de comunicación inundaron durante años el imaginario colectivo con imágenes de cohetes, astronautas y planetas lejanos. Una iconografía persistente que no solo informaba, sino que modelaba la manera como la sociedad pensaba el mañana. Porque, en el fondo, toda sociedad se construye también a partir de esta pregunta inevitable: ¿qué nos espera en el futuro?Imaginar la vida en el espacio implicó especular sobre cómo sería este día a día, y el diseño se puso en marcha para repensar mobiliario, automóviles y viviendas para este futuro proyectado. Entre butacas que evocaban cápsulas y residencias que parecían estaciones orbitales, nació la moda <em>space age</em>, concebida para facilitar una hipotética vida interplanetaria. Creadores como André Courrèges o Pierre Cardin apostaron por vestidos rígidos, despegados del cuerpo, casi como carcasas. El blanco, asociado al universo aeroespacial, se impuso como color dominante, acompañado de cascos y botas metálicas. Paralelamente, las propuestas de Paco Rabanne llevaron la moda hacia el terreno de la ingeniería, con piezas hechas de placas metálicas que tensionaban los límites mismos de la disciplina.Lo que resulta revelador, visto con perspectiva, es hasta qué punto estas especulaciones sobre el futuro desbordaron la realidad. Si hubiéramos hecho caso a Stanley Kubrick con <em>2001: A Space Odyssey</em>, a <em>Star Trek</em> o incluso a <em>The Jetsons</em>, hoy ya viviríamos entre coches voladores, fuera del planeta Tierra y en condiciones de gravedad cero. Pero quizás todavía es más significativo constatar que, si la imaginación tecnológica a menudo se pasa de frenada, acostumbra, en cambio, a quedarse corta en otros ámbitos: como los derechos de las mujeres. En estos imaginarios, ellas continúan ocupando posiciones subalternas, incluso en futuros donde la humanidad ya habita otros planetas. Y esto obliga a preguntarse si realmente estamos ante especulaciones o, más bien, ante deseos masculinos proyectados.Sin embargo, más allá del impacto televisivo de la primera pisada lunar –un momento altamente coreografiado desde el punto de vista propagandístico por los Estados Unidos–, la imagen más transformadora no fue la de la Luna, sino la de la Tierra. La fotografía del Blue Marble, convertida en la primera selfie de la humanidad, evidenció una paradoja: después de años de división y confrontación, aquello que veíamos era, en realidad, una única unidad compartida. Y fue precisamente esta imagen compacta la que activó, en una parte de la población, una nueva conciencia pacifista y ecológica.A diferencia de la Guerra Fría, hoy los Estados Unidos no compiten en un mundo estrictamente bipolar, a pesar de que la carrera espacial continúa siendo un duelo, esta vez con China, que también se ha propuesto pisar la Luna en los próximos años. Resulta, sin embargo, inevitable señalar la paradoja: en un momento en que el mundo parece fragmentarse y la humanidad atraviesa una profunda crisis de valores, volvemos a mirar hacia afuera. Quizás, como pasaba en <em>Solaris</em> de Andrei Tarkovski, este viaje no habla tanto del futuro como del pasado. O quizás –y aquí reside la cuestión– debería servirnos, precisamente, para mirarnos mejor al espejo y repensar en qué punto nos encontramos como humanidad. Pero quizás, viendo las imágenes recientes de los astronautas de Artemis felicitando la Pascua desde el espacio y buscando huevos por la nave, lo que queda en duda no es el futuro, sino si todavía nos queda alguna pizca de autoconciencia.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/volver-luna-huir-tierra_129_5704287.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 05:03:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Captura de vídeo de la NASA donde aparecen los astronautas Reid Wiseman (i), Jeremy Hansen (c), y Christina Koch, mostrando los alimentos que consumen a bordo de la nave Orion de la misión lunar Artemis II]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
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      <title><![CDATA[Qué relación hay entre una prenda de Semana Santa y el Ku Kux Klan?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/relacion-hay-prenda-semana-santa-ku-kux-klan_129_5695754.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/f4729cbf-d96d-49b4-8b35-c2b72230c3ca_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La Semana Santa, más allá de procesiones, misas, palmas y monas, despliega un repertorio de vestimentas que hemos aprendido a mirar sin ver. Piezas que, de tan familiares, han dejado de parecernos extrañas, pero que, si nos detenemos un momento, resultan profundamente insólitas y alejadas de cualquier forma de vestir cotidiana. Y entre las mantillas con peinetas, las túnicas de nazareno, los cíngulos o los mantos de las vírgenes, hay un elemento que se impone por su potencia formal y sus connotaciones simbólicas: la caperuza. Se abren las puertas de la catedral de Sevilla y comienzan a salir, en fila, los primeros nazarenos, rodeados por un olor intenso a cera e incienso. Túnicas, velas, y