Arte

La gran exposición del centenario conecta Tàpies con las emergencias del siglo XXI

La retrospectiva del artista comienza el recorrido en el centro de bellas artes Bozar de Bruselas

Bruselas"Si pinto como pinto es, en primer lugar, porque soy catalán". Ésta es una las frases más famosas de Antoni Tàpies (1923-2012) que se destaca en la retrospectiva que el centro de bellas artes Bozar de Bruselas le dedica a partir de este viernes y hasta el 7 de enero coincidiendo con el centenario del artista. La muestra, que lleva por título Antoni Tàpies, incluye más de 120 obras, entre pinturas, esculturas y grabados, 20 de las cuales son propiedad de la Fundació Antoni Tàpies. Se trata de la exposición más ambiciosa de Tàpies de los últimos veinte años. Ahora bien, tal y como también apuntaba el propio artista, su obra también se vio muy influenciada por el contexto español y, por supuesto, el de toda Europa. "La oscilación entre lo local y la mirada que trascendía naciones, tradiciones y continentes lo hace un artista europeo por excelencia", ha señalado el director de Bozar, Christophe Slagmuylder.

Por este motivo, y porque "quizás está desdibujado en el panorama internacional" —ha dicho Imma Prieto, la directora de la Fundació Antoni Tàpies—, tiene mucho sentido que esta exposición se presente el año de su centenario en el corazón de Europa en el marco de la presidencia española del Consejo de la UE. En esta línea, Prieto apunta a que la retrospectiva quiere reivindicar la vigencia del pintor catalán y reubicarlo en la historia del arte. La exposición está organizada por el Museu Reina Sofía con la colaboración de Bozar y la Fundació Antoni Tàpies, y el apoyo del Institut Ramon Llull. "La exposición es una precuela de lo que se verá en Madrid y Barcelona el año próximo", ha explicado el comisario de la exposición, Manuel Borja-Vilell, en declaraciones al ARA desde Brasil, donde dirige la Bienal de Arte de São Paulo.

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Prieto considera que es "necesario" revisitar Tàpies desde una óptica actual y diferente. Defiende que fue uno de los grandes artistas del siglo XX y que fue mucho más que un artista de posguerra y un humanista. "Como cualquier gran artista, fue un visionario. Su pintura nos invita al cariño, que es una cuestión muy actual, relacionada, por ejemplo, con los cuidados", añade la directora de la fundación del artista.

También destaca el hecho de que Tàpies fuera un avanzado a su tiempo y ya trabajara con material reciclado, lo que no deja de ser "una crítica del modelo de producción y consumo de hoy en día". "Es un buen momento para volver a reflexionar una vez más sobre sus creaciones visuales y ensayísticas, y mirarlas con una nueva perspectiva", añade su hijo, también presente en la presentación, Toni Tàpies.

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Del autorretrato a los experimentos con materia y forma

Una de las primeras obras que se pueden ver en la exposición es Autorretrato (1950). Está muy alejado de las experimentaciones que realizaría con diferentes materias y los juegos formales, pero ya se nota una voluntad de distanciarse de los cánones más académicos. También se ven las influencias que iría acumulando a lo largo de toda su vida de artistas como Pablo Picasso, Joan Miró y Salvador Dalí, el fotógrafo Brassai y otros artistas dadaístas y surrealistas, como el belga René Magritte, que posee el museo a unos 200 metros de donde se encuentra la exposición de Tàpies.

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Más adelante, se puede percibir el cambio radical del artista catalán a mediados de los años 50. Se liberó más de la figuración y ya empezó a experimentar con todo tipo de materiales, incluso de desecho, ya llevar al límite la forma de los cuadros y las esculturas. "Se adelantó, por ejemplo, a lo que sería el arte pobre y otras manifestaciones", dice Borja-Vilell. De hecho, en la Gran Pintura (1958), que le erigió en una gran voz internacional de la vanguardia, se ven texturas propias de un muro, entre barro y cemento, y agujeros e incisiones.

También se pueden ver obras significativas de sus experimentos con el uso del papel y del cartón, como Morado con ángulos negros (1963)y Papel de embalar (1964), con los que probaba técnicas nuevas y buscaba nuevos efectos. "Durante estos años, en los que expuso en el museo Guggenheim de Nueva York y en el Kunsthaus de Zúrich, Tàpies incluye elementos realistas en su obra, momento que coincide con el incremento de su compromiso político. Por ejemplo, en el Huevera y periódico (1970), se puede ver un recipiente para guardar los huevos lleno de serpentinas y, encima, un ejemplar de La Vanguardia de la época".

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En esta línea, la retrospectiva también quiere reivindicar la parte más de conciencia política y nacional del pintor catalán. Destacan, por ejemplo, En la memoria de Salvador Puig, que recuerda la ejecución en 1974 del joven anarquista, y la Cruz y R (1975), que hace referencia al escritor Ramon Llull. Además, puede verse la típica cruz de Tàpies, que ya pintaba en sus primeros cuadros y que se asocia claramente a la inicial de su apellido.

Aún así, la última sala, junto con la primera, es la que más ha querido resaltar el comisario de la exposición. Cartas por Teresa (1971) recoge un conjunto de litografías íntimas y eróticas que, tal y como indica Borja-Vilell, "aparentemente nada tienen que ver" y "mezcla imágenes cotidianas con literarias o musicales". Esta obra dista mucho de la primera, el autorretrato, y quiere escenificar el cambio del trabajo de Tàpies. "Su evolución no es progresiva, sino que me atrevería a decir que circular; vuelven muchas cosas que habían desaparecido, y tiene momentos de distinta intensidad, más abstracto o más político. Pero nunca es literal y siempre mantiene el punto enigmático y huye de las clasificaciones y análisis formales modernos", concluye Borja-Vilell.