Los cuidados: ¿una cuestión de especie o de mujeres?

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Enfermeras en el Hospital Clínico de Barcelona.
30/09/2026 - 07:00 h
Comunicadora científica
Traducción CAST automática
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Enhorabuena a todos porque estamos a un paso de superar septiembre, que vendría a ser como un lunes enorme en el que todo se pone en marcha de nuevo para, la mayoría de las veces, quedarse allí donde ya estaba. Si tenéis hijos a cargo habréis experimentado un punto extra de estrés porque, como escribió Laura Camps en este diario: “La burocracia de la crianza es un trabajo en sí mismo, la cuarta jornada laboral”. Especialmente para las madres, porque los cuidados son una tarea feminizada a las cuales, dice ONU Mujeres, ellas dedican 2,8 horas diarias más que ellos. Con esto no creo estar destapando ninguna exclusiva, porque a veces de la estadística podemos decir que es ciencia, pero también constatación. Ahora bien, hablemos del porqué. ¿Hay algo que nos impele a cuidar más, a las mujeres? La cultura popular, siempre un paso por delante en mala baba, habla de una “nothing box” que permite a los hombres quedarse “en blanco” y no pensar en nada durante ciertos períodos. Pero esto, seamos justas, no tiene ninguna evidencia científica. Lo que sí que se ha estudiado son las diferencias entre cerebros masculinos y femeninos y la conclusión, grosso modo, es que no podemos concluir nada porque la ciencia, como resumió Jorge Wagensberg en uno de los aforismos que escribía cuando no estaba ideando museos sensacionales como el CosmoCaixa, es “observar para investigar, investigar para conocer y conocer para vivir en la incertidumbre”. Basta con un ejemplo: un artículo en Neuroscience & Biobehavioral Reviews del 2021 analizó tres décadas de estudios de cerebros masculinos y femeninos y extrajo que las diferencias no van mucho más allá del tamaño (un 11% más grande en los hombres). Pero un comentario publicado poco después respondía que, aunque coincidía en muchas ideas, sería necesario tener en cuenta otros factores (hormonas, experiencias sociales, ambiente...) para analizarlo como es debido.

Lo hagan hombres o mujeres, lo cierto es que velar por la comunidad nos hace bastante únicos como especie. Se benefició de ello Pelvis 1, un habitante de Atapuerca de hace entre 300.000 y 400.000 años que tenía diversas malformaciones en la columna y que se cree que llegó a ser un “viejo” de 45 años (duras declaraciones para los nacidos en los 80) gracias al apoyo de la comunidad. Uno de los codirectores de Atapuerca, Juan Luis Arsuaga, añade que también nos diferencia de los animales que somos capaces de mirar la Luna y pensar “qué belleza”. Algo parecido a lo que hicimos muchos durante el eclipse de Sol del pasado agosto. ¿Recordáis dónde estabais aquel día? Yo sí: en Mallorca, asegurándome de que mis hijos llevaran bien puestas las gafas. Aquello que decíamos de los cuidados.

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