La historia del libro de poemas que gana todos los premios
Sebastià Alzamora recibe el premio Lletra d'Or por 'Sala Augusta seguido de Lengua materna'
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BarcelonaCon cada premio que ha recibido Sala Augusta seguido de Lengua materna, el último libro de Sebastià Alzamora (Llucmajor, 1972), el autor mallorquín no ha dejado de preguntarse por los motivos que lo habían hecho posible. "Pienso en ello constantemente, pero no acabo de explicármelo", admite con una sonrisa, rodeado del jurado del premio Lletra d'Or, uno de los más veteranos del sector literario catalán. Es el quinto reconocimiento a obra publicada que Sala Augusta ha recibido desde que Edicions Proa lo sacó, en mayo de 2025. Primero llegó el Premio de la Crítica de la Asociación Española de Críticos Literarios. Unos meses después ganó el premio Josep Maria Llompart, que otorga la Asociación de Escritores en Lengua Catalana de las Islas Baleares. Le siguió el Premio Crítica Serra d'Or de poesía y, semanas antes del Lletra d'Or, mereció el Premio Nacional de poesía "por su capacidad de transitar, con idéntica genialidad, desde el lenguaje arrebatado de la denuncia histórica hasta la delicadeza del espacio doméstico".
Fundado en 1956, el Lletra d'Or es una distinción privada e independiente que reconoce el mejor libro publicado en lengua catalana durante el año anterior. La poeta y traductora Xènia Dyakonova ha leído el veredicto del jurado, un soneto que incluye este cuarteto: "¿Por qué premiamos todavía Sala Augusta / si ya tiene tantos galardones, e incluso / (quizás no viene al caso, pero tanto me da) / el Premio Nacional ha dicho «me gusta»? / Porque es un libro que no va con vetusta / falda, va con vaqueros. Y, como Charlot, / hace reír y hace llorar. Y con cada palabra / habla de los muertos de una manera justa". Alzamora ha querido dar las gracias al jurado, integrado por Andreu Gomila, Llucia Ramis, Borja Bagunyà, Pau Sanchis, Xènia Dyakonova y Manel Capdevila –el joyero que diseña y entrega la letra Φ [fi] de oro al ganador–, con un soneto escrito expresamente para la ocasión que termina con estos dos tercetos: "Fuelle soplando, órgano falso no retiene el fin, / avisa a March, pero vosotros, que sois sabios, / elegid a un aprendiz de soplador / para otorgarle la alta letra Φ: / copas arriba, besadme con pintalabios, / ¡celebremos la alegría y el galardón!"
Memoria, duelo y dolor
"Este libro es una historia feliz aunque no hable de felicidad, sino de memoria, duelo y dolor –admitía Alzamora–. También de una alegría recordada, antigua y pasada, que fue la de la infancia". El autor considera Sala Augusta como "un libro profundamente antifascista". Los dos poemas largos que lo integran están ligados por esta idea: si el primero evoca algunas de las atrocidades cometidas durante la Guerra Civil en Mallorca, el segundo recuerda a su madre, que cosía zapatos para una fábrica de Llucmajor. "La generación de la madre era la de los hijos de los que asesinaban en el primer poema", comenta Alzamora, que también conecta el pasado que aflora en Sala Augusta seguido de Lengua materna con nuestro presente. "Tenemos delante un neofascismo que es hostil y amenazador para todo aquel que no comparta sus ideas –asegura–. Cuando Salvador Espriu escribió La piel de toro [1960], hablaba de la necesidad de llegar a un entendimiento y un perdón después de la guerra. Yo hablo de no olvidar los crímenes que se cometieron. Ahora hay alguien que los reivindica y hace bandera política de ellos, porque quizás está dispuesto a repetirlos".