unos capirotes que se alzan, puntiagudos, por encima de todo. Los tambores marcan un ritmo seco y constante y los asistentes quedan expectantes, en un silencio contenido. A los nazarenos no se les ve la cara, solo los ojos, y la calle, por un momento, deja de ser un espacio cotidiano para devenir escenografía. El capirote ha cumplido su función: hacer desaparecer la identidad individual para ceder el protagonismo al santo que se adora. De esta manera, asegura a quien lo lleva ser visto sin ser reconocido y le permite entrar en la estructura del ritual, asumiendo una actitud de disciplina y entrega. Pero, ¿cuál es el origen de este sombrero tan extraño, que ha sobrevivido a siglos de historia?Su origen no es, en ningún caso, procesional, sino que nace como instrumento de penitencia pública entre los siglos XV y XVII, en el contexto de la Santa Inquisición. Los condenados eran exhibidos con sambenitos —una especie de túnica— y corozas —unos sombreros a menudo cónicos o puntiagudos—. Su función era claramente punitiva y ejemplarizante: hacer visible el pecado y humillar al pecador. Lejos de perseguir el anonimato, como ocurre hoy, se trataba de marcar el cuerpo y exponerlo públicamente.Será entre los siglos XVII y XVIII cuando se institucionalicen las procesiones de Semana Santa y la penitencia deje de ser impuesta para devenir voluntaria. En este nuevo contexto, la capa se resignifica: pasa a simbolizar la aspiración espiritual —con su proyección hacia el cielo—, la asunción de la disciplina religiosa y la centralidad del ritual por encima de la persona. Pero más allá de su morfología, hay una cuestión que aún incomoda más y que a menudo desconcierta a muchos visitantes: \u00b¿qué relación mantiene esta pieza con el Ku Klux Klan (KKK)?El KKK se fundó en 1865, después de la Guerra de Secesión, como reacción violenta contra la abolición de la esclavitud y con el objetivo de restaurar la supremacía blanca. Desplegó un régimen de terror e intimidación contra la población afroamericana, y para ello se dotó de una estética deliberada de autoridad y amenaza. Su iconografía —túnica blanca y caperuza puntiaguda— bebe de una mezcla de imaginarios, entre los que hay referencias fantasmagóricas, rituales y religiosas europeas. La coincidencia formal con la caperuza es evidente, pero su sentido es radicalmente opuesto. Si en el contexto de la Semana Santa el anonimato expresa humildad, penitencia y disolución del yo, en el caso del KKK sirve para garantizar la impunidad y ejercer la violencia colectiva. Una misma operación, la de ocultar la identidad, que puede servir tanto para someterse como para dominar.El Domingo de Pascua pone fin a la Semana Santa y, con ella, al tiempo de penitencia. El recogimiento se desvanece con la misma facilidad con que el nazareno se quita la caperuza. Pocos días después, en Andalucía, el calendario gira y se abre paso el jolgorio de la Feria de Abril: colores, volantes, lunas, cuerpos expuestos, flores en la cabeza, mantones de Manila... El contraste es tan inmediato que resulta difícil no preguntarse hasta qué punto aquello que hemos visto era una vivencia profunda o una teatralización compartida. Unas vestimentas que se activan y se desactivan como formas de organizar los cuerpos, el tiempo y el deseo. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 05:01:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El grabado 'Aquellos polvos' de la serie Los Caprichos del pintor Francisco de Goya]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La misteriosa bolsa de basura de la alfombra roja]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/misteriosa-bolsa-basura-alfombra-roja_129_5687892.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/2367930a-65b7-4007-8766-cddce8b09537_16-9-aspect-ratio_default_0.png" /></p><p>En los últimos días ha corrido como la pólvora por las redes sociales y varios medios de tendencias la imagen de la actriz china Zhang Jingyi en la alfombra roja del Beijing International Film Festival. La actriz pone en el <em>photocall </em>vestida con un elegante vestido negro. Hasta aquí nada fuera del guión habitual. El motivo de la viralidad es otro: en la mano lleva una simple bolsa de plástico amarilla, del tipo que se utilizan para ir de compras al supermercado o para tirar la basura a casa.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/misteriosa-bolsa-basura-alfombra-roja_129_5687892.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2026 06:01:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[el bolso Trash Pouch de Balenciaga que se vendía por 1.400 euros estaba también en color amarillo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Zara, Galliano y el lujo, que ya no sabe lo que es]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/estilo/zara-galliano-lujo-no_129_5687388.