¿Cómo combatir los discursos de odio entre los niños y los jóvenes?

Una educación preventiva, basada en el respeto, la diversidad y la inclusión, es clave para forjar un pensamiento crítico entre las criaturas

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Daniel Sotomayor, monitor del centro de tiempo libre Espurnes de Llobregat, durante una dinámica de educación en la paz con niños del centro de tiempo libre
22/10/2026 - 12:01 h

El racismo, los prejuicios, la rabia o el fascismo son elementos que han estado presentes intermitentemente a lo largo de la historia. Pero es cierto que hoy a través de las redes sociales y los influencers, los jóvenes tienen un acceso más elevado a contenidos de todo el mundo, unos contenidos –a veces más tendenciosos que otros– que a veces calan de manera notable en sus pensamientos y creencias. En palabras del ilustrador y fotoperiodista Jordi Borràs, estos discursos “no calan en ellos por el solo hecho de ser jóvenes, sino porque tienen menos experiencia, menos formación y menos sustrato cultural e ideológico, y no tienen la perspectiva vital e histórica que tenemos los adultos”.

A parecer de Borràs, el hecho más remarcable de todo ello es que las consignas que los jóvenes reciben a través de las redes sociales “a menudo son mensajes e información unidireccional, la cual no tienen manera de contrastar, y eso es lo que les hace vulnerables”. Y es que, subraya el también especialista en cuestiones sociales –especialmente en movimientos nacionales y ultraderecha de toda Cataluña y Europa–, la juventud no escucha la radio ni leen diarios en papel y digital. Para comprobarlo, solo hay que hacer la prueba de ir a los institutos y preguntar a los jóvenes cómo se informan. “La mayoría os dirá que lo hacen a través de las redes sociales, TikTok o Instagram y, por lo tanto, hay un sesgo generacional clarísimo en cómo nos informamos unos y otros”, puntualiza.

Alimentar a la bestia. Una guía joven para hacer frente a los discursos de odio.

Borràs es el autor del libro Alimentar a la bestia. Una guía joven para plantar cara a los discursos de odio, publicado recientemente por Elastic Books. Es un manual práctico para que los adolescentes puedan conocer los mecanismos que utiliza la extrema derecha para divulgar y normalizar los discursos de odio en las redes sociales, así como para empoderarlos y dotarlos de recursos para cuestionar lo que el algoritmo quiere que vean.

Distancia emocional y memoria histórica

Al margen de la desinformación que muchas veces acompaña a las nuevas generaciones y que podría paliarse haciendo una aproximación histórica a aspectos como el fascismo, movimiento que el autor explica ampliamente en su libro, Borràs también presta atención a otro factor clave: la distancia emocional e histórica, en nuestro caso, hacia el franquismo.

A pesar de haber nacido en los años 80 del siglo pasado y no haber vivido el franquismo en primera persona, Borràs tiene conocimiento de él: sus padres habían corrido delante de los grises y su abuelo había hecho la guerra y había estado en la cárcel y en campos de concentración. La distancia emocional hacia la dictadura era muy corta. En cambio, a la generación de sus hijos la Guerra Civil les queda “a galaxias de distancia, y esto es un problema”, señala. Borràs insiste en que “si desde la enseñanza no se insiste en la memoria histórica para prevenir futuros discursos de odio, la cosa no mejorará”. "Si no somos capaces de recordar los desastres del pasado, es muy probable que los repitamos en el futuro", sentencia.

Borràs también explica cómo, en los últimos años, ha podido captar en sus charlas una creciente preocupación por parte de las familias de los adolescentes y del personal docente alrededor de las actitudes reaccionarias de algunos de estos jóvenes. El autor, sin embargo, aboga por apostar por la juventud de nuestro país, por creer en ella. Y es que, a su parecer, “las actitudes reaccionarias entre la juventud se han llegado a hacer una bola muy grande y esto ha hecho generalizar mucho sobre el tema, lo cual no es del todo justo”. Borràs cita un porcentaje de entre el 15% y el 18% de la juventud y destaca cómo, dentro de esta cifra, existe un sesgo de género importante, y destaca que los chicos son mucho más reaccionarios que las chicas. “Estaría bien insistir en que la mayoría de la juventud no tiene actitudes reaccionarias, pero hay que aclarar que esta mayoría no tiene demasiadas ideas propias y esto también nos debería preocupar”, puntualiza. Cada vez hay un desinterés mayor hacia la política y hacia la sociedad que los rodea. Parafraseando al escritor Joan Fuster, Borràs recuerda que “la política o la haces o te la hacen”.

