Cuando una alergia puede condicionar tu vida
La alergia alimentaria –la más habitual durante la infancia– es una enfermedad del sistema inmune, la cual no sólo puede provocar una reacción grave durante un largo período de tiempo, sino también afectar al crecimiento, el desarrollo y la salud mental de los niños
BarcelonaFiona Olivé, de 14 años, vive con tos y mocos 24 horas al día los siete días de la semana. Es como si estuviera siempre enfriada. Durante la temporada de frío su familia siempre vive con el alma en el corazón para que no se enfríe en serio, ya que cualquier infección respiratoria puede complicarse fácilmente y terminar en neumonía. La joven es alérgica a diferentes tipos de ácaros del polvo, a las gramíneas ya los gatos y, durante un tiempo, también hubo la sospecha de que fuera alérgica a las berenjenas, lo que se descartó recientemente después de la exposición controlada en el alimento en el hospital de día del Hospital de Sant Pau. Sin embargo, los dos años que convivió con esta sospecha, tuvo que actuar como una persona alérgica de facto a esta verdura. Durante este período, explica Karla Islas, su madre, lo más duro para ella fue tener que tener siempre presente la alergia "y, antes de comer nada, tener que preguntar o estar alerta por si llevaba berenjena". A la joven "también se le hizo pesado en la escuela", añade.
Islas recuerda cómo, desde pequeña, Fiona tenía piel atópica. "Alrededor de los cinco años empezó a sufrir bronquitis de repetición hasta que, a raíz de una espirometría, le diagnosticaron asma. Para mantener bajo control la alergia a los ácaros, actualmente Fiona sigue un tratamiento de inmunoterapia. Es lo que se conoce como vacuna y consiste en un pinchazo cada siete semanas. "Además –añade su madre–, tiene un inhalador de mantenimiento diario y otro de rescate, y siempre lleva un antihistamínico encima por si acaso." La joven también realiza controles con la alergóloga anualmente, pero al ser propensa a hacer neumonías –el año pasado hizo tres–, su pediatra también le hace un seguimiento estrecho. Y es que, destaca su madre, "en cuestión de horas, empieza a tener dificultad respiratoria grave y debemos correr en urgencias para que le administren oxígeno".
Las alergias más habituales en la edad infantil son las alimentarias –sobre todo en los más pequeños– y las respiratorias, sea en los ácaros, en los pólenes, en las esporas o en los animales. Las que son producidas por fármacos e insectos, afirma Pilar Llobet, jefe del servicio de pediatría del Hospital General de Granollers, "son menos frecuentes en pediatría si la comparamos con la edad adulta". A la hora de identificar cómo cursan cada uno de estos tipos de alergias, la también consultora de Inmunología Clínica y Alergia Pediátrica del centro hospitalario apunta a que las alimentarias pueden producir sintomatología muy variada. Lo más frecuente, apunta, son lesiones en la piel tipo haba, vómitos y dolor de estómago de inicio repentino sin otra causa, pero también pueden presentarse con tos, estridor, dificultad para respirar e incluso anafilaxis (que es la combinación de dos o más de estos síntomas) y en algunos casos choque. "De hecho –incide Llobet–, la causa más frecuente de anafilaxis en la edad pediátrica son los alimentos".
"Actualmente los pediatras alergólogos no recomendamos la introducción progresiva de alimentos, sino la introducción precoz una vez que las criaturas inician la alimentación complementaria", subraya Llobet. El objetivo no es otro que disminuir la alergia alimenticia. Además, una vez iniciada la ingesta de un nuevo alimento en la dieta es importante dar presas frecuentes, no ocasionales. El motivo, explica, "es que, durante este período, se considera que hay más posibilidad de que se genere tolerancia inmunológica y si se mantiene la aportación, también se mantiene la tolerancia". Solo hay que tener en cuenta, señala, que cuando son pequeños, ciertos alimentos, como los frutos secos, "se deben dar siempre muy triturados para evitar el riesgo de atragantamiento". Llobet apunta que en esta tolerancia intervienen muchos factores, "desde predisposición genética hasta factores ambientales como infecciones, exposición a tabaco, fármacos, etc." y, por tanto, reconoce, "hay que seguir investigando para poder avanzar en la prevención de la alergia alimentaria".
