El rompecabezas imposible de las extraescolares: ¿cuántas actividades son demasiadas?

El acceso y las horas de extraescolares en Cataluña varían según la clase socioeconómica y coexisten realidades totalmente opuestas

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Partido de fútbol de una extraescolar.
Carlos Bueno
13/10/2026 - 08:02 h

Estamos a las puertas de una escuela del Maresme. Un grupo de familias que esperan la salida de los niños hablan de las dificultades para encajar los horarios de las extraescolares. "Es un rompecabezas imposible", se queja Sara. "Hay empresas que se contraprograman, la escuela de música coincide en horarios con el club de fútbol", dice Eduardo. En la conversación también hay quienes aseguran que hay extraescolares que exigen un mínimo de tres días a la semana, incluso a niños de seis años. "Lo hacen porque es una cuestión de negocio", opinan.

Se trata de un tema de conversación típico de los finales y principios de curso. Por un lado, están las dificultades para acceder a las extraescolares, ya sea por cuestiones logísticas o económicas, y, por otro, la voluntad de participar en ellas de los niños y las familias, que pueden creer que con la educación reglada no es suficiente. O a veces, simplemente, se trata de una cuestión de conciliación familiar. "La escuela termina a las cuatro y media, y, cuando no puedes ir a buscarlos hasta más tarde y tampoco dispones de un familiar o de alguien más, hay que apuntarlos a alguna cosa", dice Rita, otra de las madres. Precisamente, Cet10, una empresa que tiene oferta de actividades en algunas escuelas para que no sea necesario trasladar a los niños, afirma que la necesidad de extraescolares por conciliación familiar ha aumentado.

De este tema también habla Arnau Palou, profesor de sociología de la Universidad de Vic especializado en actividades extraescolares. Palou dice que empieza a ver a niños de preescolar inscritos en más de una actividad. Como experto, sin embargo, señala que no hay suficientes datos sobre la idoneidad en la etapa de infantil, porque "todos los estudios hablan de beneficios a partir de los seis años". Yendo incluso más allá, la doctora en educación y psicología y autora de Educar en el asombro (2013), Catherine L’Ecuyer, dice que "en la etapa de infantil no tiene sentido que los niños vayan a actividades extraescolares". De hecho, considera que, para su buen desarrollo, necesitan consolidar el apego seguro a través de la interacción humana con su cuidador principal.

En el otro plato de la balanza, Maria Truñó, directora de la comunidad para promover la educación Alianza Educación 360, advierte que cuando los niños empiezan el instituto las extraescolares caen en picado. Tanto ella como Palou coinciden en decir que, en parte, se debe a la sobrecarga académica, pero también cree que las extraescolares necesitan adaptarse y entusiasmar más a partir de elementos como la participación, porque si no los adolescentes pierden interés y caen en ocios menos saludables. "Todo es cada vez más «Pruebo, pero no me vinculo del todo»", dice Truñó.

Beneficios y excesos

El profesor Palou señala que en materia de extraescolares "lo peor es no hacer ninguna". Según los estudios, estas actividades mejoran habilidades socioemocionales como la comunicación. Truñó dice que esto es importante en un contexto individualista en el que falta la socialización, y cree que habría que garantizar dos tardes de extraescolares para todos. "Ya no es solo por tener mejores notas, sino cuestiones como favorecer la participación plena en la vida comunitaria y mejorar las redes de apoyo", añade la investigadora.

Por otro lado, los expertos advierten que también es importante respetar el tiempo de juego libre y descanso, que son derechos de los niños. L’Ecuyer recuerda que el niño puede tener intereses y necesidades particulares que justifiquen añadirle actividades, siempre que tengamos presente que "no puede convertirse en un pequeño ejecutivo estresado, con la agenda llena a todas horas". "El aburrimiento es importante, es el preámbulo del deseo", añade L'Ecuyer.

En cualquier caso, no hay un número mágico de horas que se ajuste a todos los niños. La coordinadora del grupo de trabajo de trastornos del neurodesarrollo y aprendizaje de la Sociedad Catalana de Pediatría (SCP), Anna Gatell, habla de la gran cantidad de variables que pueden afectar la aparición de malestar por sobrecarga. Además de las características del niño, encontramos las de su familia y las expectativas que tienen. Es por eso que hay que escucharlos y acordar con ellos la elección de actividades extraescolares. Aun así, las cosas no siempre saldrán a la primera y encontrarán dificultades, como que les cueste aprender a tocar un instrumento que han elegido. En estos casos, recuerda la doctora Gatell, "hay que alentarlos a persistir en el intento y trabajar la tolerancia a la frustración".

Inglés, ¿cuanto antes mejor?
Niños en una extraescolar de música.

¿Cuestión de competitividad?

Entre las familias con las que hemos hablado hay algunas que comparan las extraescolares ofrecidas por la AFA o la escuela, que consideran más "de ocio", con las de fuera. "Hay una cultura en aumento de las familias de querer llevar a sus hijas e hijos a lugares especializados, más caros, pero supuestamente mejores", dice Sara.

Esta cuestión conecta con la de las expectativas de las familias sobre el futuro del niño, para que pueda llegar a ser, por ejemplo, deportista de élite o sencillamente para que tenga una mejor preparación académica que le ofrezca más oportunidades laborales. En este sentido, por ejemplo, desde las academias de inglés Kids&Us explican que aunque hasta los nueve años su método solo conlleva una clase semanal, las familias les preguntan mucho si es suficiente.