Contenido con una clara intencionalidad

En un contexto en el cual, según datos de Fad Juventud para el 2025, tres de cada cuatro jóvenes se toparon con discursos de odio en internet y, según el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE), durante el mismo periodo se identificaron más de 845.000 contenidos de odio en plataformas como Facebook, YouTube, Instagram, TikTok y X, con el libro Alimentar la bestia. Una guía joven para plantar cara a los discursos de odio, Borràs pretende dar una serie de elementos y conocimientos que puedan hacer reflexionar y hacer entender a la juventud por qué las cosas son como son. También hacer que se pregunten por qué aquel influencer de turno repite el mensaje una vez y otra, por qué aquel contenido se viraliza, por qué los compañeros de clase piensan como piensan y por qué muchas veces se les sigue la corriente. “El objetivo principal, sin embargo, es fomentar el espíritu crítico”, destaca. Y es que, prosigue, todo el mundo, “tenga la edad que tenga”, debe entender que las redes sociales no son una cosa gratis: hay gente que gana dinero con ellas. “Debemos entender que muchas veces el contenido no es banal, sino que hay una intencionalidad clara detrás”, continúa Borràs.

El fotoperiodista también hace énfasis en el hecho de que todos nosotros –“no solo los jóvenes”–, debemos ser conscientes de que podemos convertirnos en cualquier momento en la diana de algún grupo que hace correr discursos de odio. A su vez, continúa, los colectivos vulnerables por cuestiones de religión, sexo, lengua, orientación sexual, etc., “tienen que tener claro que se pueden convertir en el otro colectivo, el de los verdugos, el de los que practican discursos de odio”. Y es que, alerta, “que tú formes parte de un colectivo vulnerable o que hayas estado vulnerable en algún momento no quiere decir que no te puedas volver como aquellos que te perseguían, porque eso forma parte de la condición humana”. Borràs afirma que lo tenemos que tener todos muy claro, de la misma manera que hace falta fomentar la empatía. “Si no somos personas empáticas, estamos destinados a crear una sociedad de psicópatas, y eso es lo peor que nos puede pasar”, concluye.

El potencial de la educación en el ocio

Uno de los entornos que trabaja con más firmeza en la educación para la paz es el de la educación en el ocio. Es el caso de la Federación Catalana del Esplai, que promoverá que casi 55.000 niños y jóvenes participantes de sus centros de ocio (esplais) lleven a cabo actividades de educación en democracia y educación. Esta iniciativa forma parte de la propuesta educativa Amb Veu i En Peu, impulsada por Fundesplai y FundiPau para fomentar la paz, los valores democráticos y la convivencia entre niños, jóvenes y familias, y más si cabe en un contexto global como el actual, en el que, señalan desde la federación, “las narrativas de exclusión y autoritarias tienen cada vez más eco, especialmente en las redes sociales y entre los y las jóvenes”.

Para Daniel Sotomayor, del centro de ocio Espurnes de Esplugues de Llobregat, es “evidente” que las redes sociales tienen una gran influencia en niños y jóvenes, “cada vez desde más pequeños”. En este sentido, el monitor afirma que no cree que la educación deba repensarse de cero a la hora de capacitarlos para prevenir los discursos de odio que campan por todas partes, “sino más bien ver qué cosas estamos haciendo ya que funcionan, que hay muchas, así como qué carencias tenemos los equipos y qué podemos hacer para mejorar y paliar estas carencias”. En consecuencia, los equipos al frente de la educación en el ocio, destaca, se encuentran “constantemente en proceso de aprendizaje, formándose y haciendo encuentros para compartir recursos e ideas”. Los jóvenes que acaban convirtiéndose en monitores también tienen un papel fundamental en este proceso de mejora continua, ya que, según Sotomayor, “son jóvenes que aportan una mirada muy actualizada y muy diferente de cómo evoluciona la sociedad y su entorno más cercano”.

