Bicicletas contra patinetes

2 min
Adolescente encima de un patinete eléctrico.
05/11/2026 - 08:01 h
Escritor y profesor de secundaria

Mi hijo es de los pocos que todavía va al instituto en bicicleta. Al vecino que siempre le acompaña, recientemente le han comprado un patinete eléctrico y, como consecuencia, ha dejado la bicicleta en el trastero (quizás para siempre). Tenemos la suerte de que vivimos relativamente cerca del instituto y la mayoría de las calles son seguras para ir en bicicleta, incluso con tramos de carril bici.

No hace falta decir que en los últimos años la proliferación de patinetes eléctricos ha sido exponencial entre los jóvenes hasta el punto de que se ha tenido que legislar su uso. Aun así, no se hace un control exhaustivo. Como soy profesor sé que hay alumnos que lo conducen y tienen menos de quince años. Casi nadie se pone el casco. A menudo se suma un acompañante detrás. Miran el móvil. Y, por la velocidad con la que circulan, es altamente probable que corran a más de 25 kilómetros por hora. Es decir, los tienen trucados. La guardia urbana de vez en cuando hace una vuelta y advierte a algún infractor. Pero, que yo sepa, la cosa no pasa de ahí.

Mi hijo, ahora, como se ve que es el único que no tiene patinete eléctrico, nos pide uno. Insiste con esa manera tan bonita que tienen los adolescentes. Si no es por el cumpleaños será por reyes. No quiere ser menos que los otros. Pero en casa ya tuvimos esta lucha/discusión con el móvil y la resistimos bastante bien, no sin desgaste. Ir a contracorriente siempre es duro. Para los padres, y puedo entender que para los hijos, también. A ningún adolescente que se quiera integrar en el grupo le gusta ser el diferente. Lo entendemos, pero mi mujer y yo tenemos nuestros principios, que a veces no son los de la mayoría. No es fácil convencer a un hijo, a menudo es profundamente ingrato, pero educar es justamente eso. Sin sobreprotecciones, evidentemente. Que el resto de familias hagan lo que crean, pero como profesor nos ahorraríamos muchas horas de tutoría que podríamos aprovechar para matemáticas y lectura.

Nuestro argumento principal para no comprarle un patinete eléctrico es que, teniendo en cuenta que no hace extraescolares de deporte ni le gusta salir mucho de la habitación, que vaya y vuelva con la bicicleta es una manera de mover el cuerpo y hacer más salud que haciendo equilibrios con los tobillos. Y mover las piernas y hacer músculo. La bicicleta me parece más humana y más ecológica. Y la puedes subir al tren si cabes, e ir a hacer caminos por la montaña.

He observado que buena parte de los que van con patinete eléctrico corren más de la cuenta y cometen imprudencias. Cualquier agujero en la acera o en la calzada les puede hacer volar por los aires y cuando llueve resbalan, sobre todo en los pasos de peatones. Al final, evidentemente, todo depende del uso que hagas de él y de la responsabilidad personal. De la educación, en definitiva. También he visto a muchos 'perlas' que van al lado de un autobús haciendo el caballito con la bicicleta. Por suerte no les falta un buen ángel de la guarda. Pero hijo, ¡qué trabajo le dan!

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