Ildefons Cerdà, en el top 10 del urbanismo mundial
La exposición 'Modèliques' sitúa al Eixample al lado de nueve ciudades transgresoras de entre los años 1859 y 1958
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Barcelona"El éxito práctico de un proyecto teórico": así definió el arquitecto y urbanista Manuel de Solà-Morales el Ensanche de Ildefonso Cerdá. Ahora esta sentencia se puede leer dentro de Modélicas. Ciudades y utopías 1859-1958, la exposición que el COAC acoge hasta el 18 de octubre dentro del Año Ildefonso Cerdá. "Sobre Cerdá ya se habló muchísimo durante el Año Cerdá del año 2009. Lo que nos había quedado en el tintero era colocarlo al lado de Le Corbusier, de Frank Lloyd Wright, de los grandes", afirma Fernando Marzá, el comisario de la muestra, junto con el urbanista de la UPC Carles Crosas y la arquitecta de la Generalitat Beth Tuà. "Cerdá no solo planificó una ciudad; escribió un tratado de urbanismo, casi el primero", remacha Marzá. Antes de dibujar el Ensanche, Cerdá hizo un gran levantamiento topográfico y un estudio estadístico de cómo vivía la clase obrera. "Engels lo había hecho en Londres cinco años antes", recuerda el comisario.
En la planta baja de la exposición los comisarios muestran el plano del Ensanche de 1859, con las manzanas todavía sin definir, y el de 1863, donde Cerdá ya acepta más densidad y ensaya combinaciones de manzanas cerradas: "Muchas cosas que ahora se cree que se han inventado ya las había propuesto él". Y también en la planta baja se puede ver una maqueta de las otras ciudades incluidas dentro de la muestra. Todas ellas miden 60 x 60 cm, están a escala 1:15.000 y tienen la misma orientación. Esto permite compararlas de un vistazo. "Estas medidas son una imposición, pero nos explican muchas cosas. Por ejemplo, que Brasilia no cabe", dice Marzá. Y Chandigarh y Barcelona se pensaron, ambas, para unos 550.000 habitantes (actualmente Barcelona tiene más de 1,7 millones).
En el altillo, la primera parte está dedicada a las ciudades utópicas, la primera de las cuales es la Ciudad Industrial (1904). Tony Garnier recibió el Premio de Roma para dibujar monumentos antiguos, pero, en cambio, dedicó "cincuenta de los sesenta meses" a proyectar su Ciudad Industrial. "Es un socialista convencido: el palacio de la asamblea y la piscina pública tienen el mismo tamaño. Y no encontrarás ni iglesias ni gendarmería; se supone que todo funciona sin represión", dice Marzá. "Le Corbusier tiene fama de discípulo de Perret, pero a quien admira es a Garnier", señala.
Los materiales expuestos son sobre todo reproducciones de planos conservados en museos y fundaciones de todo el mundo. Más adelante está la Ciudad Jardín, de Ebenezer Howard, a quien Marzá considera más un pensador que un arquitecto; la Ciudad Lineal (1894), de Arturo Soria y Mata, y la utópica Broadacre City (1935), de Frank Lloyd Wright. "Para entender la Broadacre City hay que pensar en Dallas, en aquella América ganadera y petrolera", explica Marzá. Respecto a la Ciudad Lineal, se pueden ver cuatro planos inéditos que el mismo Marzá encontró hace tres años colgados en la oficina de la Compañía General de Urbanización.
En el corazón del recorrido se encuentra la ciudad india de Chandigarh (1951), de Le Corbusier, que Marzá ha visitado recientemente con el fotógrafo Manolo Laguillo, autor de muchas de las fotografías expuestas en este ámbito. "Contra lo que diga quien quiera, es la ciudad verde. Los edificios son de hormigón porque era la época", defiende. Por otra parte, Marzá reivindica que uno de los detalles, el brise-soleil que da forma a la fachada del Secretariado, se remonta a cuando Le Corbusier proyectó viviendas para Barcelona dentro del Plan Macià.
La calidad de los dibujos de arquitectura
Uno de los puntales de la exposición es la calidad de los dibujos expuestos. "Creo que nunca he visto un dibujo de arquitectura mejor", dice Marzá ante el minucioso Plan de Chicago (1909) de Burnham y Bennett, con manzanas de 113 metros y calles de 20, como el Eixample. Además, Marzá también señala la correspondencia del proyecto y el estilo del dibujo. "Chandigarh no se puede dibujar así, y Wright no podía dibujar esto". Y de ahí viene su crítica a los renders, porque "unifican la manera de representar proyectos que son diferentes". "Los profesores de dibujo deberían tener la obligación de pasar por esta exposición", sentencia.
El recorrido termina con el Ámsterdam Sur de Berlage, la Brasilia de Lúcio Costa y Oscar Niemeyer, y la Ville Spatiale (1958) de Yona Friedman. Esta última consiste en una retícula elevada que permitiría multiplicar en altura la superficie construible, sobre las mismas ciudades o terrenos sobre los cuales no se puede construir, como los ríos. Friedman planteaba que la forma de las viviendas construidas dentro de esta retícula, que se podrían montar y desmontar, la decidirían los mismos habitantes. Además, señala que el proceso se basaba en una "improvisación continua". "Cuando se habla de cubrir la ronda, ¿por qué no hacer allí una cosa tipo Friedman, con edificación, como el puente de Rialto? Conectaría los dos barrios, y no con un puentecito que no cruza nadie", advierte Marzá.