Cuando la cámara capta la forja de una estrella pop
Se estrena en cines el documental inédito de los conciertos que George Michael hizo en 1988 en París
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ENG
- Dirección: David Austin, Andy Morahan
- 113 minutos
- Reino Unido (2026)
- Con George Michael
En 1988, George Michael tenía 25 años, había disuelto Wham! y se encontraba inmerso en la gira de su disco de debut en solitario, Faith, con el cual había cumplido el sueño de todos los músicos que abandonan el grupo con el que han saltado a la fama: no solo igualar el éxito de la nave nodriza, sino también consolidarse en la constelación pop. Cuando el tour hizo parada en el Palacio de París-Bercy y lo llenó dos noches, la cita sirvió para grabar un vídeo promocional para el sencillo Monkey. Lejos de conformarse con este tema, las cámaras filmaron en 35 mm la totalidad de los dos conciertos; un hecho que nos dice tanto de la filosofía derrochadora de la industria musical de la época como del precoz estatus de realeza que había conquistado Michael.
Lo cierto, sin embargo, es que el mismo cantante se veía alcanzando su cenit de joven, tal como le oímos decir en el corto que prologa George Michael: The Faith Tour, un film-concierto elaborado con el material que restaba inédito de aquellos recitales parisinos, y que se estrena poco antes del décimo aniversario de la muerte del artista. Un regalo para fans que captura a una estrella forjando en tiempo real su aura. Esto queda claro en la juguetona interpretación de la canción Faith, anticipada con la guitarra y las gafas de sol que el videoclip habían hecho icónicas.
La puesta en escena, de realización milimétrica y amplificada por la multiplicidad de cámaras y grúas, parece conocer los movimientos que hará el protagonista, y crea una jerarquía en la que tanto el público como la banda adoptan un rol eminentemente anónimo. Así, el relato pasa exclusivamente por una voz de técnica cristalina y un cuerpo que irradia una sensualidad positiva (hecha explícita en I want your sex, que cierra el bis y la película) e interpela a todos los públicos. En este punto resulta reveladora la imagen final del escenario cerrándose como una jaula y apagando la luz de un George Michael que no declaró abiertamente su homosexualidad hasta una década más tarde.