Maria Climent: “¿Quién tiene ganas de hacer el amor a alguien que siempre está enfadado?”

Escritora. Publica la novela 'Punto de no retorno'

6 min
La escritora Maria Climent fotografiada en Barcelona.
09/10/2026 - 07:01 h

Barcelona"Seguía siendo una insegura acomplejada con la autoestima por los suelos. Quizá no soy más que una víctima de mi generación", piensa Júlia, la protagonista de Punt de no retorn (L'Altra Editorial), la nueva novela de Maria Climent (Amposta, 1985). Tras el debut efervescente de Gina (2019) y de quedar finalista en el premio Òmnium con A casa teníem un himne (2023), la escritora de las Tierras del Ebro regresa a las librerías con la historia valiente, íntima y divertida de una madre en la cuarentena inmersa en una crisis existencial galopante. Diezmada por una maternidad agotadora, Júlia se marchará a Londres con el anhelo de reencontrarse consigo misma y de volver a ser feliz. Su viaje –geográfico, físico y sobre todo interior– es una montaña rusa de excentricidades, sexo y altibajos emocionales narrada con un pulso literario preciso y fuertemente vinculado al momento actual.

¿Por qué conviertes una crisis vital en el motor literario de esta historia?

— Me pareció un tema muy jugoso que, a la vez, da mucho margen para la comicidad. La novela es un drama que, al final y según cómo te lo mires, puede parecer cómico. Tener a una mujer en plena crisis vital, que empieza a hacer cosas un poco absurdas, me daba mucho juego. Además, para mi generación esta crisis es bastante frecuente. Los 40 son una edad que se presta a hacer que la gente tome decisiones un poco locas.

¿Qué pasa a los 40 años?

— Es un momento en el que te das cuenta de que has tomado decisiones irreversibles. Al menos eso es lo que le pasa a Júlia. Por otro lado, también ve que ya no está a tiempo de hacer la mayoría de cosas que quería hacer y no ha hecho.

Venías de Gina, que en cierta manera era una autoficción, y de A casa teníem un himne, que se alejaba completamente de ti. ¿En qué lugar se encuentra Punt de no retorn, en términos de género?

— La premisa de Gina era verdad, partía de una cosa que me había pasado a mí, pero ficcioné el resto de la trama. Mi vida no es tan trepidante como la de Gina, no había suficiente para hacer avanzar la historia. Algunas cosas las compartimos, pero más de la mitad de la historia es ficción. También era una primera novela y yo iba muy sobre seguro. A casa teníem un himne es 100% ficción, y esta también. Que Júlia tenga la misma edad que yo y una criatura de la misma edad que la mía es un recurso que me ayuda a escribir. 

La maternidad es uno de los grandes temas de la novela. ¿Qué enfoque le querías dar?

— Julia se da cuenta de que el hecho de convertirse en madre la ha hecho desaparecer a ella como persona. Se ha volcado tanto en la maternidad que se ha convertido en una persona con quien no se quiere estar. Mòn, su pareja, le dice: “¿Quién tiene ganas de hacer el amor a alguien que siempre está enfadado?” Julia quiere que lo que le pase, le pase a ella como persona, no a la Julia madre, a la Julia pareja o a la Julia parte de una infraestructura que mantiene el hogar. Otra de las frases de la novela es: “Cuando parí, me borré del mapa de mi propia vida”. Y después dice: “Más tarde, supe que esto es lo que hacemos todas”. No tiene nada de excepcional, pero es un poco así.

Sus amigas que también han sido madres comparten la misma sensación. ¿Es una cuestión inevitable, intrínseca en la maternidad?

— Antes de ser madre quizás esperas que esto no te pasará. Esperas a la criatura con mucha ilusión, y la época de la primera crianza está idealizada, pero después la realidad te pega una bofetada que te hace volar. No debería ser inevitable, pero por lo que he ido leyendo y he ido viendo en mi entorno, lo más frecuente es esto: borrarte o entregar al menos unos años de tu vida prácticamente al 100% a la crianza. Da igual las necesidades de una misma, lo que Júlia quiera, lo que necesite, sus vocaciones. Todo queda sacrificado.

Y, a pesar de todo, ella no reniega de ella ni se arrepiente de la criatura, a la que ama con todo el corazón.

— Todo el mundo te dice que compensa, pero eso no quiere decir que no sea durísimo y haya momentos en los que pensemos: “Dios mío, dónde estoy, ¿hasta qué punto se tiene que sacrificar una?”. Júlia se pregunta: “¿Cómo se demuestra un amor infinito?”. No se puede, nunca dirías suficiente, ¿y qué ejemplo das como madre? ¿La criatura me recordará así, como una mujer cansada?

Julia tiene la sensación de que la carga doméstica está repartida de forma desigual respecto a su pareja, Mòn. ¿Que fueran dos mujeres era una manera de mostrar igualmente el impacto del patriarcado?