Alergias respiratorias y fármacos
A su vez, la alergia al polen oa los ácaros se presenta con síntomas respiratorios tipo tos, silbidos (sibilantes o ronquidos), rinitis o conjuntivitis. "A veces –matiza Llobet–, estos síntomas pueden confundirse con una alergia alimentaria, por eso es importante su estudio por parte de un pediatra alergólogo." Por último, aquellas alergias producidas por algún tipo de fármaco cursan como en la edad adulta, sobre todo con síntomas cutáneos como habas, hinchazón de párpados, piernas o extremidades, manifestaciones que, tal y como señala la cabeza de pediatría, "durante la infancia, también pueden estar relacionadas con infecciones víricas propias de la confección se le esté administrando a la criatura en ese momento".
En cualquier caso, en caso de sospecha de alergia, será necesario actuar en función de la sintomatología que presente cada niño. La mayoría, apunta Llobet, "se resolverán con un antihistamínico y evitando el alérgeno, pero en otros necesitaremos inhaladores e incluso adrenalina intramuscular". En cualquier caso, la consultora de Inmunología Clínica y Alergia Pediátrica recomienda realizar una visita al pediatra de cabecera del niño, excepto en los casos que presente dificultad para respirar o malestar general o mucha afectación. "En estos casos más graves hay que acudir al Servicio de Urgencias y en caso de sospecha de choque, llamar al 112", subraya.
El papel del entorno
Dada su condición, es fundamental que Fiona lleve la medicación siempre encima. Vaya a donde vaya. "Cuando va de excursión o duerme fuera, intenta buscar el espacio con menos polvo, pero no siempre es posible, lo que le puede acabar generando conflictos", señala su madre, quien también reconoce que, "a veces, alguien puede pensar que es una excusa para elegir cama o para no querer dormir en el suelo". El papel del entorno, por tanto, así como su sensibilización, es fundamental para que la vida de estos niños y jóvenes con alergias diversas no se vea estigmatizada por su condición. Karla Islas apunta que, en general, Fiona y ella se han encontrado con bastante conciencia por parte de las escuelas e institutos, así como por parte de comedores escolares, restaurantes y equipamientos lúdicos como las salas de fiestas infantiles.
Sin embargo, recuerda una vez que la llamaron de la escuela de primaria diciéndole que su hija no quería comer la pizza porque decía que era alérgica a la berenjena. "Yo no me lo podía creer –exclama–, no es que Fiona lo dijera, es que la escuela tenía un certificado médico de la pediatra que yo misma les había entregado hacía unos meses, ¡dónde lo especificaba!". En cambio, en el instituto al que va ahora, la experiencia ha sido muy positiva. "Son muy cuidadosos e, incluso, organizan una jornada de puertas abiertas específica para las familias con niños con alergias e intolerancias, para que podamos conocer los circuitos y protocolos, y ver cómo funciona el comedor un día cualquiera y probar lo mismo que comen los alumnos", celebra Islas.
Pilar Llobet, jefe del servicio de Pediatría del Hospital General de Granollers, se muestra más crítica con este tema y es que, subraya, "en general, se confunde alergia con intolerancia ya menudo se minimiza el riesgo". Llobet también afirma que "se infravalora la afectación que comporta por la restricción social y el sufrimiento de las familias y la posibilidad de que los niños tengan una reacción grave ante una ingesta por error o de un alimento oculto, sea en la composición o por contaminación con otro". En los últimos años, apunta, se han realizado varias campañas informativas y muchos restaurantes tienen cartas con información de alérgenos principales, pero no de todos, y algunas escuelas les han pedido información tanto a la unidad de Alergia Pediátrica como a sus pediatras de cabecera, sobre todo cuando tienen algún niño con reacciones graves. "Para mejorar la conciencia es básica la información y, sobre todo, diferenciar las alergias de las intolerancias y otros trastornos digestivos", insiste Llobet.
