Historia

La increíble vida del aristócrata francés pionero del fascismo

El historiador italiano Sergio Luzzatto demuestra cómo el marqués de Morès utilizó muchas de las ideas y técnicas que después triunfaron con Mussolini y Hitler

BarcelonaTradicionalmente, ha habido mucho debate en Francia sobre si el fascismo francés no existía o si había sido un fenómeno marginal antes de la ocupación nazi. Cada vez hay más consenso de que ningún país puede presumir de ser inmune al fascismo, pero el historiador italiano Sergio Luzzatto (Roma, 1963) va un paso más allá y afirma en el libro El primer fascista (Pasado y Presente) que el primer fascista fue un aristócrata francés: Antoine-Amédée-Marie-Vincent Manca Amat de Vallombrosa (1858-1896). Más conocido como el marqués de Morès, pronto se convenció de que las élites capitalistas estaban contaminadas por lo que él consideraba el “veneno judío”, y que la misión de un auténtico caballero consistía en luchar, sin distinguir entre clases sociales, contra los judíos o cualquier otra minoría política y social.

Morès fracasó en prácticamente todos los proyectos que emprendió: como ganadero en el territorio de Dakota, donde intentó revolucionar la industria cárnica; en la construcción de una línea de ferrocarril en Asia, y, finalmente, cuando volvió a Francia para hacer carrera como líder populista y demagogo antisemita. En este último contexto tuvo un papel especialmente oscuro en el marco del caso Dreyfus, un escándalo político que dividió profundamente a la sociedad francesa. Luzzatto sostiene que el activismo de Morès contribuyó a crear el clima ideológico que hizo creíble la acusación contra el oficial francés judío. Morès acabó muriendo asesinado en el desierto de Marruecos, pero, a pesar de sus fracasos, Luzzatto cree que fue un visionario.

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Según el historiador, Morès fue “el primer líder occidental en emerger en la escena política como populista antisemita, alimentando una retórica incendiaria y utilizando la provocación y la violencia como herramientas políticas”. Supo gestionar la combinación de odio racial, una supuesta solidaridad interclasista y la violencia paramilitar. Llegó incluso a organizar una milicia personal que se paseaba por las calles de París con un fuerte impacto visual: carniceros, matarifes y aprendices desfilaban con los delantales manchados de sangre. Aunque cayó en desgracia, su leyenda sería posteriormente reivindicada en la Francia de Vichy. Luzzatto considera que Morès anticipó muchos de los elementos característicos del fascismo europeo antes de que Benito Mussolini llegara al poder. Aunque no triunfara políticamente, ya mostraba el camino que otros seguirían. “Fue un hombre de acción, pero también un hombre de pensamiento, aunque a su manera, poco intelectual”, señala.

Paralelismos con Trump

El historiador explica que su interés por Morès nació casi por casualidad. “Me topé con una referencia de uno de mis profesores preferidos, Robert Paxton, que sugería prestar más atención a este extraño personaje del siglo XIX. Esto me despertó la curiosidad, y después vi paralelismos con la actualidad norteamericana, especialmente con Donald Trump; alguien que, aunque no sea intelectualmente brillante, sabe interpretar el espíritu del tiempo y movilizar al pueblo”, explica.

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En cuanto al origen de su antisemitismo, Luzzatto destaca el contexto cultural y religioso del siglo XIX. Los jesuitas educaban a muchas personas de las élites europeas en aquella época. No todos los alumnos se convertían en fascistas o antisemitas, pero este entorno elitista podría haber contribuido a hacer a Morès especialmente sensible a lo que percibía como el mal que los judíos supuestamente causaban en Francia y Europa a finales del siglo XIX. El término antisemitismo comenzó a utilizarse hacia 1879, cuando Morès acababa su educación, y se añadía a una tradición cristiana que había presentado a los judíos como responsables de la muerte de Jesucristo. Durante su etapa en Estados Unidos, los judíos formaban parte de sus contactos en el negocio del ganado, y se convirtieron en un chivo expiatorio fácil en su relato político.

A pesar de no ser un pensador profundo, Morès destacó por su habilidad en el uso de los medios de comunicación de la época, y la estancia en Estados Unidos influyó en su visión política. Según Luzzatto, Morès "aprendió a aprovechar los medios y a interpretar el espíritu del tiempo, incluso en contextos muy diferentes". "Desde las grandes llanuras norteamericanas hasta las calles de París, hacía conexiones constantes, adaptando experiencias de un continente a otro", dice. Esta capacidad le permitió idear tácticas de movilización de masas antes de que fueran habituales en la política europea, como el uso de milicias privadas o la teatralización de la confrontación política.

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Muy hábil con los medios de masas

Un ejemplo de la gran habilidad de Morès para obtener repercusión mediática fueron los duelos. Participar en duelos no era excepcional en la época, pero él sabía convertirlos en acontecimientos públicos. En una ocasión convocó a fotógrafos para que documentaran el duelo con Camille Dreyfus, periodista y diputado, fundador del diario La Nation, y una de las figuras más odiadas por los antisemitas. Después de un mitin político durante el cual Morès había lamentado que los judíos no fueran linchados en Francia como los afronegrás en los Estados Unidos, Dreyfus respondió con un artículo muy crítico en el que denunciaba su discurso antisemita y su oportunismo aristocrático. Las fotografías del duelo circularon por doquier y cruzaron las fronteras de Francia.

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Morès también sabía simplificar mensajes populistas para conectar directamente con el pueblo. Eslóganes como “Francia para los franceses” o consignas contra las élites eran simples pero efectivas. A pesar de ser aristócrata y un privilegiado, sabía presentarse como defensor del pueblo. Según Luzzatto, si observamos retrospectivamente los principales ingredientes del fascismo –antisemitismo, racismo, populismo, corporativismo (entendido como una supuesta solidaridad entre clases sociales que rechaza la lucha de clases) y el uso de la violencia política–, Morès fue uno de los primeros políticos occidentales en utilizarlos de manera intencionada y coherente. También recurrió a la violencia de calle y a milicias privadas como instrumento para conseguir poder cuando la vía electoral resultaba difícil.

Aunque muchos de sus proyectos fracasaron, su trayectoria muestra cómo determinadas ideas pueden aparecer antes de que la sociedad sea plenamente consciente de su potencial destructivo. Su figura permite entender cómo el fascismo puede gestarse en contextos inesperados y cómo ciertas formas de populismo, basadas en la simplificación ideológica y la movilización emocional, pueden anticipar transformaciones políticas de gran alcance.