Creación de espacios seguros y de confianza

“Desde el ocio, trabajamos siempre desde el respeto, la diversidad y la inclusión, valores que claramente nos ayudan a combatir los discursos de odio”, afirma Sotomayor. Se trata de un trabajo de prevención que ya hace tiempo que se lleva a cabo de manera transversal, desde la pequeña infancia y hasta los jóvenes de dieciocho años o más mayores. La transversalidad permite que los equipos al frente de los centros de tiempo libre sienten “unas bases para fomentar el espíritu crítico cuando entran en la adolescencia e incluso en la adultez”. El monitor también subraya que trabajan desde la confianza: "Creamos espacios seguros que generamos con los niños y los jóvenes, y siempre partiendo de sus intereses, sus miedos y sus inquietudes, que es aquello con lo que se encuentran en su día a día y que más les motiva a participar y poder hablar de estos temas".

En el Esplai Espurnes, en los últimos años se ha trabajado en iniciativas como Edufilms, una iniciativa basada en realizar cortometrajes con una mirada social, y Educlips, cuyo objetivo son precisamente las redes sociales. “Al mismo tiempo, trabajamos y participamos en la propuesta educativa Amb Veu i En Peu para fomentar los valores de la democracia y la paz entre niños y jóvenes también en el mundo digital”. Fue en este marco que el pasado marzo realizaron la Marcha por la Paz, “para movilizar a la sociedad y también a los niños y a los jóvenes”, añade Sotomayor. "Se trabaja siempre de una forma muy abierta y receptiva, intentando no censurar ningún tema, precisamente porque somos conscientes de que muchas veces en la escuela o en casa quizás no hablan de un tema determinado porque no se atreven”, insiste. El rol de los monitores, por tanto, se vuelve clave a la hora de crear espacios de debate y será clave en uno de los retos que Sotomayor se plantea alcanzar a corto plazo: trabajar con las familias que participan en los esplais. “Justamente este curso intentaremos crear una comisión de familias en la que algunos de nosotros crearemos unos espacios más cercanos a ellas con el fin de trabajar de forma conjunta, ya que, al fin y al cabo, el trabajo en red es súper importante”, concluye.

El respeto, la mejor manera de comunicarse

La voz de los niños y jóvenes

Ahmed tiene doce años y participa cada semana en el esplai Tricicle de Sant Joan Despí. Cree que hay que respetar a las personas de nuestro entorno, por mucho que seamos diferentes. "A nosotros también nos gusta que nos respeten”, dice. Por eso, apunta, “es importante conocer las diferentes formas de pensar que tenemos”. Este respeto se pone en valor “escuchando a los compañeros cuando hablan, aceptando las diferentes maneras de pensar y hablando con respeto". "Viniendo al esplai desde pequeños, hemos aprendido que el respeto es la mejor manera de comunicarnos con la gente”, dice. Para Ahmed, las personas que utilizan las redes sociales para intentar influir en el pensamiento de los demás, a veces sembrando el odio entre personas de razas, corrientes políticas o géneros diferentes, “o bien tienen problemas consigo mismos o bien piensan que haciendo estas cosas serán mejor que los demás”.

Para Judit, de doce años y participante del Club Esplai Bellvitge, “todo el mundo tiene derecho a ser respetado”. Así de claro. En el esplai, explica, trabajan este respeto y esta paz a través de actividades, hablando y llegando a consensos. De todas las actividades que llevan a cabo, le gustan especialmente las que hacen en grupo, “ya que también nos enseñan a colaborar los unos con los otros”.

Aftab, de doce años y compañero de Judit en Bellvitge, prefiere las actividades de carácter deportivo, pero comparte con ella la creencia de que respetar al resto de personas de nuestro entorno “es clave para que también se reciba respeto”.

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