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/9b0834a9-fa6e-4822-b03d-dc5f9f9d2ccb_16-9-aspect-ratio_default_0_x1250y628.jpg" /></p><p>Una de las últimas bombas informativas en moda <a href="https://es.ara.cat/misc/zara-alia-john-galliano-reciclar-piezas-antiguas-archivo_1_5684181.html" >ha sido el anuncio de la nueva colaboración de Zara</a>. El gigante mundial de la moda rápida ha incorporado, por un período de dos años, al diseñador John Galliano, una de las figuras más singulares de la creación contemporánea. Se trata de una asociación difícil de haber previsto, pero que a su vez resulta profundamente reveladora del momento actual que vivimos como sociedad.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/estilo/zara-galliano-lujo-no_129_5687388.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 15:24:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El diseñador John Galliano posando con modelos de Christian Dior en una imagen de archivo.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La alfombra roja de los Oscar: lentejuelas para no incomodar el poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/estilo/alfombra-roja-oscar-lentejuelas-no-incomodar_129_5679763.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/7ac9f72c-666d-4c19-9e91-ac8b4a75f4ed_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La alfombra roja de la actual edición de los Oscar ha transcurrido sin estridencias ni sobresaltos. Hollywood ha hecho, una vez más, su tradicional labor de echar un velo sobre los problemas del mundo y permitir olvidar durante unas horas que el planeta está cayendo a pedazos. Una ocasión perdida por haber empleado un altavoz tan potente para remover conciencias o, al menos, incomodar un poco el orden establecido.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/estilo/alfombra-roja-oscar-lentejuelas-no-incomodar_129_5679763.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 10:11:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elle Fanning en la alfombra roja]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los Kennedy y el lujo de no tener que demostrar nada]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/kennedy-lujo-no-demostrar_129_5673380.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/cf0df805-ec07-4b67-b4f2-89a77d5643e3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Quienes tenemos unos años en la espalda recordaremos a una de las parejas icónicas de los noventa: la formada por Carolyn Bessette y John F. Kennedy Jr. Una relación que estos días recupera, con una marcada hiperglucemia, la serie de Disney+ <em>Love Story</em>. Ella trabajaba en Calvin Klein, la marca que mejor condensaba el espíritu minimalista de finales del siglo XX, en sintonía con la moderación e introspección que imponía la crisis económica del momento. Él era el heredero de uno de los apellidos más pesados ​​de la política norteamericana, con un atractivo casi mitológico que le abría puertas, pero también le obligaba a demostrar constantemente su digno.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/kennedy-lujo-no-demostrar_129_5673380.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Mar 2026 06:01:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fotografía de su boda que compartieron Carolyn Bessette-Kennedy y John F. Kennedy Jr. cuando se casaron en una ceremonia privada y sencilla en la isla de Cumberland, Georgia, con sólo unos 40 familiares y amigos cercanos presentes.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Dónde ha ido a parar el color de los Goya?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/estilo/ido-parar-color-goya_129_5664672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/bac80020-5f72-4492-b298-e0a11d0995af_16-9-aspect-ratio_default_0_x544y537.jpg" /></p><p>A finales del 2025, Pantone proclamaba como Color del Año el <em>cloud dancer</em>, un blanco roto que, bajo una evocación poética de ligereza y calma, no dejaba de ser una apuesta insólita: por primera vez, el blanco asumía el protagonismo anual. La decisión generó controversia. No sólo porque el blanco sigue siendo, para muchos, más una ausencia que un color, sino porque, en un contexto político marcado por la reactivación de discursos identitarios y conservadores, algunos leyeron una inquietante simbología.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/estilo/ido-parar-color-goya_129_5664672.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 20:59:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La actriz Lucia Garcia]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué nos molestan tanto a los 'therians'?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/molestan-therians_129_5656843.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/56b1cf6f-88c6-4cbd-ab23-ebc59a55be18_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>La pregunta recurrente de estos últimos días entre amigos, conocidos y saludados ha sido inequívoca: "Qué piensas de los <em>therianos</em>?" Una pregunta impregnada de inquietud y de una necesidad casi urgente de confirmar la sospecha de que, como humanidad, nos estamos yendo por el pedregal.