La biblioteca es el nuevo Mercado de San Antoni
BarcelonaLa Semana del Libro en Catalán acaba de cerrar la mejor edición de su historia: unas 130.000 personas, 8.000 más que el año pasado, y una facturación de cerca de un millón de euros, un 12% más. Sant Jordi también batió récords, con 26,7 millones de euros y dos millones de libros vendidos. Cuando el libro se engalana, la gente sale a la calle. Pero, ¿y al día siguiente?, ¿y el otro?, ¿y el otro? Pasa como con los regalos: por Navidad y por el cumpleaños todos nos volvemos detallistas, y hasta el año que viene.
Hace unos días, un amigo me pasó un artículo sobre los esfuerzos de Singapur para fomentar el día a día lector, con resultados desiguales. En 2005 propusieron que todo el mundo leyera los mismos libros para poder hablar de ellos, como si fuera el partido del Barça. En 2016 hicieron una campaña que invitaba a leer más, de todo y juntos. Pero estas iniciativas no han conseguido que el libro arraigue en el día a día, ya que solo el 28% de los singapurenses adultos declaran leer libros más de una vez por semana (aunque el 89% dicen leer algo). Por eso, este año han decidido probarlo con dinero: quien registra quince minutos diarios de lectura recibe unas monedas virtuales que equivalen a dos céntimos de dólar de Singapur. También se puede optar por el gesto colectivo y sumar minutos entre todos para desbloquear una donación a entidades. El piloto termina en diciembre y tendremos que esperar para ver sus resultados.
El premio de volver a la biblioteca
Esta iniciativa genera interrogantes, ya que si una actividad se tiene que pagar quizás costará que genere motivación intrínseca y se corre el riesgo de enseñar que la lectura no vale la pena por sí misma. En todo caso, en el mismo Singapur tienen otra campaña que sí que ha sido todo un éxito. Desde el 2016, los niños que cogen libros en préstamo obtienen puntos que pueden canjear por unos cromos, con los cuales juegan y hacen intercambios con otros niños y niñas en la biblioteca. En una sola edición, participaron casi 140.000 niños y se superaron los 11 millones de préstamos. Lo que se premia es el préstamo, no la lectura, es decir, volver a la biblioteca y compartir actividades allí. La buena noticia es que aquellos que empezaron a coger libros han continuado cogiendo unos once al mes una vez acabada la campaña. Y los que ya cogían antes de la campaña pasaron de ocho a unos catorce mensuales. Ahora quieren empezar todavía antes. Hace años que animan a las familias a hacer socios de la biblioteca a sus bebés, que reciben un lote de bienvenida con libros, canciones y un cuaderno de lectura. En enero, además, arrancará una nueva línea para niños de 0 a 6 años y sus familias. Estaremos atentos.
En nuestro país sabemos de eso, tanto de libros como de cromos. Cada temporada, los álbumes de la Liga vuelan y el Mercado de Sant Antoni se llena de pequeños (y grandes) que buscan aquellos que les faltan para completar las colecciones. ¿Nos habíamos imaginado alguna vez que esto pudiera pasar en una biblioteca? Niños haciendo cola con un libro bajo el brazo, un día cualquiera. Quizás la clave para el día después de Sant Jordi la han encontrado en Singapur: una colección estimulante, unos amigos y un lugar lleno de historias (esperando para ser descubiertas) donde encontrarse.