— Son dos mujeres con diez años de diferencia porque quería hablar de la menopausia. Una tiene 50 años y la otra 40. Así podía hablar de esta presión estética que sientes mucho más a los 40 que a los 20, cuando en las redes sociales empiezas a ver a mujeres estupendísimas y parece que tengas que entrenarte para llegar de forma envidiable a los 50. La edad tiene mucho peso en la pareja, porque una todavía tiene ganas de salir y siente que se está perdiendo cosas y la otra solo tiene ganas de estar en casa y dedicarse siempre a la crianza. Después hay una desigualdad de clase, porque Mòn viene de una buena familia y se ha sacado las oposiciones, mientras que Júlia tiene una situación más precaria y no trabaja.

Cada una vive la ruptura de la pareja a su manera, pero como lectores solo conocemos la mirada de Júlia, que es quien narra la historia. ¿Por qué optas por una narradora subjetiva que habla en primera persona?

— Porque quería explicar una crisis vivida desde dentro, con todas sus contradicciones, vulnerabilidades y miserias, y también toda la comicidad que esto conlleva. Tenía que ser un relato integral de Julia.

Es un relato integral y muy íntimo, porque Julia lo explica todo. También sus experiencias sexuales, que son la vía de escape de esta crisis y que conforman buena parte de la historia. ¿Cuál ha sido el reto, a la hora de escribirlas?

— El reto ha sido escribirlas sabiendo que se publicarán. Si pienso en las caras que me conocen y que lo leerá todo el mundo, me cuesta mucho no autocensurarme. Pero el libro fue una propuesta de mi editora, Eugènia Broggi, y ella me pedía que pusiera escenas de sexo, porque en literatura catalana esto no se hace. Ambas habíamos leído Miranda July, que ha sido un gran referente.

¿Por qué era importante para la historia incluir la sexualidad de la protagonista?

— Para explicar su crisis. El sexo es una manera más de definirte, y de definirte en un nivel muy íntimo. Narrarlo quiere decir dejar entrar al lector en lugares donde no entraría. Ni con la gente que conoces ni con una amiga entras nunca en este grado de intimidad. Crees que lo sabes todo de esta persona, pero lo que pasa de puertas adentro de un momento de intimidad no lo sabes. Júlia deja entrar al lector ya no solo dentro del cuerpo sino también dentro de la mente: explica cómo se siente y momentos muy vulnerables. Da más credibilidad al personaje y lo hace más vivo.

La crisis de Julia está muy ligada a la época en la que vive, en el siglo XXI. ¿Cómo influye el contexto contemporáneo en la novela?

— Una de las frases de Júlia es: “Tú vas conduciendo por la vida y llega un momento en que aparcas”. Si hubiera tenido a Mòn de pareja a los 20 años no se habría acabado casando con ella, pero la edad aquí tiene un peso colosal. No es lo mismo llevar seis años juntas a los 20 que a los 40. Tomas decisiones por la edad que tienes y piensas que hay cosas que si no las haces ahora, no estarás a tiempo de hacerlas. La juventud se alarga, pero las condiciones de acceso a la vivienda y la estabilidad son más difíciles. La gente tiene poco dinero. Y entonces te dicen que los 40 son los nuevos 30, que los 50 son los nuevos 40. Abro Instagram y está lleno de señoras que están más buenas que yo. Pensamos que la juventud durará hasta los 60 pero no es real, todos sabemos dónde acabaremos.

Gina tuvo mucho éxito, A casa teníem un himne fue finalista al premio Òmnium. ¿El eco mediático es contraproducente, a la hora de escribir?

— No es contraproducente, prefiero que las novelas hayan ido bien a que no. Me sirve como umbral, me digo: “Ahora no puedes hacer una novela peor. Si no es para hacer algo mejor, no me pongo”. Pero también me fío mucho de Eugènia [Broggi], que me dice que no me dejará nunca hacer el ridículo. Hicimos seis versiones de A casa teníem un himne. Ella me va guiando, me orquesta. Cuando hay un buen editor detrás de un libro se nota, y ella es la mejor editora de España.

Después de tres novelas y de un libro de no ficción [Mai és una paraula molt lletja, publicado por Ara Llibres en 2024], ¿has conseguido dedicarte exclusivamente a la literatura? 

— He tenido la suerte de poder dedicarme a ello. Gran parte de mi día a día lo dedico a la crianza, y solo puedo trabajar las horas que la niña está en la escuela, pero sí que tengo trabajos de freelance que me permiten tener el horario que más o menos quiero. Prácticamente he podido dedicarme solo a escribir o a actividades relacionadas con la escritura, tales como clubes de lectura y talleres. Sé que si me busco otro trabajo de oficina hasta las seis de la tarde no escribiré más, así que hago trabajitos de autónoma desde casa para poder escribir.

stats