<a href="https://es.ara.cat/sociedad/barcelona/gato-liebre-encuentro-therian-barcelona_1_5655825.html"> El encuentro de la comunidad el 21 de febrero </a>en el Arco de Triunfo de Barcelona elevó la cuestión a categoría de amenaza colectiva cuando, en realidad, no fue más que una concentración de adolescentes curiosos. El episodio se vivió como una jornada de caza mayor, con el objetivo implícito de capturar alguno de estos supuestos especímenes para alimentar a las redes. Y de <em>therianos</em>, ni rastro.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/molestan-therians_129_5656843.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Feb 2026 12:26:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una chica en el encuentro de therianos de este sábado en Barcelona]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El verdadero problema de los senos de Sarah Santaolalla]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/verdadero-problema-senos-sarah-santaolalla_129_5650608.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/9ad24e58-36a2-4ccd-81a9-3fa01501a462_16-9-aspect-ratio_default_0_x2731y818.jpg" /></p><p>El busto femenino no es sólo parte del cuerpo: es un territorio simbólico. Grande o pequeño, visible o disimulado, tercio o pensívolo, ha sido históricamente un instrumento con el que se mide, se clasifica y, sobre todo, se desacredita a las mujeres. El pasado 10 de febrero, en el programa <em>El Hormiguero</em> de Antena 3, este mecanismo se activó con una naturalidad inquietante. La colaboradora Rosa Belmonte desautorizó a la tertuliana Sarah Santaolalla –a raíz de sus críticas a Felipe González– con una frase que no discutía ninguna idea, sino que reducía a la interlocutora a su cuerpo: "mitad tonta, mitad tetas". Las risas cómplices del plató, incluida la del presentador Pablo Motos y la del último Premio Planeta Juan del Val, no eran anecdóticas. Formaban parte del ritual.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/verdadero-problema-senos-sarah-santaolalla_129_5650608.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 18:08:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sarah Santaolalla pone en el photocall Fiesta de la Primavera para la presentación de la programación de primavera de RTVE, en una imagen de archivo]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bad Bunny y el mensaje político de un vestido de Zara]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/bad-bunny-mensaje-politico-traje-zara_129_5643055.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/9c1c01b8-9bc0-408a-bdaf-16a22d43727a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Después de la última actuación de la Super Bowl, no hay margen para la duda: Bad Bunny ha hecho historia. Más que actuar, tomó partido. No solo por la música y por el formato del espectáculo, sino porque convirtió uno de los escenarios más normativos y sistemáticamente despolitizados de la cultura norteamericana en un espacio cargado de simbología y de posicionamiento político inequívoco. Un gesto especialmente significativo en un contexto marcado por las deportaciones indiscriminadas, la violencia institucional y la brutalidad ejercida por el ICE, con una comunidad latina sistemáticamente criminalizada y profundamente damnificada.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/bad-bunny-mensaje-politico-traje-zara_129_5643055.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2026 12:54:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bad Bunny en el espectáculo de la media parte de la Super Bowl 2026.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aburrimiento y desidia en la alfombra roja de los Gaudí]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/estilo/aburrimiento-desidia-alfombra-roja-gaudi_129_5642525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/9d23f098-2497-4669-8a5e-12718b78883f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Los premios Gaudí han celebrado este domingo su decimoctava edición y, fieles a la voluntad con la que nacieron –reivindicar la calidad del cine catalán–, cada año lo hacen emulando el formato de Hollywood en versión esquifida: entrega de premios, discursos, actuaciones y, por supuesto, la alfombra roja con famosos que lucen. Pero… ¿de verdad estas son las mejores galas que puede mostrar el cine catalán?</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Feb 2026 21:33:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[WhatsApp Image 2026 02 08 at 20.48.35]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué los disfraces para mujeres siempre son con minifalda, escote y tacones?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/disfraces-mujeres-son-minifalda-escote-tacones_129_4932822.