El consultorio

Claves para trabajar la paciencia con los hijos

Esperar se ha convertido en una de las habilidades más difíciles tanto para los adultos como para los niños

Y mi frustración, ¿qué?
21/09/2026 - 14:49 h.
3 min

BarcelonaAprender a esperar es una de las habilidades emocionales más importantes de la infancia, y se construye en las pequeñas situaciones del día a día. Vivimos en una sociedad acostumbrada a la inmediatez donde todo va demasiado rápido. Un clic compra aquello que queremos, un mensaje llega en segundos y cualquier duda se resuelve casi al instante. En este contexto, esperar se ha convertido en una de las habilidades más difíciles tanto para los adultos como para los niños. Pero precisamente porque el mundo se acelera, educar la paciencia es hoy más necesario que nunca.

Ningún niño nace sabiendo esperar. La tolerancia a la frustración, la capacidad de aplazar un deseo o de perseverar cuando las cosas no salen de inmediato son aprendizajes que se construyen lentamente durante la infancia. La buena noticia es que la paciencia no es un rasgo de la personalidad que algunos tienen y otros no, es una competencia que se puede entrenar cada día. Y este entrenamiento comienza mucho antes de lo que a menudo imaginamos. La paciencia no se enseña con grandes explicaciones, sino que se construye en las pequeñas experiencias cotidianas: esperar a que llegue el turno en el columpio, acabar un puzle sin abandonarlo, respetar los turnos durante un juego o entender que no siempre es posible obtener aquello que se desea de manera inmediata. Son experiencias aparentemente sencillas que ayudan al cerebro infantil a desarrollar el autocontrol.En este proceso, los adultos tenemos un papel determinante. Los niños observan mucho más de lo que escuchan. Si ante un atasco, una cola o un contratiempo reaccionamos con nervios, impaciencia, quejas constantes o mal humor, difícilmente aprenderán otra manera de afrontar la espera. En cambio, cuando nos ven mantener la calma, poner palabras a lo que sentimos y buscar estrategias para gestionar la frustración, les estamos ofreciendo un modelo que acabarán interiorizando.Esto no significa pedirles que no se enfaden. Esperar cuesta, y es normal que aparezca la frustración. Cuando un niño protesta porque quiere algo ahora mismo, antes de dar una respuesta conviene reconocer lo que está sintiendo. Frases como "Ya veo que te está costando esperar" o "Entiendo que te gustaría que fuera ahora" no hacen desaparecer el límite, pero sí que ayudan al niño a sentirse comprendido y escuchado. Cuando las emociones se sienten validadas, es más fácil recuperar la calma.A veces, con la mejor de las intenciones, los adultos intentamos evitar cualquier incomodidad. Nos adelantamos a sus necesidades, hacemos las cosas por ellos o cedemos rápidamente para que dejen de llorar. Pero cada vez que eliminamos cualquier espera también eliminamos una oportunidad para que aprendan a gestionarla. Educar la paciencia no consiste en provocar frustración innecesaria, sino en acompañarles mientras aprenden que no todo llega cuando uno lo quiere.También es importante ajustar las expectativas. Pedir a un niño de tres años que espere veinte minutos con la misma serenidad que uno de diez es simplemente irreal. La capacidad de autocontrol madura progresivamente y necesita mucho entrenamiento. Por eso, especialmente con los más pequeños, pueden resultar útiles recursos visuales como relojes de arena, temporizadores o contadores que les ayuden a entender cuánto falta para que llegue su turno.El juego es otro gran aliado. Los juegos de mesa, las actividades por turnos o propuestas tan sencillas como el semáforo o el "1, 2, 3, escondite inglés" permiten practicar la espera en un contexto agradable, sin que los niños tengan la sensación de que están aprendiendo una habilidad. Y cuando consiguen esperar, aunque sea solo unos segundos más que antes, vale la pena ponerle palabras. No tanto para felicitarlos por el resultado como para reconocer el esfuerzo: "Has esperado tu turno aunque te costaba" o "Has continuado intentándolo sin rendirte". Este tipo de retorno refuerza la idea de que la paciencia no es una cualidad con la que se nace, sino una capacidad que se construye.Porque educar la paciencia no consiste en enseñar a los niños a resignarse ni a soportarlo todo en silencio. Consiste en darles las herramientas para que puedan afrontar la espera, la frustración y la incertidumbre sin sentir que el mundo se derrumba.

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