Los diez tiburones de tamaño real que han disparado las reservas en el Cosmocaixa antes de que se puedan ver

La exposición 'Tiburones. Los guardianes del océano' se podrá ver hasta septiembre de 2027

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El ejemplar de tiburón blanco que se podrá ver hasta septiembre de 2027 en el Cosmocaixa
22/10/2026 - 12:12 h

Barcelona"Es una exposición que no dejará indiferente a nadie: impresionará primero y después hará entrar en la concienciación". Lo explica el director del CosmoCaixa, Valentí Farràs, acompañado de Kim Mckay, la directora del Australian Museum. Pero es casi imposible mirarlos. Un inmenso tiburón blanco se erige justo detrás suyo. Mide cuatro metros y medio y muestra la dentadura al lado del director del Museo de la Ciencia, llevándose toda la atención. No lo hace solo: una decena de réplicas de tiburones a tamaño real han invadido la planta -5 del CosmoCaixa en una de las exposiciones más completas que se han hecho en el mundo sobre estos injustamente temidos escualos. Barcelona será la primera ciudad europea que acoge la muestra Tiburones. Los guardianes del océano, que se ha exhibido durante dos años en Australia y que es el resultado de una exhaustiva investigación de tres décadas por parte de expertos de todas partes.

La muestra recibió hasta 200.000 visitas en el museo australiano y Farràs ya ha augurado que en Barcelona unas 600.000 personas podrían pasearse entre los inmensos tiburones a partir de este jueves hasta el 26 de septiembre de 2027. La previsión no es desproporcionada: aunque todavía no se ha abierto al público, las visitas guiadas para esta exposición ya están agotadas hasta Navidad. "Abriremos más", ha tranquilizado el director. "Son criaturas preciosas y me parece muy emocionante que [la muestra] llegue a Europa porque cuanto más informado esté el público mejor será la conservación de los tiburones y esto se puede conseguir con ejemplares magníficos como este", ha celebrado Mckay señalando al gran tiburón blanco que la vigila a pocos metros.

El tiburón con una radial en la boca

Una de las joyas de la corona de la muestra es el Helicoprion, el único ejemplar extinto de la exposición y uno de los más raros: un tiburón que se extinguió justo cuando empezaban a nacer los dinosaurios y que contaba con una dentadura en forma de sierra radial en medio de la boca que hacía girar para poder alimentarse de animales con concha. El Helicoprion es la excusa para explicar por qué no hay fósiles de tiburones: la mayoría de su cuerpo es cartílago y el cartílago no se fosiliza como sí lo hacen los huesos. Por este motivo, la principal manera de saber cómo eran los escualos es a través de sus grandes dentaduras, que sí que quedaron fosilizadas.

La exposición Tiburones en el CosmoCaixa se podrá visitar hasta septiembre de 2027.

En medio de interactivos, vídeos y experiencias inmersivas los datos se van repitiendo. Hay una gran pantalla circular que permite entrar al mar y sentir cómo te rodean diversas especies de tiburones; o un aparato que te permite observar la sala como si tuvieras los ojos de un tiburón martillo que permiten ver lo que tienes al lado cuando miras hacia adelante. Algunas curiosidades son de lo más heterogéneas: muchos comemos tiburón sin saberlo en los preparados de paella congelados que se venden en los supermercados o cuando pedimos una tapa de cazón en un chiringuito; hay tiburones fluorescentes que brillan en el fondo del mar; el mar Mediterráneo ya tiene tiburones ballena por el aumento de la temperatura del agua, el calor está haciendo que los tiburones de todo el mundo sean más grandes porque el calor acelera su metabolismo y los hace crecer más; los tiburones se sumergen y salen a la superficie usando la grasa de su hígado; cuando a un tiburón blanco se le cae un diente solo tarda unas horas en reponerlo, y a lo largo de su vida tiene más de 10.000...

Y entre dato y dato van surgiendo nuevos protagonistas, como el tiburón tigre, conocido como "el basurero del mar" porque se lo come absolutamente todo. De hecho, bajo él se pueden observar todo tipo de objetos que han encontrado dentro de los estómagos de ejemplares reales: desde una matrícula de coche hasta un brazo humano. O tiburones que no parecen tiburones: el tiburón serpiente, que no tiene ni aleta dorsal, el tiburón gato, que puede vivir fuera del agua moviéndose con las aletas ventrales para reptar entre charcos de agua, y el cerdo marino, que se alimenta solo de huevos.

Más allá del reclamo que suponen los diez ejemplares de tiburones, entre los cuales hay el tiburón martillo o el tiburón jaquetón, pero también especies más desconocidas como el tiburón serpiente o el cerdo marino espinoso –"el tiburón ballena no lo hemos podido tener porque puede llegar a los 19 metros y nos habríamos tenido que cargar media muestra", ha bromeado el coordinador de la exposición, Josep Miquel del Campo—, la muestra acumula una infinidad de curiosidades que piden dedicarle horas. "Quien las quiera saber todas tendrá que venir dos o tres veces", asegura del Campo. Todo en una exposición que a través de mensajes directos, cortos e impactantes busca dar dos mensajes claros: por una parte, que los tiburones no son superdepredadores que quieren atacar a humanos y, por la otra, que está en nuestras manos hacer que sobrevivan 450 millones de años más.

El daño de Spielberg y Williams

Más allá de los animales, la exposición también acumula historias de muchos personajes relevantes para la historia del tiburón. Desde Valerie May Taylor, la primera persona que se sumergió con tiburones fuera de una jaula –tal como se documenta en un vídeo real de la muestra, lo hizo con un traje de malla metálica y escondiendo trozos de atún para atraer a los tiburones y que le mordieran el brazo mientras ella se lo miraba impasible– hasta Paul de Gelder, un buzo de la armada real australiana que después de perder un brazo y una pierna por el ataque de un tiburón se hizo conservacionista de estos animales.

Como era de esperar, la muestra también incluye a Steven Spielberg y J.J. Williams, responsables de la película y la banda sonora de Tiburón, que cambió –a peor– la imagen de estos animales, que provocan menos de 10 muertes al año. De hecho, la exposición tiene un apartado donde se detalla cómo Peter Benchley, el autor del libro en el cual se basa el filme, asegura que quedó "horrorizado" por el odio que generó hacia los tiburones y defiende que ahora adaptaría la obra para hacer que la víctima fuera el escualo.

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