En la infancia, la alergia alimentaria, sobre todo a la leche y el huevo (las más frecuentes), pueden desaparecer porque el sistema inmune desarrolla tolerancia natural. "Es menos frecuente que ocurra de forma natural en edades más avanzadas u otros alimentos, por eso, actualmente, existen varios tratamientos dirigidos a inducir tolerancia, es decir, a provocar que aparezca esta tolerancia que no se ha adquirido de forma natural", apunta Pilar Llobet, jefe del servicio de pediatría del Hospital General de Granollers. "Con ayuda del alergólogo, los niños podrían llegar a superar la alergia a algún fruto seco, algún cereal o la leche y el huevo que no se ha superado de forma espontánea, mediante la inmunoterapia oral, que es un tratamiento de meses o años que permite que determinados pacientes lleguen a tolerar estos alimentos, Martínez, jefe en funciones del servicio de Alergología del propio hospital. La alergia respiratoria y en las picaduras de insecto no suelen desaparecer de forma natural, ni en niños ni en adultos, "pero también disponemos de tratamientos muy eficaces para controlar y para inducir la tolerancia", explica Llobet, quien matiza que, en general, las alergias son consideradas enfermedades crónicas por definición. "Sin embargo, disponemos de terapias muy efectivas y en constante mejora por la investigación científica intensa en este campo", concluye.
Paso a la edad adulta
"Con la llegada de la adolescencia, nos encontramos con varios factores que hacen que estos pacientes, que padecen una enfermedad crónica como es la alergia, sean especialmente susceptibles", apunta Patricia Martínez, jefe en funciones del servicio de Alergología del Hospital General de Granollers. Martínez cita factores como la ausencia de conciencia de la enfermedad, la carencia de una red de apoyo o el inicio de la toma de decisiones propias "que en ocasiones dificultan el control de la enfermedad o la aparición de reacciones graves". La sociedad, señala Martínez, no está del todo preparada para acoger a estos adolescentes durante su paso a la edad adulta ya que, por ejemplo, se sigue confundiendo la intolerancia a la lactosa con la alergia a la proteína de leche de vaca, lo que puede llevar a algún desenlace fatal, como ha ocurrido”. En este sentido, la doctora la doctora las asociaciones de pacientes alérgicos como la AEPNAA, una comunidad, a su juicio, "muy activa, que ayuda y apoya a los padres de niños sobre todo con alergias alimentarias, brindando siempre alertas sobre el etiquetado correcto de los alimentos"
Uno de los objetivos del programa de transición 2024 es precisamente acompañar y empoderar a los jóvenes, fomentando su autonomía y seguridad en la autogestión de la enfermedad.Para ello, los miembros del comité –formado por médicos y enfermeras de los servicios de Pediatría y de Alergología del hospital– se reúnen cada dos meses. "Durante las sesiones, comentamos el caso de cada paciente (situación actual, si tienen otra enfermedad añadida y el entorno particular de cada uno). Así, cuando llegan a la consulta de adultos, ya conocemos su historial médico y sus circunstancias", destaca Martínez. A los pacientes más complejos se les cita un día para que les valore al mismo tiempo el especialista y la enfermera, se les explica su enfermedad y el tratamiento que deben realizar, y se intenta que tomen conciencia de la enfermedad, a la vez que puedan normalizarla. "También les ofrecemos herramientas para que puedan tratar de forma autónoma los síntomas ya los padres les explicamos que deben seguir acompañando, pero brindándoles confianza", continúa Martínez. Desde su puesta en marcha, el servicio ha valorado a un total de 80 pacientes que han realizado la transición desde la unidad de alergología infantil a la de adultos.
Se prevé que en los próximos años hasta un 50% de la población va a tener algún tipo de alergia, favorecida también por el cambio climático y la contaminación. Preguntándole por los posibles motivos, la jefa en funciones del servicio de Alergología del Hospital General de Granollers, Patricia Martínez, apunta que en los últimos 50 años, la temperatura corporal ha subido en 1,5 grados. Este clima más cálido, señala, "favorece la proliferación de ácaros, la principal causa de alergia respiratoria en Cataluña". Unos ácaros presentes, cabe decir, "en lugares de España como Madrid o Castilla, donde hasta hace poco no se detectaban", prosigue. A su vez, tal y como explica Martínez, el cambio climático también ha favorecido que el período de polinización y, por tanto, la presencia de los pólenes sea más larga, "y se pueden encontrar actualmente niveles de pólenes relevantes durante prácticamente todo el año". En cuanto a la contaminación ambiental, concluye, "está científicamente estudiado que las partículas de diésel hacen que las plantas generen más proteínas de defensa, que son posteriormente capaces de desarrollar más alergias".