Miguel Pita: "Necesitamos que el enamoramiento se acabe"

Genetista

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Miguel Pita (Madrid, 1976).
27/09/2026 - 18:30 h
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WA Miguel Pita

"Yo soy el concreto", asegura entre risas Miguel Pita, genetista y profesor de la UAM. En WhatsApp tiene de foto el fragmento de un cuadro abstracto que pintó su padre, el arquitecto y pintor Juan Pita. El científico ha publicado El cerebro enamorado (Periférica, 2025), un libro divulgativo sobre la biología del amor, desde el primer flechazo hasta la última discusión.

Empecé a leer su libro en el metro, al lado de una pareja enamorada. Se saltaron la parada.

— El cerebro de un enamorado cambia su arquitectura para focalizar la atención en las señales de una sola persona. Cuando llega una suya, las neuronas disparan más que si llega de cualquier otro origen.

¿No hay forma de enamorarse sin la "imbecilidad transitoria" de la que hablaba Ortega?

— Sí, pero no sin la química que te empuja a ella. Los neurotransmisores entran en la corteza prefrontal —nuestro mejor sistema de control— y la bloquean. Habrá quien tenga mucho autocontrol, pero las moléculas se le liberarán igual. Si no se liberan, ya no lo llamamos enamoramiento.

¿Se puede amar a dos mujeres a la vez y no estar loco?

— Se pueden mantener dos relaciones distintas con dos personas distintas. Pero el enamoramiento es la obsesión por un individuo concreto: ahí no caben dos.

¿Y a nuestros ancestros enamoradísimos no se los comían los leones, de tan distraídos?

— No lo podemos saber, siendo honestos. Pero me inclino a pensar que un león se comía antes a un enamorado que a uno que no lo estaba.

¿Entonces?

— La naturaleza juega con la cantidad. Establecer una pareja quizás es un lastre para la supervivencia de uno, pero es una estrategia fantástica para la supervivencia de la descendencia.

Los de mi generación tenemos menos parejas y menos sexo que nuestros padres. ¿Se ha roto la estrategia?

— Consolidar parejas para criar ha funcionado en ambientes muy distintos y ha sobrevivido a todos los cambios sociales. A un teórico e inexistente diseñador de esta estrategia del amor, lo de ahora le daría risa.

¿Risa?

— Hemos sobrevivido a la sabana y a la Edad Media. ¿Que hoy la gente es más individualista y está más aislada? Bueno. Es como si me dijeran que a los jóvenes de hoy no les gusta el agua. Acabarán bebiendo agua. El enamoramiento es probablemente el estímulo más fuerte que puede sentir un ser humano.

¿Más que la paternidad?

— El enamoramiento es el cambio que más hace que no te reconozcas a ti mismo; la paternidad es el cambio perdurable más grande. El primero te saca de tus raíles; el segundo te mantiene en ellos para siempre.

¿Recuerda su primer enamoramiento?

— Tenía diez años, estaba en quinto de EGB y me enamoré de una chica de octavo.

¿Por qué queremos a quien queremos?

— Porque cumple muchos de los requisitos de una pareja ideal que llevamos grabada en alguna parte del cerebro.

¿De dónde salen?

— Es una lista inconsciente que se va acumulando con los años: desde cosas de corte social —alguien que piense como yo, o que piense lo contrario— hasta un olor que vuelve loca a la parte más primitiva del cerebro.

¿Y por qué él no me quiere?

— Porque puede que usted no encaje en su retrato robot.

Qué consuelo.

— Se entiende mejor en negativo. Más que un retrato de la persona de la que me voy a enamorar, hay una lista de personas de las que no me enamoraré ni por casualidad. Hay quien lo ha intentado todo, y sabes desde el principio que no va a haber manera.

Si quedamos dos al final del mundo, ¿nos acabaremos enamorando?

— Muy probablemente, pero no es seguro. A lo mejor esa persona es un cuadrado y yo un círculo; un tornillo de estrella y yo un destornillador plano. En el amor no todo es ponerse. Aquí no mandamos nosotros.

¿Hay quien no puede enamorarse?

— Los psicópatas, por ejemplo. A una persona con psicopatía un abrazo no le libera oxitocina de la misma manera. Siente placer, pero no placer afectivo: probablemente ni con sus hermanos, ni con sus padres, ni con su pareja.

¿Pero el amor romántico no es un constructo cultural?

— El amor tiene un componente social inmenso, pero uno se enamora porque ocurren cambios hormonales. Lo que no está escrito es de quién: en esa lista inconsciente no cae lo mismo si vas a un colegio religioso o a uno público, si de pequeño te dieron una paliza por la calle o no.

¿Por qué cuesta más enamorarse con los años?

— Hace falta un estado hormonal que con la edad se da menos, y alguien que cumpla unos requisitos, que cada vez son más.

¿Y a los ochenta años todavía se nota el cosquilleo de cuando llega un whatsapp?

— Es más improbable, pero no imposible: hay gente que se enamora con setenta, con ochenta, con noventa y quién sabe hasta dónde.

¿Qué le pasa a mi cabeza cuando oye el "ping"?

— Aparece el placer anticipado, que tiene mucho que ver con la llegada de la dopamina a zonas del cerebro que producen placer, como el núcleo accumbens. Si nos hemos enamorado de alguien ayer y hoy nos manda un mensaje, sentimos un pico de placer tremendo.

¿También cuando fantaseamos con amores imposibles?

— La imaginación nos coloca en una situación de éxito. Pero el placer anticipado es mucho más contundente con algo tangible. Imagine que le escribe una carta a Marlon Brando y un día le llega una respuesta. En el remite pone…

¡Ay!

— Ahí sí. No hace falta ni un beso ni un abrazo: basta un mensaje, una llamada, una nota en la agenda.

Su otra gran pasión es el cine. ¿Cuánto de lo que sabe del amor lo aprendió en una sala de cine?

— El cine me ha influido en mi manera de contar historias y de hacer divulgación, pero el amor lo analizo desde la ciencia. Si acaso, el cine te ayuda a entender mal el amor.

¿Por qué?

— Porque se queda en el instante del enamoramiento, como si el amor maduro no existiera. Y esa es la etapa más interesante del amor: dos personas que ya no están secuestradas por su biología. Necesitamos que el enamoramiento se acabe; esa ansiedad no es sana. El amor maduro no necesita acabar nunca.

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