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/aadbb4ca-3ac1-4b9c-a8dc-ab815118477f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Estamos en pleno Carnaval y, como cada año, proliferan entre los disfraces para mujeres las minifaldas, los escotes, las medias de rejilla, los minipantalones y las ligas. No importa qué vayan vestidas, porque buena parte de los disfraces femeninos derivan en la sexualización. Si va de enfermera, superheroína, maestra o policía, téngalo claro: minifalda, escote y talones. Es verdad que estas son opciones clásicas dentro del imaginario fetichista masculino, pero haga la prueba buscando cualquier disfraz en el buscador de internet. Si escribe “disfraz de gato para mujer”, podemos pensar de primeras que un gato es un felino alejado de la sexualización. Aun así, incomprensiblemente, también llevará minifalda, tacones y escote. En algunos casos incluso tiene un látigo como complemento, emparentándolo con el sadomasoquismo. En el universo de los disfraces para mujeres, los Minions, las brujas, las taxistas, las piratas y las astronautas son irremediablemente sexys. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/disfraces-mujeres-son-minifalda-escote-tacones_129_4932822.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Feb 2026 07:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una pareja disfrazada por una rúa de carnaval]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué hace una medusa en una pista de tenis?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/medusa-pista-tenis_129_5635900.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/51a1f8bf-253c-43f4-82d3-6688bb809edf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Que el tenis ocupe titulares más allá de la página de deportes es ya, en sí mismo, una noticia. Que logre desplazar durante unos días la omnipresencia futbolera de los telediarios, casi un pequeño milagro laico. Y que, además, sea tanto por una final ganada como por un traje, dice mucho de la naturaleza particular de este deporte. En los últimos días, el tenis ha logrado exactamente eso: abrir una brecha en la actualidad informativa no solo porque Carlos Alcaraz haya ganado el Abierto de Australia en una final de alto voltaje, sino también porque la tenista Naomi Osaka accedió a la pista con un traje inspirado en una medusa. Puede parecer anecdótico, pero no lo es. </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/medusa-pista-tenis_129_5635900.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Feb 2026 13:00:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Naomi Osaka durante el Open de Australia 2026.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué el abrigo de Greg Bovino evoca la estética nazi?]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/abrigo-greg-bovino-evoca-estetica-nazi_129_5630063.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/d9955cb7-1714-4fe4-b426-6d359e152235_16-9-aspect-ratio_default_0_x2707y998.jpg" /></p><p><a href="https://es.ara.cat/internacional/america/agentes-inmigracion-disparan-persona-minneapolis_1_5627745.html">Lo que está ocurriendo últimamente en Minneapolis</a>, con la represión violenta y las muertes de civiles en el contexto de protestas y expresiones públicas de disidencia, resulta profundamente incomprensible en una nación que, desde su fundación, ha elevado la libertad a categoría de esencia patriótica. Una libertad instrumentalizada desde hace décadas como pretexto retórico para legitimar la vulneración sistemática de derechos fundamentales. El simple hecho de que haya que desplegar fuerzas paramilitares por las calles para intimidar a la población ya evidencia hasta qué punto la libertad y la defensa de los intereses del pueblo americano, tan proclamadas por Donald Trump, no eran más que un juego de trilero.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://es.ara.cat/domingo/abrigo-greg-bovino-evoca-estetica-nazi_129_5630063.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Jan 2026 11:55:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El comandante de la Patrulla Fronteriza de EEUU, Gregory Bovino, observa una protesta en respuesta a un tiroteo relacionado con el ICE ya las operaciones federales de aplicación de la ley de inmigración en Estados Unidos.]]></media:title>
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      <subtitle><![CDATA[]]></subtitle>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las gafas de Macron: el ojo del tigre en Davos]]></title>
      <link><![CDATA[https://es.ara.cat/internacional/europa/gafas-macron-ojo-tigre-davos_129_5624735.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static1.ara.cat/clip/5eb5392c-2a44-4850-b90e-291f4258a84a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" /></p><p>Definitivamente, la realidad supera a la ficción, especialmente en los tiempos que vivimos. Y para una analista de moda como la que os habla, que el presidente francés, Emmanuel Macron, aparezca en el foro económico de Davos con unas gafas de sol como las que lució este martes es casi una fantasía hecha realidad. Ahora bien, acostumbrada a rascar la superficie para comprender los significados que subyacen en las construcciones de identidad, este caso es de tan manifiesta evidencia que lo convierte en un ejercicio de análisis casi infantil.</p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sílvia Rosés]]></dc:creator>
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