El 8% de los hombres asiáticos son descendientes de Gengis Kan

De los hijos de Thomas Jefferson con una esclava a las violaciones de los colonizadores: el ADN desentierra los secretos más incómodos de la historia

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Representación de la explotación de los indígenas por los conquistadores españoles. Mural de Diego Rivera
19/10/2026 - 07:04 h

Al presidente Obama se le ha reprochado que él no es afroamericano, a pesar de tener el 50% del ADN heredado de un padre africano y el otro 50% heredado de una madre con raíces europeas. De hecho, hay afroamericanos que tienen en su genoma menos porcentaje de ADN africano que él, pero socioculturalmente se considera que solo son afroamericanos los descendientes de los esclavos africanos que fueron secuestrados y trasladados a América como trabajadores forzados.

La gran mayoría de personas afroamericanas en los Estados Unidos presentan un porcentaje elevado de ADN de origen europeo, porque muchas mujeres esclavas fueron violadas o quedaron embarazadas de sus amos. La diferente contribución genética europea y africana se puede demostrar mediante análisis genéticos con técnicas de ADN forense.

La genética forense permite identificar muestras biológicas y resolver casos de paternidad/maternidad, pero también permite realizar estudios históricos y de migraciones humanas. Sabemos que el ADN mitocondrial que tenemos procede solo de la madre biológica, que a su vez tiene el mismo ADN que la abuela materna, y así sucesivamente. Por lo tanto, el ADN mitocondrial explica los linajes matrilineales. Por otro lado, los chicos heredan el cromosoma Y de su padre biológico, que a su vez lo ha recibido de su padre, y así sucesivamente, de sus ancestros masculinos. Así, el ADN del cromosoma Y explica los linajes patrilineales. En muchas poblaciones humanas actuales podemos identificar las huellas genéticas ancestrales de migraciones, de guerras y colonizaciones olvidadas en la niebla del tiempo.

La huella de las violaciones

Hace pocos años, un estudio genético de los restos genéticos de un chultún (una especie de cenote ceremonial subterráneo) en Chichén Itzá, donde había un centenar de esqueletos de niños de entre 3 y 4 años de sexo biológico masculino sacrificados en rituales religiosos en la época precolombina, demostró que su ADN mitocondrial y la mayor parte del de los otros cromosomas (alrededor del 92%) era muy similar al de los habitantes actuales de la península del Yucatán (México), excepto en lo que se refiere al cromosoma Y, ya que alrededor de un 50% de los hombres actuales del Yucatán presentan un cromosoma Y europeo, cosa que demuestra la asimetría de los cruces iniciales durante la colonización española. Los colonizadores, mayoritariamente machos, sustituyeron casi la mitad de la contribución parental masculina en los cruces con las mujeres indígenas.

En otros lugares del mundo se encuentran aportaciones genéticas debidas a guerras, como en el Líbano, Siria y Jordania, donde se pueden encontrar cromosomas Y que proceden de Bretaña y Normandía, lo que demuestra la huella genética de los cruzados durante los diversos siglos de las cruzadas. O con una visión más global, el 8% de todos los cromosomas Y en Asia tienen el mismo origen, ya que se trata de hombres descendientes de Gengis Kan, un guerrero que no solo mató a muchos otros hombres en las tierras conquistadas, sino que también se jactaba de tener más de mil hijos, probablemente por violación de muchas mujeres en los terrenos ocupados. Sus hijos y descendientes, también guerreros, hicieron lo mismo, y esto explica la extensión mundial de su cromosoma Y actualmente.

Un caso polémico durante siglos

El tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, era un defensor de la eliminación del esclavismo, pero él tuvo a lo largo de su vida más de 600 esclavos, que fueron vendidos cuando él murió. Se calcula que, en vida, liberó a menos de una decena, entre ellos los hijos de una esclava suya mucho más joven, Sally Hemings. Hemings era hija de la concubina, también esclava, de un hombre rico y de origen caucásico, el suegro de Jefferson; por tanto, Hemings era hermanastra de la mujer de Jefferson por parte de padre. Todo quedaba en casa.

Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos entre el año 1801 y 1809.
Sally Hemings fue una esclava propiedad del presidente de los Estados Unidos Thomas Jefferson, con quien tuvo cinco hijos.

Durante dos siglos se especuló sobre si los hijos de Hemings eran hijos biológicos de Jefferson. La polémica estaba servida: un antiesclavista teniendo hijos con su esclava, sin reconocerlos como hijos propios. Los estudios históricos iban en direcciones opuestas y enfrentadas: había historiadores que defendían que eran hijos de Jefferson y otros que lo negaban. El año 1998, un estudio de genética forense del cromosoma Y de la familia paterna de Jefferson y descendientes de sexo masculino de dos hijos varones de Hemings demostró que al menos en el caso del último hijo el cromosoma Y era el mismo y que, por tanto, muy probablemente Jefferson tuvo hijos con Sally Hemings. Los detractores de esta teoría defendieron que el cromosoma Y no demuestra paternidad directa, ya que cualquier otro hombre de la familia Jefferson habría podido ser el padre.

Pues bien, un estudio muy reciente, utilizando técnicas de genética forense de secuenciación masiva de los descendientes actuales de Sally Hemings, ha comparado fragmentos de ADN de muchos cromosomas para inferir su proximidad genética con el ADN de Thomas Jefferson, obtenido a partir de un rizo de cabello. El estudio comparativo también ha incluido descendientes actuales de Jefferson con su mujer, Martha Wayles, para analizar la cantidad de ADN compartida con los descendientes de un lado y del otro, después de dos siglos. La conclusión, probablemente esperable pero ahora demostrada genéticamente, es que realmente Thomas Jefferson tuvo hijos con su esclava, ya que los descendientes actuales de Hemings comparten con él una cantidad de ADN muy similar a la de los descendientes de los hijos reconocidos. La historia puede dar muchas vueltas, pero la genética forense puede resolver casos enigmáticos y polémicos como este.

Catedrática de genética de la Universidad de Barcelona y jefa de unidad del Ciberer
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