¿Qué dicen los historiadores de 'La bola negra'?
Los expertos aplauden la eficacia del filme para visibilizar el trauma, pero alertan del riesgo de diluir las causas políticas del conflicto
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BarcelonaLa bola negra ha demostrado la capacidad de los Javis para conectar con públicos mayoritarios con temas que hasta hace poco eran bastante marginales. El fenómeno de la película va más allá del premio en Cannes y los galardones del público en los festivales de Toronto y San Sebastián: atrae al público en masa a los cines. Debutó con 4,7 millones de euros en sus primeros tres días y más de 610.000 espectadores, unos registros excepcionales.
De La bola negra, la obra que Federico García Lorca dejó a medias antes de que las balas fascistas le mataran, el verano de 1936, solo se conservan tres o cuatro folios, y este recorte de papel, que deja muchas preguntas abiertas, es la inspiración de los dos directores. La película no busca responder con la exactitud de un historiador, sino con la libertad de la ficción, y coloca en el centro el drama romántico entre Lorca y uno de sus amores, Rafael Rodríguez Rapún. Así lo han visto historiadores y filósofos.
"El lenguaje cinematográfico no es el de los libros, y debemos conceder ciertos márgenes de libertad a los directores", defiende Magí Crusells, director de Film-Història en la Universidad de Barcelona (UB). Para Crusells, la película no debe entenderse como un biopic tradicional ni como una recreación literal, sino como una herramienta de enorme eficacia para rescatar del olvido colectivo la represión feroz que sufrió el colectivo gay. "Los mismos creadores no han escondido nunca que se trata de una ucronía. Para mí, el rigor histórico no es repetir los hechos al pie de la letra, sino utilizar el cine para explicar una opresión real que quedó sepultada durante décadas", asegura.
Opina en una línea similar el historiador Gonzalo Berger, que recuerda que el film no tiene la pretensión de funcionar como un documental sobre la Guerra Civil, sino de situar una gran historia de amor en un contexto de violencia política. "Cuando entramos en el terreno de la ficción, no podemos exigirle a una película que actúe como un documental", remarca Berger, autor de libros como Las combatientes. La historia olvidada de las milicianas antifascistas (Rosa dels Vents, 2021). El historiador destaca un detalle que a menudo el cine pasa por alto: la cotidianidad de la guerra. "En medio del conflicto, la vida continúa. Los soldados hablan de cómo ir de excursión y subir una montaña y las enfermeras hablan de sus cosas. Presentar esta normalidad dentro de la tragedia es uno de los grandes aciertos de la cinta", dice Berger.
Por su parte, Federico Vázquez Osuna, historiador y especialista en la represión y la administración de justicia durante la República y el franquismo, destaca la mirada al pasado de los dos directores: "A través de la película asistimos al desastre de nuestra historia contemporánea y vemos cómo crece una sociedad en plena ebullición, con la figura de Federico García Lorca como referente: un hijo de la Restauración y de la España monárquica que recibe la libertad de la República e impulsa proyectos como La Barraca, recorriendo el país para difundir la cultura entre titiriteros y artistas. Pero este impulso se rompe de golpe con el corte de la Guerra Civil y la entrada de las tropas franquistas en Madrid", dice. "La cinta muestra cómo este trauma marcó un antes y un después, dejando una huella imborrable en diferentes generaciones, incluida la de hoy", añade Vázquez Osuna, que también valora la belleza formal de la cinta y cómo hace llegar al espectador el sufrimiento de las víctimas y la represión sexual.
La memoria LGBTI+ en el centro de todo
Esa Díaz-León, profesora de filosofía de la Universidad de Barcelona, remarca el valor que tiene convertir esta denuncia en una superproducción comercial: "Hasta ahora, la memoria LGBTI+ se había tratado más desde el cine de autor o independiente, con historias más pequeñas. Que una gran producción ponga una historia de amor homosexual en el centro y llene las salas es un paso gigantesco". Díaz-León destaca también la doble violencia que sufren los personajes y valora las referencias visuales a la historia de la representación velada de la homosexualidad, como el uso de la iconografía de san Sebastián o la estética homoerótica de la época.
