Hace veinte años que duermo poco y mal

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¿Por qué a las mujeres les cuesta más dormir?
31/10/2026 - 07:02 h
Periodista

BarcelonaLa maternidad está reñida con dormir de un tirón. No hay método Estivill para las madres que hemos quedado trastocadas después de tantísimas noches de lactancia materna. Estamos destrozadas de llenar jeringuillas de Dalsy con los ojos medio cerrados en mitad de la noche y de dormir como contorsionistas para intentar acomodar al hijo que se ha metido en nuestra cama buscando un lugar seguro. Llevo casi veinte años durmiendo poco y mal porque con cuatro hijos he pasado por todas las etapas: mirar si respiran, virus, vómitos nocturnos, fiestas de pijamas, gritos de madrugada jugando a la Play y ahora llega el momento de salir de fiesta.

Os confieso que proyectaba un futuro optimista pensando que el tema de dormir se estabilizaría cuando se hicieran mayores, pero no, al contrario. Ahora que salen de noche se han añadido nuevos sufrimientos a mis noches en danza. Ya os imagináis que no puedo estar contando ovejas ni concentrada en mi respiración cuando en la cabeza solo tengo escenarios catastróficos: parques a oscuras, ratas, latas de bebidas energéticas, alcohol comprado a última hora, vapers, ir en coche con conductores noveles y la alarma ES-Alert por lluvias que siempre suena cuando hay algún hijo fuera de casa.

También os tengo que decir que dormir de manera intermitente ayuda a gestionar la inquietud cuando empiezan a salir de fiesta. Tener el sueño ligero permite percibir el único sonido que facilita el descanso: el tintineo de las llaves girando y el golpe de puerta que indica que ya están en casa. Por muy sigilosos que sean vuestros adolescentes, ya veréis cómo siempre sentiréis sus pasos llegando de madrugada. Mi capacidad de estar en guardia me permite detectar, con los ojos cerrados, la luz de la pantalla del móvil cuando llega una nueva notificación. Estoy a punto de actualizar mi LinkedIn con este nuevo poder: es cuando duermo que veo claro. Medio dormida, puedo leer el whatsapp donde me piden que los vaya a buscar porque al final el padre de no sé quién no puede. Desvelada y en pijama acabo saliendo en busca del hijo de turno y amigos varios que reparto hasta la llegada al destino.

No sé exactamente qué hacen cuando salen de fiesta. Cuando les pregunto las respuestas suelen ser “todo bien”, “con los de siempre” y “un kebab”. Poca información más les saco. Este verano han ido mucho a los conciertos de las fiestas mayores y el hecho de que Rodalies tenga un servicio tan pésimo ha hecho que descarten voluntariamente las salidas a las discotecas de Sabadell y Mataró que implicaban volver a casa con el primer tren de la mañana.

Los hijos se han hecho mayores y por suerte yo también. Por eso a todas estas salidas nocturnas se ha sumado mi festival hormonal, que me provoca un insomnio brutal con el cual no contaba porque se habla poquísimo de todos los cambios que llegan con la perimenopausia. Pero este es otro tema. Así que tanto si estáis en el pozo de los primeros años de crianza como si vivís la lucha adolescente, preparad café y un buen corrector para las ojeras de panda. Como mínimo, al día siguiente de una noche de fiesta tenemos tregua garantizada porque dormirán hasta las dos, y en ningún caso os recomiendo mojar a vuestros Gremlins después de una noche larga. Aprovechadlo para descansar, que las horas de sueño siempre van escasas.

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