Hay que buscar lugares seguros, más que nunca
El sonido de la ES-Alert se ha convertido en un símbolo de este tiempo que vivimos, de la inestabilidad y de la incertidumbre, de la angustia y del espanto, de esta clase de vida que tendremos que llevar entre acobardados y resignados. Si la impertinencia de la alerta que interrumpe lecturas y conversaciones y estados de recogimiento se combina con la información de las revueltas en Francia o con la esperpéntica presencia de Trump o con el desasosiego que nos puede llegar a provocar un avance tecnológico como la IA, el día a día se hace a veces insoportable.
Por eso he vuelto a leer En lugar seguro (Libros del Asteroide, con traducción catalana de Dolors Udina) y la segunda lectura, lejos de decepcionarme, me ha reconciliado con la literatura-refugio, de modo que no me resisto a recomendarla una vez más.
En lugar seguro es la última novela que escribió Wallace Stegner, historiador, ambientalista y novelista nacido en Iowa, en los Estados Unidos, premio Pulitzer de ficción por Ángulo de reposo. Stegner fue profesor de literatura en la Universidad de Stanford, donde creó la escuela de escritura donde estudió Raymond Carver, entre otros.
Esta última novela suya explica la amistad duradera entre dos parejas. Un fin de semana juntos al cabo de décadas, cuando uno de los cuatro personajes está a punto de morir, invita al protagonista a recordar y a reflexionar sobre la amistad y el paso del tiempo.
"¿Qué pasó con aquella pasión que todos teníamos de mejorar, de desplegar todo nuestro potencial, de dejar una señal en el mundo?", se pregunta el protagonista narrador nada más empezar. Y la respuesta te deja helada: "Dejar una señal en el mundo. En vez de eso, es el mundo quien nos ha dejado una señal a nosotros. Nos hacemos mayores. La vida nos ha aleccionado de tal manera que ahora yacemos esperando la muerte, caminamos con bastón o nos sentamos en porches donde en otros tiempos los jugos jóvenes fluían con fuerza, y nos sentimos viejos, ineptos y confusos".
Ya habréis deducido, por tanto, que cuando he hablado de 'En lugar seguro como literatura-refugio no me refería en absoluto a una novela optimista y complaciente, sino a una historia que nos hace sentir comprendidos y acompañados. También es, sin embargo, una novela agradecida con las cosas buenas de la vida, como la amistad y la naturaleza y la creatividad. No es porque sí que el prólogo de Ricardo Menéndez Salmón se titula Wallace Stegner: la vida es terrible y maravillosa. O, como dirían Oques Grasses y su legión de seguidores: "Entre el milagro y el desastre es donde vivimos".
Hace falta, más que nunca, buscar lugares seguros. Esta novela es uno de ellos. Unos buenos amigos son otro. Cada cual tendrá que espabilarse.