Uno de los grandes méritos de la película es la capacidad para retratar el miedo y la vergüenza que han acompañado históricamente a las personas homosexuales, unas emociones que no han desaparecido del todo. "Es fundamental que las generaciones más jóvenes entiendan de dónde venimos y todo lo que se ha aprendido y se ha conseguido; pero hay que reconocer que hoy en día muchos jóvenes continúan teniendo miedo de visibilizarse, sufren acoso y sienten un rechazo interiorizado. El miedo a ser reprimido o juzgado continúa muy vivo", enfatiza Díaz-León. En este sentido, la profesora subraya la contribución decisiva del filme al debate sobre la memoria histórica: "Más allá de otras obras que profundizan en el conflicto desde una perspectiva bélica o política, esta cinta pone el acento en la memoria de la homosexualidad, la necesidad de recordar y la importancia de hacer visible aquello que se quiso borrar", añade.
De hecho, la representación de los personajes homosexuales, la memoria y sus traumas es uno de los puntos más valorados por los historiadores. "La película es un producto claro de las generaciones millennial y Z: pone el acento en la complejidad de los relatos de la memoria y no tanto en la de los relatos históricos", reflexiona la historiadora Anna Pastor, investigadora en temas de pedagogía de la memoria. "Uno de los puntos a favor es que la persecución de la homosexualidad no se presenta como un hecho aislado de un momento concreto, sino como una forma de violencia vinculada a un conservadurismo social y moral que trasciende épocas –la dictadura de Primo de Rivera, la República y el franquismo– y que durante la República empezó a resquebrajarse de manera demasiado lenta", señala Pastor, que celebra también la recuperación de figuras históricas del colectivo como Edmond de Vries. Para ella, el filme aborda el pasado como un territorio de trauma y de experiencias personales donde la dimensión historiográfica se simplifica para dar más importancia a las emociones y al peso del silencio intergeneracional: "Los efectos de este silencio están muy bien retratados, y la catarsis llega precisamente cuando se rompe, cuando todas las generaciones entienden finalmente el vacío y el secreto alrededor de la figura del abuelo", concluye.
Un contexto político diluido
Este énfasis en las emociones y el trauma de los silencios, hace, en opinión de Vázquez y Pastor, que el contexto político quede a veces diluido. "Se ven militares matándose, pero en ningún momento se explica claramente que aquello es el resultado de un golpe de Estado contra la República. Aun así, el mérito del filme es enorme: reivindica la libertad sexual, la República y la gente que sufrió la represión de manera mucho más eficaz que muchos documentales", señala Osuna, que destaca la capacidad de la cinta para mostrar cómo la violencia de la guerra y la represión lo impregnan todo: desde las mujeres obligadas a quedarse en casa hasta la violencia machista y los fusilamientos.
Pastor apunta que esta simplificación se nota sobre todo en el tratamiento de las fuerzas políticas: "El bando antifascista aparece a veces como una turba, una masa informe. No se explica la complejidad de este espacio ni los diferentes proyectos de sociedad que convivían y competían entre el socialismo, el anarquismo y el republicanismo". Como Osuna, sin embargo, Pastor destaca que uno de los grandes méritos del filme es la contundencia con la que se retrata el franquismo: "La película muestra con mucha fuerza la capacidad extrema de deshumanización del fascismo, y también la connivencia y participación de la Iglesia católica en la represión. Es uno de los aspectos más contundentes y genera escenas profundamente perturbadoras", asegura.
Más allá de los debates sobre el rigor de los hechos y la simplificación de los contextos políticos, los analistas coinciden en que el verdadero hito del filme radica en su mensaje final y en su capacidad para transformar el presente. "La recuperación de las revoluciones frustradas de la historia permite entenderlas no solo como episodios de derrota, sino como la constatación de que el pasado podría haber sido diferente. Y si el pasado podría haber tomado otro camino, el presente también puede hacerlo: de esta manera, la memoria se convierte en una herramienta directa para imaginar otros futuros", destaca Pastor.
Se ha escrito y hablado mucho sobre la Guerra Civil. Se han escrito muchos libros sobre ella, ha inspirado muchas ficciones literarias y, todavía hoy, es motivo de debates controvertidos y crispados. Los Javis han escogido una manera de explicarla y han conseguido llegar a muchísima gente de generaciones diferentes, cosa que valoran los historiadores. En opinión de Berger, es en la pantalla grande donde hoy en día se disputan los grandes relatos de nuestra época. "La batalla cultural y de la memoria se ganará en el audiovisual", asegura.