Cataluña tiene un reto para los próximos 25 años: hacer del conocimiento un proyecto de país

4 min
Científicos conversan sobre el ordenador cuántico.
Emilio Palomares
21/10/2026 - 07:03 h
Investigador ICREA y director del Instituto Catalán de Investigación Química (ICIQ)

Durante las últimas dos décadas, Cataluña ha protagonizado una de las transformaciones científicas más extraordinarias de Europa. Aquello que a principios de los años 2000 era una apuesta valiente por construir un sistema de investigación moderno, competitivo e internacional es hoy una realidad reconocida en todo el mundo. Hemos creado centros de investigación de excelencia, hemos atraído talento global, hemos desarrollado infraestructuras científicas de primer nivel y hemos situado a nuestras instituciones entre las más competitivas de Europa en captación de recursos y producción científica.

Este éxito no ha sido fruto de la casualidad, sino el resultado de una visión compartida; de un modelo institucional innovador y de unos principios que se han convertido en referentes: autonomía, evaluación internacional, profesionalización de la gestión, confianza en el talento y orientación a resultados. El modelo impulsado alrededor de los centros de excelencia científica CERCA, del programa de captación y retención de talento ICREA y de las grandes infraestructuras científicas ha demostrado que Cataluña es capaz de competir con los mejores cuando dispone de las herramientas adecuadas.

Pero precisamente porque hemos alcanzado esta excelencia, ha llegado el momento de plantearnos una nueva pregunta: ¿y ahora qué? La respuesta es clara. La excelencia científica ya no puede ser considerada la meta final, tiene que ser el punto de partida de una nueva etapa. El gran reto de los próximos 25 años consiste en transformar este enorme capital científico en más innovación, más prosperidad, más cohesión social y una capacidad de respuesta mayor ante los desafíos globales.

El reto de futuro

Vivimos en un contexto profundamente diferente del que existía cuando se puso en marcha el sistema actual. La competencia internacional por el talento es más intensa que nunca. La inteligencia artificial, la computación cuántica, la transición energética, la salud de precisión o los semiconductores redefinirán las economías del futuro. Al mismo tiempo, las sociedades exigen soluciones a los grandes retos colectivos: el cambio climático, el envejecimiento de la población, la seguridad alimentaria, el acceso a la energía o las nuevas desigualdades.

En este nuevo escenario, la investigación deja de ser únicamente una fuente de prestigio académico para convertirse en una infraestructura estratégica de país. El conocimiento es uno de los principales factores de competitividad, de soberanía tecnológica y de bienestar colectivo. Por eso, la pregunta que nos debemos formular es cómo conseguimos que el conocimiento generado en Cataluña cree aún más valor público. 

Médicos practicando una cirugía oncológica con un robot en el Hospital Vall d'Hebron.
Fabricación de semiconductores.

La visión para el 2050 es ambiciosa pero realista: convertir a Cataluña en una de las principales sociedades del conocimiento de Europa. No solo un territorio excelente en producción científica, sino también un ecosistema capaz de transformar ideas en soluciones, descubrimientos en empresas, innovaciones en empleo de calidad e investigación en bienestar social.

Para lograr este objetivo, es necesario reforzar cuatro grandes dimensiones. La primera es la construcción de una identidad compartida de sistema. Cataluña dispone de universidades, centros CERCA, hospitales de referencia, centros tecnológicos, empresas innovadoras y grandes infraestructuras científicas. El reto no es tanto crear nuevos actores como reforzar su conexión. Necesitamos una red integrada de conocimiento que multiplique las capacidades existentes y genere nuevas oportunidades de colaboración.

La segunda es el talento. Ningún país lidera la sociedad del conocimiento sin atraer, formar y retener a personas excepcionales. Es necesario impulsar una política integral de talento que abarque todas las etapas de la carrera científica y tecnológica, favorezca la movilidad internacional, refuerce la diversidad y promueva el liderazgo femenino. El talento será el principal factor diferencial del futuro.

La tercera es la creación de grandes plataformas estratégicas compartidas. La investigación de impacto requiere infraestructuras, equipamientos y entornos de prueba que ninguna institución puede desarrollar sola. Necesitamos espacios donde universidades, centros de investigación, hospitales y empresas puedan compartir capacidades y acelerar la transferencia hacia el tejido productivo.

Finalmente, debemos completar la cadena de valor del conocimiento. En las últimas décadas hemos aprendido a generar ciencia excelente. Ahora debemos aprender a escalar mejor la innovación, impulsar nuevas empresas tecnológicas, facilitar la industrialización de las tecnologías emergentes y ampliar los mecanismos de colaboración con la industria. El futuro no dependerá solo de generar descubrimientos, sino de nuestra capacidad de convertirlos en impacto real.

Todo esto exige un marco estable. Necesitamos una arquitectura financiera más robusta y diversificada, con una combinación equilibrada de financiación pública basal, captación competitiva de recursos, mecenazgo e instrumentos europeos. La investigación requiere visión de largo plazo, y la visión solo es posible cuando existe estabilidad.

También exige situar el conocimiento en el centro de las políticas públicas. La ciencia no solo genera innovación económica; también mejora la calidad de las decisiones colectivas. En un mundo complejo, las administraciones deben poder incorporar evidencia científica de manera transversal para afrontar retos como la salud, el agua, la energía, el cambio climático o la cohesión social.

El 2050 que imaginamos es el de una Cataluña que lidera porque coopera, que compite porque invierte en talento y que prospera porque convierte el conocimiento en valor compartido. Una Cataluña capaz de atraer las mejores ideas, generar oportunidades para las nuevas generaciones y contribuir a resolver los grandes retos globales.

La historia de los últimos veinte años nos demuestra que, cuando tenemos ambición y perseverancia, somos capaces de transformar el país. Los 25 que tenemos por delante nos ofrecen una oportunidad todavía mayor: pasar de la excelencia científica a la excelencia transformadora. En definitiva, hacer del conocimiento un verdadero proyecto de país.

stats