Munch y Picasso: un encuentro imaginario que hace saltar chispas
Una gran exposición en el Museo Picasso de Málaga explora los vínculos artísticos y las coincidencias biográficas entre los dos pintores
MálagaLas pinturas de madurez de Edvard Munch (1863-1944) a menudo son electrizantes: parece que, cuanto más profunda es la angustia que le remueve, más se aferra a los colores vivos y más enérgicas son las pinceladas. Así se puede ver hasta el 28 de febrero en la magnífica exposición Munch-Picasso, en el Museo Picasso de Málaga. Munch nació dieciocho años antes que Picasso. No revolucionó el arte del siglo XX, pero, a veces, sus obras más académicas son más impactantes que las vanguardistas del malagueño, como es el caso de un desnudo femenino de rodillas sobre una cama que parece un fotograma de una escena amorosa. Sin salir de la desnudez, en el terreno personal, Munch se desnudaba en la playa y pintaba grupos de hombres desnudos. Parece que, aunque no era un hombre pudoroso, esta intimidad masculina queda lejos del universo de Picasso.
"Munch y Picasso no llegaron a encontrarse nunca ni se conocieron, pero mantienen una conversación en el lenguaje universal del arte", afirma la comisaria de la muestra, Paloma Alarcó, exresponsable de las colecciones de pintura de la segunda mitad del siglo XIX y del siglo XX del Museo Thyssen de Madrid. "A través del lenguaje del arte, Munch y Picasso comparten muchas experiencias vitales y también experimentaciones artísticas. Enseguida me di cuenta de que las obras del uno y del otro se expresaban con una semejanza misteriosa y enigmática", explica la comisaria. Este afán por romper los límites establecidos de la pintura hizo que, en algunos momentos, ambos fueran rechazados. Por otra parte, ambos mantuvieron relaciones sentimentales que en algunos momentos fueron destructivas.
Picasso descubrió a Munch en Barcelona, antes de marcharse a París, sobre todo a través de Ramon Casas y Santiago Rusiñol, y también de Miquel Utrillo, que desde 1889 ejercía de corresponsal de La Vanguardia en París. Más adelante, es muy probable que pudiera ver sus obras en la capital francesa. "Para mí, Munch y Picasso son las dos grandes figuras del arte de la primera mitad del siglo XX. Es cierto que pertenecían a dos mundos muy diferentes, que tenían personalidades antitéticas y espíritus muy diferentes. Meridional, terrenal, expansivo, excesivo y sensual ya sabemos quién. El otro, nórdico, espiritual, introspectivo, intelectual y problemático", dice Alarcó. "Sus estilos y sus técnicas también son diferentes, aunque muchas de sus preocupaciones convergen. Sus intenciones son, en muchas ocasiones, semejantes. Ambos cuestionaron las estructuras artísticas y sociales de su tiempo, y compartían el propósito de hacer tambalear las viejas creencias. Y lo consiguieron. Ambos crearon un lenguaje nuevo, un lenguaje visual distintivo y experimental, e impulsaron la innovación en el arte moderno", explica la comisaria.
Una de las primeras exposiciones en la que las obras de ambos coincidieron fue la de la Sonderbund, en Colonia, en 1912. Munch y Picasso fueron los dos únicos artistas que tuvieron una sala propia. Munch pudo ver allí las figuras cubistas del malagueño, que le dejaron una huella sutil. "Ni Picasso estuvo tan alejado de los movimientos artísticos del norte ni Munch fue ajeno a las vanguardias históricas, como el cubismo o el surrealismo, que le reivindicaron. En la exposición se puede ver a Picasso emulando a Munch, y en otras ocasiones Munch muestra una sutil proximidad al cubismo", señala Alarcó.
La exposición de Málaga, que cuenta con el patrocinio de la Fundación Unicaja, es fruto de una colaboración especial con el Museo Munch de Oslo. El jueves por la noche la inauguración contó con la presencia de la reina Sonia de Noruega. La muestra incluye unas 104 obras, algunas de las cuales poco vistas, como por ejemplo un dibujo de Picasso de un tablao flamenco barcelonés, procedente de la fundación del nieto del malagueño, Bernard Ruiz-Picasso, y una vista nocturna de las azoteas de Barcelona, depositada en el Museo de Arte de Zúrich. Esta última es de la época en la que el malagueño tenía el taller en un edificio ruinoso de la desaparecida calle de la Riera de Sant Joan, derribada con la construcción de la Vía Layetana. Entre los prestadores se encuentra el Museo Picasso de Barcelona y otros grandes museos, como el Reina Sofía y el Thyssen de Madrid, el MoMA de Nueva York, la Tate de Londres, el Picasso de París y la Albertina de Viena.
