Kenso Soai es el segundo japonés consecutivo en recibir el Nobel de química después de que la Academia galardonase el año pasado a Susumu Kitagawa, junto con el británico Richard Robson y el jordano Omar M. Yaghi, por su trabajo en el campo de las estructuras metalorgánicas.
Nobel de química para los detectives de la asimetría de la naturaleza
Kenso Soai y Henri Kagan se llevan el reconocimiento por explicar cómo una forma especular puede llegar a predominar
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BarcelonaSi dos moléculas son prácticamente idénticas, ¿por qué la naturaleza acaba favoreciendo a una? Para entender este fenómeno, que se conoce como homoquiralidad, podemos hacer un ejercicio de imaginación con un par de zapatos: el derecho y el izquierdo son imágenes especulares el uno del otro –como si uno fuera el reflejo del otro en un espejo–, pero no se pueden intercambiar porque cada uno encaja con un pie diferente. Con algunas moléculas, como los aminoácidos, pasa lo mismo: existen en dos formas casi idénticas, pero que no se pueden superponer. Son las llamadas moléculas quirales.
El origen de esta asimetría química fue un misterio durante mucho tiempo. Ahora se sabe que una pequeña diferencia inicial entre estas dos formas puede llegar a amplificarse hasta que una de ellas acaba predominando. Es este avance el que ha reconocido la Real Academia Sueca de las Ciencias con el Nobel de química 2026. El galardón distingue a Kenso Soai, profesor japonés de la Universidad de la Ciencia de Tokio, por hacer "uno de los experimentos químicos más espectaculares jamás realizados", así como a Henri Kagan, profesor francés de la Universidad de París-Sur.
La institución reconoce la trayectoria de los dos científicos por "su contribución a la comprensión de la asimetría química". Mientras Kagan demostró cómo un pequeño desequilibrio se puede amplificar, Soai fue más allá con un mecanismo de retroalimentación química, la llamada autocatálisis asimétrica. "Es decir, que el producto de una reacción química contribuye a favorecer la formación de más producto de la misma quiralidad", resume en el ARA Josep Puigmartí-Luis, profesor ICREA de la Universidad de Barcelona y responsable del grupo ChemInFlow.
Durante años, conseguir que una reacción química produjera solo una de las dos formas especulares parecía casi imposible. Cuando los científicos intentaban crearlas, obtenían a menudo una mezcla de ambas en proporciones similares. Pero solo una de ellas se encuentra mayoritariamente en nuestras células.
El problema no era solo una cuestión de precisión de laboratorio: si las moléculas se querían destinar a interactuar con seres vivos, como ocurre con los medicamentos, las dos formas pueden comportarse de manera diferente. Una puede ser buena para la salud y la otra, perjudicial. En un medio simétrico, los dos enantiómeros tienen las mismas propiedades físicas y químicas, pero desvían la luz polarizada en sentidos opuestos. En cambio, en entornos quirales, como las células, pueden comportarse diferente.
La genialidad de dos científicos
Kagan dio el primer gran paso en 1986: descubrió una manera de amplificar una de las dos formas y obtener un exceso mucho mayor del que hasta entonces se consideraba posible. Las combinaciones de moléculas con la misma quiralidad pueden ser más activas que las que combinan signos opuestos. Esto hace que un pequeño exceso inicial de una de las dos formas se amplifique durante la reacción y acabe generando un exceso mucho mayor en el producto.
Unos años más tarde, Soai llevó esta idea todavía más lejos y en 1995 describió una reacción con potencial para favorecer una única forma. Casi una década después, en 2003, demostró que era posible llegar a formar prácticamente solo una de las dos moléculas. Un hito que, hasta entonces, parecía reservado a la química de la vida.
Estos descubrimientos han tenido aplicaciones en fármacos, aromas y fragancias, productos químicos agrícolas y nuevos materiales. El catedrático de química orgánica de la Universidad Complutense de Madrid y académico de número de la Real Academia de Ciencias Nazario Martín considera que se trata de un "magnífico" Nobel, que destaca por la "genialidad" de los galardonados: "La respuesta estaba allí y solo ellos la vieron", afirma en declaraciones a SMC.
Para Puigmartí, el Nobel es también un reconocimiento a una comunidad científica que lleva décadas trabajando. "Me ha sorprendido porque la comunidad de la quiralidad no es tan grande y, a veces, no tiene mucha visibilidad", dice. A su vez, considera que el premio valora una línea de investigación que se ha ido desarrollando durante muchos años.