En estas academias, de hecho, actualmente ofrecen clases para bebés de un año (acompañados de un adulto), una práctica al alza desde hace un tiempo. Una oferta similar a la de la Escuela Municipal de Música de Artés, donde hasta los dos años los bebés disponen de sesiones de experimentación con la familia. El director, Marc Reguant, nos confirma el aumento del número de menores de seis años inscritos, y lo atribuye a una cuestión de aumento de "la sensibilidad de las familias".

Para esta cuestión, la doctora L’Ecuyer ofrece la siguiente explicación: "Hay una razón por la cual la demanda ha aumentado a lo largo de los últimos años: la pobreza de lo que se ofrece en las aulas". Según la psicóloga, los padres quieren complementar la parte académica, ya que "el aula se parece cada vez más a un lugar de entretenimiento, por lo cual hemos descuidado los básicos de la educación".

La doctora Gatell disiente que sea culpa del modelo educativo. "Puede dar la sensación de que la causa de la bajada de nivel sea la gamificación, pero se debe más a la poca cantidad de horas de clase y a las ratios, que deberían ser de unos 15 alumnos", dice. Para ella, la realidad en las aulas ha cambiado a causa del aumento de neurodivergencias (que sitúa entre un 10% y un 15%) y de la llegada de niños recién llegados, que "acostumbran a venir con mochilas emocionales muy grandes". "Pero buscar extraescolares académicas no es la solución", dice la pediatra. Para Gatell hacen falta más recursos para las escuelas, tales como profesionales expertos que acompañen en la educación especial, y mejorar las conexiones entre escuela y figuras externas como la pediátrica.

Las artes plásticas y escénicas, las grandes olvidadas

Según el último informe de participación extraescolar en Cataluña (2023) de la fundación Equitat.org (antes Fundació Bofill), el 58% de los niños y adolescentes practican deportes fuera del horario lectivo y un 33% hacen extraescolares de idiomas. Palou comenta que los estudios han resuelto que estas son las extraescolares con más beneficios de cara al bienestar emocional en la edad adulta y al rendimiento académico, respectivamente. Sin embargo, diferentes voces reivindican la importancia de las actividades artísticas, como dibujo y teatro, que, en conjunto, solo suman un 25% de participación, y con más proporción de chicas que de chicos.

Marta Mercadé, directora de la escuela de expresión plástica Traç de Barcelona, asegura que mientras que las lenguas son una extensión de la escuela, en su centro se trabaja una parte del cerebro que actualmente no se ejercita en la educación formal. "La plástica en la escuela está en declive, porque ya no hay especialistas, dispone de menos horas y se evalúa conjuntamente con la música, cuando son dos lenguajes totalmente diferentes", dice.

En esto está totalmente de acuerdo la doctora Gatell, que considera que en la escuela se hacen demasiadas pocas horas de artes plásticas y escénicas (incluyendo la música), disciplinas que aportan muchos beneficios personales, como seguridad, autonomía y creatividad. De hecho, la pediatra se atreve a mojarse cuando se le pregunta si elegiría una extraescolar artística si solo pudiera elegir una: "Rotundamente, sí".

La doctora Gatell habla del ejemplo de la danza, que beneficia las dimensiones física, intelectual y social, y que cree que "no se tiene para nada en cuenta". "Ya se hace poco en la escuela, y se debería hacer más, y tampoco hay mucha costumbre como actividad extraescolar. En otros países europeos los chicos bailan más, casi tanto como las chicas", dice.

Niños en una extraescolar artística
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Un eje de desigualdad

Aunque según el citado informe el porcentaje de participación en extraescolares ha superado los datos previos a la pandemia, sigue existiendo un marcado sesgo de clase. Según Truñó, los niños de familias con nivel adquisitivo alto le dedican el doble de horas que los de familias con nivel bajo. De hecho, una de cada tres de estas familias de rentas bajas no realiza actividades organizadas por las tardes, nos dice la experta. Otro indicativo similar que podemos encontrar es la estadística de clases particulares, presentes en el doble de hogares con más recursos que en los de menos, tal como muestra un estudio de EsadeEcPol sobre el tema (2023).

Evidentemente, detrás de esta situación hay motivos económicos. Aunque cada vez más municipios tengan políticas para avanzar en la equidad de este tema, los requisitos para pedir una beca hace tiempo que están congelados, sin equipararse a la subida de sueldos –y aunque no corresponda a la inflación–. Esto, según Cet10, ha provocado que, aunque todas las familias que cumplen los requisitos reciben la beca, el número de solicitudes haya disminuido.

El capital social y el cultural también son factores a tener en cuenta. "Lo que más afecta es el nivel de estudios de la madre", asegura la directora de Alianza Educación 360. Según nos señalan diversas de las fuentes consultadas, hay familias que, por barreras lingüísticas o simplemente por el hecho de no tener tantos contactos, no se enteran de las diferentes posibilidades de extraescolares –especialmente las ofertas fuera de la escuela–, ya que, como nos dice Truñó, "funciona mucho por el boca a boca".

Además, una vez superada esta dificultad, las familias en situación vulnerable deben afrontar trabas burocráticas y de desplazamientos. Hay que tener en cuenta que, especialmente en zonas con menos densidad de población, las actividades externas a los centros escolares pueden encontrarse lejos y es necesario llevar a los niños y recogerlos.

También el género y las diversidades funcionales se encuentran entre las principales barreras, y Truñó considera que todavía faltan muchas propuestas más inclusivas. Todo esto, en conjunto, acaba repercutiendo de diferentes maneras, y ella nos pone un ejemplo: "Cuando no hay un acceso real al ocio saludable, los niños con menos recursos hacen un ocio más sedentario, porque el abuso de las pantallas no está repartido aleatoriamente".

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