"Que te guste el trabajo es una trampa"

Juan Evaristo Valls Boix y Anna Pacheco debaten sobre la ética del trabajo y las promesas incumplidas en la Bienal de Pensamiento

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La charla de Juan Evaristo Valls y Anna Pacheco en la Bienal de Pensamiento, con Alba Riera.
16/10/2026 - 07:04 h

BarcelonaReconozco que es contradictorio ir a cubrir por trabajo el debate de la Bienal de Pensamiento sobre por qué vivimos solo para trabajar, sobre todo a las ocho y media de la noche, la hora de poner a dormir a los niños o quedar con los amigos. Pero es que dos de los ensayistas jóvenes que más han pensado sobre el trabajo, el filósofo Juan Evaristo Valls Boix y la periodista Anna Pacheco, debatían este miércoles sobre los peligros de la identificación con tu oficio, la trampa de la realización personal, cómo el trabajo vertebra nuestras vidas y coloniza todos los espacios, y cómo condiciona la salud física y mental, pero no siempre mejora nuestro estatus. Yo iba por una amiga, ejem.

En la plaza Joan Coromines había 900 personas haciendo terapia, intentando entender hasta dónde tienen que entregarse a su profesión y a partir de cuándo nos lo tenemos que hacer mirar. Valls empieza con una bofetada: "Que te guste el trabajo es una trampa –y más adelante añade–. La otra trampa es pensar que la pasión por el trabajo es una condición para la felicidad con indiferencia de las condiciones materiales". Él recomienda mantener las distancias con el oficio, es decir, sexo sin enamoramiento, para que la pasión no acabe siendo tóxica. Pacheco, además, rebaja el atractivo del amante: "La mayoría de los trabajos son grises y aburridos en esencia, por su componente reiterativo y sostenido en el tiempo. La repetición es atroz", dice la autora de dos títulos sobre la clase y el trabajo (Listas, guapas, limpias y Estuve aquí y me acordé de nosotros).

Hacer la revolución con los 'criptobros'

La conversación supera la experiencia personal y va al meollo teórico: la consolidación del sistema neoliberal y la precarización laboral, especialmente después de la pandemia, han roto las promesas del estado del bienestar. Valls dice que, para la mayoría, ya no es verdad aquella máxima de que si trabajas en lo que te apasiona, podrás tener una buena vida; o que si estudias una carrera tendrás una casa. "Ahora el trabajo nos pide el máximo y nos priva de los mínimos", dice, refiriéndose a las dificultades de acceso a la vivienda. Pacheco añade que la crisis es estructural e intergeneracional, como vemos con la convocatoria de huelga general del 11-N: no va de milenials contra boomers, ni de asalariados contra ultraliberales. "Los criptobros no están pidiendo otra cosa que la abolición del trabajo asalariado, en el fondo el malestar es el mismo", afirma. "Hablamos de lucha de clases", resume el filósofo, autor de Jomo y El derecho a las cosas bellas. En la plaza hay un silencio sepulcral, solo roto por una orquesta de perros ladrando. El público mira a la pantalla gigante, como si los ponentes fueran estrellas del rock o en una charla de Teams.

De la explosión del malestar laboral salen bolas de pólvora hacia todas partes, como en una palmera de pirotecnia. Un efecto es la nueva ética del trabajo de los centenials, mucho menos implicada. O bien la nueva pasión por el trabajo funcionarial, porque es de los pocos que permite conciliar con la vida. O directamente el tradwifismo. E incluso se apunta a un cambio de paradigma, que me parece más un deseo que una posibilidad, por aquello de que es más fácil imaginar el fin del mundo que a los fondos buitre sin alas. "Cuando se rompe el espejismo, hay una desobediencia del mandato de trabajar", confía Pacheco, que no niega la necesidad de trabajar, pero sí que cuestiona "bajo qué lógicas y qué sistema productivo".

"Cuando nos desenamoramos del trabajo, liberamos amor y deseo hacia otras cosas, personas, redes, vida", dice Valls. El derecho al descanso y la defensa de otras formas alternativas de trabajar y comunidad ocupan el tramo final del debate, guiado por Alba Riera. Al final, les hace aterrizar sus principales apuestas transformadoras: él optaría por la renta básica universal y ella por la reducción de la jornada laboral. Suena bien, no nos engañemos, pienso mientras voy hacia casa. Entro sigilosamente: los niños ya duermen.

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