"La batalla principal es que no nos hagan más malas personas"
El debate de la Bienal de Pensamiento llena La Model para reflexionar cómo hacer frente al relato de la extrema derecha
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Barcelona"Disputar el relato a la extrema derecha". Este era el título del debate que organizó el jueves la Bienal de Pensamiento y la Escuela de Pensamiento de CRÍTIC, en la antigua prisión de La Model. Queda claro que el público no es indiferente a todo lo que rodea esta cuestión: aforo completo con más de 200 personas y una treintena de asistentes –la mayoría jóvenes– que se quedaron fuera.
¿Cómo se alimenta el relato de la extrema derecha? ¿Cuáles son sus objetivos? ¿En qué han fallado las izquierdas y con qué herramientas se les puede hacer frente? Estas fueron algunas de las cuestiones de un debate que se hizo corto. Una de las palabras que más resonó a lo largo de la charla fue empatía. "El proyecto de la extrema derecha tiene un interés casi obsesivo por derribar la empatía. En el momento en que sean capaces de que celebremos las torturas contra inmigrantes en Ceuta, las cargas policiales a los estudiantes en Madrid o la exhibición de crueldad de Trump, habrán ganado. La empatía es nuestro dique de contención", aseguró el periodista e investigador Miquel Ramos.
El investigador Youssef M. Ouled enfatizó que el auge de estas ideologías no es un fenómeno aislado, sino que está íntimamente vinculado al sistema capitalista y al ordenamiento jurídico: "La deshumanización que promueve la extrema derecha no es anecdótica, forma parte del ordenamiento jurídico. La ley de extranjería, por ejemplo, obliga a personas a vivir durante años en la clandestinidad y la precariedad laboral. Esto no es solo un debate ideológico, hay una estructura que lo posibilita", aseguró.
La periodista Montse Santolino destacó la capacidad de organización internacional de la ultraderecha, que lleva años estudiando cómo funciona la hegemonía cultural. "Saben que la mitad de la población siente que la socialdemocracia no les ha garantizado derechos ni igualdad, y utilizan este resentimiento amplificándolo. Dicen una parte de verdad y muchas mentiras", afirmó la periodista, que describió cómo el control de los medios y de las redes sociales terminan normalizando la crueldad. "Es muy fácil llegar a millones de personas y hacer creer que la suya es la mayoría social. La gente se empieza a mover y acabamos normalizando las barbaridades hasta que nuestro sentido común cambia", dijo.
¿En qué ha fallado la izquierda?
Analizando las debilidades de la izquierda, Ramos remarcó que muchos votantes buscan "espacios seguros" y respuestas emocionales ante la incertidumbre. La extrema derecha apela a la pertenencia (el orgullo nacional, la religión o la masculinidad). Para disputar el relato, según Ramos, la izquierda debe volver a saber emocionar y reconectar con las vivencias de la gente, y recordó la movilización colectiva en torno al desahucio de Maricarmen Abascal.
En este punto, Ouled reivindicó que la izquierda debe poner el racismo en el centro del foco, mientras que Santolino apeló directamente a la organización de base: "A las clases populares las puedes ilusionar y ofrecerles esperanza, pero lo que no puedes hacer es traicionarlas, y ha habido muchas traiciones. El problema ha sido no reconocer aquello que no se podía hacer. Muchas izquierdas juegan a la movilización puntual, pero no a la organización real, principalmente porque tenemos una izquierda que se ha aburguesado.", aseguró.
Miquel Ramos profundizó en su análisis criticando la hipocresía institucional ante tragedias humanas como la de Ceuta: "El problema de Ceuta es que han llegado vivos; si hubieran llegado muertos, no habría el mismo problema político. La izquierda tiende a tratar el racismo como una cuestión de desviación moral y no como un problema estructural", criticó. Para el periodista, uno de los objetivos prioritarios de la ultraderecha es desactivar la capacidad humana de empatizar, convirtiendo la crueldad en un valor activo: "Han conseguido que conceptos como la solidaridad o los derechos humanos se tilden de buenismo o dictadura progre. La maldad ahora vende y es un activo. La batalla principal es que no nos hagan más malas personas", reiteró.
Ramos recordó que, aunque las redes "son un pozo de odio" hay que estar presente, pero valoró sobre todo "mirarse a los ojos": "La mejor red social es la calle, el centro cívico, las pandillas del pueblo, la asociación de familias o las asambleas de vecinos. Cualquier espacio donde haya comunicación humana. Y dejemos de poner el foco solo en los jóvenes fachas: si los adultos normalizan estos discursos, los jóvenes los reciben", aseguró. Santolino puso el acento en las carencias educativas, en el papel de los medios y su financiación. Criticó la existencia de una clase periodística desconectada de la realidad y recordó el papel de muchas mujeres de barrio y de clases populares que lideran y han liderado movilizaciones y organizaciones.