Los vínculos entre el arte y la vida
Alarcó ha organizado el recorrido a partir de la idea de que, en Munch y Picasso, el arte y la vida están profundamente entrelazados. Algunos expertos no están de acuerdo con la interpretación biográfica de las obras, pero en esta exposición resulta reveladora. El primer ámbito está dedicado al autorretrato, un tema que interesó a ambos desde muy jóvenes. "Tanto Picasso como Munch quisieron controlar muy bien la imagen que querían dar de ellos mismos", dice la comisaria. El autorretrato llega hasta el final, cuando Munch se retrató sentado sobre una cama, con un rostro cadavérico, y Picasso, añorante de la potencia sexual perdida, aparece entre desnudos femeninos y una vagina esplendorosa. "Al final de su vida, Picasso se reinterpretaba como si fuera más joven", dice la comisaria. En este mismo ámbito también se puede ver cómo ambos trabajaron el tema del pintor y la modelo, con un tratamiento más teatral en el caso de Munch.
Los protagonistas de la exposición son los grandes temas: el amor, el deseo y la muerte. El recorrido continúa con el impacto de la enfermedad y las pérdidas que sufrieron ambos. Munch era un niño cuando su madre murió de tuberculosis, y un adolescente cuando su hermana mayor murió de la misma enfermedad. Unos años más tarde, su hermana Laura fue ingresada en un hospital psiquiátrico cuando todavía era una adolescente. En el caso de Picasso, en 1895 murió su hermana Conchita en La Coruña, un hecho que le provocó un miedo permanente a la enfermedad, representada en la exposición por una acuarela preparatoria de uno de sus primeros grandes cuadros, Ciencia y caridad. En el caso de Munch, se puede ver un grabado de Niña enferma, que conserva la técnica agresiva del cuadro.
El ámbito siguiente está dedicado a la nocturnidad. "Ambos tuvieron una gran fascinación por la noche, trabajaban de noche, sobre todo Picasso. Salían por los antros bohemios de Cristianía, París, Barcelona, Berlín... Y se relacionaban con los ambientes bohemios y la literatura más radical", explica Alarcó. Es aquí donde se puede ver la vista nocturna desde el taller de la calle de la Riera de Sant Joan. En cuanto a Munch, una de las obras más destacadas es La tormenta, en la que se puede ver a un grupo de mujeres tapándose los oídos por el ruido ensordecedor de los truenos, fuera del hotel de la costa donde están alojadas. Es de 1893, el mismo año que la primera versión de El grito.
Unas mujeres angelicales y otras monstruosas
El imaginario femenino ocupa un lugar destacado, entre la visión de la mujer frágil y la femme fatale. Y el repertorio es aún más variado: hay desde personajes angelicales hasta mujeres con unas cabelleras abrumadoras, vampiresas y otras a medio camino entre las criaturas mitológicas y los monstruos. "Munch y Picasso vivieron una época de cambio; es el momento en que las mujeres comienzan a tener mucho protagonismo. Tenían un doble sentimiento de fascinación por la incorporación de la mujer a la sociedad y, al mismo tiempo, miedo a perder su autoridad. Munch llegaba a decir que vivía en un momento en que el hombre se había convertido en el sexo débil", dice Alarcó, que a continuación plantea la dicotomía entre amor y dolor en las relaciones sentimentales de los dos artistas.
Lo más destacado de este ámbito son las versiones que ambos hicieron de La muerte de Marat, protagonizadas por ellos mismos. Las Charlotte Corday que los asesinan son, respectivamente, Tulla Larsen y Olga Khokhlova, representadas como monstruos. En 1902, durante un forcejeo con un revólver en casa de Munch, la pistola de Larsen se disparó y el artista resultó herido en la mano izquierda, por lo que perdió una parte de un dedo. Tras años de una relación tempestuosa y obsesiva, aquella pelea hizo que rompieran definitivamente. En cuanto a Picasso, el origen del cuadro se encuentra en el momento en que empezó a rechazar a Khokhlova mientras Marie-Thérèse Walter entraba en su vida. También existe la hipótesis de que el cuadro represente a Khokhlova asesinando a Walter. "Hay autores muy prestigiosos que no aceptan la visión biográfica de Picasso ni de Munch, pero yo la defiendo, por supuesto, con una experimentación detrás. Aquí Picasso está experimentando con el surrealismo", señala Alarcó.
El final de la exposición está dedicado a la evolución del desnudo femenino: del naturalismo al cubismo, en el caso de Picasso, y hacia detalles más bien abstractos, en el de Munch. Y, para terminar, a la alegría de vivir, expresada a través de los desnudos masculinos. Mientras que Picasso a menudo utiliza personajes faunos y otras figuras arcádicas, Munch tenía los pies más en la tierra y había documentado sus jornadas naturistas en la playa.